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Comenzaron a debatir el proyecto de Ley de Lavado de Activos en la Cámara alta

Oscar Parrilli, al dar comienzo al evento, anunció que se trataba de una audiencia “informativa” y anticipó que “eventualmente, en una próxima reunión, se emitirá dictamen”.

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El proyecto de ley que apunta a modificar el Código Penal respecto de la prevención y represión del lavado de activos, la financiación del terrorismo y el financiamiento para la adquisición de armas de destrucción masiva comenzó a ser debatido hoy por comisiones del Senado, donde funcionarios del Gobierno nacional ponderaron la medida y advirtieron sobre las consecuencias de no aprobar el proyecto ya sancionado por Diputados.

La reunión convocó esta tarde a los integrantes de las Comisiones de Justicia y Asuntos Penales y de Presupuesto y Hacienda con funcionarios del Ministerio de Economía, de la Unidad de Información Financiera (UIF) y de la Comisión Nacional de Valores (CNV).

El presidente de la Comisión de Justicia, el oficialista Oscar Parrilli, al dar comienzo al evento, anunció que se trataba de una audiencia “informativa” y anticipó que “eventualmente, en una próxima reunión, se emitirá dictamen”.

El proyecto sobre prevención y persecución de lavado de activos, que es impulsado por el Poder Ejecutivo y que fue aprobado por la Cámara de Diputados a mediados de abril, tiene como ejes centrales las modificaciones al Código Penal, la reforma de la Ley de Encubrimiento y Lavado de Activos de origen delictivo (Ley 25.246) y la creación de un registro de activos virtuales.

La sanción de esta iniciativa es considerada clave para el Gobierno ya que el próximo año hay una nueva revisión técnica del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), y la Argentina debe adaptar su legislación a las nuevas normas dictadas por la entidad.

El titular de la Secretaría Legal y Administrativa del Ministerio de Economía, Ricardo Casal, dijo que “esta actualización tiende a cumplir con los estándares básicos que plantea GAFI que fijó como fecha del inicio de la evaluación para la Argentina, a partir de septiembre”.

“Aspiramos que esta evaluación sea positiva -señaló Casal-. Su resultado negativo traería consecuencias desagradables para nuestra patria y para el sector financiero”.

En el mismo sentido se expresó el titular de la UIF, Juan Carlos Otero, cuando aseguró que el GAFI “evalúa a un país, no a un gobierno” y aseveró que la evaluación, efectivamente, arranca en septiembre de este año y que, con una visita en marzo del año que viene, finaliza en octubre de 2024.

“Una mala evaluación generará sanciones económicas y otras medidas restrictivas como una reducción del acceso a los mercados internacionales, una merma en el acceso a ayuda y la posibilidad de que la Argentina sea catalogado como un país de alto riesgo”, enumeró Otero.

Además, por el contrario, agregó que la aprobación de la Ley le otorgará a la Argentina “mayores herramientas para combatir el crimen organizado y, en especial, el narcotráfico”.

Uno de los artículos del proyecto amplía la cantidad de operaciones que se deben informar a la UIF y, en ese sentido, se dispone la incorporación de los proveedores de servicios de activos virtuales, a las personas humanas o jurídicas que realizan en nombre de un tercero, custodia y administración de efectivo o valores líquidos, abogados y proveedores de servicios societarios y fiduciarios.

En ese sentido se crea el Registro de Proveedores de Servicios Virtuales que estará a cargo de la Comisión Nacional de Valores que debe detectar eventuales operaciones de sospechosas por medio de activos virtuales como las criptomonedas.

Al respecto, el director de la Comisión Nacional de Valores (CNV), Martín Breinlinger, enfatizó que, aunque es “información informal, hay alrededor de diez millones de cuentas de criptoactivos abiertas en la Argentina” y añadió que “es un número que iguala a las cuentas que existen en el mercado de capitales tradicional”.

“En la medida en que esta industria siga creciendo, la transmisibilidad de los shocks en la industria cripto tendrá un impacto en la estabilidad financiera de los países”, vaticinó Breinlinger.

Uno de los puntos del proyecto que generó mayor debate cuando fue tratado en Diputados fue por el artículo que incorpora a los abogados como sujetos obligados a reportar operaciones sospechosas, y en ese sentido se estableció que no lo deberán hacer cuando hagan tareas de asesoramiento, litigios judiciales, administrativos, de arbitraje o mediación.

Al respecto, Luciana Trincheri, integrante del Consejo Asesor del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, señaló que, aunque los países tengan leyes específicas que regulan las labores de los profesionales del derecho, Argentina tiene que adoptar la recomendación del GAFI.

“Conforme a lo que exigen las normas internacionales, Argentina debe incluir a los abogados en esta ley. Los países que no lo tienen regulado (al trabajo de los abogados) les ha ido mal en las evaluaciones”, resaltó.

Legislativo

Bregman convoca a movilizar al Congreso: «El gobierno y los jueces se ríen de nosotros»

La diputada del Frente de Izquierda llamó a movilizarse frente al Congreso el 15 de octubre, denunciando que el Poder Judicial actúa en sintonía con el gobierno de Milei y no como árbitro independiente. La frase condensa un clima político que viene creciendo: la impunidad como regla y la calle como única respuesta posible.

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«Basta de que el gobierno y los jueces se rían de nosotros. El 15 de octubre tenemos que estar todos y todas frente al Congreso.» Con esa frase directa y sin eufemismos, la diputada nacional Myriam Bregman lanzó una convocatoria a movilizarse que circula en redes sociales y que condensa en pocas palabras una temperatura política que viene acumulándose: la percepción extendida en la oposición y en amplios sectores sociales de que la Justicia opera en sintonía con el poder, no como contrapeso.

Bregman es diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires en el Frente de Izquierda Unidad (FIT-U), abogada con trayectoria en causas de derechos humanos y una de las voces más activas en el rechazo a las políticas del gobierno de Javier Milei. Su declaración, publicada en la red social Threads, coloca en el mismo banco al Ejecutivo y al Poder Judicial, a quienes acusa de actuar en perjuicio de la ciudadanía y sin rendir cuentas ante nadie.

Un diagnóstico compartido: la Justicia como problema político

La declaración de Bregman no surge del vacío. La relación entre el Poder Judicial federal y el gobierno de Milei es uno de los nudos más tensos de la política argentina actual. Por un lado, el oficialismo envió al Senado cientos de pliegos de jueces, fiscales y defensores públicos en un proceso de designaciones que la oposición cuestiona por su velocidad y por la falta de debate genuino sobre los perfiles propuestos. Por otro, causas que involucran a funcionarios del gobierno libertario, como las investigaciones en torno a la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), la causa $Libra y los expedientes por enriquecimiento ilícito de funcionarios del gabinete, avanzan con una lentitud que contrasta con el ritmo de otras causas.

Ese cuadro alimenta una percepción que Bregman articula con claridad: cuando la Justicia no investiga a quienes gobiernan y simultáneamente actúa contra opositores o sectores vulnerables, pierde su condición de árbitro independiente y se convierte en un instrumento de poder. No es una lectura nueva en la política argentina, pero adquiere nueva urgencia en un contexto donde el ajuste fiscal golpea a la mayoría mientras los escándalos de corrupción se acumulan sin condenas.

La calle como respuesta a la impunidad

La convocatoria al Congreso para el 15 de octubre no es solo un gesto simbólico. En la tradición política argentina, la movilización frente al Congreso es el recurso de quienes sienten que los canales institucionales están cerrados o capturados. Bregman lo sabe y lo elige conscientemente: frente a una Justicia que, según su diagnóstico, «se ríe» de la ciudadanía, la respuesta es la presencia masiva en el espacio público.

El FIT-U viene sosteniendo una posición de oposición sin concesiones al gobierno de Milei desde el inicio de su gestión. A diferencia de otros bloques opositores que negociaron apoyos puntuales al oficialismo, el Frente de Izquierda no le votó ninguna medida de relevancia al gobierno libertario. Esa consistencia le da a Bregman una autoridad moral específica cuando llama a la calle: no convoca desde la comodidad de quien eventualmente cedió, sino desde una oposición sostenida en el recinto y fuera de él.

El Congreso como escenario de disputa

Elegir el Congreso como punto de concentración tiene una carga simbólica precisa. Es el lugar donde se aprueban los pliegos judiciales, donde se vota o se bloquea la legislación que define quiénes pueden ser procesados y con qué garantías, y donde las mayorías parlamentarias deciden qué causas avanzar y cuáles frenar. La convocatoria de Bregman instala la pregunta de fondo que el oficialismo prefiere no responder: ¿a quiénes sirven los jueces que el gobierno designa?

En ese marco, la frase «que el gobierno y los jueces se ríen de nosotros» es también una lectura sobre la impunidad como sistema. Cuando los funcionarios acumulan denuncias y las investigaciones no avanzan, y cuando simultáneamente la Justicia actúa con celeridad contra quienes protestan o reclaman, la ecuación se hace insostenible para cualquier noción básica de igualdad ante la ley. Bregman lo dice en público y convoca a decirlo en la calle. La pregunta es cuántos la escuchan.

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