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La Corte Suprema en el limbo: tensiones políticas tras rechazos en el Senado

El Gobierno intentó frenar la sesión en la Cámara alta ante el inminente rechazó de los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla para la Corte Suprema, en medio de acusaciones de interferencia política y un clima de incertidumbre institucional. Qué dijo Bartolomé Abdala al respecto.

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El Argentino Diario-Bartolomé Abdala.

El pasado jueves, el Senado de la Nación rechazó los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, propuestos para integrar la Corte Suprema. La sesión, marcada por tensiones políticas y acusaciones cruzadas, dejó en evidencia las dificultades del oficialismo libertario para consolidar consensos en un Congreso fragmentado. Bartolomé Abdala, presidente provisional de la Cámara de Senadores, deslizó que desde Casa Rosada se pidió suspender la sesión, aunque evitó profundizar: “Esas cosas quedan en mí, no voy a exponerme en ese tema, pero a nadie le gusta perder”.

El rechazo de los pliegos no solo representa un revés para el Ejecutivo, sino que también pone en jaque la capacidad del Senado para avanzar en la integración de la Corte Suprema, una institución clave para el equilibrio de poderes en el país. Según Abdala, “lamentablemente la política tuvo un rol importantísimo en lo que es la participación en la justicia”.

La política, un actor omnipresente en la justicia

El fracaso en la aprobación de los pliegos de Lijo y García Mansilla refleja un problema estructural: la injerencia política en la justicia. Abdala reconoció que “lo único que faltaron fueron los votos” y lamentó que “la política se entromete en algo que el Ejecutivo había solicitado”. Estas declaraciones reavivan el debate sobre la independencia judicial y la necesidad de despolitizar los procesos de selección en la Corte.

El senador también destacó que ambos candidatos contaban con dictámenes favorables y evaluaciones positivas, pero el peso de las disputas partidarias terminó por bloquear su designación. “Ojalá la política nos acompañe cuando haya que votar los pliegos de otros ciudadanos”, expresó, subrayando la importancia de garantizar un rol independiente para la justicia.

Un contexto de incertidumbre institucional

La falta de consenso en el Senado se da en un contexto de creciente incertidumbre institucional. La Corte Suprema, que debería ser un pilar de estabilidad, enfrenta dificultades para completar su integración, lo que podría afectar su capacidad para resolver casos clave. Según expertos en derecho constitucional, la ausencia de jueces suficientes en el máximo tribunal compromete la celeridad y eficacia de sus decisiones.

Por otro lado, la figura de Manuel García Mansilla, quien asumió a través de un decreto “totalmente institucional” según Abdala, genera interrogantes sobre su continuidad. El senador dejó en claro que la decisión final recae en el propio magistrado: “A partir de ahora es una decisión de él. No le pudimos dar los dos tercios, a mi modo de ver lo debe resolver él”.

¿Hacia dónde va la justicia en Argentina?

El rechazo de los pliegos de Lijo y García Mansilla evidenció las tensiones políticas en el Congreso en el propio oficialismo, y también plantea preguntas sobre el futuro de la justicia en Argentina. ¿Es posible avanzar hacia una Corte Suprema verdaderamente independiente en un escenario tan polarizado? ¿Qué impacto tendrá esta crisis en la confianza ciudadana en las instituciones?

Mientras tanto, el Ejecutivo y el Legislativo enfrentan el desafío de encontrar mecanismos que permitan superar las tensiones partidarias y garantizar una justicia que esté al servicio de la sociedad, y no de los intereses políticos.

Legislativo

Bregman convoca a movilizar al Congreso: «El gobierno y los jueces se ríen de nosotros»

La diputada del Frente de Izquierda llamó a movilizarse frente al Congreso el 15 de octubre, denunciando que el Poder Judicial actúa en sintonía con el gobierno de Milei y no como árbitro independiente. La frase condensa un clima político que viene creciendo: la impunidad como regla y la calle como única respuesta posible.

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«Basta de que el gobierno y los jueces se rían de nosotros. El 15 de octubre tenemos que estar todos y todas frente al Congreso.» Con esa frase directa y sin eufemismos, la diputada nacional Myriam Bregman lanzó una convocatoria a movilizarse que circula en redes sociales y que condensa en pocas palabras una temperatura política que viene acumulándose: la percepción extendida en la oposición y en amplios sectores sociales de que la Justicia opera en sintonía con el poder, no como contrapeso.

Bregman es diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires en el Frente de Izquierda Unidad (FIT-U), abogada con trayectoria en causas de derechos humanos y una de las voces más activas en el rechazo a las políticas del gobierno de Javier Milei. Su declaración, publicada en la red social Threads, coloca en el mismo banco al Ejecutivo y al Poder Judicial, a quienes acusa de actuar en perjuicio de la ciudadanía y sin rendir cuentas ante nadie.

Un diagnóstico compartido: la Justicia como problema político

La declaración de Bregman no surge del vacío. La relación entre el Poder Judicial federal y el gobierno de Milei es uno de los nudos más tensos de la política argentina actual. Por un lado, el oficialismo envió al Senado cientos de pliegos de jueces, fiscales y defensores públicos en un proceso de designaciones que la oposición cuestiona por su velocidad y por la falta de debate genuino sobre los perfiles propuestos. Por otro, causas que involucran a funcionarios del gobierno libertario, como las investigaciones en torno a la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), la causa $Libra y los expedientes por enriquecimiento ilícito de funcionarios del gabinete, avanzan con una lentitud que contrasta con el ritmo de otras causas.

Ese cuadro alimenta una percepción que Bregman articula con claridad: cuando la Justicia no investiga a quienes gobiernan y simultáneamente actúa contra opositores o sectores vulnerables, pierde su condición de árbitro independiente y se convierte en un instrumento de poder. No es una lectura nueva en la política argentina, pero adquiere nueva urgencia en un contexto donde el ajuste fiscal golpea a la mayoría mientras los escándalos de corrupción se acumulan sin condenas.

La calle como respuesta a la impunidad

La convocatoria al Congreso para el 15 de octubre no es solo un gesto simbólico. En la tradición política argentina, la movilización frente al Congreso es el recurso de quienes sienten que los canales institucionales están cerrados o capturados. Bregman lo sabe y lo elige conscientemente: frente a una Justicia que, según su diagnóstico, «se ríe» de la ciudadanía, la respuesta es la presencia masiva en el espacio público.

El FIT-U viene sosteniendo una posición de oposición sin concesiones al gobierno de Milei desde el inicio de su gestión. A diferencia de otros bloques opositores que negociaron apoyos puntuales al oficialismo, el Frente de Izquierda no le votó ninguna medida de relevancia al gobierno libertario. Esa consistencia le da a Bregman una autoridad moral específica cuando llama a la calle: no convoca desde la comodidad de quien eventualmente cedió, sino desde una oposición sostenida en el recinto y fuera de él.

El Congreso como escenario de disputa

Elegir el Congreso como punto de concentración tiene una carga simbólica precisa. Es el lugar donde se aprueban los pliegos judiciales, donde se vota o se bloquea la legislación que define quiénes pueden ser procesados y con qué garantías, y donde las mayorías parlamentarias deciden qué causas avanzar y cuáles frenar. La convocatoria de Bregman instala la pregunta de fondo que el oficialismo prefiere no responder: ¿a quiénes sirven los jueces que el gobierno designa?

En ese marco, la frase «que el gobierno y los jueces se ríen de nosotros» es también una lectura sobre la impunidad como sistema. Cuando los funcionarios acumulan denuncias y las investigaciones no avanzan, y cuando simultáneamente la Justicia actúa con celeridad contra quienes protestan o reclaman, la ecuación se hace insostenible para cualquier noción básica de igualdad ante la ley. Bregman lo dice en público y convoca a decirlo en la calle. La pregunta es cuántos la escuchan.

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