Legislativo
Milei apela a Malvinas para pedir consenso, pero es el propio Gobierno quien certifica el fracaso de su gestión
El Ejecutivo envió al Congreso un proyecto para endurecer las sanciones contra quienes explotan recursos en el territorio reclamado y crear un Consejo de Seguridad Nacional. La iniciativa deja en evidencia que, según reconoce el propio Gobierno, las medidas tomadas hasta hoy fueron «insuficientes e ineficaces».
El proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que el gobierno de Javier Milei envió este miércoles a la Cámara de Diputados reconoce algo que el oficialismo prefiere no subrayar: que todo lo hecho hasta ahora por el Estado argentino para defender sus derechos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur fue, en palabras de la propia Oficina del Presidente, «insuficiente e ineficaz». La autocrítica involuntaria queda registrada en el comunicado oficial que acompañó el envío de la iniciativa.
La iniciativa, cuyo texto fue difundido por la Oficina del Presidente mediante un comunicado oficial, propone derogar el régimen vigente establecido por la Ley N° 26.659, sancionada en 2011 durante la gestión kirchnerista, y reemplazarlo por un esquema de sanciones más severas. El blanco son quienes realicen actividades económicas de manera ilegítima en el territorio reclamado, incluyendo a sus accionistas y proveedores.
Tres pilares y un Consejo de Seguridad Nacional
Según el comunicado oficial, el proyecto se estructura sobre tres ejes: castigar penalmente a quienes exploten recursos naturales de forma ilegítima en Malvinas y el Atlántico Sur; generar incentivos para que cesen esas conductas; y dotar al Estado de herramientas frente a amenazas externas. La pieza más novedosa es la creación de un Sistema de Seguridad Nacional, regido por un Consejo de Seguridad Nacional, que tendrá como misión articular las funciones diplomáticas, económicas, de defensa, jurídicas, de inteligencia y de protección de infraestructuras críticas bajo una conducción unificada.
La arquitectura institucional propuesta replica, en su lógica, modelos de coordinación estratégica similares a los que existen en países como Estados Unidos o el Reino Unido, aunque el texto del proyecto no ha sido difundido en su integridad. La Causa Malvinas tiene en este punto una dimensión que el Gobierno omite: la potencia que hoy ocupa las islas es precisamente el Reino Unido, con quien el gobierno de Milei ha mantenido vínculos cordiales que contradicen la retórica de la firmeza soberana.
La convocatoria y sus silencios
En el mismo comunicado, Milei invitó «a toda la dirigencia política a poner una pausa a otras discusiones» y pidió otorgar «máxima prioridad y celeridad» al tratamiento legislativo. La convocatoria a la unidad llega de un gobierno que ha hecho de la confrontación permanente con la oposición su marca registrada, incluyendo ataques sistemáticos a periodistas críticos y dirigentes del campo popular. El giro hacia el consenso en nombre de Malvinas tiene, en ese contexto, la textura de una operación política antes que de una urgencia diplomática genuina.
El mandatario cerró su comunicado con una frase de tono apelativo: «No podemos darle el lujo a quienes usurpan nuestro territorio de no trabajar juntos para la recuperación de nuestras Islas Malvinas que son y serán argentinas». La recuperación de la soberanía sobre Malvinas es un objetivo que une a todo el espectro político argentino, pero el camino elegido por el Ejecutivo para alcanzarla merece un debate riguroso que el apuro legislativo reclamado por Milei pareciera querer evitar.
La Ley 26.659 y el antecedente kirchnerista
La norma que el proyecto busca derogar fue sancionada en 2011 bajo la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner. Establecía sanciones contra quienes operaran en el marco de la ocupación ilegal británica, en una lógica que el Gobierno libertario ahora califica de insuficiente. Lo que el oficialismo no aclara es qué medidas concretas tomó en sus casi tres años de gestión para profundizar esa política soberana antes de enviar este proyecto. La pregunta que queda pendiente es si el endurecimiento de las penas cambia algo en la práctica cuando el Estado argentino carece de los instrumentos de proyección de poder necesarios para hacer efectivas esas sanciones.
Lo que tenés que saber
- El gobierno de Milei envió al Congreso un proyecto para endurecer las sanciones penales contra quienes explotan recursos en el territorio reclamado de Malvinas, incluyendo a accionistas y proveedores.
- La iniciativa propone derogar la Ley N° 26.659 de 2011 y crear un Consejo de Seguridad Nacional para coordinar funciones diplomáticas, de defensa e inteligencia.
- El propio Ejecutivo reconoció en el comunicado oficial que las medidas tomadas hasta ahora fueron «insuficientes e ineficaces».
- Milei convocó a toda la dirigencia política a dar «máxima prioridad» al proyecto, aunque el Gobierno mantiene una postura de confrontación permanente con la oposición en todos los demás temas.
- El texto completo de la iniciativa no fue difundido al momento del anuncio.
Legislativo
Bregman convoca a movilizar al Congreso: «El gobierno y los jueces se ríen de nosotros»
La diputada del Frente de Izquierda llamó a movilizarse frente al Congreso el 15 de octubre, denunciando que el Poder Judicial actúa en sintonía con el gobierno de Milei y no como árbitro independiente. La frase condensa un clima político que viene creciendo: la impunidad como regla y la calle como única respuesta posible.
«Basta de que el gobierno y los jueces se rían de nosotros. El 15 de octubre tenemos que estar todos y todas frente al Congreso.» Con esa frase directa y sin eufemismos, la diputada nacional Myriam Bregman lanzó una convocatoria a movilizarse que circula en redes sociales y que condensa en pocas palabras una temperatura política que viene acumulándose: la percepción extendida en la oposición y en amplios sectores sociales de que la Justicia opera en sintonía con el poder, no como contrapeso.
Bregman es diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires en el Frente de Izquierda Unidad (FIT-U), abogada con trayectoria en causas de derechos humanos y una de las voces más activas en el rechazo a las políticas del gobierno de Javier Milei. Su declaración, publicada en la red social Threads, coloca en el mismo banco al Ejecutivo y al Poder Judicial, a quienes acusa de actuar en perjuicio de la ciudadanía y sin rendir cuentas ante nadie.
Un diagnóstico compartido: la Justicia como problema político
La declaración de Bregman no surge del vacío. La relación entre el Poder Judicial federal y el gobierno de Milei es uno de los nudos más tensos de la política argentina actual. Por un lado, el oficialismo envió al Senado cientos de pliegos de jueces, fiscales y defensores públicos en un proceso de designaciones que la oposición cuestiona por su velocidad y por la falta de debate genuino sobre los perfiles propuestos. Por otro, causas que involucran a funcionarios del gobierno libertario, como las investigaciones en torno a la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), la causa $Libra y los expedientes por enriquecimiento ilícito de funcionarios del gabinete, avanzan con una lentitud que contrasta con el ritmo de otras causas.
Ese cuadro alimenta una percepción que Bregman articula con claridad: cuando la Justicia no investiga a quienes gobiernan y simultáneamente actúa contra opositores o sectores vulnerables, pierde su condición de árbitro independiente y se convierte en un instrumento de poder. No es una lectura nueva en la política argentina, pero adquiere nueva urgencia en un contexto donde el ajuste fiscal golpea a la mayoría mientras los escándalos de corrupción se acumulan sin condenas.
La calle como respuesta a la impunidad
La convocatoria al Congreso para el 15 de octubre no es solo un gesto simbólico. En la tradición política argentina, la movilización frente al Congreso es el recurso de quienes sienten que los canales institucionales están cerrados o capturados. Bregman lo sabe y lo elige conscientemente: frente a una Justicia que, según su diagnóstico, «se ríe» de la ciudadanía, la respuesta es la presencia masiva en el espacio público.
El FIT-U viene sosteniendo una posición de oposición sin concesiones al gobierno de Milei desde el inicio de su gestión. A diferencia de otros bloques opositores que negociaron apoyos puntuales al oficialismo, el Frente de Izquierda no le votó ninguna medida de relevancia al gobierno libertario. Esa consistencia le da a Bregman una autoridad moral específica cuando llama a la calle: no convoca desde la comodidad de quien eventualmente cedió, sino desde una oposición sostenida en el recinto y fuera de él.
El Congreso como escenario de disputa
Elegir el Congreso como punto de concentración tiene una carga simbólica precisa. Es el lugar donde se aprueban los pliegos judiciales, donde se vota o se bloquea la legislación que define quiénes pueden ser procesados y con qué garantías, y donde las mayorías parlamentarias deciden qué causas avanzar y cuáles frenar. La convocatoria de Bregman instala la pregunta de fondo que el oficialismo prefiere no responder: ¿a quiénes sirven los jueces que el gobierno designa?
En ese marco, la frase «que el gobierno y los jueces se ríen de nosotros» es también una lectura sobre la impunidad como sistema. Cuando los funcionarios acumulan denuncias y las investigaciones no avanzan, y cuando simultáneamente la Justicia actúa con celeridad contra quienes protestan o reclaman, la ecuación se hace insostenible para cualquier noción básica de igualdad ante la ley. Bregman lo dice en público y convoca a decirlo en la calle. La pregunta es cuántos la escuchan.
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