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Elecciones

Bullrich derogará leyes laborales por decreto si el Congreso no las modifica

La candidata de JxC prometió DNU contra trabajadores en caso de ganar las presidenciales.

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La candidata presidencial de Juntos por el Cambio (JxC), Patricia Bullrich, aseguró hoy que si gana las elecciones y el Congreso nacional no acompaña los proyectos de ley que enviará para modificar leyes laborales, impulsará estos cambios por decreto de necesidad y urgencia (DNU).

En un reportaje en radio Neura, concedido al conductor Alejandro Fantino, fue consultada respecto de qué hará en caso de llegar a la Casa Rosada y encontrar resistencia política y sindical a cambios en las normas laborales, a lo que Bullrich respondió que está dispuesta a modificarlas por medio de un DNU.

“Bueno, hago un DNU y te las derogo en dos minutos, no te preocupes, yo voy a salvar a las pymes y no voy a dejar que las maten”, indicó la candidata presidencial.

En el reportaje, Bullrich explicó que existen en materia laboral “leyes ridículas” que a su criterio impiden que pequeñas y medianas empresas contraten más personal, y se refirió a la necesidad de anular las multas que incrementan las indemnizaciones por despido.

Asimismo, cuestionó algunos fallos laborales de los fueros nacionales al indicar que “es una justicia laboral contaminada y dominada por los gremios” en la cual “nunca un empresario gana un juicio, nunca en la vida, siempre le rompen la cabeza”.

En otro tramo del reportaje, Bullrich apuntó específicamente a algunas normas que regulan la actividad del gremio de camioneros al advertir a modo de ejemplo que “hay leyes del año 60 que te dicen que una persona que sube un bulto a un camión no puede luego bajarlo, tiene que venir otra persona”.

También sostuvo que “si un camión llega con un cargamento a Bahía Blanca no puede regresar trasladando otros productos. Debe regresar vacío, incrementando así los costos del transportista”.

“El que no acepte las reglas de juego y empiece a querer poner trabas en la Argentina, va a tener consecuencias”, dijo Bullrich.

Ante otra consulta, precisó cuál sería su política respecto a la atención médica a extranjeros en caso de ganar las elecciones: «Las únicas cosas que vos no cobrás es en accidentología. ¿Tuviste un accidente? Lo atendés”. 

A continuación, diferenció esta situación de los llamados “tours sanitarios”, y dijo que “si te venís a hacer una operación de apéndice, pagás. Y si no tenés plata vas a tener que venir con un seguro de salud desde tu país”.

Tras aclarar que esta iniciativa no regirá para los residentes extranjeros en la Argentina, se mostró a favor de un criterio de reciprocidad, e insistió en que “si vos tenés una urgencia, la atendés siempre. Un médico tiene la obligación de hacerlo”, aunque dijo que “una cosa planificada la pagás, sino los impuestos de los argentinos se utilizan para alguien que viene por un día”.

En tanto, sobre los jóvenes que cursan una carrera universitaria en la Argentina en la universidad pública dio que su idea es exigirles que se queden tres años en el país a ejercer su profesión: «Quien viene se lleva algo gratis, pero te da algo y además consume”, explicó sobre esta propuesta. 

Elecciones

Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25

Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.

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Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.

El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.

El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.

Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.

Lo que las encuestas no vieron venir

Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.

La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.

Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico

La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.

A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.

El mapa territorial y los puntos de quiebre

La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.

Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.

El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa

Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.

Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.

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