Región
La Casa del Cine Brasileño se convertirá en un espacio cultural
El triunfo de «Aún Estoy Aquí» representa un avance significativo para la industria cinematográfica de Brasil.
La alcaldía de Río de Janeiro anunció la creación de la Casa del Cine Brasileño, un espacio que celebrará la historia y el legado del cine nacional, comenzando con el inmueble que albergó la filmación de «Aún Estoy Aquí», película que ganó el primer Oscar en la historia de Brasil.
La noticia se conoció tras el histórico triunfo de «Aún Estoy Aquí», dirigida por Walter Salles, que obtuvo el galardón a la Mejor Película Extranjera en la 97ª edición de los Premios Oscar. El alcalde Eduardo Paes expresó su entusiasmo en redes sociales: «Haremos de la casa donde fue filmada la película un lugar de memoria permanente de la historia de Eunice Paiva y su familia, de la democracia y además un homenaje a dos grandes mujeres que enorgullecen a Brasil», refiriéndose a las actrices Fernanda Torres y Fernanda Montenegro, figuras centrales en la narrativa del filme.
Importancia del proyecto cultural
La creación de la Casa del Cine Brasileño no solo conmemora el triunfo de la película, sino que también busca impulsar la industria cinematográfica en Brasil. Paes anunció que el espacio no solo servirá como un museo, sino que también albergará la nueva sede de la Rio Film Commission. Esto tiene como objetivo «estimular más las producciones del cine brasileño», un sector que ha enfrentado múltiples desafíos en los últimos años, incluidos recortes presupuestarios y la crisis social y política del país.
Con este nuevo centro cultural, Río de Janeiro busca posicionarse nuevamente como un foco para el cine de calidad. El alcalde subrayó la importancia de «la historia de Brasil en los Oscar y en exposiciones interactivas», asegurando que los visitantes tendrán la oportunidad de sumergirse en la rica narrativa del cine nacional y su impacto en la cultura brasileña.
Competencia en el cine internacional
El triunfo de «Aún Estoy Aquí» resuena en un contexto donde Brasil ha luchado por reconocimiento internacional en la industria cinematográfica. A pesar de la calidad de muchas producciones locales, la ausencia de premios tan destacados como el Oscar había generado un sentimiento de abandono en el cine nacional. La película, basada en las memorias de Marcelo Rubens Paiva, rememora una época de gran turbulencia en la historia del país: la dictadura militar en la década de 1970.
La obra no solo ofrece un retrato conmovedor de la vida de Eunice Paiva, madre del autor, sino que también invoca reflexiones críticas sobre la democracia y el papel de la memoria en la construcción de la identidad nacional.
Elecciones
Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25
Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.
Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.
El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.
El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.
Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.
Lo que las encuestas no vieron venir
Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.
La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.
Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico
La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.
A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.
El mapa territorial y los puntos de quiebre
La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.
Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.
El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa
Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.
Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.
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