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Perú: Fujimori será juzgado por esterilizar sin consentimiento a más de 350.000 mujeres indígenas
Durante el mandato de Alberto Fujimori (1990-2000) y bajo el Programa Nacional de Planificación Familiar, se realizaron alrededor de 272.000 ligaduras de trompas y unas 22.000 vasectomías.
Durante el mandato de Alberto Fujimori (1990-2000) y bajo el Programa Nacional de Planificación Familiar, se realizaron alrededor de 350.000 ligaduras de trompas y unas 25.000 vasectomías.
Fujimori había defendido su política de natalidad con el argumento de que sería un plan progresivo que ofrecía una amplia gama de métodos anticonceptivos, incluida la esterilización quirúrgica, que hasta ese momento era ilegal en Perú.
Fujimori había defendido su política de natalidad con el argumento de que sería un plan progresivo que ofrecía una amplia gama de métodos anticonceptivos, incluida la esterilización quirúrgica, que hasta ese momento era ilegal en Perú.
Tras décadas de impunidad, la Justicia peruana fijó para el primero de marzo la audiencia contra el expresidente Alberto Fujimori por su responsabilidad en la esterilización forzosa de miles de mujeres indígenas, uno de los episodios más oscuros de una Presidencia (1990-2000) marcada por las violaciones a los derechos humanos y el autoritarismo.
Además de Fujimori, deberán comparecer los ex ministros de Salud, Eduardo Yong Motta, Marino Costa Bauer y Alejandro Aguinaga. Todos ellos acusados de forzar a cerca de 350.000 mujeres y 25.000 hombres a someterse procesos de esterilización a través de un plan del Gobierno para reducir la natalidad en las regiones rurales y en las comunidades indígenas del país.
Según datos de la Defensoría del Pueblo peruano, bajo el Programa Nacional de Planificación Familiar se realizaron más de 272.000 ligaduras de trompas y unas 22.000 vasectomías, aunque la cifra real es mucho mayor.
La mayoría de los hombres y mujeres que fueron objeto del programa eran de origen humilde, hablantes del quechua y firmaron un consentimiento escrito en español que no entendían. Una de ellas fue Josefina Quispe. Tenía 33 años y 5 hijos cuando fue sometida a un tratamiento de anticoncepción definitiva sin su consentimiento.
Cuando despertó de la anestesia estaba tumbada en una camilla del hospital y sin entender por qué le dolía todo el cuerpo empezó a preguntar qué le habían hecho y por qué tenía una cicatriz en su abdomen, pero nadie le respondió.
Su caso es parecido al de otras cientos de miles de mujeres indígenas peruanas, como Victoria Vigo. Su bebé nació con dificultades respiratorias y murió poco después.
«Había un médico tratando de consolarme diciendo: ‘No te preocupes, todavía eres joven, puedes tener otro bebé'», pero otro médico le respondió: «No puede tener más hijos. La hemos esterilizado».
«Yo quería tener más hijos, pero esa elección me fue quitada sin mi permiso», aseguró Vigo, quien un año después de haber sido esterilizada empezó su lucha contra las autoridades que impulsaban las esterilizaciones y, tras años de disputa legal, en 2003 cobró una compensación de 2.500 dólares.
Fue la única que recibió una compensación y ella está convencida de que lo consiguió porque, a diferencia de la mayoría de las personas esterilizadas en contra de su voluntad, ella es de clase media, tiene estudios y habla español.
Otro de los miles de casos es el de Mamérita Mestanza Chávez. El de ella es conocido porque fue llevado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Chávez tenía 33 años y había dado a luz a su séptimo hijo cuando comenzó a ser acosada por las enfermeras del centro de salud al que asistía para los controles de su bebé.
Le decían que si no accedía a la ligadura de trompas le pondrían multas o la encarcelarían, y así fue como la operaron, sin haberle realizado estudios previos ni brindarle atención postoperatoria. Murió a los ocho días de la cirugía y dejó siete hijos huérfanos.
Fujimori había defendido su política de natalidad con el argumento de que sería un plan progresivo que ofrecía una amplia gama de métodos anticonceptivos, incluida la esterilización quirúrgica, que hasta ese momento era ilegal en Perú.
«Pero la verdad es que, en lugar de promover una variedad de métodos anticonceptivos, había objetivos, cuotas y un número de esterilizaciones que el personal de salud tenía que lograr», explicó en una entrevista con la BBC Rosemarie Lerner, directora del proyecto Quipu, que recoge y comparte testimonios de víctimas de ese programa fujimorista.
En diálogo con la revista Nueva Sociedad, la congresista peruana Tania Pariona coincidió y afirmó que «existió una cadena de mando para la implementación de dicha política» y contó que «se ofrecía una comisión de 30 dólares por cada paciente que esterilizaban con fines de cumplir metas».
Geopolítica 🌎
Londres prorroga licencias offshore en Malvinas y desafía el reclamo argentino
La administración colonial británica extendió por cinco años los permisos de exploración petrolera en el Atlántico Sur. El megaproyecto Sea Lion prevé extraer crudo en 2028 en flagrante violación a las resoluciones de Naciones Unidas y con medidas cautelares judiciales en su contra.
La administración británica en las Islas Malvinas resolvió prorrogar por cinco años las licencias otorgadas a compañías petroleras para operar en el Atlántico Sur, con la opción de sumar dos años extra si se cumplen los planes de trabajo. La medida consolida una política sistemática de avance unilateral sobre los recursos naturales estratégicos de la plataforma continental argentina, en abierto desafío a la Resolución 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la cual insta a las partes a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales mientras continúe la controversia de soberanía.
El avance unilateral y la avanzada de Sea Lion
La decisión cuenta con el respaldo explícito de Londres. Cheryl Roberts, integrante de la Asamblea Legislativa colonial a cargo de Comercio, Industria y Recursos Minerales, justificó la maniobra al sostener que las prórrogas brindan seguridad a los operadores y argumentó: “Son recursos nuestros que debemos desarrollar”.
El foco principal de este esquema de explotación radica en el proyecto Sea Lion, situado en la cuenca Malvinas Norte, a 220 kilómetros del archipiélago. La firma israelí Navitas Petroleum (que controla el 65% del consorcio) y la británica Rockhopper Exploration (poseedora del 35% restante) proyectan iniciar la extracción comercial de crudo en marzo de 2028. Según reportó la Agencia NA, el plan contempla una primera etapa con once pozos submarinos enlazados a un buque de almacenamiento y descarga (FPSO), con un piso de extracción estimado en 50.000 barriles diarios y un objetivo inicial de recuperar 170 millones de barriles. Evaluaciones de las firmas calcularon reservas probadas y probables de hasta 314 millones de barriles en fases combinadas, requiriendo un despliegue financiero cercano a los 2.100 millones de dólares. Además de las citadas empresas, retienen permisos en el área firmas como Borders & Southern, Desire Petroleum Limited y la canadiense JHI.
Límites legales y la respuesta judicial argentina
Las operaciones foráneas carecen por completo de habilitación de la República Argentina y vulneran la Ley 26.659 (modificada por la Ley 26.915), marco normativo que sanciona las actividades hidrocarburíferas no autorizadas en la plataforma continental con inhabilitaciones de hasta 20 años y penas de prisión de hasta 15 años. Estas penalidades alcanzan tanto a las firmas operadoras directas como a las entidades que provean financiamiento, apoyo técnico, seguros o logística.
En sede judicial, la jueza federal de Río Grande, Mariel Borruto, dictó una medida cautelar ordenando a Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration abstenerse de iniciar o continuar obras vinculadas al desarrollo de Sea Lion. La resolución se originó a partir de una demanda impulsada por el Centro de Excombatientes de Malvinas de La Plata junto a la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, alertando sobre el riesgo ambiental y la ilegalidad de las obras sin evaluación de impacto nacional. Por su parte, la gestión de Javier Milei impulsó ante el Congreso un proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional con el objetivo de elevar las penalidades económicas y administrativas para quienes operen sin permiso oficial, en un escenario donde la aplicación efectiva tropieza con la falta de cooperación internacional del Reino Unido y el control de facto que ejerce sobre el área marítima disputada.
- El régimen británico en Malvinas prorrogó por cinco años las licencias petroleras offshore, con posibilidad de extensión por dos años adicionales.
- Las empresas Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration prevén comenzar la extracción de crudo en el yacimiento Sea Lion en marzo de 2028, con picos de 50.000 barriles por día.
- La Justicia Federal de Río Grande ordenó frenar las obras de Sea Lion ante una presentación del CECIM La Plata y la Asociación de Abogados Ambientalistas.
- Argentina ratifica la ilegalidad de las licencias bajo la Ley 26.659 y la violación británica a la Resolución 31/49 de la ONU.
- El Gobierno nacional remitió al Congreso un proyecto legislativo para endurecer multas y sanciones a las corporaciones que operen sin aval del Estado.
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