Análisis
Situación en Palestina ocupada y el devenir de los acontecimientos
Hay más de 37.000 muertos palestinos en un poco más de siete meses de combate.
Por Prof. Néstor A. Suleiman*
¿Qué cambio en la cuestión Palestina a partir del 7 de octubre del año pasado?
Una pregunta que quizás la mayoría pueda hacerse, habida cuenta del saldo trágico que arroja con más de 37.000 muertos palestinos en un poco más de siete meses de combate.Los palestinos viven una agonía muy lenta desde hace más de tres décadas.
Un estado de pauperización de las comunidades autóctonas en Gaza y Cisjordania, sometidas permanentemente a las atroces campañas de colonización judía en sus territorios, con la imposibilidad de poder movilizarse con libertad en su propio espacio geográfico, sin poder trabajar la tierra, con la prohibición de explotar los recursos naturales que les pertenecen y expuestos permanentemente a las campañas de limpiezas étnicas perpetradas por el estado sionista.
El 7 de octubre comienza a producirse un cierre de ese estado agonizante, con un despertar que parece acompañar la nueva etapa del renacimiento palestino. La eficiencia en el campo militar desarrollado por la resistencia palestina demostró una vez más, como en la batalla de Beirut de 1982 y Karame en 1968, que el Estado sionista no es un ente indestructible.
Las acciones de la resistencia pusieron en alerta al Mundo Árabe y bloquearon los acuerdos de Abraham y la posibilidad de afianzar las relaciones diplomáticas de países árabes con el Estado judío.
Además ha generado posicionamientos de países de occidente en dirección a aceptar la creación de una Palestina independiente, muchos de ellos con buenas relaciones con Israel.
Reconocimiento del Estado Palestino
En estos días anunciaron el reconocimiento del Estado Palestino de parte de Noruega, España e Irlanda, y seguramente seguirán sumando voluntades en esa dirección de parte de otros países.
En octubre del 2023 comenzaron aflorar contradicciones antagónicas entre Estados Unidos y el Estado sionista, habida cuenta que Washington no está dispuesto a acompañar incondicionalmente la estrategia marcada por Tel Aviv.
Este cuadro de situación emerge a partir de la intransigencia sionista en frenar la embestida criminal en Gaza, aceptar una tregua y un plan de asistencia humanitaria requerido en distintos foros internacionales.
Los hechos registrados a partir del pasado 7 de octubre dieron lugar al desenvolvimiento de acciones políticas, que seguramente antes de esta fecha eran imposibles de evaluar por el desarrollo y poder del lobby sionista internacional.
En efecto, ¿quién podía imaginar al estado sionista en el banco de acusados en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por violaciones a los derechos humanos?…….
¿Alguien podía pensar que la Corte Penal Internacional (CPI) iba a emitir pedidos de capturas de funcionarios del ejecutivo israelí acusados por delitos de lesa humanidad ?
Los palestinos fueron tolerantes y pacientes. Desde 1948 con el inicio de la Nakba (tragedia en árabe), más 5 millones de este sufrido pueblo se encuentra esparcido por el mundo, muchos de ellos bajo la situación de revista de refugiados; miles de muertos y desaparecidos en manos de las hordas criminales sionistas y una esperanza perdida en los acuerdos de Oslo y la conferencia de Madrid, en la década del `90 del siglo pasado que pregonaban la materialización de derechos postergados del pueblo palestino.
Algunos gobiernos árabes en distintos segmentos de la historia, quisieron ganarle la iniciativa a la resistencia palestina en las tareas de la organización de su propio pueblo. Otros regímenes con aportes «altruistas» buscaron a menudo en forma oportunista una devolución de carácter político de la dirigencia palestina.
Sin embargo los miembros y conductores de las distintas organizaciones de resistencia palestina, fueron conscientes de estos gestos y actitudes, sobre todo de aquellos que con discursos rimbombantes simulan defender la causa madre de todo el mundo árabe y musulmán.
Los primeros días del mes de octubre del año pasado demostraron que los palestinos sólo deben depender de sus propias fuerzas para el combate político y militar, prescindiendo de las «colaboraciones» de aquellos extraños al sentimiento árabe, los que a menudo utilizan en sus consignas la exaltación de Jerusalén y Palestina.
¿Cuál es la vía para que finalmente se materialicen los derechos de los palestinos?
Hay una histórica reflexión, que en muchas oportunidades se utiliza en casos parecidos a la actual situación coyuntural del pueblo palestino; se trata de elegir «entre el tiempo y la sangre», pero cuando el tiempo se agota y sin resultados para el bienestar de las mayorías, como decía un estadista de América Latina «los pueblos hacen tronar el escarmiento».
*Profesor de Filosofía y Ciencias Sagradas-documentalista-especialista en temáticas árabes
Análisis
La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo
Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».
Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia
Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.
Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.
Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.
Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.
El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina
La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.
Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.
La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.
Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)
La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.
Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.
Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.
El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas
El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.
Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.
El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.
Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala
La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.
El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.
En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.
Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.
Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.
Machismo de guardapolvo blanco
Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.
La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.
Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.
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