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Impunidad y odio: «Matá a quien vos quieras y ocultá huellas»

Este fue uno de los mensajes que le escribió Agustina Díaz a Brenda Uliarte en el contexto del intento de magnicidio contra Cristina.

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La querella de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner hizo referencia hoy a un intercambio de mensajes entre Agustina Díaz y Brenda Uliarte, las dos detenidas por el intento de magnicidio perpetrado el pasado 1 de septiembre, en uno de los cuales la primera le dijo a la segunda: «Matá a quien vos quieras y ocultá huellas».

Esta frase fue recordada hoy por el abogado querellante Marcos Aldazábal en la audiencia ante la Cámara Federal porteña para graficar la gravedad de la situación y rechazar que Díaz sea excarcelada, y forma parte de un intercambio de mensajes más extenso que ya fue incorporado a la causa judicial, al que tuvo acceso Télam.

Uliarte escribió: «Sabés el miedo que van a tener los presidentes?. Me gustaría que alguien dé un mensaje que diga al próximo que haga las cosas mal también le meto un corchazo».

«Yo me la banco. Es el precio de liberar a mi país», continúo el mensaje Uliarte y agregó: «Soy una mina que perdió a su madre y a su hijo. Ya no le tengo miedo a nada».

En este punto del intercambio, Díaz, a quien Uliarte tenía agendada en su teléfono celular como «Amor de mi vida» le respondió: «Matá a quien vos quieras», «Y ocultá huellas», «Bien pilla wachaaaa».

Uliarte le contestó: «Si obvio lo estoy planeando», «Recontra pilla», «No me van a atrapar».

Amor de mi vida le respondió: «Perfecto».

Uliarte está detenida y ya fue procesada con prisión preventiva como coautora del intento de homicidio a la Vicepresidenta cometido el 1 de septiembre por la noche cuando la Presidenta del Senado llegaba a su departamento del barrio porteño de Recoleta y era saludada por manifestantes que le expresaban su apoyo.

Diaz quedó detenida a raíz de estos intercambios de mensajes encontrados durante una pericia al teléfono celular de su amiga y excompañera de colegio de Uliarte, y ahora la jueza federal María Eugenia Capuchetti tendrá que definir su situación procesal.

La Cámara Federal porteña rechazó excarcelarla ante la «gravedad institucional» de lo ocurrido y por existencia de medidas de prueba pendientes y riesgo de entorpecimiento de la pesquisa.

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Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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