CABA
Derrumbe y muerte en CABA: construcción descontrolada y falta de supervisión
La ciudad del macrismo es un descontrol absoluto de obras por doquier, donde las quejas de los vecinos no son escuchadas.
El derrumbe de una vivienda lindera a una obra en construcción en Caballito, que provocó la muerte de dos hermanos, volvió a poner el foco en el desarrollo inmobiliario que se multiplica con departamentos en altura en zonas de casas bajas de la Ciudad y en los procesos de supervisión del Estado sobre las etapas que conlleva una nueva edificación.
En diálogo con Télam, expertos en urbanismo y vecinos afectados por obras manifestaron su tristeza por lo ocurrido ayer en Caballito, y remarcaron que no es la primera vez que se registran víctimas fatales y heridos como consecuencia del desmoronamiento de medianeras de inmuebles que están pegados a predios donde está en ejecución una obra en construcción.
Según coincidieron, hay una «construcción descontrolada» en la Ciudad de Buenos Aires que se debe, en gran parte, a la aprobación en 2018 de un nuevo Código Urbanístico -la norma que rige los criterios para nuevas edificaciones-, así como denunciaron «un dejar hacer» a los desarrolladores inmobiliarios «pensando que no va a pesar nada» por parte del Gobierno porteño.
Desde el Observatorio del Derecho a la Ciudad reiteraron su crítica a la administración porteña por «impulsar la sobreconstrucción desplanificada a través de cambios sustanciales de las normas urbanísticas que está colapsando los servicios, destruyendo la identidad de los barrios, perjudicando la calidad ambiental y eliminando el patrimonio cultural».
«Identificamos que, cada vez que sucede una tragedia de estas características, estamos frente a un escenario multicausal: en la Ciudad hace 16 años que la construcción de nuevos edificios está siendo alentada por el Gobierno porteño sin planificación y en una alianza simbiótica con el poder inmobiliario financiero», dijo Eva Koutsovitis, del Observatorio.
Destacó, también, «la falta de control y de evaluación previa de la seguridad estructural de las construcciones linderas a las obras» y «la flexibilización a las grandes desarrolladoras», y sostuvo que «la voracidad inmobiliaria conlleva la realización de excavaciones y construcciones por fuera de todo tipo de norma».
Ayer, una mujer de 75 años y su hermano de 82, dueño de una tienda de mascotas del barrio, murieron por el derrumbe del PH que habitaban sobre Pedro Goyena al 500, en Caballito, que estaba situado al lado de una obra en construcción sobre la cual pesaban denuncias de vecinos, incluso en la Justicia, respecto de situaciones de riesgo que venían observando desde hacía meses.
En declaraciones a la prensa, el abogado Isaac Romano relató que hizo una presentación ante el Juzgado Civil 3 una acción judicial contra la constructora MAB Inversiones, a cargo del proyecto edilicio, para detener la obra ante «los riesgos temibles de derrumbamiento en su propiedad», situada sobre Pedro Goyena 557, pero obtuvo un fallo adverso que no dio lugar a su pedido.
Esta mañana, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad informó que, tiempo atrás, emitió una advertencia al Gobierno porteño sobre «irregularidades de la obra lindante a las viviendas» del terreno colapsado «solicitando en cuatro instancias distintas que se corroboraran las medidas de protección hacia terceros, la integridad estructural de ambas construcciones y actuar en consecuencia».
«Ayer nos vimos reflejados por lo que pasó, pensamos que podría haber sido nuestro caso», admitió a Télam Graciela, una mujer que junto a su esposo y cuatro hijos debieron abandonar su vivienda en Caballito en 2023 por los daños «irreversibles» generados por una obra en construcción de un edificio de ocho pisos y cuatro subsuelos sobre la calle Campichuelo.
Según contó, la casa «se partió al medio y nuestro proyecto de vida quedó interrumpido» porque «no tomaron las medidas técnicas para prevenir el daño en la vivienda», tras lo cual evaluó que existe «una sistematización de no darle entidad a los daños de las propiedades linderas a las obras, que son generalmente bajas de altura».
«Hay desidia, un ´dejar hacer´ pensando que no va a pasar, pero las cosas suceden. El Gobierno porteño no tiene magnitud del riesgo al que está exponiendo a los vecinos linderos a las obras y que, en algunos casos terminan siendo daños irreversibles porque están en juego vidas», indicó la mujer que abrió la cuenta en Instagram «vecinos.afectadosxobras», donde recibe denuncias de situaciones similares a la suya.
Ana Bas, de la organización Basta de Demoler, exigió al Gobierno porteño que cumpla «urgente» la promesa electoral hecha por Jorge Macri de revisar el Código Urbanístico porque «hay consenso entre la población que está mal que se pueda construir edificios en cualquier lugar sin respetar las identidades barriales».
«No es la primera vez que se cae una construcción», lamenta y agrega que espera «se caída con todo el rigor» sobre el Gobierno local «que da los permisos y después no los fiscaliza».
Según fuentes oficiales porteñas, «la obra estaba registrada con permiso del Gobierno de la Ciudad con inicio en agosto de 2023 y estaba en la etapa de excavación» mientras que «la Agencia Gubernamental de Control la inspeccionó por última vez el 5 de diciembre».
CABA
La Legislatura porteña aprobó el traspaso del fuero laboral a la Ciudad
Con 36 votos a favor y la abstención del peronismo, la Legislatura de CABA transfirió las causas individuales de trabajo al fuero local. Los juicios nuevos irán a tribunales porteños; los existentes seguirán en la Justicia Nacional hasta sentencia.
La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó este jueves el convenio que transfiere las competencias de la Justicia Laboral desde la órbita nacional al fuero porteño. La iniciativa obtuvo 36 votos afirmativos, dos en contra y 20 abstenciones. El mapa político del recinto mostró a PRO, La Libertad Avanza, la Unión Cívica Radical y otros bloques aliados votando en bloque a favor, mientras que la representación del peronismo optó por abstenerse, una señal de distancia con un esquema de traspaso que aún genera interrogantes sobre las condiciones laborales de los trabajadores judiciales involucrados y el acceso real a la justicia para los sectores más vulnerables.
Qué se transfiere y qué queda en la Nación
El convenio delimita con precisión el alcance del traspaso: la Ciudad pasará a manejar todos los juicios individuales de trabajo, es decir, las demandas de empleados contra empresas por despidos, accidentes laborales e indemnizaciones. En cambio, los reclamos sindicales y los conflictos colectivos continuarán tramitándose en la Justicia Nacional, una distinción que no es menor en un contexto de creciente conflictividad gremial frente a las políticas de desregulación laboral del Gobierno nacional.
Los expedientes ya abiertos seguirán en los tribunales nacionales hasta que haya sentencia definitiva. Solo los casos nuevos irán directamente a los juzgados porteños. El Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad tendrá facultades para revisar las causas de derecho local y común, mientras que el Consejo de la Magistratura de la Ciudad quedó designado como el organismo responsable de garantizar las condiciones para el funcionamiento del nuevo fuero.
Tiempos más cortos, pero condicionados al segundo acuerdo
El argumento central que esgrimieron los impulsores de la reforma fue la reducción de los plazos de resolución. Desde el sector judicial estiman que los expedientes que hoy demoran entre tres y cinco años podrían resolverse en un plazo de un año o menos. Sin embargo, para que el cambio se ponga efectivamente en marcha, el Gobierno nacional y el porteño deberán firmar un segundo acuerdo que contemple la transferencia de los fondos presupuestarios correspondientes. Una vez suscripto ese documento, comenzará a correr un plazo de 180 días para designar a los nuevos jueces, adecuar la infraestructura edilicia e implementar el sistema informático.
La dependencia de ese segundo convenio introduce una incertidumbre real sobre el cronograma. La promesa de agilización queda, por ahora, supeditada a una negociación interjurisdiccional entre la administración de Jorge Macri en la Ciudad y el Gobierno de Javier Milei, en un escenario en que las tensiones entre los distintos niveles del Estado por la distribución de recursos son moneda corriente.
La abstención peronista: una señal política
La decisión del bloque peronista de abstenerse en lugar de votar en contra no fue un gesto de indiferencia sino una lectura política deliberada. El traspaso del fuero laboral a la Ciudad no es un tema nuevo: lleva años de negociación entre la Nación y CABA y distintos intentos de avanzar en su implementación se frustraron por desacuerdos presupuestarios y resistencias sindicales del personal judicial. La abstención dejó constancia de las reservas sin obstaculizar una medida que, en términos formales, apunta a mejorar la eficiencia del sistema.
El fondo del debate, sin embargo, es más espinoso. ¿Garantizará el fuero porteño el mismo nivel de protección para los trabajadores que el fuero nacional? La pregunta no es retórica. La Ciudad de Buenos Aires administra un sistema judicial propio con sus propias lógicas y presupuestos, y la transición implicará una reconfiguración profunda de la infraestructura y la cultura institucional de los tribunales del trabajo.
Puntos clave
- La Legislatura porteña aprobó el traspaso con 36 votos a favor, dos en contra y 20 abstenciones del bloque peronista.
- Solo se transfieren los juicios individuales (despidos, accidentes, indemnizaciones); los conflictos colectivos y sindicales quedan en la Justicia Nacional.
- Los expedientes en curso continuarán en tribunales nacionales hasta sentencia; los nuevos irán al fuero porteño.
- La implementación requiere un segundo acuerdo de financiamiento y un plazo de 180 días para designar jueces y adaptar la infraestructura.
- El Consejo de la Magistratura de la Ciudad será el organismo responsable del funcionamiento del nuevo fuero.
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