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Violencia de Género

Femicidio vinculado: asesinó a la pareja de su ex frente a la hija de 10 años

Según la reconstrucción judicial, Collante llegó armado con una pistola calibre .380. A los pocos segundos de discutir con Carabajal, gatilló seis veces. La primera detonación no lo detuvo: volvió a apuntar y efectuó otros cinco disparos que quedaron registrados por una cámara de seguridad.

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El viernes por la noche, en González Catán, volvió a repetirse una postal que ya es parte de nuestro país: un hombre que no acepta la autonomía de su ex pareja, una discusión teñida de celos y control, y un desenlace cargado de violencia letal.
Ariel César Collante, de 31 años, llegó en moto a la casa de su ex mujer para buscar a sus hijas. No las encontró, pero sí se topó con Brian Enrique Carabajal, la actual pareja de ella. Minutos después, el cruce terminó en un asesinato a plena calle y frente a una nena de 10 años que quedó atrapada en la escena.

Un ataque premeditado y ejecutado sin freno

Según la reconstrucción judicial, Collante llegó armado con una pistola calibre .380. A los pocos segundos de discutir con Carabajal, gatilló seis veces. La primera detonación no lo detuvo: volvió a apuntar y efectuó otros cinco disparos que quedaron registrados por una cámara de seguridad.
La secuencia muestra al agresor acercarse, discutir, tirar y huir en la misma moto con la que había llegado. Carabajal cayó sobre el asfalto y murió antes de que pudiera recibir asistencia.

Una niña como testigo involuntaria

La hija de Collante, de apenas 10 años, presenció el crimen. Un trauma que ahora llevará encima por años, mientras el sistema judicial —si actúa con perspectiva de género e infancia— deberá protegerla del círculo de violencia que la rodeaba.

Una reacción tardía: fuga y entrega

Tras el ataque, Collante escapó. Fue el suegro de la víctima quien llamó a la Policía Bonaerense. El fiscal Carlos Adrián Arribas, de la UFI de Homicidios de La Matanza, ordenó el relevamiento de cámaras y recolección de pruebas.
Recién el domingo, más de 40 horas después del asesinato, Collante apareció: se entregó en la Comisaría de González Catán.
La causa fue caratulada como homicidio agravado por el uso de arma. En las próximas horas será indagado.

El caso vuelve a exponer un patrón repetido:

  • Hombres que intentan controlar la vida de sus ex parejas, incluso cuando la relación terminó.
  • Escaladas de violencia que avanzan desde los celos hasta el femicidio o, en este caso, el asesinato del varón que “interfiere” en el mandato de posesión.
  • Acceso libre a armas por parte de agresores que ya habían mostrado actitudes violentas.
  • Hijas e hijos como testigos directos o indirectos, víctimas invisibles de la violencia machista.

Este crimen no es un “arrebato”. Es parte de una estructura social que naturaliza que un varón armado pueda decidir quién vive y quién muere.

Córdoba

A dos meses del crimen de odio de Vica Monteros en Córdoba, su familia clama justicia

A dos meses del asesinato de Víctor Hugo «Vica» Monteros en el barrio Alberdi de Córdoba, la querella confía en la solidez de la causa contra el único imputado, Maximiliano Sallito, quien enfrenta cargos por homicidio agravado por alevosía, ensañamiento y crimen de odio. Su familia lo recuerda y pide justicia.

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A dos meses del asesinato de Víctor Hugo «Vica» Monteros en el barrio Alberdi de la ciudad de Córdoba, la querella confía en la solidez de la causa contra el único imputado, Maximiliano Sallito, quien enfrenta cargos agravados por alevosía, ensañamiento y crimen de odio. Su familia lo recuerda como alguien que «construía mucho más que edificios».

El 12 de abril de 2026, Maximiliano Sallito, de 27 años, ingresó al domicilio de Víctor Hugo «Vica» Monteros en el barrio Alberdi de la ciudad de Córdoba y lo atacó por la espalda con un arma blanca. La ferocidad del ataque, con 37 puñaladas, no dejó margen a la víctima. Para borrar los rastros del crimen, el agresor intentó incendiar la vivienda antes de escapar. Vecinos alertaron a la Policía a tiempo, y las llamas no pudieron consumir las evidencias. Dos meses después, la investigación avanza con un único imputado bajo prisión preventiva en el penal de Bouwer y una familia tucumana que exige justicia.

Un crimen con agravantes: alevosía, ensañamiento y odio

La imputación contra Sallito es contundente en sus agravantes. Según explicó el abogado querellante Martín Maine, el caso está caratulado como «homicidio calificado por alevosía, ensañamiento y odio a la orientación sexual, en concurso ideal, hurto y daño». La investigación, a cargo del fiscal Guillermo González de la Fiscalía de Instrucción, Distrito 1, Turno 2 de Córdoba, se encuentra en la etapa penal preparatoria.

Un elemento central para sostener el agravante de crimen de odio son las cuentas de la red social X que manejaba el propio imputado, identificadas como @maxisallito y @maxisallito1. Desde esos perfiles, Sallito publicaba y compartía mensajes de odio contra mujeres y contra la comunidad LGBTIQ+, material que la querella incorporó al expediente para demostrar la subjetividad homicida.

El letrado señaló que la conducta posterior al crimen también refuerza la imputabilidad del acusado: «Después de haber cometido el homicidio, con 37 puñaladas, incendió la casa para ocultar las pruebas», afirmó Maine, quien descartó la participación de terceros. «No creo que haya otra condena que no sea cadena perpetua. Son tres agravantes de homicidio calificado: alevosía, ensañamiento y crimen de odio, que se explica en el móvil, en la subjetividad del homicida», concluyó el abogado.

Pericias psicológicas y el debate sobre la imputabilidad

Durante la semana pasada se concretaron pericias interdisciplinarias, psicológicas y psiquiátricas ordenadas por la Fiscalía para evaluar la capacidad de Sallito de enfrentar un juicio. Para la semana en curso se prevén nuevas evaluaciones de carácter exclusivamente psicológico. Los resultados aún se aguardan, aunque desde la querella la postura es categórica: el imputado actuó con plena conciencia de sus actos y debe ser considerado imputable. «Como parte de la querella, considero, claramente, que se trata de una persona imputable«, sostuvo Maine.

El recuerdo de Vica: arquitecto, amigo, hijo y hermano

Víctor Hugo Monteros era tucumano. Hace casi veinte años eligió Córdoba para estudiar arquitectura en la Universidad Nacional de Córdoba y construyó allí su vida. Su hermana Luciana lo describió como alguien con «una alegría especial, de esas que iluminan cualquier lugar al que llegan», cariñoso, generoso e inteligente. Junto a sus afectos en Tucumán, con quienes mantenía contacto permanente, forjó también una extensa red de vínculos en Córdoba: amigos de la facultad, del trabajo, del crossfit.

Defensor del valor de la educación como herramienta de libertad, Vica solía compartir una convicción con quienes lo rodeaban: «Hay algo más importante que la plata y es tu libertad mental. Estudiar te ayuda a pensar, a reflexionar. Eso es invaluable», recordó Luciana. En el plano profesional, trabajaba en un proyecto de arquitectura llamado «Lumo» junto a su colega y amiga Salomé, y colaboraba activamente en los proyectos personales y familiares de quienes lo rodeaban.

La familia reclama justicia con la misma serenidad con que recuerda a Víctor. «Esperamos que la Justicia pueda determinar con claridad lo ocurrido y que se tengan en cuenta todas las circunstancias que rodearon este crimen. Valoramos los avances que se han producido hasta el momento», expresó Luciana, que cerró su testimonio con palabras que resumen la vida de su hermano: «La mejor manera de honrar a Vica es recordarlo por cómo vivió: libre, generoso, alegre, luchador y profundamente humano. Ese es el legado que nos dejó y que nadie podrá quitarnos».

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