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Piden perpetua para el detenido por el transfemicidio de Alejandra Salazar

El juicio será ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 26 de la Capital Federal, y si bien debía iniciarse el 7 de marzo, quedó postergado porque una de las juezas se jubila y ahora se espera que se nombre a su reemplazante.

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Por Diego Recchini.

Joven de 21 años será juzgado por el crimen de Alejandra Salazar Villa, una mujer trans que en diciembre de 2021 fue asesinada en su departamento del barrio porteño de Balvanera, en un debate para el cual el colectivo LGTBIQ+ reclama una pronta fecha de inicio y la fiscalía intentará obtener una condena a prisión perpetua por la figura del «travesticidio», informaron fuentes judiciales.

El juicio será ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 26 de la Capital Federal, y si bien debía iniciarse el 7 de marzo, quedó postergado porque una de las juezas se jubila y ahora se espera que se nombre a su reemplazante.

La acusación estará a cargo de la fiscal general de juicio Diana Goral, quien buscará en este debate una condena por «travesticidio o transfemicidio», figura contemplada en el agravante del «odio de género» establecido el inciso 4to. del artículo 80 del Código Penal, que castiga con prisión perpetua el homicidio agravado

.Si bien existe el antecedente del caso de Diana Sacayán, la dirigente trans asesinada en 2015 en el barrio porteño de Flores, donde el tribunal del juicio condenó en 2018 por «travesticidio» a Gabriel Marino; luego, en 2020, la Sala I de la Cámara Nacional de Casación Penal confirmó la pena pero excluyó la figura del odio de género, en un fallo repudiado y apelado por diversas organizaciones.

El principal imputado en el caso Salazar Villa (54) es Rodrigo Alejandro Keilis (21), empleado de descarga de camiones, quien cumple prisión preventiva, y a quien la fiscal general Goral acusará como autor de un «homicidio agravado por mediar odio a la identidad de género, en concurso real con robo simple».

Pero también será juzgado su tío, Pablo Isaac Getar (41) –quien llega en libertad-, solo acusado como partícipe necesario del robo, ya que si bien se constató que llegó al edificio junto a su sobrino y la víctima, se quedó en la calle y no participó del homicidio.

Según el requerimiento de elevación a juicio, formulado por el fiscal de instrucción Ignacio Mahiques y por la fiscal Mariela Labozzetta, de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (Ufem), y al que tuvo acceso Télam, Keilis está acusado de «haber matado a Alejandra Salazar Villa -de identidad de género travesti/trans- el 6 de diciembre de 2020, entre las 18.47 y las 20.22, en el interior de la vivienda de la nombrada, ubicada en la avenida Corrientes 2221, 4to. piso C, de la ciudad de Buenos Aires, y de haberse apoderado ilegítimamente de distintos bienes».

En el caso de Getar, solo se le atribuye «haber cooperado con Keilis en la ejecución de este último hecho, puntualmente en la concertación previa del encuentro con la víctima en su departamento y, luego, en el traslado de los elementos sustraídos, entre los cuales se encontraba un televisor de color negro».El asesinato de esta mujer trans de nacionalidad peruana se descubrió el 13 de diciembre de 2020, porque variosv

ecinos del edificio de la víctima llamaron a la policía por lo olores nauseabundos que emanaban del departamento de la víctima, cuyo cadáver estaba tendido junto a la cama de una habitación con un estado de siete días de descomposición.

Según lo reconstruido en la investigación, una semana antes, Alejandra salió de hacer una compra en el supermercado Coto de Bartolomé Mitre al 1500 y en la esquina de esa calle y la avenida Callao se encontró con los dos imputados, que la acompañaron caminado hasta su domicilio.

Keilis la ayudó a cargar las bolsas y subió al departamento, mientras que Getar se quedó esperando en la vereda de enfrente.

«Una vez en el interior de la habitación de la nombrada y en el contexto presunto de una relación sexual, el autor colocó una de las bolsas de nylon traídas desde el supermercado, específicamente aquella en la que transportaba las manzanas, y la tomó fuertemente del cuello. Lo que provocó la fractura del hueso hioides y la muerte por compresión del cuello y sofocación», señala la acusación fiscal.

Siempre según el requerimiento de la fiscalía, Keilis luego se apoderó de un televisor, de un juego de llaves, se tomó un taxi hasta Constitución, donde se volvió a encontrar con Getar y vendieron la TV robada.

El punto de partida de la investigación que hizo la Comuna 3 de la Policía de la Ciudad fue el hallazgo del ticket con fecha y hora de la compra en el supermercado, a partir del cual revisaron cámaras de seguridad y en los videos quedaron grabados los dos imputados caminando junto a la víctima rumbo al edificio.

En su indagatoria, Keilis admitió haber ido a la casa de Salazar Villa a tener relaciones sexuales, dijo que tuvieron una pelea, que le dio un «golpe fuerte en la cara», que la dejó tendida al costado de la cama y reconoció que luego robó un televisor, pero negó haberla estrangulado y colocado una bolsa en la cabeza.

«Resulta inverosímil suponer que pese a que el nombrado reconoció haber estado allí, haber ejercido violencia física contra Salazar y haberla observado en la exacta posición en la que sería encontrada en avanzado estado de descomposición siete días después, haya sido en verdad un tercero, quien ese mismo día hubiera ingresado al inmueble y la hubiera matado», señalan los fiscales.

Al fundamentar la figura del homicidio por odio de género, los fiscales sostuvieron: «No es necesario ni correcto adjudicarle a Kelis una calidad especial de ‘transfóbico’ o ‘transodiante’. Para el tipo penal en estudio, alcanza con que haya introyectado los prejuicios discriminatorios que operan sobre las mujeres trans en la sociedad y los haya exteriorizado del modo en que lo hizo, asesinando brutalmente a Alejandra Salazar».

«Alejandra no ha podido escapar al destino predeterminado de la mayoría de las mujeres travesti trans que logran superar una expectativa de vida que en la mayoría de los casos no supera los cuarenta años», agregó el dictamen fiscal.

Y, advirtió que «una vez más, se trata de una muerte anticipada (tenía 54 años) y violenta en manos de al menos un varón que logró acceder, con mucha facilidad, a la esfera íntima de su víctima aprovechándose de su confianza y de la proximidad que supone esta clase de encuentro».

Espectáculos 🎭

Femicida en pantalla: la película «Barreda» no escapa del relato del asesino

El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda asesinó a su esposa, sus dos hijas y su suegra en La Plata. Tres décadas después, Prime Video estrena una película protagonizada por Luis Machín que reconstruye el caso, el juicio y la figura de las víctimas, aunque no todo lo que muestra tiene respaldo documental.

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La pantalla volvió a poner en el centro de la escena uno de los crímenes más impactantes de la historia argentina. «Barreda», la película de Prime Video dirigida por Daniela Goggi (El Rapto), llegó a la plataforma este viernes y reconstruye el cuádruple femicidio cometido por el odontólogo Ricardo Barreda en su casa de La Plata.

Luis Machín encarna al femicida; Carla Peterson interpreta a su esposa Gladys McDonald; Mercedes Morán da vida a la suegra Elena Arreche; y Maite Lanata y Margarita Páez encarnan a las hijas Cecilia y Adriana. La producción recorre el crimen, el juicio oral de 1995 y algunas dimensiones más íntimas de la vida familiar del femicida, combinando hechos verificados con escenas de elaboración ficcional.

El arma que regaló la suegra: un dato confirmado

Uno de los elementos más fuertes del relato tiene sustento documental. La película muestra que la suegra de Barreda, Elena Arreche, le obsequió la escopeta con la que el odontólogo posteriormente mató a las cuatro mujeres de su familia. Se trata de una Víctor Sarasqueta calibre 16, un arma de origen español que el femicida utilizaba para la caza.

Durante el juicio oral, el propio Barreda declaró que el arma había sido un regalo de su suegra. El dato también aparece registrado en distintas reconstrucciones periodísticas del caso. Según la declaración del acusado, después de los asesinatos se deshizo del arma arrojándola en la zona de Punta Lara, en Ensenada, episodio que la película también recrea.

Pirucha, la vidente: personaje real con un rol todavía discutido

El personaje interpretado por Paola Barrientos es uno de los que más puede generar dudas entre quienes no conocen el caso en detalle, pero tiene existencia real. María de las Mercedes Guastavino, conocida como «Pirucha», fue una vidente que mantuvo un vínculo cercano con Barreda y que declaró en el juicio de 1995.

Según distintas reconstrucciones del caso, la mujer lo habría persuadido de que las mujeres de su familia practicaban magia negra contra él y querían matarlo. La película fiel a ese relato muestra a Pirucha alimentando los miedos del odontólogo. También se retrata que, luego de cometidos los crímenes, Barreda pasó por su casa en busca de ayuda. De acuerdo al relato del psiquiatra forense que lo peritó, Miguel Maldonado, el asesino le dijo al llegar: «Me mandé una macana». La influencia real de Pirucha sobre las decisiones de Barreda fue debatida durante el proceso judicial, sin que se llegara a una conclusión definitiva sobre su responsabilidad.

Las hijas: vidas que la historia oficial silenció

La película reconstruye a Cecilia y Adriana Barreda como dos mujeres jóvenes con proyectos concretos: Cecilia planeaba mudarse con su pareja e instalar un consultorio odontológico en la casa familiar, mientras que Adriana estaba próxima a casarse. En la vida real, la historia de las víctimas quedó durante décadas relegada frente al relato construido alrededor de su asesino. Hay registros que confirman que el novio de Cecilia declaró como testigo en el juicio en contra de Barreda. Amigas de las jóvenes le dijeron al periodista Enrique Russo, en 1992, que evitaban ir a la casa porque Barreda «era mano larga». Las escenas que recrean vínculos y conversaciones cotidianas de las hijas pueden partir de datos fragmentarios, pero en buena medida se completan con elaboración ficcional.

La venta de la casa y el divorcio: sin respaldo documental

Uno de los elementos que la película presenta como detonante de la violencia es la intención de Gladys McDonald y su madre de vender la propiedad, junto con el deseo de Gladys de separarse definitivamente de Barreda. Sin embargo, no hay registros documentales que confirmen que la familia estuviera planeando vender la casa en los términos que plantea el film. Distintas reconstrucciones del caso sí señalan que Barreda y su esposa habían atravesado una separación previa al crimen, aunque continuaban conviviendo bajo el mismo techo. La decisión de incorporar ese elemento como disparador dramático responde a una licencia narrativa de la dirección.

«Conchita»: el apodo que tal vez nunca existió

Durante el juicio, Barreda sostuvo que las mujeres de su familia lo apodaban «Conchita» como forma de humillación y que esa degradación constante había sido el motor de los crímenes. Con el tiempo, ese apodo se convirtió en uno de los elementos más recordados del caso.

La película va un paso más lejos: muestra que el propio Barreda construyó la idea de que lo llamaban así como parte de una estrategia de defensa, algo que no tiene una prueba definitiva. En 2011, el periodista Rodolfo Palacios publicó Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres, donde puso en duda la veracidad del apodo y planteó que Barreda pudo haberlo inventado para justificar la masacre familiar y evitar la condena. La película toma esa hipótesis y la presenta como un hecho, cuando en rigor sigue siendo una versión periodística sin confirmación judicial.

Una historia que siempre corrió el riesgo de reproducir el relato del asesino

El caso Barreda fue durante años un ejemplo de cómo el sistema mediático y judicial argentino tendió a construir el relato desde la mirada del perpetrador, relegando a las víctimas a meros datos del expediente. La película de Goggi hace un esfuerzo visible por devolverle humanidad a Gladys, Elena, Cecilia y Adriana, mostrando sus vínculos, sus proyectos y sus voces antes de los disparos.

Ese gesto no es menor en términos simbólicos. Al mismo tiempo, la producción no escapa del todo a la lógica del true crime que fascina con la figura del criminal, algo inherente al género y que el espectador tendrá que procesar con perspectiva crítica. «Barreda» llega a Prime Video en un momento en que el femicidio en Argentina sigue siendo una crisis estructural sin respuesta institucional suficiente, lo que hace que la pregunta sobre qué historia se cuenta y desde qué lugar no sea un detalle menor.

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