Cultura
«Perdida Mente» fue homenajeada por una institución de pacientes con Alzheimer
La obra que dirige José María Muscari interpela y educa.
Por Majo Garufi
Siendo unos de los cinco espectáculos más convocantes de la temporada, “Perdida Mente” sumó en las últimas horas el reconocimiento por parte de la principal institución que trabaja con pacientes con Alzheimer en Mar del Plata.
Protagonizada por Leonor Benedetto, Karina K, Julieta Ortega, Ana María Picchio y Patricia Sosa, bajo dirección de José María Muscari, nos presenta a una Jueza de la Nación que siente que su mente no funciona muy bien y decide juntar a las mujeres más importantes de su vida para pedirles ayuda.
«Queremos felicitarlos por trabajar la problemática, difundirla y que la gente no tenga miedo, hay que visibilizar, hablar de la memoria, de la posibilidad de acompañar, de reencontrarse con sus apoyos”, afirmó Cristina Alvarez, Coordinadora Ejecutiva y fundadora de GAMA, una organización sin fines de lucro ubicada en la ciudad de Mar del Plata cuyo objetivo principal es contribuir a mejorar las condiciones de vida de las personas que padecen Mal de Alzheimer y enfermedades semejantes y de sus familiares.
Junto a parte de su equipo (incluída la presidenta de la institución Silvia Garat) y tomándose el pecho con notable emoción, contó que fue a ver la obra enterada de la temática y que la sorprendió: “Quiero felicitar a Leonor por lo bien que pudo captar las diferentes etapas de la demencia, en lo textual y lo corporal. Está tan bien representada” y destacó que se hable de la enfermedad en tono de comedia: “Nosotros hablamos mucho con los familiares que hay que permitir reírse de situaciones absurdas que suceden. Tomar el humor. Y que hayan trabajado los conflictos con los vínculos familiares como su mano derecha, su hermana y su hija y el rol de la empleada como persona de cuidado, es algo que realmente vemos mucho en el día a día”.
Durante la charla también estuvo presente el productor teatral Carlos Rottemberg, quien junto a las actrices y el director intercambiaron preguntas con las autoridades de GAMA sobre las enfermedades mentales e inclusive Muscari se permitió tomar nota de algunas nuevas líneas de humor para incorporar a la obra, no sin antes confiar que “cuando estábamos por estrenar, tuvimos una charla profunda con las actrices sobre las contradicciones que nos generaba nombrar o no la enfermedad. Y decidimos que teníamos que decirla con todas las letras, para visibilizarla”.
“Está muy bien presentada. Desdramatizaron la enfermedad y eso es muy relevante”, remarcaron desde la institución, por la cual las actrices luego realizaron un recorrido, tomando contacto con muchos de los asistentes, tanto en estadíos leves de problemas con la memoria como ya avanzados. Entre la emoción y las risas, las actrices pudieron inclusive conocer los ejercicios que realizan a diario, hablar de la obra y hasta sacarse fotos.
Perdida Mente se presenta de martes a domingos en el Teatro Atlas (Luro y Corrientes) con doble función martes, jueves y sábados a las 20:30 y 22:30 y los miércoles, viernes y domingos 21:30.
Cultura
Por qué los millennials compran experiencias y la Generación Z invierte en identidad digital
Análisis sobre por qué los millennials priorizan la compra de experiencias mientras la Generación Z invierte en identidad digital, presencia en línea y pertenencia comunitaria.
El consumo dejó de organizarse solo alrededor de objetos físicos. Durante décadas, comprar significaba adquirir algo que podía guardarse, usarse o mostrar en espacios materiales. Hoy, el valor también se construye en viajes, conciertos, cursos, eventos, perfiles, avatares, skins, suscripciones, comunidades y archivos digitales. En ese cambio, millennials y Generación Z muestran prioridades distintas: unos tienden a valorar la experiencia vivida; otros, la identidad proyectada en entornos digitales.
La diferencia no significa que los millennials ignoren lo digital ni que la Generación Z rechace las experiencias físicas. Se trata de énfasis culturales. En un entorno donde conviven redes, videojuegos, plataformas de ocio, compras integradas, apuestas y sitios como https://casino-jugabet.cl/, el consumo ya no se limita a poseer: también sirve para narrarse, participar y ocupar un lugar dentro de comunidades conectadas.
La experiencia como respuesta millennial
Los millennials crecieron en un periodo marcado por cambios económicos, digitalización progresiva y cuestionamiento de la propiedad tradicional. Para muchos, comprar una casa, formar patrimonio o acceder a ciertos bienes materiales resultó más difícil que para generaciones anteriores. En ese contexto, las experiencias ganaron valor: viajar, comer fuera, asistir a eventos, aprender algo o compartir una actividad se convirtió en una forma de construir memoria.
Comprar una experiencia ofrece algo que un objeto no siempre entrega: una historia. Un viaje puede contarse, una cena puede recordarse, un concierto puede compartirse y una actividad puede integrarse en la identidad personal. Para los millennials, la experiencia funciona como capital biográfico. No solo se vive; se convierte en parte del relato de vida.
También hay una dimensión de tiempo. Muchos millennials entraron en la adultez con jornadas extensas, presión laboral y saturación digital. Por eso, pagar por una experiencia puede sentirse como una forma de recuperar control sobre el propio tiempo. No se compra solo entretenimiento; se compra una pausa, una salida o una sensación de avance personal.
La Generación Z y la identidad como presencia
La Generación Z se formó en un entorno donde la identidad digital no es secundaria. Perfiles, nombres de usuario, fotos, avatares, listas, clips, objetos virtuales y comunidades en línea forman parte de la vida social. Para esta generación, invertir en identidad digital no parece raro, porque gran parte de la interacción ocurre en espacios mediados por pantallas.
Una compra digital puede cumplir funciones similares a una prenda, un accesorio o una entrada a un evento. Una skin, una suscripción, una herramienta de edición, una insignia o un objeto virtual permite decir algo: qué se valora, a qué comunidad se pertenece, qué humor se comparte o qué estética se adopta.
La identidad digital también es más flexible que la física. Puede cambiar rápido, adaptarse a plataformas distintas y responder a tendencias. La Generación Z entiende esa flexibilidad como parte del juego social. No siempre busca una identidad fija, sino una identidad editable.
De tener cosas a mostrar señales
Tanto millennials como Generación Z participan en una economía de señales. La diferencia está en el soporte. El millennial puede usar una experiencia para comunicar apertura, gusto, cultura o estilo de vida. La Generación Z puede usar elementos digitales para comunicar pertenencia, habilidad, sensibilidad estética o conocimiento de una comunidad.
En ambos casos, el consumo se vuelve lenguaje. Una persona no compra solo por utilidad, sino por lo que esa compra permite expresar. La experiencia millennial se muestra en fotos, relatos y recuerdos. La identidad digital zoomer se muestra en perfiles, avatares, clips y presencia constante.
Esto no debe leerse como superficialidad. Las señales sociales siempre han existido. Lo nuevo es que ahora circulan con más velocidad y en más espacios. La validación no ocurre solo en reuniones físicas, sino también en chats, plataformas, juegos y redes.
Economía, acceso y prioridades
Las condiciones económicas también influyen. Muchos millennials aprendieron a valorar experiencias porque ciertos bienes duraderos parecían menos accesibles o menos prioritarios. Al mismo tiempo, las plataformas de viaje, eventos y servicios bajo demanda hicieron que la experiencia fuera más fácil de comprar y compartir.
La Generación Z, por su parte, entra al consumo en un entorno donde los bienes digitales son normales. Comprar dentro de una aplicación, pagar por una función, mejorar un perfil o adquirir un objeto virtual forma parte de la rutina. Además, muchas compras digitales tienen precios menores que grandes experiencias físicas, aunque su acumulación pueda ser significativa.
Esto produce una lógica de microinversión identitaria. Pequeñas compras permiten ajustar cómo se aparece ante otros. El gasto no siempre busca duración; busca relevancia en un contexto concreto.
Comunidad y pertenencia
La comunidad es central en ambos modelos. Los millennials suelen comprar experiencias que pueden compartirse con amigos, pareja o familia. El valor aumenta cuando la experiencia se vive con otros o cuando se convierte en memoria común.
La Generación Z invierte en identidad digital porque muchas comunidades funcionan en línea. Un objeto virtual, una estética de perfil o una suscripción puede abrir acceso, reconocimiento o conversación. La pertenencia no depende solo de estar presente, sino de dominar códigos internos.
En este sentido, la identidad digital no es una fantasía separada de la vida real. Es una extensión de relaciones, gustos y posiciones sociales. Para quienes pasan parte importante de su sociabilidad en entornos digitales, invertir allí tiene sentido.
Riesgos de ambos modelos
Comprar experiencias puede convertirse en presión por vivir siempre algo memorable. Viajes, eventos y salidas pueden transformarse en obligación de producir contenido o demostrar una vida activa. La experiencia pierde valor si se vive más para mostrarla que para disfrutarla.
Invertir en identidad digital también tiene riesgos. Los objetos virtuales dependen de plataformas, reglas y cuentas. Además, la búsqueda constante de actualización puede generar gasto impulsivo y ansiedad por quedar fuera de una tendencia.
Ambos modelos muestran que el consumo contemporáneo está ligado a reconocimiento. La pregunta no es solo qué se compra, sino qué necesidad social o emocional intenta cubrir esa compra.
Una diferencia de entorno, no de esencia
Millennials y Generación Z no consumen de formas opuestas. Ambos buscan identidad, pertenencia y sentido. Los millennials tienden a encontrarlo en experiencias que producen memoria. La Generación Z lo encuentra con frecuencia en herramientas digitales que producen presencia.
La diferencia central está en el escenario donde cada generación aprendió a relacionarse. Para unos, la experiencia física fue una respuesta al exceso de objetos y a la incertidumbre económica. Para otros, la identidad digital es una respuesta a una vida social distribuida entre plataformas. En ambos casos, el consumo dejó de ser posesión simple y se volvió construcción de relato.
-
Fútbol & Goles!1 díaEl arquero de Nigeria que no fue al Mundial y se robó las redes
-
Redes sociales3 díasTras el escándalo por Jorge Messi, echaron a Flor Peña de Luzu
-
Espectáculos 🎭7 díasUna generación los despide: quiénes eran Gaspi y Lucas Vignale, los argentinos que murieron en Río
-
Espectáculos 🎭3 díasEl padre de Gaspi habló tras la tragedia: «Para mí fue un atentado, no un accidente»
-
Fútbol & Goles!5 díasLos parches del Mundial 2026: qué significan las insignias que lucirán Messi y el Dibu
-
Fútbol & Goles!6 díasArgentina vs. Argelia: la historia que precede al debut más esperado del Mundial
-
Espectáculos 🎭3 díasTras la fake sobre Jorge Messi, Antonella dejó de seguir a Luzu, Flor Peña y a Occhiato
-
Medios3 días¿Cómo está Chiche Gelblung? Volvió a internarse a días de haber sido dado de alta
