Cultura
“Las radios ya no pasan a Elvis”
Elvis The Musical, un espectáculo en donde la vida y la muerte van de la mano para poner de pie al ídolo caído.

Por Manu Campi | @manucampimaier
Un viejo presentador de traje se ayuda con un bastón, mientras mira al público debajo de dos arañas de cristal que, desde arriba un escenario listo, ofrecen la distinción de lo que el anciano anuncia. “Han venido a ver a un muerto”, dice encorvado y siniestro, pero con cierta astucia escondida detrás de una risa canalla y rasposa.
Así́ comienza “Elvis The Musical”. Un ataúd erguido a un costado del escenario promete la vuelta de un rey caído, la delgada línea que fracciona la vida y la muerte parece unirse a pedido de una pitonisa que ordena la intervención divina del noble en cuestión.
Ramiro no es fanático, hizo comedia musical a los diez años, a los veintinueve casi se mata en un accidente de auto y, un año después, encontró la necesidad de “dar y mostrar” lo que tenía debajo de la piel haciendo lo que sabía: cantar, bailar y actuar. Cuando empezó solo conocía dos temas, buscando en internet consiguió el traje de la película “El último Elvis” solo para encontrar un imperioso sentido de pertenencia.
La transición es compleja y, conjuro mediante, la cronología inversa de los sucesos empieza a tener efecto. El féretro se abre y un hombre perplejo camina unos pasos, interpreta algunos tracks póstumos para poder volver del todo en sí. Minutos después, el traje de seda celeste con apliques plateados pone, finalmente, al Rey al frente del escenario.
Elvis Argentina tiene la guitarra colgada, saluda, habla, está de vuelta, se ríe. El reflejo de las luces sobre las gafas y los apliques como estrellas a punto de volverse fugaces; a punto de cumplir los deseos de una noche única, irrepetible y descomunal.


El repertorio que Ramiro Marquevich propone, invita, huele a homenaje y toma distancia de las imitaciones.
—Puedo transmitir algo sin ser fan, eso me exime de equivocarme o no, así que me desprendí de eso. Si cerras los ojos, seguro vas a encontrar similitud con la imitación, pero lo que vas a ver el contexto de lo que estoy transmitiendo y como lo digo. Creo que hay una cosa más inspiradora, más genuino y espectacular, en cada show la gente se lleva algo distinto y no tiene que ver solo con el personaje. Transmito algo más interno, todavía me pongo nervioso, me tiembla el cuerpo antes de salir a escena, pero lo gozo, disfruto. Las radios no pasan más temas de Elvis y, desde ese lugar, lo que estoy haciendo es tajante.
“Elvis, the Musical” es parte de una escena roquera y under que, sin presupuesto, junta a 16 personas entre músicos, actrices, actores, en un mismo punto de encuentro. Los que “me acompañan creen en mí y si no dejo la vida en el show nada tiene sentido”. Desde el vamos, Ramiro arrancó con gente “muy grosa” –nada menos que con músicos de Catupecu Machu– en escenarios de la talla de Club Lucille o el teatro Maipo, Makena, etcétera. Hoy ya son “una compañía musical con herramientas propias”.
—Voy a hacer un musical para que la gente pueda vivir esto como un museo de fantasía donde se lleva experiencia de un show, de actuación de nunca haber visto algo así.
Esta propuesta busca «ingresar» a un sistema ya establecido desde un lugar original en constante crecimiento paulatino y que nunca, pero nunca, repite.

Elvis está ahí, conecta con él como si uno no pudiese andar el camino sin el otro, terminan por ser uno, por mirarse a los ojos. Ramiro mira hacia arriba con los brazos abiertos y dice acá́ estoy, estamos, cantemos, baila, pero a mi modo. Elvis ahora está vivo del todo.
En un espectáculo imponente desde lo artístico, arrollador, conceptual, sólido en cuanto a la producción y descollante por su versatilidad, Elvis Presley cierra el show con Ramiro. El telón se cierra de a poco y el público parece no terminar de suspirar nunca, se debate entre el estupor, el aplauso y la gratitud de haber visto a un muerto. A este, al nuestro.
Con todo, este 14 de julio, se estrena en el país “Elvis”, la enésima reseña del Rey del rock and roll. El musical, dirigido por Buz Luhrmann y protagonizada por Austin Butler (Elvis) y Tom Hanks (Tom Parker). Sin embargo, la mega puesta, no excede, escapa o da cuenta sobre la naturalidad con la que el hombre en cuestión–bajo la producción de Flash Music– puso de pie a sala llena el corazón de Buenos Aires.
—Quiero ir a los casinos, es un sueño. Eso sería un homenaje.
Cultura
Sadin alertó en Buenos Aires: la IA es una “nueva forma de muerte”
El filósofo francés presentó su libro El desierto de nosotros mismos en el Teatro El Picadero y advirtió que la inteligencia artificial generativa expulsa al otro y desposee de capacidades a las personas. Sobre Javier Milei, afirmó que “el presidente entendió todo” y pidió prohibir esta tecnología en las escuelas.
“No podés ser anticapitalista y usar ChatGPT, hay una contradicción”. La frase, lanzada ante un teatro porteño, resume el tono de la advertencia del filósofo francés Éric Sadin sobre la inteligencia artificial generativa: una tecnología que, según planteó, desposee a las personas de sus capacidades y expulsa al otro de la vida cotidiana.
Sadin, escritor y pensador reconocido por su mirada tecnocrítica, presentó el miércoles en el Teatro El Picadero, de la Ciudad de Buenos Aires, su nuevo libro El desierto de nosotros mismos. El giro intelectual y creativo de la inteligencia artificial, publicado en español por Caja Negra Editora. El “desierto” del título es la desposesión de nuestros dones, de nuestras capacidades y de aquello que nos hace singulares. La editorial ya había publicado en el país otros títulos del autor, como La inteligencia artificial o el desafío del siglo (2020) y La era del individuo tirano (2022).
La “antiargentinidad” y la expulsión del otro
El filósofo dedicó un tramo de su exposición a la cultura local. Sostuvo que “la Argentina es pasional, con un interés por el otro, por los miembros de la familia” y que esa pasión es “la calidad primera” del país. Lo planteó para explicar un fenómeno global que describió como “la evacuación del otro, la expulsión del otro”. Y le puso nombre: “La antiargentinidad es lo que se está produciendo en el mundo entero: el otro queda aparte”.
El planteo conecta con uno de los ejes del libro: un mundo que nos excluye, donde cada vez parece haber menos lugar para trabajar con otros mientras avanza la inteligencia artificial.
Las máquinas como “nueva forma de muerte”
La definición más dura llegó al hablar de las herramientas que producen texto. “Las máquinas que producen texto son una nueva forma de muerte, nos está rodeando y es un lenguaje tanatológico, que es el lenguaje de la muerte”, afirmó Sadin. Después interpeló al público con una pregunta: “¿Hay más muerte que la muerte?”. La sala, según el relato de la presentación, respondió con silencio.
El filósofo advirtió además sobre la manipulación de imágenes. “En un chasquido uno puede producir una imagen y crear manipulación”, dijo, y ejemplificó con un conflicto entre vecinos: se puede generar la imagen de alguien golpeando a otra persona. Para Sadin, “no hay más límites, hay un entorno que favorece la violencia”.
Recordó el caso de la fotografía falsa del papa Francisco con una campera: aunque se sabía que la imagen no era real, el episodio mostró la dificultad creciente para distinguir lo verdadero de lo falso. “No comprender si determinadas imágenes son reales o no, constituye un principio de una forma de sordera social”, sostuvo.
“Juez y parte”: la crítica a quienes diseñan la IA
Sadin cuestionó a quienes crean los sistemas de inteligencia artificial y a quienes los consultan como si fueran una autoridad. “Veo una infantilización del ser humano”, dijo, y planteó que se les pregunta a los diseñadores qué están haciendo “como si fuéramos niños”, cuando “ellos no son los que saben”. “Es hora de dejar de oír a quien es juez y parte”, afirmó, y aclaró que defiende “principios, no intereses”.
Rechazó el término “tecnofascismo” para describir el fenómeno y sostuvo que lo que está en juego es una “coalición de intereses”. Su llamado fue directo: “Contra los cínicos hay que movilizarse”.
Milei, la escuela y el “capitalismo asomático”
Sadin vinculó su lectura del presente con el gobierno de Javier Milei. “El presidente entendió todo”, afirmó. Según planteó, el mandatario no necesita de los argentinos y representa un Estado antagónico a la participación de la sociedad. La definición se suma a las miradas críticas sobre el proyecto libertario, aunque el filósofo la formuló en clave filosófica y dentro de una lectura global del avance tecnológico.
En el terreno educativo fue categórico: “Tendríamos que haber prohibido la IA generativa en la escuela porque estamos dejando que los niños se conviertan en personas que no saben escribir ni hablar en nombre propio”.
En el libro, Sadin describe un proceso de desposesión de nuestras capacidades que lleva dos siglos en marcha y que las IA generativas profundizan. Lo vincula con un “capitalismo asomático”, un sistema que busca “librarse de la presencia”, de nuestros cuerpos y de nuestras mentes. El autor advierte que la automatización del mundo podría ser total y que el vaciamiento del otro no sería repentino ni espectacular, sino mediante “pequeños toques”, casi silenciosos, que harían desaparecer prácticas ligadas a la “creatividad”, la “curiosidad por los demás” y la “potencia de alegría”.
El libro también recupera una anécdota del director japonés Hayao Miyazaki, creador de El viaje de Chihiro y Mi vecino Totoro. Ante sus alumnos, Miyazaki habría dicho que nunca querrá incorporar esta tecnología a su trabajo y que la considera “un insulto a la vida misma”. Frente a ese escenario, la propuesta de Sadin es defender lo que nos hace humanos: la singularidad, los cuerpos, la capacidad de actuar y también el alma.
Lo que tenés que saber:
- Éric Sadin presentó El desierto de nosotros mismos en el Teatro El Picadero, de la Ciudad de Buenos Aires.
- Afirmó que las máquinas que producen texto son “una nueva forma de muerte”.
- Dijo que “el presidente entendió todo” al referirse a Javier Milei.
- Sostuvo que habría que haber prohibido la IA generativa en las escuelas.
- Sobre el libro, advirtió que el “capitalismo asomático” busca librarse de la presencia de cuerpos y mentes.
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