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Cultura

Charly García tendrá su propia esquina en Nueva York

Es el lugar donde se tomó la foto de la portada de «Clics Modernos», que pasará a llamarse desde el próximo lunes «Charly García Corner».

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El-Argentino-Charly García Corner-Clics Modernos.

La esquina ubicada en Walker Street y Cortlandt Alley, en la ciudad de Nueva York, en donde se tomó la foto de la portada de «Clics Modernos», pasará a llamarse desde el próximo lunes, a las 11, hora local, «Charly García Corner».

Así quedará establecido en un acto formal, a partir del impulso de Mariano Cabrera, un actor y director argentino residente en esa ciudad, que contó con el respaldo del Consulado argentino.

En la ceremonia habrá una actuación de un grupo conformado por el baterista Fernando Samalea, el bajista y tecladista Fabián «El Zorrito» Von Quintiero, la cantante Hilda Lizarazu, y los chilenos Kiuge Hayashida en guitarra y Toño Silva en batería, todos ellos integrantes de distintas bandas de Charly.

El agasajo se extenderá luego en las oficinas del Consulado Argentino, en donde habrá un ágape y se prevé una jam session.

Pero las celebraciones incluyen además una charla informal en el Central Park que realizará este sábado Samalea y un «walking tour» que se llevará a cabo el domingo 6 por las locaciones en donde el astro del rock argentino filmó el video del tema «Fanky», en 1989, a cargo del Zorrito y del tecladista Alfie Martins.

ENTRETELONES De “CLICS MODERNOS”

«A ese disco no le cambiaría nada. Es una especie de demo pero hecho en Electric Lady y con Joe Blaney», solía definir Charly García a «Clics Modernos», como fenomenal síntesis de su proceso de producción.

El-Argentino-Clics Modernos-Charly García.
Portada del álbum Clics Modernos – Charly García.

Es que la placa comenzó a gestarse en un loft del Village, en Nueva York, en donde el astro del rock argentino se alojaba con su entonces novia brasileña Zoca, y al que había equipado con instrumentos y un estudio portátil en donde fue dando forma a cada una de las canciones.

Allí contó con dos aliados fundamentales para su trabajo: Pedro Aznar, su ex compañero en Serú Girán, en el plano musical; y la fotógrafa Ada Moreno, una vieja conocida desde los tiempos de Sui Generis, quien lo recibió en Manhattan y fue una especie de «chaperona» a la hora de actualizarlo en torno a la movida cultural en la Gran Manzana.

Justamente, fue la propia Ada la responsable de la serie de fotografías en el sobre interno del disco en donde se veía al gran astro del rock argentino con modernos anteojos, pelo corto y cubierto de talco, una nariz ficticia armada con un cono de cartulina y metido en una bañera.

Una vez que las canciones influidas por la movida musical neoyorkina tomaron forma, acompañado por el exmúsico y empresario Carlos «Pirín» Geniso, también residente en esa ciudad, fue a alquilar horas en Electric Lady, el mítico estudio creado por Jimi Hendrix.

Según narró muchas veces el propio García, tocaron el timbre del lugar, cuando los atendieron casi sin abrirles la puerta, manifestó que quería alquilar el lugar y, con desdén, le preguntaron: «¿Acaso tu papá es rico o qué?», a lo que el artista respondió sacudiendo un fajo de dólares: «¿Me lo alquilan o no?».

Ya sorteado ese obstáculo le ofrecieron un listado de posibles productores y el músico escogió al último que figuraba en la nómina, Joe Blaney, por contar entre sus trabajos con «Sandinista», el disco de The Clash al que el propio Charly había hecho explícita referencia en el tema «No bombardeen Buenos Aires», incluido en «Yendo de la cama al living».

Aunque quiso incluir en las sesiones al baterista que tocaba en la banda de Jan Hammer, ni bien comenzó el trabajo de estudio se dio cuenta que no cuajaba en el sonido que quería darle a sus nuevas canciones, por lo que lo suplantó por una batería electrónica TR-808.

La mayoría de las canciones las grabó solo Charly, con la única ayuda de Pedro Aznar en el bajo, y la colaboración del baterista Casey Scheverrell y del guitarrista Larry Carlton en algunas canciones puntuales, así como el saxofonista Doug Norwine, en el tema «Nuevos trapos».

En su última visita a la Argentina en 2016, el propio Carlton recordó esa experiencia en una entrevista con Télam: «Tengo un agradable recuerdo de esa grabación con Charly Garcia en Nueva York. Él estuvo muy abierto y bien predispuesto a nuestras ideas musicales en la grabación. Charly es un músico muy talentoso y una persona muy agradable».

Así tomó forma esa placa que, con un sonido absolutamente moderno para los estándares del rock argentino, entre baterías electrónicas, samplers de la voz de James Brown, sonidos robóticos y polirritmias, presentaba una inédita combinación conceptual entre la cosmopolita Nueva York y el gen argentino.

La síntesis de todo esto acaso podría sintetizarse en su icónica portada, una fotografía del protagonista tomada por Uberto Sagromoso en un paredón de la esquina de Walker Street y Cortlandt Alley, frente a un grafitti callejero creado por Richard Hambleton, que consistía en unas siluetas negras en tamaño real llamadas «Shadowman», y una pintada que decía «Modern Clix» y que era el nombre de un ignoto grupo de new wave.

Aunque el principio la placa iba a llamarse «Nuevos trapos», como una de las canciones, Charly quedó impactado cuando al regresar a Buenos Aires se encontró con las siluetas blancas que representaban a los desaparecidos durante la dictadura, propagados por toda la ciudad por los familiares que reclamaban por sus paraderos.

El enorme paralelo entre las figuras negras esparcidas en Nueva York y este reclamo en Buenos Aires lo impulsó a utilizar esa fotografía como portada y a renombrar su disco de acuerdo a la pintada que podía verse allí.

«Clics Modernos» fue lanzado el 5 de noviembre de 1983, menos de una semana después del día en que los argentinos volvieron a las urnas, y fue presentado en vivo en el Luna Park el 18 de diciembre, una semana después de la asunción de Raúl Alfonsín, junto a una banda conformada por GIT (el guitarrista Pablo Guyot, el baterista Willy Iturri y el bajista Alfredo Toth), Fito Páez, Fabiana Cantilo, Daniel Melingo y Gonzo Palacios. Todo un símbolo de época.

Cultura

Murió Carlos Alonso, el pintor que hizo de la memoria una herida abierta

Tenía 97 años y falleció en Unquillo, Córdoba, donde vivió durante décadas. Con una obra que atravesó el expresionismo, la denuncia política y el dolor de la dictadura que desapareció a su hija, Alonso construyó uno de los legados más poderosos del arte argentino del siglo XX.

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El Argentino Diario-Carlos Alonso, pintor.
Carlos Alonso: el pintor que convirtió la desaparición de su hija y el horror de la dictadura en arte irreductible.

Una hija desaparecida, el exilio, los cuerpos como metáfora de la violencia de Estado y más de setenta años de producción ininterrumpida: Carlos Alonso no fue solo un pintor, sino uno de los registros más lúcidos y dolorosos que el arte argentino dejó sobre sus propios traumas.

El artista plástico Carlos Alonso, nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, murió este lunes 21 de septiembre de 2026 en su casa de Unquillo, Córdoba, a los 97 años. Su obra, que abarcó la pintura, el dibujo y el grabado, atravesó más de siete décadas marcadas por el expresionismo y por una mirada profundamente crítica sobre la Argentina y sus heridas.

De Cuyo a Europa: una formación entre maestros

Su trayectoria comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se trasladó a Tucumán para sumarse al grupo encabezado por Lino Enea Spilimbergo, experiencia que resultó decisiva en su desarrollo artístico. Tres años después viajó a Europa y tomó contacto directo con la obra de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, influencias que reaparecerían de manera recurrente en sus trabajos.

En 1957 obtuvo el primer premio en un concurso para ilustrar la segunda parte del Quijote de la Mancha y en 1968 se instaló en Florencia para trabajar sobre La Divina Comedia de Dante Alighieri. Esas incursiones en la gran literatura occidental no fueron ejercicios académicos; fueron el laboratorio donde Alonso afiló una mirada sobre el poder, el castigo y el cuerpo que luego trasladaría a la realidad argentina.

El cuerpo como territorio político

A fines de los años 60 comenzó su serie Lección de anatomía, inspirada en Rembrandt, en la que la disección del cuerpo se convirtió en metáfora de la violencia que el poder ejerce sobre los sujetos. Esa misma línea lo llevó a su trabajo sobre El matadero de Esteban Echeverría, donde la carne animal y el cuerpo humano se fusionan bajo el mismo signo del sacrificio y la dominación. En esas obras, Alonso demostró que la tradición pictórica europea y la historia argentina podían dialogar sobre el mismo territorio: el de los cuerpos que el poder destruye.

La dictadura, el exilio y Paloma

La última dictadura militar marcó su vida de manera irreversible. Alonso debió exiliarse y vivió primero en Italia y luego en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada por el terrorismo de Estado y permanece desaparecida. Esa ausencia que no cierra se convirtió en el eje alrededor del cual giró su producción posterior.

Su regreso a la Argentina en 1980 y su instalación definitiva en Unquillo no significaron un cierre, sino una profundización. La serie Manos anónimas, en la que abordó el terrorismo de Estado y la violencia política, es quizás la síntesis más descarnada de esa experiencia: manos que no tienen cara, cuerpos sin nombre, la brutalidad como sistema. La desaparición de Paloma no fue solo una tragedia personal; fue la herida que le dio a su obra una dimensión que ninguna técnica podría haber construido artificialmente.

Reconocimientos y una última exposición

Su trayectoria recibió los premios Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición retrospectiva que revisó su producción y su diálogo con la tradición pictórica occidental. Sus obras integran las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.

En 2025, Alonso realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, institución que contribuyó a fundar, su última exposición pública. Fue una muestra dedicada a una faceta menos difundida de su obra: su relación con el paisaje de las sierras cordobesas, el territorio que eligió para vivir y donde finalmente murió. Hasta el final, el paisaje y la memoria coexistieron en su pintura como dos formas de habitar el tiempo.

Lo que tenés que saber

  • Carlos Alonso murió el 21 de septiembre de 2026 en Unquillo, Córdoba, a los 97 años.
  • Fue uno de los artistas plásticos más importantes del siglo XX argentino, con una obra que abarcó pintura, dibujo y grabado durante más de siete décadas.
  • Su hija Paloma fue secuestrada y desaparecida por la última dictadura militar en 1977, hecho que transformó de manera definitiva su producción artística.
  • En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva; en 2025 realizó su última exposición en Unquillo.
  • Su obra integra las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
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