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Las empanadas: un plato con mucha historia que se disfruta en toda la Argentina, de Ushuaia a La Quiaca

Fritas o al horno, con pasas o aceitunas, de carne picada o a cuchillo, picantes o dulzonas pero siempre sabrosas, constituyen una de las comidas más típicas de los argentinos.

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Fritas o al horno, con pasas o aceitunas, de carne picada o a cuchillo, picantes o dulzonas pero siempre sabrosas, constituyen una de las comidas más típicas de los argentinos. También las hay de jamón y queso, humita, roquefort, pollo, charque y otras combinaciones, pero las más federales, según aseguran, son de carne.

Por Gabriel Esteban González

Si bien es imposible determinar su inventor, las empanadas son tan antiguas como la gastronomía misma. Los primeros registros se remontan a un milenio antes de Cristo en territorio persa, hoy conocido como Irán, cuna de una cultura que se extendió a Europa.

Para las poblaciones trashumantes, la empanada -carne envuelta en una masa o en una hoja de parra, como el manti, en la Mesopotamia asiática- solucionaba la comida en los largos viajes por el desierto.

A Europa ingresó por Grecia, sobresaliendo la crujiente masa philo, antepasado del hojaldre. Y a la península Ibérica -como el almíbar o los alfajores- fueron llevadas por las invasiones moras, en el siglo VII de nuestra era.

En cada región de España fue adquiriendo características especiales (por su forma y tamaño, la empanadilla se asemeja a la actual salteña- y así viajó a América con los conquistadores que la llevaron a todo rincón del continente.

En el Río de la Plata, el relleno por excelencia -como la comida en general- se basaba en la carne y al igual que los persas, los moros y los españoles, los gauchos las llevaban para alimentarse en las travesías. Las empanadas también fueron un alimento clave para las tropas en la cruzada libertadora sanmartiniana.

Puede considerarse que en Buenos Aires las empanadas fueron el primer fast food porteño, con vendedoras callejeras que se instalaban en la recova del Cabildo o en alguna esquina de la Plaza Mayor (hoy, de Mayo). Esas mujeres llegaban con sus enormes canastas desde la periferia, como eran los actuales barrios de Caballito o Palermo.

El federalismo de la empanada es total: de Ushuaia a La Quiaca

Pasaron más de dos siglos y no hay lugar del país que no infle el pecho, orgulloso, por su receta. En su mapa federal, lasempanadas.com.ar revela las características, provincia por provincia.

En Tierra del Fuego, principalmente en Ushuaia, las hay de centolla combinada con alcaparras y vino blanco, mientras que en Río Grande se elaboran con cordero o guanaco.

En Santa Cruz, también sobresalen las empanadas de cordero o guanaco. El condimento de la región es el merkén, una salsa en base a un ají molido ahumado.

En la costa de Chubut son muy buscadas las empanadas de vieras, en tanto que en la zona cordillerana se hacen con cordero.

La carne de chivo, guanaco o cordero caracterizan a las de Río Negro, además de las de trucha o salmón en la región andina.

En Neuquén también se destacan las de chivo. Asimismo se elaboran con carne de caza (ciervo o jabalí).


Las empanadas fritas son el clásico de La Pampa. Son de gran tamaño y se las espolvorea con azúcar.

Grandes como las pampeanas, en la provincia de Buenos Aires hay infinidad de variedades. Además de las de carne picada, tienen suceso las de jamón y queso y las de humita.

La ciudad de Buenos Aires es un compendio de todos los tipos de empanadas. Y también de otras regiones, como las árabes, las venezolanas y las bolivianas, llamadas “salteñas” en ese país.

En Córdoba gustan dulzonas, ya que además de tener pasas de uva, llevan azúcar o almíbar en la masa.

Las de Santa Fe pueden ser de carne o de pescado de río, como el armado, el patí, o el pacú. Se cocinan al horno o fritas y suelen maridarse con un vermut.


Las aceitunas y la cebolla son infaltables en el relleno de las empanadas de Mendoza. Para lograr un tono dorado, la masa se pinta con huevo batido.

Las de San Juan son muy jugosas, como todas las cuyanas, ya que tienen mucha cebolla. Pueden ser fritas o al horno de barro.

En San Luis, las empanadas son de gran tamaño. El relleno de carne picada (o matambre) lleva poca cebolla, grasa de chancho, orégano y ají putaparió.

Las empanadas de La Rioja son bien jugosas, con relleno de carne, cebolla, papa, aceituna, morrón, huevo y ají.

Las de Santiago del Estero también son jugosas, de carne y su condimento principal es el comino. La masa se hace con harina de trigo, grasa y leche. Se cocinan en horno de barro o se fríen en grasa.

En Chaco, las hay de carne vacuna o pescado. En ambos casos llevan azúcar, aceitunas, pasas de uva, cebolla y huevo.


En Entre Ríos, las empanadas agridulces llevan carne vacuna o de cerdo acompañadas de ciruelas, clavo de olor o canela. Por supuesto, también están las de pescado: dorado, surubí, pacú.

Tanto en Corrientes como en Misiones las empanadas más típicas son las de pescado (surubí, pacú, dorado) y la masa más tradicional es con harina de mandioca, lo que les da un color amarillento.

En Formosa, además de las de pescado con harina de mandioca, están las de charqui, la carne seca que se rehidrata.

En Catamarca, el relleno -con pasas y aceitunas- se prepara un día antes y se lo deja reposar. Son al horno de barro y se recomiendan las de chivo.

En Tucumán, se hacen de carne cortada a cuchillo –principalmente matambre– con ajo, cebolla, comino, pimienta y paprika.

Las empanadas de Salta son las más pequeñas pero tal vez, las más sabrosas. El picante no predomina en su relleno, que tiene papa, carne cortada a cuchillo, cebolla y comino.

En Jujuy son picantes y de carne picada o “molida”. Pueden llevar arvejas y en la Quebrada de Humahuaca se consiguen de carne de llama.

Cultura

Murió Carlos Alonso, el pintor que hizo de la memoria una herida abierta

Tenía 97 años y falleció en Unquillo, Córdoba, donde vivió durante décadas. Con una obra que atravesó el expresionismo, la denuncia política y el dolor de la dictadura que desapareció a su hija, Alonso construyó uno de los legados más poderosos del arte argentino del siglo XX.

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El Argentino Diario-Carlos Alonso, pintor.
Carlos Alonso: el pintor que convirtió la desaparición de su hija y el horror de la dictadura en arte irreductible.

Una hija desaparecida, el exilio, los cuerpos como metáfora de la violencia de Estado y más de setenta años de producción ininterrumpida: Carlos Alonso no fue solo un pintor, sino uno de los registros más lúcidos y dolorosos que el arte argentino dejó sobre sus propios traumas.

El artista plástico Carlos Alonso, nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, murió este lunes 21 de septiembre de 2026 en su casa de Unquillo, Córdoba, a los 97 años. Su obra, que abarcó la pintura, el dibujo y el grabado, atravesó más de siete décadas marcadas por el expresionismo y por una mirada profundamente crítica sobre la Argentina y sus heridas.

De Cuyo a Europa: una formación entre maestros

Su trayectoria comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se trasladó a Tucumán para sumarse al grupo encabezado por Lino Enea Spilimbergo, experiencia que resultó decisiva en su desarrollo artístico. Tres años después viajó a Europa y tomó contacto directo con la obra de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, influencias que reaparecerían de manera recurrente en sus trabajos.

En 1957 obtuvo el primer premio en un concurso para ilustrar la segunda parte del Quijote de la Mancha y en 1968 se instaló en Florencia para trabajar sobre La Divina Comedia de Dante Alighieri. Esas incursiones en la gran literatura occidental no fueron ejercicios académicos; fueron el laboratorio donde Alonso afiló una mirada sobre el poder, el castigo y el cuerpo que luego trasladaría a la realidad argentina.

El cuerpo como territorio político

A fines de los años 60 comenzó su serie Lección de anatomía, inspirada en Rembrandt, en la que la disección del cuerpo se convirtió en metáfora de la violencia que el poder ejerce sobre los sujetos. Esa misma línea lo llevó a su trabajo sobre El matadero de Esteban Echeverría, donde la carne animal y el cuerpo humano se fusionan bajo el mismo signo del sacrificio y la dominación. En esas obras, Alonso demostró que la tradición pictórica europea y la historia argentina podían dialogar sobre el mismo territorio: el de los cuerpos que el poder destruye.

La dictadura, el exilio y Paloma

La última dictadura militar marcó su vida de manera irreversible. Alonso debió exiliarse y vivió primero en Italia y luego en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada por el terrorismo de Estado y permanece desaparecida. Esa ausencia que no cierra se convirtió en el eje alrededor del cual giró su producción posterior.

Su regreso a la Argentina en 1980 y su instalación definitiva en Unquillo no significaron un cierre, sino una profundización. La serie Manos anónimas, en la que abordó el terrorismo de Estado y la violencia política, es quizás la síntesis más descarnada de esa experiencia: manos que no tienen cara, cuerpos sin nombre, la brutalidad como sistema. La desaparición de Paloma no fue solo una tragedia personal; fue la herida que le dio a su obra una dimensión que ninguna técnica podría haber construido artificialmente.

Reconocimientos y una última exposición

Su trayectoria recibió los premios Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición retrospectiva que revisó su producción y su diálogo con la tradición pictórica occidental. Sus obras integran las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.

En 2025, Alonso realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, institución que contribuyó a fundar, su última exposición pública. Fue una muestra dedicada a una faceta menos difundida de su obra: su relación con el paisaje de las sierras cordobesas, el territorio que eligió para vivir y donde finalmente murió. Hasta el final, el paisaje y la memoria coexistieron en su pintura como dos formas de habitar el tiempo.

Lo que tenés que saber

  • Carlos Alonso murió el 21 de septiembre de 2026 en Unquillo, Córdoba, a los 97 años.
  • Fue uno de los artistas plásticos más importantes del siglo XX argentino, con una obra que abarcó pintura, dibujo y grabado durante más de siete décadas.
  • Su hija Paloma fue secuestrada y desaparecida por la última dictadura militar en 1977, hecho que transformó de manera definitiva su producción artística.
  • En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva; en 2025 realizó su última exposición en Unquillo.
  • Su obra integra las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
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