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Entrevista

La madre de una víctima de Lotocki revela detalles escalofriantes

Norma Sosa, la madre de Romina Vega la joven misionera que falleció tras ser operada por Aníbal Lotocki en 2007, dialogó en exclusiva con El Argentino. Habló de la intervención de su hija y la denuncia que no prosperó.

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Por Andrea Reyes

En febrero de 2007, Romina Vega, una joven posadeña de 21 años, murió pocas horas después de realizarse una intervención quirúrgica en la clínica privada de Aníbal Lotocki en Misiones. En una charla íntima, El Argentino conversó con su madre, Norma Sosa, quien contó en primera persona cómo llegó su hija a conectar con el médico.

“Mi hija conoció a Lotocki a través de una amiga que era conocida de Pamela Sosa. Yo no quería que se hiciera nada, pero ella ya tenía 21 años y era capaz de tomar sus propias decisiones. Mi hija me dijo: ‘Yo te voy a llevar para que te quedes tranquila’, y fui a hablar con él dos o tres días antes de la operación”.

El cirujano plástico Aníbal Lotocki fue condenado hoy a la pena de cuatro años de prisión de cumplimiento efectivo por mala praxis, en la causa que le iniciaron Silvina Luna, Stefanía Xipolitakis, Pamela Sosa y Gabriela Trenchi

¿Qué impresión le dio cuando habló con Lotocki?

Él me explicó lo que iba a hacerle a Romina. Me dijo: «Yo le voy a sacar la grasa que tiene en el abdomen, se la mezclo con el metacrilato y eso se lo inyecto al glúteo». Le pedí que le hiciera un prequirúrgico, pero él me contestó “no te hagas drama, esto es algo simple y tu hija va a salir caminando».

¿Fue esa la cirugía que le realizó a Romina?

No, la operó del abdomen, los glúteos, pero también las piernas y los brazos. Mi hija fue por la lipo y la grasa en los glúteos y el resto apareció sin consentimiento.

¿Qué recuerda del día de la intervención?

Ella tuvo que tomar dos pastillas, salimos de casa y ya cuando íbamos en el colectivo noté que estaba mareada. Al llegar, se lo comenté a Lotocki, pero me dijo que no pasaba nada. Yo entré con Romina, también estaban las amigas, y él me dijo: «Quedate tranquila que ella va a estar bien. Anda y volvé en dos o tres horas». Cuando volví, pasé a verla y mi hija estaba pálida, le pregunté a una enfermera qué le pasa y me respondió «es producto de la anestesia» -que no estaba prevista- y me agregó «anda y volvé en un rato». Me quedé tranquila, me fui hasta mi trabajo y al llegar una de las amigas me llamó y me dijo que volviera, que mi hija se había descompensado. Cuando llegué la vi atada a una madera y se me cayó el alma. Como no tenían nada para atenderla y reanimarla, la trasladaron hasta el sanatorio donde trabaja mi hermana. Le hicieron reanimación, pero no pudo.

¿Se pudo comprobar si Romina tenía metacrilato en su cuerpo?

Acá no le hicieron nada. Le practicaron la autopsia y lo único que salió es que la grasa se le fue al pulmón.

¿La familia realizó la denuncia?

Sí, lo denuncié por mala praxis y porque trabajaba en una clínica que no estaba habilitada. Además, él no estaba habilitado para hacer esa clase de cirugías. Nosotros pusimos un abogado para que nos represente, pero no hizo nada. Según él mismo, había mucha plata en el medio. La realidad es que Lotocki salió absuelto de todo, teniendo todo en contra. Mi abogado no me avisó nada, yo me enteré después.
¿Se enteró de otros casos en Misiones?

Tiempo después me enteré que tuvo mala praxis con otra chica, pero nunca lo denunció. Actualmente, hay personas que me dicen que él viene y sigue trabajando acá. 

¿Qué le pasa cuando ve estos casos y ahora con lo que está pasando Silvina Luna?

Yo me paso mirando la tele y veo cómo sufren estas chicas. Siento mucha impotencia, me lloré todo porque pienso en mi hija y en lo que estaría sufriendo hoy si estuviera viva. Lo único que pienso es que este hombre tiene que pagar, pero hay una justicia divina y algún día va a pagar lo que hizo.

¿Después de fallecer Romina, él se comunicó con usted para dar algún tipo de explicación, para acompañarla?

No, nunca tuvo empatía con nadie. Nunca me llamó. A él no le importa nada. Creo que no se da cuenta de todas las cosas que hace. Por eso, lo único que yo pido es justicia y que las chicas tomen conciencia de lo que van a hacer, y en tal caso que busquen un buen profesional que esté avalado para este tipo de cirugías, que no se dejen engañar como hizo Lotocki, un encantador de chicas.

¿Cómo se hace para seguir adelante?

Creí que me iba a morir, no tenía fuerzas ni ganas de nada. Pero Dios me dio la fuerza para seguir adelante. Tengo mis hijos, mis nietos y doy gracias a Dios que él me está guiando y va a ver justicia.

Entrevista

Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”

En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.

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A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.

El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.

“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.

Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.

Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega

Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.

La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.

Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.

Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.

Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.

“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.

“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión

Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.

En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.

“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.

Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.

Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.

El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña

La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.

Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.

Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.

La popularidad que llegó después de décadas de trabajo

Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.

Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.

La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.

Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.

No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.

Del teatro a las series: los proyectos de Vega

Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Lorena Vega en Cautiva

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.

La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.

Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado

La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.

Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.

Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.

Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.

Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.

Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.

Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.

¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.

Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.

Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.

Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.

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