Entrevista
Campi: “Yo pensaba que era más conservador, pero mis hijas dicen que me parezco mucho al personaje”
Campi y Dani “La Chepi” protagonizan la versión teatral de Papá por siempre y conversaron con El Argentino sobre paternidades, modelos de familia y personajes que dialogan con el presente, sin perder el humor ni la emoción.
En diálogo con El Argentino, Martín “Campi” Campilongo, reconocido por su talento para transformarse en múltiples personajes, y Dani “La Chepi” Viaggiamari adelantan su participación en Papá por siempre, la versión argentina del clásico de los ’90 protagonizado por Robin Williams, que se estrenará este viernes en el Teatro Liceo.
La comedia musical familiar conserva el espíritu del original y propone un mensaje atravesado por los vínculos y las transformaciones familiares. La Chepi debuta en el género musical como Miranda, una madre trabajadora y cariñosa que intenta reconstruir su familia, mientras Campi se pone en la piel del icónico Daniel, quien se transforma en la Señora Doubtfire para volver a acercarse a sus hijos. La obra cuenta con la dirección de Ariel del Mastro, la producción artística de Flor Bertotti y la dirección de actores de Marcelo Caballero.

En la entrevista, Campi habla sobre la paternidad, los cambios de época y el costado personal que encontró en su personaje, mientras que La Chepi se detiene en el desafío de interpretar a una mamá argentina y debutar en el musical. Juntos, reflexionan sobre la vigencia de la historia, el humor y el vínculo con el público familiar.
-Papá por siempre retoma una historia muy querida de los ’90 y la trae a la actualidad, dialogando con los nuevos modelos de familia. ¿Qué creen que hace que esta historia siga siendo tan vigente hoy?
-C: La obra habla justamente de los distintos tipos de familia. Es una historia de los ’90, pero sigue siendo muy actual. En ese momento no se hablaba tanto de estos temas, no estaban tan en el tapete como ahora. Y la obra ya hablaba de eso: de qué es una familia. Hoy existen muchos modelos distintos y la obra pone eso en escena.
-¿Cómo dialoga esta versión teatral con los debates actuales sobre las paternidades y las dinámicas familiares?
-C: La adaptación de la obra original es de Maca del Mastro, que le dio una mirada muy actual. De todos modos, la obra en sí ya era muy buena, muy bien escrita y con mucha profundidad.
-D: Y con mucho humor. Todo el tiempo. Llorás, te reís, es una montaña rusa. Más allá de que muchos la vimos en los ’90, Maca, como dice Campi, metió mano. Y Marcelo Caballero junto a Ariel del Maestro lograron que hoy, en 2026, cualquiera se sienta identificado desde algún lugar: con el papá, con la mamá, con los hijos, con Mrs. Doubtfire y las locuras que hace. Con todos los personajes. Es como decir: “Esa soy yo”.

-Dani, ¿qué fue lo que más te atrajo de Miranda como personaje y qué creés que representa hoy para muchas mujeres?
-D: Primero me interesó porque era un desafío para mí. Cuando leí el libro y vi que tenía que cantar, hablar, bailar, hacer todo al mismo tiempo, pensé: “Es un gran desafío, ok, sí”. Y a Miranda la amo. Tiene muchas diferencias conmigo en algunas cosas, pero tiene algo muy reconocible: esa cosa de la mamá argentina.
-Campi, ¿cómo fue construir a este padre desde una identidad tan personal y cercana?
-C: Mis hijas dicen que me parezco más de lo que yo creo. Yo no lo veía tanto. Pensaba que era más conservador. En mi juventud no lo era para nada, pero después uno es padre, pasa el tiempo, y empezás a decir cosas que antes no imaginabas como “volvé más temprano”, y te das cuenta de que se lo estás diciendo a tus hijos. Y sí, uno se convierte un poco en eso. Según mis hijas, yo soy bastante parecido a Daniel.
-Venimos de los años ’90 a este 2026, con nuevas formas de pensar la crianza y las paternidades. ¿Fue complejo encontrar ese equilibrio en el personaje?
-C: La obra ya está adaptada y muy bien escrita, así que ese equilibrio lo tiene la obra en sí. Cuando te encontrás con un material así, todo se hace más fácil. Además, tenés directores que saben muy bien lo que quieren expresar. Vas en patineta. Y estamos rodeados de un gran equipo: Ariel del Mastro, Marcelo Caballero, Seba Mazzoni como director vocal y Gaspi con la orquesta en vivo.
-Es una obra pensada para toda la familia. ¿Con qué sensación les gustaría que el público se vaya del teatro?
-D: Con la sensación de que valió la pena venir. Se van a ir llenos, de verdad. No les va a faltar nada. Hay 20 personas arriba del escenario, es un espectáculo enorme.
-C: Tal cual, coincido. Como dice Dani, te vas lleno. Y la entrada es muy accesible para todo lo que te llevás. Además, venís a un teatro histórico, el más antiguo de Latinoamérica: este teatro ya estaba en pie antes de que existiera el Congreso. Es una maravilla.
Entrevista
Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”
En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.
A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.
El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.
“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.
Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.
Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega
Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.
La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.
Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.
Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.
Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.
“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.
“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión
Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.
En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.
“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.
Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.
Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.
El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña
La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.
Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.
Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.
La popularidad que llegó después de décadas de trabajo
Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.
Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.
La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.
Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.
No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.
Del teatro a las series: los proyectos de Vega
Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.
La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.
Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado
La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.
Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.
Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.
Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.
Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.
Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.
Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.
¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.
Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.
Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.
Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.
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