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Entrevista

Puán: un film que cuestiona la educación

Entrevista a Andrea Frigerio: abrió su corazón y evocó a su madre como docente rural para referirse a la educación en Argentina.

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Por Andrea Reyes

«Puan», la película de María Alché y Benjamín Naishtat con Marcelo Subiotto y Leonardo Sbaraglia como protagonistas, llegó a las salas de cine y sin dudas es uno de los estrenos nacionales del año. El Argentino dialogó con Andrea Frigerio sobre esta historia que, en tono de comedia, retrata la lucha y defensa de la universidad pública.

La actriz comentó que el film “tiene muchas capas: empieza en tono de comedia, pero de a poco te lleva a abandonar esa risa para empezar a tener ese sabor amargo de quien tiene una vida que no se merece, sobre todo por lo que se esforzó para ser quién es”.

-Dentro de esas capas se encuentra la situación docente en Argentina.

Yo soy hija de una maestra rural. Toda mi infancia viví la situación de una mamá que viajaba a dedo hasta Del Viso. Tenía una enorme vocación, pero el sueldo era muy magro. Lamentablemente, toda la docencia argentina nunca salió de ese lugar. Creo que el deterioro de la educación fue paulatino, no hay un momento. Si esta película se hubiese visto hace cuatro años o se viera dentro de cuatro años, da lo mismo, porque siempre va a estar vigente. Eso habla del poco foco que se le pone a la educación en nuestro país. No es un objetivo importante para ningún político.

-De alguna manera, el film cuestiona la educación.

Todavía estamos discutiendo si es importante poner el foco en el presupuesto que se necesita para la educación, y en realidad la madre de todos los males está en la falta de educación. Pero no necesitamos gente que quiera innovar o hacer un experimento con generaciones enteras para ver cómo le sale. No hay nada que inventar. Hay que mirar qué hacen los países exitosos en materia de educación y copiar esos modelos. Hay que entender que la educación es todo, y estas películas invitan a pensar e intercambiar ideas para mejorar, no para pelear.

-¿Cómo haríamos si no para mostrar estos mundos?

-Puan muestra un mundo que es real y está bueno que se cuente y se muestre para que la gente que no lo conoce, cuando vaya a votar, si vio la película, sepa lo que tiene que votar porque ya vio las opciones. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

-Te llevo a otro terreno: el amor y la familia. Con Lucas Bocchino están juntos hace 30 años, ¿cuál es la ecuación?

-No tengo idea cómo hicimos. Miro para atrás y digo “¿ya pasaron 30 años?”. Tengo la sensación que mi familia es como un barco, vamos todos juntos para un lado, para el otro; nos apoyamos entre nosotros. Sin un hombre como Lucas al lado mío, mi carrera no hubiese prosperado, porque si me hubiese tenido que ocupar de explicar o pedir que me acompañe, mi profesión o mi matrimonio se habrían quebrado. Igual, yo no tengo que explicar nada, él está para apoyarme y yo a él, y lo mismo con nuestros hijos. Con Fini, por ejemplo, que volvió hace un año, festejamos sus logros… tiene que ver con acompañar y ser generoso con el otro.

-¿Cómo transitaste esos años con tu hija en España?

-Fue muy duro ese momento, porque la extrañamos un montón y además era chica: se fue con 19 años. Los jóvenes tienen la ilusión de viajar y de triunfar afuera, y es muy difícil, porque uno es extranjero y nosotros acá somos amorosos, pero en otros países no son nada amorosos: les parecemos simpáticos, pero somos de segunda. Fini pudo estudiar, pero casi no pudo trabajar en España. No fue llegar y que todos se rindieran a sus pies. Se encontró con la realidad y fue durísima.

-Hablando de trabajo, en tus redes siempre subís contenido de cuidado personal, pero ¿por qué crees que tanta gente busca la belleza artificial?

-Yo soy de la teoría que cuando una persona es saludable, es bella. Muchas veces me preguntan dónde me pongo esto o lo otro, y yo les pregunto: “¿Cómo es tu día? ¿Por qué antes de agregarte algo ‘mágico’ no probás con hacer un esfuerzo y tener una buena vida?”. Yo no soy ingenua al paso del tiempo, pero creo que la belleza de una mujer se cultiva con los años. Por supuesto que la salud emocional es muy importante. Es el huevo y la gallina. Hay una palabra que a mí me encanta: aceptación. Hay que aceptarse.

América Latina

«La revolución es el arte de sumar»: el libro que une a Fidel, Silvio y un siglo de historia latinoamericana

El historiador chileno Javier Larraín Parada presenta en Argentina su obra que recorre la figura del líder cubano a través del cancionero del trovador. El libro, editado por Acercándonos Ediciones, propone una lectura política y humanista que desafía las miradas simplificadoras sobre Cuba.

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Por Fernando Roperto

El próximo 13 de agosto llega a las librerías argentinas Fidel Castro en la canción de Silvio Rodríguez, la obra del historiador y periodista chileno Javier Larraín Parada, director de Correo del ALBA, editada por Acercándonos Ediciones. El libro propone un recorrido inusual: rastrear la figura de Fidel Castro en el cancionero de Silvio Rodríguez para reconstruir, canción por canción, la trama política, ética y humana de la Revolución Cubana. Una apuesta que llega en un momento preciso: el año del centenario del natalicio del Comandante.

Una lectura que va a fondo

Larraín Parada cuenta que la idea nació de «pensar una y otra vez las canciones del trovador», de darles vuelta constantemente. En ese proceso, Fidel emergió con la misma fuerza que Martí o el Che. Pero fue la figura del Comandante la que concentró la atención del investigador: «Creo en su propuesta política y ética», afirmó el historiador en una entrevista concedida a Acercándonos Cultura. El resultado, según el propio Larraín Parada, no fue tanto un descubrimiento como una confirmación: la profundidad humanista de la obra de Silvio Rodríguez, capaz de iluminar dimensiones del pensamiento castrista que el discurso político convencional suele aplanar o distorsionar.

La obra no se limita a la lírica. Cada canción funciona como una ventana hacia un episodio, un discurso o una actitud vital de Fidel. La canción Nunca he creído que alguien me odia, por ejemplo, dialoga con el «caso Marquitos» y el juicio por la masacre de Humboldt 7, episodio que amenazó con fracturar las fuerzas revolucionarias triunfantes en 1959. Allí, el trovador cita una reflexión clave de Fidel sobre la unidad: «la revolución es el arte de sumar», una frase que resume su concepción del proyecto colectivo como algo más grande que sus propios protagonistas.

Antiimperialismo, coraje y humanidad en clave de canción

Otro núcleo del libro es Los dientes de tiburón, canción que Larraín Parada lee como una intertextualidad directa con la Segunda Declaración de La Habana: aquel documento fundacional del antiimperialismo latinoamericano donde Fidel formuló que «el deber de todo revolucionario es hacer la revolución». La canción de Silvio, en esa lectura, opera como un puente entre el documento político y la sensibilidad popular, trasladando el pensamiento del Comandante a una forma artística que lo amplifica y lo preserva.

El libro también retrata a Fidel en sus dimensiones más humanas: el asaltante del Moncada, el expedicionario del Granma, el jefe guerrillero en la Sierra Maestra, pero también el dirigente que viste de luto junto a su pueblo tras el atentado contra el avión de Cubana de Aviación en Barbados, o el que dialoga con trabajadores y jóvenes sobre el significado de una revolución. Coraje, honorabilidad y compromiso colectivo son los rasgos que emergen, según el historiador, de esa lectura entre canciones y hechos históricos.

Arte y política en la Revolución Cubana

El libro incluye dos anexos que profundizan la relación entre arte y política en los procesos revolucionarios latinoamericanos, con menciones a la Revolución mexicana, la bolchevique, el muralismo, y la explosión cultural de los mil días de la Unidad Popular en Chile. En ese marco, Larraín Parada recorre la historia de la Nueva Trova, la corriente musical de la que Silvio Rodríguez fue fundador en 1972, y que el historiador define como «hija de la Revolución», con todas las tensiones y incomprensiones que eso implicó en ciertos períodos, incluido el llamado «quinquenio gris».

El volumen incluye además una entrevista directa al propio Silvio Rodríguez y un diálogo con el escritor argentino Alejo Brignole, que contextualizan la propuesta en el debate más amplio sobre el lugar de la cultura en los procesos de transformación social. La obra ya fue difundida con orgullo por el propio Silvio Rodríguez, dato que da cuenta del alcance y la legitimidad que el libro alcanzó antes incluso de llegar al mercado argentino.

El legado de Fidel, a cien años de su nacimiento

Consultado sobre qué rescata del legado de Fidel para las nuevas generaciones latinoamericanas, Larraín Parada destacó su «temprano desprendimiento de lo material», su capacidad de trabajar colectivamente, de escuchar, de rectificar, y su rechazo a los personalismos. «Fue un furibundo luchador contra los endiosamientos de cualquier tipo», señaló. Recordó también una máxima que Fidel solía practicar y repetir: «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», tomada de José Martí.

Al elegir las canciones que un joven debería escuchar para empezar a comprender a Fidel, Larraín Parada optó por dos: Todo el mundo tiene su Moncada, que retrata al abogado que organizó desde cero un movimiento político sin rendirse ante la derrota, y El aguerrido pueblo de Fidel, «porque ese discurso es muy conmovedor, allí se condensan la rabia, la furia y los valores, sueños más nobles y ansias de justicia de la Revolución«, explicó. En ambas, el elemento central vuelve a ser lo gregario: el amparo colectivo como fundamento de la política revolucionaria.

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