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Benvenuto contra Jey Mammón: “Me violó a los 14 y me enamoró a los 16”

El joven respondió una vez más en las redes sociales y fue contundente con su mensaje.

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Lucas Benvenuto se enteró que se filtró un audio que había mandado tiempo atrás a Jey Mammón y decidió usar, una vez más, su cuenta de Instagram para contestar mediante un vivo: “Me violo a los 14 y me enamoró a los 16”.

Así empezó su descargo:
«Nos amanecimos todos con la nota de audio que ya se sabía. Yo les quiero contar cómo es la historia de esa nota de audio. A mí se me quiere poner una bandera o una capa como si yo fuese el héroe y yo no me siento ningún héroe».

«Logro dos condenas, desbarato dos bandas de pedofilia y quedan libres. Este inútil está en su casa. Yo pago horas y horas de terapia, de tratamiento psiquiátrico. Cuando quedan libres me dio una crisis nerviosa, ahí tuve un intento de suicidio. Esa noche agarro mi teléfono y empiezo uno por uno, no solamente este estúpido. Entre esos mensajes no queda exento ¿Saben lo que fue volver a escucharme roto? Como yo estaba antes emocionalmente».

«Yo necesito más ayuda psicológica. Pensé que lo iba a solucionar con un año de terapia y una pastilla que me haga volver a sonreir. Yo todavía me siento culpable hoy. Todos ellos están metidos en la misma bolsa, no los veo individualmente, veo el dolor que me causaron».

La denuncia contra Jey Mammón:
“Durante mucho tiempo me sentí culpable por la primera noche donde él me viola. Él en esa época era una persona depresiva, escabiaba todo el día, fumaba porro todo el día. Cuando me levanto desnudo y voy al baño, me doy cuenta lo que me hicieron. Yo pedí ayuda recién a los 25 años. Mi cabeza a los 14 años era un lío y no le pregunté ‘qué me hiciste’ porque no quería que se enoje. Yo prefería ser sumiso. Siempre me culpé pero ya no más. Yo hoy estoy rompiendo la palabra que les di a mis terapeutas. Estoy acá de nuevo en un lugar que no me tengo que poner. Yo nunca le dije que me había violado. Como él vivía la vida, no me extraña que se le mezclen las cosas. De los 14 años hasta los 16 fue una tortura. Siempre fui un pedacito de carne, fui un fantasma y me lo hizo saber. Fueron formas de actuar muy crueles para lograr que vaya a la cama. Me marcó de por vida, a los 14 me viola y a los 16 se mete sentimentalmente en mi cabeza. Si bien es un gran daño lo que me hizo a los 14, yo sentí más grave lo que me hizo a los 16. Necesito más ayuda, más años de terapia. Los otros no jugaron con ese jueguito de novio, de te amo. Él se metió de una forma nueva que yo no conocía. Cuando en el audio digo lo de 16 años fue porque en ese momento me habla de novios, Yo tendría que haberle mandado una nota de audio mandándole bien a la concha de su madre”.

“Me trató como un pedazo de carne y me da igual que desee que mi corazón sane. No, gracias, de todos menos de vos. Sos un enfermo pero pedile perdón a ese nene y a ese adulto que destrozaste. Con un perdón se hubiese arreglado todo, pero ¿qué puedo esperar de alguien que hace apología de la pedofilia?, de alguien que dice en televisión que está bien tener relaciones con un nene de 16. Es un martirio que yo no tengo por qué vivir”.

El deseo de salir adelante:
“Fue una noche donde yo les escribí a todos mis abusadores. Me costó muchísimo volver a tener una pareja, volverme a enamorar. Me ocasionó un trauma. Yo ya no sé qué más hacer. El foco está en que pueda ser feliz y salir adelante. Yo tendría que estar concentrado en mi tratamiento psicológico. No se olviden, yo esa noche les escribí a todos ellos. A mí quién me devuelve todos esos años, nadie. Entonces permítanme estar enojado. Me hago fuerte pero por otro lado me hago mierda. Estos traumas fueron ocasionados por un grupo de personas que desde los 10 años en adelante me hicieron cosas. Todo lo que soy hoy es gracias a mi propia reconstrucción. Recién a los 25 años pedí ayuda, no hace falta seguir diciendo lo mal que lo pasé. Necesito estar bien, soltar esto de una vez”.

“Quedó claro que yo no me voy a callar más. Me vulneraron muchas veces y me faltaron el respeto muchas veces. No quiero más salir a aclarar dudas. No me vas a volver a faltar el respeto nunca más. Yo te apuesto todas mis heridas a que no puedo esconderme más. Así de fuerte me hiciste, sigo acá parado. A mí me tenían como a un perro, como querían que me dé cuenta. Me di cuenta a los 25 años de todo el daño”.

“Necesitamos que las leyes cambien ya. A mi historia la hicieron mierda, los dejaron libres a todos. Esta fue mi última denuncia (por la de Jey Mammón), la más importante porque fue la que más dolor me causó”.

“Mi memoria está intacta. Eso es lo más difícil porque todavía me siento sucio y no logré superar muchas cosas. Necesito concentrarme en reconstruirme como persona nuevamente. Gracias por el apoyo, por el amor. Que esta historia no te detenga de denunciar, ¡denunciá!”.

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Femicida en pantalla: la película «Barreda» no escapa del relato del asesino

El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda asesinó a su esposa, sus dos hijas y su suegra en La Plata. Tres décadas después, Prime Video estrena una película protagonizada por Luis Machín que reconstruye el caso, el juicio y la figura de las víctimas, aunque no todo lo que muestra tiene respaldo documental.

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La pantalla volvió a poner en el centro de la escena uno de los crímenes más impactantes de la historia argentina. «Barreda», la película de Prime Video dirigida por Daniela Goggi (El Rapto), llegó a la plataforma este viernes y reconstruye el cuádruple femicidio cometido por el odontólogo Ricardo Barreda en su casa de La Plata.

Luis Machín encarna al femicida; Carla Peterson interpreta a su esposa Gladys McDonald; Mercedes Morán da vida a la suegra Elena Arreche; y Maite Lanata y Margarita Páez encarnan a las hijas Cecilia y Adriana. La producción recorre el crimen, el juicio oral de 1995 y algunas dimensiones más íntimas de la vida familiar del femicida, combinando hechos verificados con escenas de elaboración ficcional.

El arma que regaló la suegra: un dato confirmado

Uno de los elementos más fuertes del relato tiene sustento documental. La película muestra que la suegra de Barreda, Elena Arreche, le obsequió la escopeta con la que el odontólogo posteriormente mató a las cuatro mujeres de su familia. Se trata de una Víctor Sarasqueta calibre 16, un arma de origen español que el femicida utilizaba para la caza.

Durante el juicio oral, el propio Barreda declaró que el arma había sido un regalo de su suegra. El dato también aparece registrado en distintas reconstrucciones periodísticas del caso. Según la declaración del acusado, después de los asesinatos se deshizo del arma arrojándola en la zona de Punta Lara, en Ensenada, episodio que la película también recrea.

Pirucha, la vidente: personaje real con un rol todavía discutido

El personaje interpretado por Paola Barrientos es uno de los que más puede generar dudas entre quienes no conocen el caso en detalle, pero tiene existencia real. María de las Mercedes Guastavino, conocida como «Pirucha», fue una vidente que mantuvo un vínculo cercano con Barreda y que declaró en el juicio de 1995.

Según distintas reconstrucciones del caso, la mujer lo habría persuadido de que las mujeres de su familia practicaban magia negra contra él y querían matarlo. La película fiel a ese relato muestra a Pirucha alimentando los miedos del odontólogo. También se retrata que, luego de cometidos los crímenes, Barreda pasó por su casa en busca de ayuda. De acuerdo al relato del psiquiatra forense que lo peritó, Miguel Maldonado, el asesino le dijo al llegar: «Me mandé una macana». La influencia real de Pirucha sobre las decisiones de Barreda fue debatida durante el proceso judicial, sin que se llegara a una conclusión definitiva sobre su responsabilidad.

Las hijas: vidas que la historia oficial silenció

La película reconstruye a Cecilia y Adriana Barreda como dos mujeres jóvenes con proyectos concretos: Cecilia planeaba mudarse con su pareja e instalar un consultorio odontológico en la casa familiar, mientras que Adriana estaba próxima a casarse. En la vida real, la historia de las víctimas quedó durante décadas relegada frente al relato construido alrededor de su asesino. Hay registros que confirman que el novio de Cecilia declaró como testigo en el juicio en contra de Barreda. Amigas de las jóvenes le dijeron al periodista Enrique Russo, en 1992, que evitaban ir a la casa porque Barreda «era mano larga». Las escenas que recrean vínculos y conversaciones cotidianas de las hijas pueden partir de datos fragmentarios, pero en buena medida se completan con elaboración ficcional.

La venta de la casa y el divorcio: sin respaldo documental

Uno de los elementos que la película presenta como detonante de la violencia es la intención de Gladys McDonald y su madre de vender la propiedad, junto con el deseo de Gladys de separarse definitivamente de Barreda. Sin embargo, no hay registros documentales que confirmen que la familia estuviera planeando vender la casa en los términos que plantea el film. Distintas reconstrucciones del caso sí señalan que Barreda y su esposa habían atravesado una separación previa al crimen, aunque continuaban conviviendo bajo el mismo techo. La decisión de incorporar ese elemento como disparador dramático responde a una licencia narrativa de la dirección.

«Conchita»: el apodo que tal vez nunca existió

Durante el juicio, Barreda sostuvo que las mujeres de su familia lo apodaban «Conchita» como forma de humillación y que esa degradación constante había sido el motor de los crímenes. Con el tiempo, ese apodo se convirtió en uno de los elementos más recordados del caso.

La película va un paso más lejos: muestra que el propio Barreda construyó la idea de que lo llamaban así como parte de una estrategia de defensa, algo que no tiene una prueba definitiva. En 2011, el periodista Rodolfo Palacios publicó Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres, donde puso en duda la veracidad del apodo y planteó que Barreda pudo haberlo inventado para justificar la masacre familiar y evitar la condena. La película toma esa hipótesis y la presenta como un hecho, cuando en rigor sigue siendo una versión periodística sin confirmación judicial.

Una historia que siempre corrió el riesgo de reproducir el relato del asesino

El caso Barreda fue durante años un ejemplo de cómo el sistema mediático y judicial argentino tendió a construir el relato desde la mirada del perpetrador, relegando a las víctimas a meros datos del expediente. La película de Goggi hace un esfuerzo visible por devolverle humanidad a Gladys, Elena, Cecilia y Adriana, mostrando sus vínculos, sus proyectos y sus voces antes de los disparos.

Ese gesto no es menor en términos simbólicos. Al mismo tiempo, la producción no escapa del todo a la lógica del true crime que fascina con la figura del criminal, algo inherente al género y que el espectador tendrá que procesar con perspectiva crítica. «Barreda» llega a Prime Video en un momento en que el femicidio en Argentina sigue siendo una crisis estructural sin respuesta institucional suficiente, lo que hace que la pregunta sobre qué historia se cuenta y desde qué lugar no sea un detalle menor.

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