Entrevista
Gabriel Schraiber: “El Estado argentino no necesita una motosierra, necesita un bisturí”
Consultado sobre su propuesta de reforma del sistema ferroviario argentino, una política “Open Access”, el politólogo y especialista en transporte habló de los costos y los riesgos de privatizar empresas estatales, como Trenes Argentinos, y detalló los intereses económicos y políticos que subyacen al plan del Gobierno.
Por Andrea Reyes
En el AMBA funcionan 8 líneas de trenes, seis son administradas por la empresa estatal Trenes Argentinos Operaciones (el Tren de la Costa y las líneas Sarmiento, Mitre, Roca, San Martín y Belgrano Sur); las otras dos líneas de trenes restantes se encuentran en manos de entidades privadas desde 1994: el Belgrano Norte (Ferrovías S.A.) y la línea Urquiza (Metrovías S.A.).
La aprobación de la “Ley Bases” en el Congreso habilita la privatización de empresas estatales, incluyendo trenes. En este marco, recientemente el Gobierno anunció la privatización de Trenes Argentinos Cargas y Logística Sociedad Anónima (TAC, más conocido como Belgrano Cargas), que incluye tres líneas cargueras: la propia Belgrano, San Martín y Urquiza. Pero además, confirmó que avanzará con la privatización de los trenes de pasajeros, que alcanzaría a las líneas Belgrano Sur, Roca, Sarmiento, San Martín y Mitre.
Mientras que el Gobierno avanza con el negocio de la privatización de los trenes, Gabriel Schraiber, politólogo y especialista en transporte, integrante del Partido Nueva Generación, asegura que el tráfico de cargas ferroviarias podría ser la solución definitiva para acabar con el déficit de Trenes Argentinos.
El Argentino dialogó con el politólogo de la UBA sobre la situación del transporte en el país y acerca de su propuesta de reforma del sistema ferroviario argentino: una política de“Open Access” (Sistema de Acceso Abierto), como el que tiene Europa, donde las vías férreas serían gestionadas por el Estado Nacional, eliminando así las concesiones de la década de 1990.
-¿Cuál es el objetivo de un “Open Access”?
-Un “Open Access” permite que múltiples empresas puedan operar sobre la misma vía, con lo cual se genera una competitividad total e implica un ahorro fenomenal para las empresas ferroviarias en cuestión de carga.
Al fomentar esta red de acceso abierto, el Estado Nacional recupera la plata que invirtió. Hoy en día, menos del 10% de las cargas se transportan en tren dentro del país; elevar ese número a un 40% generaría una ganancia tan grande, que se mantendría un tren de pasajeros metropolitanos sin subsidios ni tarifas retrasadas y, hasta incluso, con buenas paritarias para los trabajadores.
-¿Por qué si se pueden obtener ganancias, el Gobierno insiste en privatizar los trenes?
-Lo mismo que sucede con los trenes, está sucediendo con Aerolíneas. No hace falta privatizar la empresa, sino que tiene que ser una máquina generadora de dólares para la Argentina.
En todo el mundo el tren metropolitano genera déficit, pero aun así el 99,9% de los casos es estatal, no está en manos de privados. Es una pena porque hace mucho tiempo que Argentina no tenía una oportunidad tan grande de crecer, y si este año hubiese hecho las cosas bien económicamente, el país podría haberle pagado casi la deuda externa al FMI.
Lo que pasa es que hemos pasado del sistema anterior que no funcionaba a un sistema donde aquello que no funciona, lo desechan. El Estado argentino no necesita una motosierra, necesita un bisturí.
-¿En qué le afecta a la gente que se privaticen los trenes?
-Hacer este sistema que quiere y planifica el Presidente, lamentablemente con algunos sindicados y opositores no tan opositores dentro del Congreso, es perjudicial para nuestros pasajeros, no sólo a nivel de riesgos por la falta de mantenimiento, sino que también nos sale más caro. Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo de 2022, le recomendaba al Estado argentino sacarle la concesión del Belgrano Norte a Ferrovías, porque salía más caro mantenerlo en comparación con Belgrano Sur que es estatal. Insólito.
-¿Cuál es la situación de Trenes Argentinos? ¿Sobra gente?
-Como dice Rubén “Pollo” Sobrero, a Trenes Argentinos le sobra gente en determinados puestos, pero en otras áreas falta y mucho.
Trenes Argentinos es una empresa que puede funcionar bien, pero en el país tenemos un gravísimo problema en cuanto a la falta de planificación no sólo en los trenes, sino también en aviones, en micros, en el transporte en general.
Es momento de que los argentinos paremos la pelota y digamos: “¿Qué se está haciendo mal? Llamemos a la gente que realmente sabe y que quiera aportar para el país”.
-Sin embargo, el Gobierno despidió a 1.400 trabajadores con el cierre de Trenes Argentinos Capital Humano, argumentando la reducción de gastos.
-Lo mejor hubiera sido sostener Ferrocarriles Argentinos S.A. como única empresa, pero lamentablemente durante mucho tiempo Ferrocarriles Argentinos y Trenes Argentinos se utilizaron con fines políticos, más allá del Gobierno de turno, dividiéndose en cuatro empresas diferentes: cargas, capital humano, operaciones e infraestructura.
Ahora, que Trenes Argentinos Capital Humano no exista no es una mala medida si todos los trabajadores pasan a la órbita de Ferrocarriles Argentinos S.A. El problema es que se echó gente con el único propósito de mostrar una reducción que es falsa, porque no se sabe si sacaron supuestos “ñoquis” o sacaron a personal para meter a los tuyos. Eduardo Feinmann mostró un informe donde Agustín Romo, diputado provincial de la LLA, metió a familiares y a 15 integrantes en total dentro de lo que era Trenes Argentinos Capital Humano, y hoy se quedaron en Ferrocarriles Argentinos S.A.
-Hablando de favores. ¿Por qué Dota quiere quedarse con dos líneas ferroviarias: el tren Roca y el San Martín?
-En realidad, no es para Dota al 100%, sino para Teniente General Rosa S.A., que es una de las sub-empresas del Grupo Dota. Hay un interés político y un interés económico. El interés político es que el ex dueño de Teniente General Rosa S.A. es el padre de Javier Milei. Además, gran parte de los colectivos que circulan por la zona sur pertenecen a alguna de las empresas del Grupo Dota, por lo tanto, a ellos les interesa tener un monopolio. Por lo tanto, hay una devolución de favores. ¿Cuál fue la única empresa que sacó colectivos en el último paro general de transporte? Dota ¿A cambio de qué?
-Sobre tu proyecto. ¿Vez viable una reforma del sistema ferroviario argentino teniendo en cuenta los principios del gobierno de Javier Milei?
-Si este Gobierno es liberal, tendría que tener en cuenta este proyecto para el desarrollo de la Argentina. Ahora, si de liberal no tiene nada, obviamente lo va a desechar. En tal caso, el Estado rendirá cuentas de porqué a pesar de que un proyecto le puede cerrar por todos lados, ya que es completamente liberal, fortalece el mercado de competencia perfecta y le puede generar ingresos de dólares de forma fácil, no quiere tomarlo. Será porque hay un interés detrás o porque es un Gobierno que no quiere escuchar a su propia gente. Se consideran los magos de absolutamente todo.
-¿En qué instancia se encuentra?
-He llevado mi propuesta de reforma a algunas personas y me he intentado acercar a gente del Gobierno, pero me han dicho que “no es prioritario hacer algo así en estos momentos”. Voy a seguir insistiendo, si no es por derecha será por izquierda, o viceversa. Pero de alguna manera la Argentina tiene que repensar su sistema ferroviario.
Entrevista
Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”
En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.
A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.
El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.
“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.
Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.
Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega
Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.
La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.
Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.
Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.
Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.
“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.
“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión
Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.
En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.
“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.
Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.
Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.
El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña
La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.
Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.
Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.
La popularidad que llegó después de décadas de trabajo
Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.
Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.
La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.
Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.
No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.
Del teatro a las series: los proyectos de Vega
Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.
La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.
Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado
La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.
Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.
Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.
Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.
Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.
Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.
Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.
¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.
Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.
Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.
Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.
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