Consumo
El consumo de carne en 2024 cae a su nivel más bajo en 104 años
La producción de carne se redujo en 3,4%, pero las exportaciones crecieron 9,8% en relación a 2023.
Lo que tenés que saber
- El consumo de carne vacuna en 2024 alcanzó su segundo nivel más bajo desde que se iniciaron las mediciones en 1914.
- La caída en el consumo se estima en un 9% con respecto a 2023, alcanzando solo 47,7 kilos por persona.
- Este descenso coloca el consumo de carne en niveles solo comparables con los primeros años del siglo XX, cuando Argentina estaba prácticamente subordinada económicamente al Reino Unido.
- La producción de carne se redujo en 3,4%, pero las exportaciones crecieron 9,8% en relación a 2023.
- A pesar de la caída en el consumo interno, los precios de la carne aumentaron significativamente en diciembre, con cortes como el asado subiendo un 18,4%.
Consumo de carne en cifras históricas
De acuerdo con un informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra), el consumo de carne vacuna en Argentina en 2024 llegó a 47,7 kilos por habitante, lo que representa la segunda cifra más baja desde el comienzo de las mediciones en 1914. Este valor refleja una disminución del 9% respecto al año anterior, marcando el peor registro en más de un siglo, solo superado por el nivel registrado en 1920 (46,9 kilos).
El informe detalla que la caída en el consumo interno significó una reducción de 193,78 mil toneladas de carne vacuna. Este desplome se vincula con los efectos de la política económica del gobierno de Javier Milei, que derivó en una drástica pérdida de poder adquisitivo de los consumidores.
La carne, de menos consumo local a más exportaciones
A pesar del desplome del consumo interno, la industria frigorífica argentina logró exportar un total récord de 936,1 mil toneladas de carne vacuna en 2024, lo que representa un aumento del 9,8% en comparación con 2023. Este incremento en las exportaciones se produjo a pesar de una caída en la producción nacional, que se redujo en 3,4% debido a una menor faena, aunque parcialmente compensada por un mayor peso promedio en gancho.
Impacto de la inflación en el precio de la carne
El cierre de 2024 mostró un aumento en los precios de los alimentos, con el capítulo de carnes y derivados destacándose como el mayor impulsor de la suba de precios. En diciembre, el precio de la carne vacuna aumentó un 12,1% mensual, mientras que cortes como el asado subieron un 18,4%. Este aumento se sumó al 8,8% registrado en el rubro de carnes y derivados en general.
El contraste histórico y económico
El consumo de carne en 2024, al igual que en los comienzos del siglo XX, refleja una profunda crisis económica que afecta principalmente a las grandes mayorías del país. En ese entonces, el país vivió un proceso de consolidación de las oligarquías, mientras que las clases populares soportaban un nivel de vida precario. Las similitudes con la situación actual son notorias, ya que el poder adquisitivo de la población sigue en caída, mientras que las exportaciones de carne alcanzan cifras récord.
CABA
Vivir en CABA: el 40% de las familias más pobres deja más de la mitad del sueldo en el alquiler
Un informe del Consejo Económico y Social de la Ciudad (CESBA) y la fundación Fundar confirmó que el 40% de los hogares de menores ingresos en la Ciudad de Buenos Aires destina más de la mitad de sus recursos al alquiler de un departamento de dos ambientes. Entre 2013 y 2026, los precios relativos de vivienda y servicios treparon casi 25 puntos y la proporción de hogares inquilinos pasó del 22% al 36,9%.
En la Ciudad de Buenos Aires, cuatro de cada diez hogares de menores ingresos destina más de la mitad de sus recursos al alquiler de un departamento de dos ambientes. El dato surge de un informe elaborado en conjunto por el Consejo Económico y Social de la Ciudad (CESBA) y la fundación Fundar, que analizó la evolución de las condiciones económicas y habitacionales de los porteños a lo largo de los últimos 13 años. El resultado retrata una ciudad donde el derecho a la vivienda se convirtió en lujo para los que menos tienen.
El estudio, que abarca el período comprendido entre agosto de 2013 y agosto de 2026, identificó un corrimiento estructural en la composición del gasto familiar. Los precios relativos de la vivienda y los servicios aumentaron casi 25 puntos porcentuales en ese lapso, desplazando el peso de otros rubros como alimentación, indumentaria, educación, salud y esparcimiento. El presupuesto familiar quedó cada vez más dominado por gastos fijos, dejando márgenes cada vez más estrechos para el resto de la vida.
El alquiler ya no es una etapa: es una condición permanente
El informe registró además una transformación profunda en la estructura habitacional de la Ciudad. Los hogares inquilinos pasaron de representar alrededor del 22% en 2001 al 36,9% en 2022, un salto que convirtió al alquiler en una condición habitacional extendida y no ya en una etapa transitoria. La tendencia se profundiza especialmente entre los jóvenes, que acceden cada vez menos a la propiedad y quedan atrapados en un mercado de alquileres que sube sin pausa.
El contraste entre los distintos tipos de hogar revela la dimensión del problema. Según el informe, la canasta de consumo de una persona sola propietaria aumentó un 25,2% en dólares entre 2013 y 2026, mientras que la de una pareja joven propietaria subió un 21,5%. La familia propietaria con dos hijos registró un incremento del 19,4%. En cambio, para una pareja joven que alquila, el aumento fue del 11,4%. Las diferencias ilustran cómo la situación habitacional no es un dato accesorio, sino un factor determinante de la estructura de gastos y de la capacidad de proyección económica de cada hogar.
Los gastos fijos que asfixian el presupuesto
El peso creciente del alquiler dentro del presupuesto familiar no opera de manera aislada. Se combina con el incremento sostenido de las expensas y los servicios públicos, que desde diciembre de 2023 acumularon subas superiores al 500% en rubros como transporte, gas, agua y electricidad, según datos del IIEP (UBA-CONICET). La presión sobre los ingresos es simultánea desde múltiples frentes: el alquiler sube, los servicios suben, y la capacidad de ahorro se contrae.
Para los sectores de menores ingresos, el impacto es de una magnitud que excede cualquier ajuste racional del presupuesto. Cuando el alquiler de un dos ambientes absorbe más de la mitad de los ingresos disponibles, el margen para mudarse, planificar, ahorrar o aspirar a una vivienda propia se vuelve prácticamente inexistente. Lo que el informe describe en términos estadísticos es, en la vida cotidiana de miles de familias porteñas, la imposibilidad de construir un horizonte.
Un mercado sin regulación y un Estado que se retiró
El deterioro del acceso a la vivienda tiene contexto político y regulatorio. La derogación de la Ley de Alquileres en 2023, impulsada como parte del programa de desregulación del gobierno libertario, eliminó los marcos de previsibilidad contractual que, con sus limitaciones, fijaban pisos para la negociación. En un mercado librado a la lógica de la oferta y la demanda, los alquileres se actualizan mensualmente y la incertidumbre sobre el costo de renovación opera como factor de expulsión para los inquilinos más vulnerables.
El informe del CESBA y Fundar llega en un momento en que el gobierno nacional reivindica el equilibrio fiscal y la desaceleración de la inflación como señales de recuperación económica. Pero los datos sobre el acceso a la vivienda revelan una recuperación que no llega a los hogares que más la necesitan: aquellos que alquilan, que tienen bajos ingresos, y que enfrentan cada mes la disyuntiva entre pagar el alquiler o cubrir el resto de las necesidades básicas.
Lo que tenés que saber:
- El 40% de los hogares de menores ingresos de CABA destina más de la mitad de sus ingresos al alquiler de un departamento de dos ambientes.
- Entre 2013 y 2026, los precios relativos de vivienda y servicios aumentaron casi 25 puntos porcentuales, según el informe del CESBA y Fundar.
- Los hogares inquilinos pasaron del 22% en 2001 al 36,9% en 2022, consolidando el alquiler como condición habitacional estructural y no transitoria.
- La canasta de consumo de una persona sola propietaria subió 25,2% en dólares en ese período; la de una pareja joven que alquila aumentó solo el 11,4%.
- El aumento de los gastos fijos, alquiler, expensas y servicios, reduce el margen para ahorrar, mudarse o proyectar el acceso a una vivienda propia.
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