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Judiciales ⚖️

Ordenaron a los medios no difundir las imágenes del cuerpo de Maradona

En el pedido de medida cautelar, Burlando solicita la protección de la justicia, por considerar que la difusión de las infames imágenes afectan el honor, la privacidad y la intimidad, además del «incrementar injustamente el dolor de la pérdida».

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La Justicia ordenó que los medios de comunicación se abstengan de «exhibir, divulgar y/o difundir» las fotos del cuerpo de Diego Armando Maradona que se viralizaron en redes sociales, a raíz de una solicitud realizada por el abogado Fernando Burlando en representación de las hijas del «10» Dalma, Gianinna y Jana.

La medida cautelar del Juzgado Civil Nacional 54 alcanza a los medios «televisivos, digitales y/o gráficos», y se notificó de la resolución al Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), Facebook Argentina SRL y Google Argentina.

En su fallo de 5 páginas, el juzgado resolvió que en este caso «puede observarse a simple vista una ofensa a otras personas cercanas a Maradona» y que «su dignidad, intimidad y su memoria proyectan una prolongación de personalidad que merece ser protegida en el recuerdo de sus allegados».

Por su parte, Burlando había solicitado en su presentación de 15 páginas, «que se ordene medida precautoria autosatisfactiva y de extremis urgencia ante la inminente difusión en los medios televisivos, gráficos y plataformas digitales de unas fotografías e imágenes del cuerpo sin vida de (…) Maradona, que invaden agreden la imagen de su persona y violentan la intimidad de manera salvaje y desalmada que fueron obtenidas contrariando la expresa voluntad de sus seres queridos».

«(…) ocurrimos por esta vía a fin de evitar la difusión en los medios masivos de comunicación de las imágenes que se están viralizando por redes e impedir que se publiquen en medios masivos de comunicación televisivos y/o gráficos, y se prohíba su exhibición en todo programa de televisión o digital, medios gráficos, o cualquier otro medio de difusión masiva de estas imágenes de su cuerpo sin vida», continuó.

En la presentación, añadió que «en atención a que el agresor pudo haber confeccionado más imágenes del mismo tenor, es que solicito que la medida se dicte en forma amplia y comprensiva de toda aquella imagen que contenga rasgos aún parciales de su cuerpo sin vida, y, toda vez que los medios y/o plataformas pueden desconocer el carácter no autorizado, es que solicito se consigne toda imagen de este contenido que no haya sido autorizada por las dicentes y los restantes hermanos».

El escrito se basó, entre otros argumentos, en los derechos a «la imagen», «la intimidad» y «el honor», contemplados en el Código Civil y Comercial. «La afección a lo más profundo de nuestro ser que genera esas infames imágenes merece la protección de la justicia. No es sólo afección al honor, a la privacidad o intimidad, es dolor, profundo, una daga en el corazón de las dicentes que incrementa injustamente el dolor de la pérdida», sostuvo.

Y aclaró que «no está en juego la libertad de prensa sino el daño liso y llano que podría perpetrarse por la difusión de imágenes de nuestro padre sin vida no autorizadas y que agravian la paz espiritual de sus hijos».

La viralización de las dos imágenes se produjo el jueves pasado, a menos de 24 horas del fallecimiento de Maradona, y en una de ellas se observa a Diego Antonio Molina junto al cuerpo del «10», mientras que en la otra fotografía aparecen Claudio Fernández con su hijo, posando junto al cajón.

La difusión motivó la actuación de oficio del fiscal penal contravencional y de faltas 25 Roberto Maragliano, quien el viernes pasado dispuso allanar de forma simultánea la vivienda de Fernández, la casa de sepelios Pinier, ubicada en avenida San Martín al 2.900 y la casa velatoria Tres Arroyos, en la calle homónima al 1.500.

En tanto, al otro día el empleado de la casa velatoria Molina se presentó junto con un abogado en la Comisaría Vecinal 15A de la Policía de la Ciudad, en el barrio porteño de Chacarita. El fiscal investiga la presunta profanación de un cadáver y la violación de derechos personalísimos, ambos delitos contravencionales, por lo que los tres involucrados no quedaron detenidos.

CABA

Menos psicopedagogos, más policías: la escuela porteña deja de ser un lugar de cuidado

El protocolo porteño habilita el ingreso de la Policía de la Ciudad a las escuelas a pedido de los directivos, por orden judicial o por fuerza mayor. Ninguna ley lo impedía, pero la comunidad educativa lo defendió como una conquista democrática.

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La Policía de la Ciudad tiene, desde este lunes, una puerta formal para entrar a las escuelas porteñas. El nuevo protocolo del gobierno de Jorge Macri convierte en norma escrita lo que durante décadas la comunidad educativa resistió: la presencia de uniformados dentro de las aulas como respuesta a los conflictos escolares. La intervención policial podrá darse a pedido del propio colegio a través del 911, por orden judicial o por razones de fuerza mayor ante un riesgo inminente.

La habilitación forma parte de la Resolución Conjunta N.º 1/MEDGC/26, publicada en el Boletín Oficial porteño con la firma de los ministerios de Educación, Justicia y Seguridad de la Ciudad y del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. La norma adapta las escuelas al nuevo Régimen Penal Juvenil (Ley 27.801), vigente desde el 5 de septiembre, e impone a los directivos el deber de denunciar ante la Justicia a estudiantes desde los 14 años por hechos que pudieran constituir delitos, incluso fuera del establecimiento. El documento trascendió el fin de semana, cuando Federico Puy, secretario general adjunto de Ademys, lo difundió en su cuenta de X.

Un límite sin ley, pero con memoria

La frontera entre la escuela y la policía nunca estuvo escrita en una ley para los niveles obligatorios. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) lo explicó en sus recomendaciones sobre policías en las escuelas: a diferencia de lo que ocurre con las universidades públicas, no existen normas en la Ciudad ni en la provincia de Buenos Aires que impidan a la policía ingresar a un establecimiento escolar, aunque sí hubo proyectos de ley que nunca fueron tratados. La única prohibición expresa es el artículo 31 de la Ley de Educación Superior, que veda el ingreso de la fuerza pública a las universidades nacionales sin orden judicial o pedido de sus autoridades.

Lo que sostuvo ese límite fue otra cosa: la Convención sobre los Derechos del Niño, la Ley 26.061 de Protección Integral y un consenso político y pedagógico construido desde 1983. La escuela democrática se pensó como un espacio de cuidado, justamente porque la dictadura la había convertido en territorio de vigilancia. El régimen militar difundió en 1977 el folleto “Subversión en el ámbito educativo (conozcamos a nuestro enemigo)”, que ordenaba a docentes y directivos detectar al “enemigo” entre sus alumnos; y en septiembre de 1976, en La Plata, un grupo de estudiantes secundarios que habían reclamado por el boleto estudiantil fue secuestrado en lo que se conoce como la Noche de los Lápices.

La escalada porteña

El protocolo actual no nació de la nada. El 28 de marzo de 2018, durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, el Ministerio de Seguridad porteño aprobó mediante la Resolución 86/2018 un “Protocolo de Ingreso a los Establecimientos Educativos de la Ciudad de Buenos Aires”, que nunca se publicó en el Boletín Oficial.

Según el texto filtrado por UTE, su primer artículo establecía que “el personal policial podrá ingresar a los edificios o inmuebles escolares cuando sea requerida su presencia por alguno de los miembros del equipo de conducción del establecimiento”.

Llegó apenas 40 días después del protocolo antitomas impulsado por la entonces ministra de Educación, Soledad Acuña, y el entonces secretario de Seguridad, Marcelo D’Alessandro, se negó a hacer público su anexo con el argumento de que solo servía a los efectos “de la comunicación interna” de la fuerza.

Ese mismo año, Ademys denunció que, el día previo al tratamiento del aborto legal en Diputados, la policía entró a una escuela secundaria tomada para desalojar a los estudiantes. En 2022, frente a nuevas intervenciones, el secretario adjunto de UTE, Eduardo López, lo resumió en una frase: “La escuela no es un lugar para la Policía”.

El paso siguiente llegó en abril de este año. Tras la ola de amenazas de tiroteos que se multiplicó en todo el país después del ataque en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, el 30 de marzo, el gobierno porteño activó un protocolo que dispuso que, ante una denuncia realizada por la escuela o por un tercero, el equipo directivo deberá permitir el ingreso de la Policía al establecimiento. La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, lo justificó así: “La respuesta tiene que ser, al mismo tiempo, seguridad y formación. Protocolo y acompañamiento. Consecuencia y reparación”. Estudiantes, familias y docentes respondieron entonces con una consigna que hoy vuelve a circular: “No a la policía en las escuelas”.

Qué cambia ahora

La diferencia con los antecedentes es de escala y de lógica. El ingreso policial ya no aparece como una excepción ante un arma o una amenaza puntual, sino como una pieza dentro de un circuito que empieza con la obligación de denunciar a adolescentes de 14 años.

El nuevo texto exige que los efectivos se identifiquen, actúen “respetando los derechos” de niñas, niños y adolescentes y procuren “cesar el riesgo”; también prohíbe a las escuelas interrogar a los alumnos.

Las salvaguardas contrastan con los estándares que organismos de derechos humanos promovieron durante años. El CELS recomendó atender a la policía en la puerta mientras se evalúa la situación, sobre todo si los efectivos están armados y hay chicos en el edificio.

Y recordó una pauta de la guía elaborada por la provincia de Buenos Aires junto a UNICEF: no deben brindarse nombres de estudiantes a ninguna autoridad policial sin un oficio judicial, y la policía no puede tomar contacto con ningún menor de edad, aun cuando se presuma que tiene un arma, hasta que llegue un familiar o adulto responsable.

“Una antesala de las cárceles”

Puy advirtió que el protocolo “obliga a las directoras a denunciar a estudiantes que ‘podrían estar cometiendo un delito’”, sostuvo que “constituye una clara persecución a los jóvenes” y alertó que busca convertir a las escuelas en una “antesala de las cárceles”. UTE, por su parte, rechazó “que las escuelas se conviertan en puertas de entrada al sistema penal” y advirtió “sobre el riesgo de estigmatización y criminalización de niñas, niños y adolescentes”; el gremio reclamó equipos especializados, formación y recursos para abordar los conflictos sin judicializarlos.

Ninguna ley impedía que un patrullero estacionara frente a una escuela y sus agentes cruzaran el portón; lo impedía una idea de la democracia sobre qué lugar ocupan los chicos en la sociedad. Con este protocolo, el gobierno porteño elige reemplazar gabinetes, psicopedagogos y equipos de orientación por el 911, y deja la resolución de los conflictos adolescentes en manos de quienes están entrenados para otra cosa.

Lo que tenés que saber del Protocolo

  • La Resolución Conjunta N.º 1/MEDGC/26 habilita el ingreso policial a las escuelas porteñas a pedido del colegio, por orden judicial o por fuerza mayor.
  • No existe una ley que prohíba el ingreso policial a escuelas; la única prohibición expresa rige para las universidades nacionales, por el artículo 31 de la Ley de Educación Superior.
  • En 2018, la Resolución 86/2018 del Ministerio de Seguridad porteño aprobó un protocolo de ingreso a escuelas que nunca se publicó en el Boletín Oficial.
  • En abril de 2026, tras las amenazas de tiroteos, la Ciudad ya había dispuesto que los directivos permitieran el ingreso policial ante una denuncia.
  • Ademys y UTE rechazaron el nuevo protocolo por criminalizar a las adolescencias.

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