Ciencia 🧬
Distinguen tres proyectos argentinos que contribuyen a mejorar la salud
Tres proyectos argentinos fueron destacados entre los seis finalistas del programa de incubación “Emprender en Salud 2023-2024” y uno de ellos es una startup biotecnológica que se enfoca en el cuidado de la salud dermatológica a través de la identificación del microbioma de cada individuo.
El otro es una plataforma modular para el autoensamble de nanobiomateriales multifuncionales inteligentes para generar soluciones en los campos de la medicina personalizada, la preparación para pandemias y la lucha contra las enfermedades infecciosas humanas y veterinarias. El restante fue el realizado por un grupo de trabajo compuesto por científicos y profesionales con trayectoria en el campo de la investigación, comprometidos en brindar soluciones innovadoras basadas en la ciencia y la tecnología para el diagnóstico y tratamiento de la artrosis utilizando MicroRNAs (miRs) y análogos modificados (Dharma Bioscience)
Los tres proyectos restantes son una camilla inteligente para trasladar a las personas sin tocarlas, reduciendo el riesgo de lesiones; una plataforma de atención médica que aprovecha la tecnología conversacional y la inteligencia artificial para mejorar el acceso a los servicios de salud, conectando a los profesionales y a los pacientes y el proyecto restante corresponde a una plataforma que combina la inteligencia artificial, big data y la bioinformática para mejorar la calidad de vida a través del conocimiento del ADN de cada persona.
Inicialmente, la convocatoria tuvo una inscripción de 112 proyectos de Argentina y 8 de otros países de Latinoamérica. En una segunda etapa, se preseleccionaron cuidadosamente 30 proyectos a partir de los criterios de evaluación determinados, los cuales fueron incubados durante 6 meses recibiendo más de 30 horas de capacitación en negocios de impacto en salud. Por último, se seleccionaron estos 6 emprendimientos finalistas. Entre ellos, un jurado -compuesto por integrantes de Mayma, de Johnson & Johnson y personalidades independientes- reconoció a los 3 destacados, que acceden a un kit de fotografías y video, que les permitirá dar a conocer sus emprendimientos en redes sociales y ante posibles fondos de inversión.
“Durante 18 años, en Mayma nos hemos dedicado a contribuir a la transformación de la economía hacia una consciente, inclusiva y regenerativa, potenciando comunidades emprendedoras. Nuestro objetivo es destacar emprendimientos que son un ejemplo del conocimiento aplicado en beneficio del cuidado de la salud”, afirmó Rose Vervenne, Directora Ejecutiva de la ONG.
Entre los objetivos de la ONG, se destaca apoyar una economía más humana a través de la formación, conexión y visibilización de negocios de impacto en Latinoamérica. En este caso, el programa contó con el apoyo de la Fundación Johnson & Johnson, que otorgó 30 becas para el desarrollo de los proyectos.
El programa de incubación Emprender en Salud estuvo dirigido a negocios de impacto en salud validados, en fase inicial, que priorizan en su modelo de negocio buenas prácticas y una sólida base de conocimiento
La Lic. Dana Cardozo, coordinadora del programa Emprender en Salud, destacó que “los 6 proyectos seleccionados se sumergieron en un programa presencial e intensivo de formación y networking, donde adquirieron herramientas clave sobre modelos de negocios de impacto en salud, estrategias comerciales y análisis económico de los proyectos, entre otros aspectos fundamentales. Todo ello con el propósito de potenciar su valor y favorecer el exitoso desarrollo de cada iniciativa”.
El acto de entrega de las distinciones se llevó a cabo el 5 de marzo en Loci Labs Coworking, un espacio pensado y concebido para impulsar la Innovación en Biotecnología, localizado en el centro de la Ciudad de Buenos Aires. El evento contó con la presencia de integrantes de los 6 grupos de emprendedores finalistas, miembros de Mayma y de Johnson & Johnson, entre otros participantes.
Ciencia 🧬
La luz que enciende el cerebro: tres científicos ganaron el Nobel de Medicina por la optogenética
La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo otorgó este lunes el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 al estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética: una técnica que permite activar o desactivar neuronas individuales en un cerebro vivo mediante pulsos de luz, con aplicaciones prometedoras en el tratamiento de trastornos neurológicos y la recuperación de la visión.
El cerebro humano guardó por siglos sus secretos más profundos detrás de una barrera casi infranqueable: la imposibilidad de intervenir sobre una sola neurona sin alterar el conjunto. Esa barrera se derrumbó gracias a un alga unicelular, una proteína extraordinaria y tres científicos que supieron ver lo que nadie había visto. Este lunes, la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska reconoció ese trabajo con el galardón más importante de la ciencia.
El Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 fue otorgado conjuntamente al neurocientífico y psiquiatra estadounidense Karl Deisseroth, del Instituto Médico Howard Hughes y la Universidad de Stanford (Estados Unidos), y a los biofísicos alemanes Peter Hegemann, de la Universidad Humboldt de Berlín, y Georg Nagel, de la Universidad de Würzburg, por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética. El anuncio fue hecho en Estocolmo este lunes 5 de octubre de 2026.

Del alga al cerebro: cómo nació la optogenética
Todo comenzó con una pregunta aparentemente simple que formuló Peter Hegemann: ¿cómo una criatura microscópica como el alga Chlamydomonas, sin sistema nervioso ni ojos, es capaz de detectar la luz y nadar hacia ella? La respuesta que encontró cambió la neurociencia para siempre.
A principios de la década de 2000, Hegemann y Georg Nagel identificaron la canalrodopsina, una proteína presente en la superficie del alga que funciona como un canal iónico activado por la luz. Cuando el haz de luz azul la ilumina, el canal se abre, los iones cargados fluyen hacia el interior de la célula y generan un impulso eléctrico. Era, en esencia, un interruptor biológico activado por luz. Las investigaciones reconocidas de ambos científicos se realizaron en los Institutos Max Planck de Bioquímica y de Biofísica.
Karl Deisseroth llevó ese hallazgo a un terreno radicalmente nuevo. Introdujo el gen de la canalrodopsina en células nerviosas de ratas, logrando que las neuronas respondieran a la luz de la misma manera que el alga. Por primera vez en la historia, era posible encender o apagar neuronas específicas dentro de un cerebro vivo con una precisión que ningún fármaco ni electrodo había podido alcanzar. La optogenética había nacido.
Una nueva era para la neurociencia
La Academia Nobel calificó a los tres investigadores como los fundadores de «una nueva era en la neurociencia». El presidente del Comité Nobel de Fisiología o Medicina, Per Svenningsson, subrayó que «la optogenética ofrece oportunidades para mapear el cerebro de una manera que antes solo podíamos soñar». El miembro del comité Abdel El Manira precisó que la técnica «se adoptó rápidamente en todo el mundo para mapear conductas complejas como la ansiedad, la sed o la ingesta de alimentos».
Mediante la optogenética, los investigadores de todo el mundo lograron revelar los circuitos neuronales que gobiernan recuerdos, sentimientos y comportamientos específicos, y que están en la base de trastornos neurológicos y psiquiátricos tan extendidos como la enfermedad de Parkinson, la epilepsia, la depresión y las adicciones. La técnica no solo permite observar qué neuronas intervienen en cada proceso, sino también silenciarlas o activarlas, distinguiendo con claridad causa y efecto en el funcionamiento cerebral.
Aplicaciones clínicas: la vista, el Parkinson y más
El reconocimiento también pone en primer plano las aplicaciones médicas concretas que ya están en curso. Un ejemplo señalado por el propio comité Nobel es la retinitis pigmentosa, una enfermedad que destruye progresivamente las células fotorreceptoras de la retina y lleva a la ceguera. Científicos en distintos países están utilizando la optogenética para intentar restaurar la visión en pacientes con discapacidad visual, introduciendo canales iónicos sensibles a la luz en las células restantes de la retina para que puedan captar señales luminosas.
Las perspectivas se extienden también hacia el tratamiento de trastornos del movimiento y las alteraciones de los circuitos neuronales asociados a enfermedades psiquiátricas. Para el neurocientífico español Juan Lerma, consultado por medios europeos, este es «un premio largamente esperado» por la comunidad científica internacional, que lleva años apostando a la optogenética como una de las herramientas más transformadoras de la biomedicina contemporánea.
Quiénes son los premiados
Karl Deisseroth, nacido en 1971, es psiquiatra y neurocientífico. Desarrolla su labor en el Instituto Médico Howard Hughes y en la Universidad de Stanford, donde integra la práctica clínica con la investigación de laboratorio sobre los mecanismos cerebrales de la depresión y otros trastornos psiquiátricos.
Peter Hegemann, nacido en 1954, es biofísico y trabaja en la Universidad Humboldt de Berlín. Su carrera estuvo marcada por el estudio de los mecanismos moleculares de la fotorrecepción en algas y microorganismos, un campo que puede parecer alejado de la medicina pero que demostró ser la puerta de entrada a una revolución científica.
Georg Nagel, nacido en 1953, es biofísico en la Universidad de Würzburg. Junto a Hegemann, fue el responsable de identificar y caracterizar la canalrodopsina, la proteína que se convirtió en la piedra angular de la optogenética. Los tres galardonados compartirán el premio económico de 12 millones de coronas suecas, equivalentes a aproximadamente 1,2 millones de dólares.
Lo que tenés que saber:
- El Premio Nobel de Medicina 2026 fue otorgado al estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel por el desarrollo de la optogenética.
- La optogenética permite activar o desactivar neuronas individuales en un cerebro vivo mediante estímulos de luz, con una precisión sin precedentes en la historia de la neurociencia.
- La técnica nació del estudio de la canalrodopsina, una proteína del alga Chlamydomonas descubierta por Hegemann y Nagel a principios de los 2000.
- Sus aplicaciones incluyen el estudio de trastornos como Parkinson, epilepsia, depresión y adicciones, y ya se explora su uso para restaurar la visión en personas con retinitis pigmentosa.
- El premio económico asciende a 12 millones de coronas suecas (1,2 millones de dólares), que los tres científicos compartirán.
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