Opinión
Volver a 1492, hoy en 2024
El retorno del “Día de la Raza” al Gobierno.
Por Emiliano Primiterra*
«El 12 de octubre de 1492, con la llegada de Cristóbal Colón a América, se abrió una nueva era de progreso y civilización en el mundo nuevo».
Esta cita aparece en un vídeo publicado el día 12 de Octubre en el Instagram oficial de la Casa Rosada (@casarosadaargentina), junto a una poca elocuente descripción de los intentos por colonizar el pensamiento.
No es fortuito que en tiempos en que el PBI se vea reducido en un amplio porcentaje (cerca del 0,70% ) por motivo de la quita de la alícuota a las grandes fortunas y, a su vez, se quite el presupuesto universitario (que representa cerca del 0,14 del PBI) justificando que «no hay plata» , el gobierno nacional mediante su cuenta oficial de la Casa Rosada comunique que el 14 de octubre es , ni más ni menos, que el «Día de la Raza».
Ya Charles C. Mills sostenía que la racializacion fue un proceso que situó a un cierto grupo de sujetos por fuera del amplio espectro de posibilidades políticas. Ese grupo de individuos, fueron – y aún lo son- quienes no cumplían con los requisitos básicos para ser considerados sujetos políticos o personas.
Así, Mills afirmaba que previamente a cualquier contrato social existió un «contrato racial’ que vino a discriminar pertenencia y agencialidad. Habría así quienes podían celebrar pactos políticos (esto es, quienes eran sujetos signatarios del mismo) y quiénes no.
Esta acción contractual (Mills llama a esto «contrato racial'») aún se sostiene en el tiempo y, acorde a los lineamientos del ejecutivo nacional, parece que se reafirman.
El tema no queda, únicamente, circunscrito a un evento de índole moral. No es que el contrato diferencia únicamentesubjetividades sino que además obliga a qué los sujetos signatarios y quienes no lo son se supediten a esferas de acción política distinta.
Así, los sujetos catalogados como «blancos» (aunque no de manera fenotípica, sino éticamente) serán quienes puedan acceder, con el tiempo, a las propiedades (productos y servicios del mercado), a diferencia de quienes no lo son.
Está diferenciación entre «quienes si» y «quienes no» suscribe a una idea económica fundamental: serán únicamente los blancos quienes estén capacitados para hacerse cargo de las tierras a cultivar y trabajar. Serán solo los blancos quienes estén capacitados a maximizar la riqueza del mundo.
Así, podríamos decir, la racialización (que posee uno de sus epicentros en la Conquista de América) no solo es un modo (¿inocente?) de diferenciación subjetiva, sino que representa modos propios en qué es legítimo producir y apropiarse.
En esta línea, David Harvey, o también Rosa Luxemburgo, han trabajado el concepto de «acumulación por disposición». La acumulación por disposición es el mecanismo mediante el cual los sujetos que habitan una tierra se ven desplazados de la misma.
El «robo de la tierra» es el único mecanismo de adjudicación mediante el cual se desplaza al propietario de la misma de su propiedad. La “acumulación por desposesión” esta, en parte, circunscripta a la emergencia del concepto de “raza”: los negros no tienen derecho a sus propiedades, y deben ser privados de ellas, desplazados de sus tierras, para dar lugar a los “blancos”.
Sostener, de nuevo como antes, la existencia de «razas» es no dar cuenta de que las mismas son un constructo socio-histórico por medio del cual se despoja de sus propiedadesa los antiguos habitantes de un territorio con el único fin de robar esas tierras en función de una «razón superior»: la del productor «blanco».
El video publicado no es inocente. El ejecutivo nacional (ya lo sabemos) promulga una serie de conceptos alineados con el imperialismo extractivista.
Hoy la propuesta política es volver al concepto de “raza”, invisibilizando años de lucha por propugnar la igualdad de culturas bajo la égida de la “diversidad”.
Sin embargo ese discurso no quedará únicamente en el ámbito de lo meramente lingüístico. Ese discurso, como tantos otros, se materializará en un accionar político propio, lo que bajo ningún aspecto debiera ocurrir.
Pareciera que La Casa Rosada quiere volver a 1492, volver a la dicotomía, Negro-Blanco, a quienes pueden legítimamente acceder al mercado a diferencia de quienes no. Mientras a Galperin se le quita impuestos y a las universidades presupuesto. Está claro quiénes son “blancos” y quienes son “negros”.
*Doctorando en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Su investigación doctoral se centra en los modos ilegítimos de apropiación liberal en conjunto con las tesis que sostienen la diferencia racial respecto de la conquista en América. Es miembro pleno de la Red Latinoamericana de Filosofía Medieval (RLFM). Investigador de CLACSO y Docente universitario. Ha publicado diversos artículos científico-filosóficos en diversas revistas nacionales e internacionales, como así también capítulos de libros. Su último trabajo publicado tiene por título “Bartolomé de Las Casas en el Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil de Locke: colonialismo y soberanía en el Siglo XVII y su influencia en nuestro presente.” En donde trata diferentes visiones que la razón europea ha tenido sobre el amerindio.
Elecciones
¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia
A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.
El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.
No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.
Una lealtad que se conjuga en presente
Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.
El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.
Un Gobierno que no respeta la democracia
Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.
Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.
Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.
No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.


El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición
El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.
Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.
Las mujeres y disidencias van al centro del poder
Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.
La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.
Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.
Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.
2027: la lealtad es organizarse
Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.
Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.
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