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Análisis

Huracanes, incendios y sequías: ¿cómo se enfrenta el cambio climático en medio del negacionismo libertario?

La necesidad de un enfoque ambiental responsable.

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Por María Paula Amoure

El cambio climático es una de las mayores amenazas globales de este siglo, con impactos visibles en cada rincón del planeta.

En América Latina, esta crisis se manifiesta en la actualidad en eventos extremos como huracanes devastadores, sequías prolongadas e incendios forestales que destruyen ecosistemas esenciales.

Sin embargo, el avance del negacionismo ambiental, impulsado por políticos como Javier Milei y otras figuras de la ultraderecha mundial, representa un grave peligro para la lucha contra este fenómeno.

América Latina: una región en crisis ambiental

En los últimos años, América Latina ha enfrentado una creciente frecuencia de desastres ambientales atribuidos al cambio climático. Entre los eventos más alarmantes destacan:

• Huracanes más intensos: Países del Caribe y Centroamérica han sufrido ciclones con mayor potencia, como los recientes huracanes Eta e Iota, que dejaron miles de desplazados.

• Incendios forestales en el Amazonas: La región amazónica experimenta incendios cada vez más graves, impulsados por prácticas de deforestación y condiciones climáticas más secas. En nuestro país se encuentran activos focos de incendio en Chubut y lago Nahuel Huapi.

• Sequías históricas: En el sur del continente, ríos clave como el Paraná han alcanzado niveles mínimos históricos, afectando la agricultura, la pesca y el acceso al agua.

Estas catástrofes no solo tienen un impacto ambiental, sino que también profundizan las desigualdades sociales, desplazando comunidades vulnerables y afectando economías dependientes de recursos naturales.

El negacionismo ambiental de la ultraderecha

Frente a esta crisis, el avance de posturas negacionistas en la política global y regional es alarmante. Líderes de la ultraderecha, como Donald Trump en Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil y Javier Milei en nuestro país, comparten una narrativa que minimiza o directamente niega la existencia del cambio climático, lo que se traduce en políticas ambientales regresivas:

• Desregulación ambiental: Durante su gobierno, Bolsonaro incentivó la explotación de la Amazonia, facilitando la deforestación y debilitando organismos de protección ambiental.

• Negación del consenso científico: Tanto Trump como Milei han desestimado estudios científicos sobre el cambio climático, calificándolos de “exageraciones” o “manipulaciones”.

• Prioridad al mercado sobre el ambiente: La agenda ultraliberal de Milei busca eliminar regulaciones ambientales bajo la premisa de que el “mercado libre” resolverá los problemas, ignorando las externalidades negativas que afectan al medio ambiente.

Consecuencias de la inacción ambiental

El negacionismo y la desregulación no solo agravan el cambio climático, sino que también colocan a las poblaciones en una posición más vulnerable ante los desastres naturales.

En América Latina, donde muchas economías dependen de sectores como la agricultura y la pesca, el impacto de la crisis climática se amplifica por la falta de políticas públicas efectivas.

Qué fomentan las posturas negacionistas

Las posturas negacionistas, además, legitiman prácticas insostenibles, como la deforestación, la minería a cielo abierto y la explotación de combustibles fósiles.

Esto no solo pone en riesgo la biodiversidad, sino también el derecho de las generaciones futuras a un ambiente sano.

La necesidad de un enfoque ambiental responsable

• Fortalecer acuerdos internacionales: América Latina debe comprometerse con tratados como el Acuerdo de París, impulsando políticas nacionales para reducir las emisiones de carbono.

• Promover la transición energética: Es urgente abandonar los combustibles fósiles y apostar por fuentes renovables como la solar, eólica e hidráulica.

• Proteger los ecosistemas clave: La Amazonia, los Andes y otros biomas cruciales deben ser preservados con legislación estricta y cooperación internacional.

La lucha contra el cambio climático no admite demoras. Nuestra región es una de las más afectadas, y tiene la oportunidad de aplicar políticas responsables que prioricen la vida y el futuro sobre las ganancias inmediatas de unos pocos.

Análisis

El Nobel de Economía para dos neokeynesianos: una ironía para Milei

La Real Academia Sueca de Ciencias distinguió a Robert Hall, de Stanford, y a Michael Woodford, de Columbia, por desarrollar los modelos que hoy usan los bancos centrales para estabilizar el ciclo económico. El galardón consagra al paradigma neokeynesiano como herramienta central de la política económica contemporánea, en las antípodas del credo libertario que profesa el presidente argentino.

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El Argentino Diario-Premio Nobel de Economía.
Mientras Milei destruye el Estado, el Nobel galardona a quienes demuestran que el Estado es la solución, no el problema.

Dos economistas formados en la tradición keynesiana se llevaron este lunes el Premio Nobel de Economía 2026. Robert Hall, de 83 años, y Michael Woodford, de 71, fueron distinguidos por la Real Academia Sueca de Ciencias por construir los marcos teóricos que permitieron a los bancos centrales y los ministerios de finanzas de todo el mundo sincronizar políticas monetarias y fiscales para amortiguar los vaivenes del ciclo productivo. El premio corona décadas de investigación que colocaron al Estado como actor indispensable en la estabilización económica, un principio radicalmente opuesto al dogma que guía la gestión de Javier Milei en la Argentina.

Hall se desempeña en la Universidad de Stanford, en California; Woodford, en la Universidad de Columbia, en Nueva York. El titular del Comité evaluador, John Hassler, subrayó a través de un comunicado que las investigaciones de ambos aportaron «una base teórica estable» para que las autoridades económicas contemporáneas puedan sortear con mayor eficacia turbulencias externas como shocks energéticos o variaciones bruscas en las pautas de consumo hogareño.

Microeconomía al servicio de la macro

El aporte central de Hall y Woodford fue construir el paradigma neokeynesiano desde abajo hacia arriba: en lugar de analizar la economía como un bloque desde una perspectiva panorámica, sus modelos se asientan en decisiones individuales de millones de hogares y empresas. Ese cambio de enfoque generó una reconfiguración de paradigmas que hoy es el estándar de los bancos centrales más influyentes del planeta.

La hipótesis de Hall, presentada en un artículo de 1978, sostuvo que los cambios en el consumo no pueden predecirse porque dependen de información nueva e impredecible. Ese hallazgo resultó fundacional para la investigación moderna sobre el comportamiento del consumidor. Por su parte, el modelo de Woodford permitió responder de forma más eficaz a las perturbaciones que alteran el equilibrio entre oferta y demanda: una escasez de materias primas, un avance tecnológico que abarate la producción, una buena noticia sobre el futuro que impulse el consumo, o la noticia contraria. En todos esos casos, la política de estabilización, ya sea monetaria o fiscal, puede restablecer el equilibrio. La conclusión implícita es que el Estado no es el problema, sino parte de la solución.

El Nobel que Milei no puede ignorar

El galardón llega en un momento de singular elocuencia. Mientras el gobierno de Javier Milei profesa el achicamiento del Estado, el recorte del gasto público y la desregulación como mandatos irrefutables, la academia internacional que evalúa los avances del pensamiento económico eligió premiar precisamente lo opuesto: la demostración científica de que la intervención estatal inteligente, coordinada y basada en evidencia, reduce el sufrimiento de las personas durante las crisis. El premio no es solo un reconocimiento académico; es un mapa de lo que la ciencia económica global considera la frontera del conocimiento.

La tensión no es nueva en la historia del Nobel de Economía. En 2024, el galardón fue para investigadores de la desigualdad; en años anteriores se premió el análisis de las crisis financieras y el mercado laboral. La secuencia consolida una tendencia: la academia sueca premia la complejidad institucional antes que la pureza ideológica del mercado libre.

Una distinción con historia propia

El Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel, su nombre formal, fue instaurado en 1968 por iniciativa del Sveriges Riksbank para conmemorar su tricentenario. No fue creado por Alfred Nobel en su testamento original, a diferencia de los galardones en Física, Química, Medicina, Literatura y Paz. Su primera edición tuvo lugar en 1969, con el reconocimiento a los pioneros Ragnar Frisch y Jan Tinbergen. La dotación monetaria es equiparable al resto de las disciplinas tradicionales del Nobel.

Lo que tenés que saber

  • Robert Hall (Stanford, 83 años) y Michael Woodford (Columbia, 71 años) ganaron el Premio Nobel de Economía 2026.
  • Fueron distinguidos por desarrollar los modelos neokeynesianos que usan hoy los bancos centrales para estabilizar el ciclo económico.
  • La hipótesis de Hall sobre el consumo data de 1978; el modelo de Woodford permite responder a perturbaciones de oferta y demanda con política de estabilización.
  • El premio consagra la intervención estatal coordinada como herramienta científicamente válida, en contradicción directa con la doctrina económica del gobierno de Milei.
  • El galardón fue creado en 1968 por el Sveriges Riksbank; su primera edición fue en 1969.
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