Análisis
Vacaciones y a dejarla toda en una quincena
Por Manu Campi.

Por Manu Campi | @manucampimaier
La idea de descanso es una imperiosa necesidad que crece de menor a mayor durante todo el año. El verano próximo se constituye en un ente pacificador con forma de embudo ni bien asoman los primeros calores primaverales. Trabajo, estudio o el sencillo contagio que proponen aquellos que anticipan sus vacaciones, aumentan la necesidad de quitarse todo de encima, sobre todo el propio dinero. La ropa mínima, los suetercitos de noche, ramblas y peatonales, deportes de ocasión, juegos de mesa, la reposera nueva y los bolsos, todo en los baúles expertos de las posibilidades que ofrece el desahogo de una familia tipo argentina. Ni siquiera los primeros escollos que ponen a prueba las más estrictas voluntades, ponen de rodillas el camino hacia la tierra prometida. La ruta atestada duplica verano a verano el tiempo del viaje. La familia acepta, conoce, sabe. Actividades que no suceden durante el año florecen en el habitáculo ni bien el primer congestionamiento. Canciones de continuidad de las vocales que, ante el primer error, traen consigo las primeras carcajadas familiares del año. Pero no todo es jolgorio. El badén de cuatrocientos kilómetros de largo presenta momentos para la reflexión. Los chicos se duermen dando paso a la conversación y los primeros mates serios entre papá y mamá. Que cómo crecen los nenes, que el cambio de gerente quizás abra un puesto en la empresa, que el aguinaldo vino con bono, que el previaje y sus potencialidades y lo bien que anda el auto en la ruta, terminan en soltar una mano del volante y tocar la pierna de la esposa, la amiga, esa con la que se habló tan poco durante el año. El clima adentro del Renault es holgado. Algún comentario sobre lo acertado que fue hacer el tren delantero rompe el hielo. Las palabras son amables y en voz baja. Con una mirada cómplice el matrimonio se pone al día, recupera el tiempo perdido y en algunos kilómetros reconfirma profundamente todos sus votos. Las rencillas acumuladas se esfuman cuando se cambia la yerba. Un cartel de concreto anuncia la llegada a destino: “Bienvenidos a Mar del Plata”. Los nenes chochos planean un sinfín de actividades que a los hechos no cabrían ni agregándole horas al día. Ahora sí, las vacaciones. Las jornadas se ocupan de acomodar las cosas y ya se va al súper en ojotas y quizás los pibes en patas. La comida al paso con dos horas lógicas de espera por una hamburguesa, se suman al malestar de las rabas del mediodía. Se cenó afuera las primeras noches. El dinero se ajusta. Pero la familia conversa y todavía se ríe. Las canciones del auto trocaron por la revisión de los días de playa. Que el tejo debería ser un deporte, que qué lindo el castillo de arena y qué bien se hizo en comprar la reposera nueva. Bronceado perfecto, cobrizo, la crema humectante y lo linda que queda la ropa con este color de iodo y sal. Los suetercitos se lucen de noche durante los paseos en la peatonal y el helado sabe distinto cuando papá y mamá se dicen cosas pícaras mientras los mocosos corretean adelante. La noche y el asentamiento balneario prometen avivar el fuego de una intimidad dormida. —Están cansados —dice mamá, en voz baja.—Seguro caen fundidos —contesta papá mientras le roza la mano. Hoy toca, debería. La ley del universo de los matrimonios se ofrece para liberar a la bestia de la pasión. Las vacaciones, la palabra amiga en la ruta y algunos días de playa saldaron las cuentas parentales. Pero el helado estuvo de más. Caminar en la arena esquivando a un millar de seres humanos por centímetro cubico que practican el mismo arte del descanso en quince días, funde a los mayores en un letargo del cual solo pueden salir para ir de tanto en tanto al baño o por un vaso de agua. La repetición de los días idénticos –desayuno, playa, hamburguesería, playa de nuevo, tejo, mar, peatonal, rambla, helado – no solo aturden el presente, sino que también la poca esperanza de descanso para el día siguiente. El sexo entonces se torna esquivo. La plata se escapa con los días. La tarjeta de crédito vence por su propio peso el pequeño bolsillo de la malla floreada de papá. Ahora él y mamá cambian la baraja española debajo de la sombrilla por un anotador donde organizan los días que faltan. Comer afuera y los licuados de playa son los primeros que se tachan de la lista. El supermercado anuncia que también el otro millar de almas corre con la misma suerte. La fila de la línea de cajas termina pasando los artículos de limpieza. Dos horas de súper por una veintena de artículos básicos. Los nenes se fastidian. Los primeros reclamos aparecen junto a las amenazas del primer sopapo. Las vacaciones se estrechan. El funcionamiento familiar se espesa. Lejos de casa, con poco dinero y comiendo mal, los ánimos ya no resisten análisis. Ir a la playa se convierte así en una tortura que solo aplaca cuando la culpa la tiene la gorda de la sombrilla de al lado, que siempre va con un perro, o el grupo de jóvenes que pone cumbia y chupan que da calambre y desconcentran a mamá y a papá cuando quieren hacer números en su anotadorcito. El ‘tres ambientes’ a pulmón, a dos cuadras del centro, y cinco de la playa, retumba con los pendejos del 6to que ponen música hasta la madrugada. El descanso se convirtió en el algo esquivo o en una cuestión reservada para los más jóvenes. De repente, la culpa la tiene una Mar del Plata que ya no es la misma que cuando venían de solteros. Eran otros tiempos. Durante los últimos dos días papá no pudo pegar un ojo. Mamá calma a los chicos como si el único que tuviese derecho a descansar fuese el tipo que eligió como esposo. Ella y los nenes son lo único que lo separan de la libertad. La quincena se extingue. El ultimo racimo de esperanza que colgaba de la parra marplatense desaparece con la lluvia de la última jornada. No hay más plata. Las hamburgueserías están solo para un recambio ávido de hipotecarse por una doble con cheddar. El aire está espeso. Se habla lo justo. Guardaste esto, no te olvides de aquello. La piel seca, pica debajo de la ropa. La crema adentro de alguno de los bolsos o arriba del recibidor del departamento es ahora un imposible. La vuelta es algo especial. No se conversa, se espera a que el tiempo haga lo suyo y los devuelva al punto de partida. La congestión de la ruta es una hilera silenciosa de desahuciados en donde no hay santo que valga. La radio no sintoniza ninguna estación decente y los datos móviles no alcanzan para una playlist. El alivio está de vuelta a unos cientos de kilómetros. El camino tampoco descansa. No hay mate. Los nenes miran en silencio por la ventana. El tren delantero jode otra vez. Quizás no había que haber entrado en gastos, piensa la reposera.
Análisis
Encuesta nacional: qué políticos lideran el ranking de imagen negativa
El estudio de la Universidad de San Andrés midió a 26 figuras, detectó un saldo negativo en todos los casos y registró un fuerte malestar por la situación del país, el empleo y los salarios.
Ninguno de los 26 dirigentes políticos evaluados por la Universidad de San Andrés logró una imagen positiva superior a la negativa y solo dos superaron el 30% de valoración favorable. Patricia Bullrich encabezó el ranking con 34%, seguida por Javier Milei con 33%.
El dato surge de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP), que relevó 1.004 casos a nivel nacional entre el 3 y el 9 de septiembre. La medición también expuso un deterioro en la evaluación del Gobierno y un marcado pesimismo sobre la situación económica.
Bullrich encabeza, pero el saldo sigue en rojo
Bullrich registró 34% de imagen positiva y 56% negativa, con un diferencial de 22 puntos en contra. Milei quedó segundo, con 33% favorable y 61% desfavorable, mientras que Axel Kicillof completó el podio con 29% de valoración positiva y 61% negativa.
Cristina Kirchner obtuvo 29% de imagen positiva y 64% negativa. Myriam Bregman alcanzó el mismo nivel favorable, aunque con 48% de rechazo.
El primer lugar no representa una aprobación mayoritaria, sino la posición relativamente menos desfavorable dentro de una tabla en la que todos los dirigentes terminaron con saldo negativo.
El resto del ranking y los peores diferenciales
Victoria Villarruel y Jorge Macri registraron 28% de valoración positiva cada uno. Más atrás quedaron Mauricio Macri, con 26%; Juan Grabois y Sergio Massa, con 23% cada uno; y Martín Menem, con 20%.
Los diferenciales más adversos correspondieron a Máximo Kirchner y Lilia Lemoine. El diputado obtuvo 17% de imagen positiva y 71% negativa, un saldo de 54 puntos en contra. La diputada registró 10% favorable y 62% desfavorable, con una diferencia negativa de 52 puntos.
El Gobierno también quedó debajo del rechazo
La evaluación de la gestión nacional acompañó el clima negativo del ranking dirigencial. El 35% de las personas consultadas aprobó el Gobierno de Milei, mientras que el 61% lo desaprobó.
La insatisfacción con la marcha general del país alcanzó al 69% de los encuestados, frente a un 29% que expresó satisfacción. La falta de trabajo apareció como el principal problema, con 39%, seguida por los bajos salarios, con 36%, y por la corrupción y la pobreza, con 29% cada una.
La economía concentra el pesimismo
El 55% consideró que la situación del país empeoró respecto del año anterior. Además, el 43% sostuvo que la situación empeorará en el futuro, un indicador que refuerza la distancia entre el discurso de recuperación oficial y la percepción cotidiana de buena parte de la sociedad.
La nueva medición se suma a una serie de encuestas que muestran un desgaste extendido de la dirigencia. La falta de una figura con imagen neta positiva no se limita a un espacio político: alcanza al oficialismo, al peronismo y a las fuerzas opositoras, con distintos niveles de rechazo y conocimiento público.
Lo que tenés que saber:
- La ESPOP midió a 26 dirigentes políticos sobre 1.004 casos nacionales.
- Todos registraron más imagen negativa que positiva.
- Patricia Bullrich encabezó con 34% de imagen positiva y Javier Milei quedó segundo con 33%.
- Máximo Kirchner y Lilia Lemoine tuvieron los diferenciales más negativos.
- El Gobierno obtuvo 35% de aprobación y 61% de desaprobación.
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