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Análisis

¿Tanto sufrimiento para esto?

En términos del propio libreto liberal, los resultados que se intentan reivindicar son muy pero muy flojos. Mientras la sociedad sufre, la economía se desangra, el programa cada día se muestra más insostenible.

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Martín Epstein*

Por cuarto mes consecutivo el INDEC confirmó que la inflación en nuestro país se estancó. El dato del índice de precios de agosto del 4,2% pone de relieve que el gran mantra liberal que se repite y se machaca es cada día es menos efectivo. La inflación evidentemente no es un fenómeno que en todo tiempo y lugar se explica por la emisión monetaria. Peor aun, tampoco el equilibrio fiscal permite romper una dinámica que lejos de mejorar, parece haber hecho piso y comenzar a rebotar.

El nivel inflacionario actual es idéntico al que se le criticó a Macri y a gran parte del gobierno de Alberto Fernández. Con la salvedad de los meses marcados por la sequía de 2023, en los últimos 8 años, la inflación se ubica en un promedio mensual cercadlo al 4%. En el medio, hubo apertura del cepo, formación de activos externos, mega endeudamiento privado y luego con organismos internacionales, restricción y caída por la pandemia, recuperación y sequía. Menor y mayor emisión, pero no un programa de ajuste con la brutalidad del iniciado por Milei.

En estos 9 meses que se acaban de cumplir, devaluación y desregulaciones mediante se produjo una estampida de precios, tanto los regulados como los de mercado, contra salarios públicos, privados y precarios además de jubilaciones y pensiones que pierden desde el inicios y todos los meses contra la inflación. Licuadora y motosierra decía es libertario serían la solución para exterminar la inflación, y por eso el principal aporta al ajuste fueron las jubilaciones con un 30%. Eso quiere decir que de cada 100 pesos de recorte, 30 los aportaron los jubilados.

Y en un mismo día, mientras la compra de voluntades a cielo abierto garantizaba un veto presidencial que voltea una ley con amplio consenso en el Congreso para mejorar unos pesos el ingreso de adultos mayores, la inflación lejos de bajar sube, y el poder de compra se licúa un poco más. El argumento que plantearon los oficialismos, tanto los que gobiernan como quienes se lanzan a aportar votos cada vez que desde la Casa Rosada se los reclame, es meramente fiscal. Sugieren que el aumento del gasto que provocaría la medida haría insostenible el programa del gobierno, que el déficit no se negocia.

Lo que pone de relieve en realidad es algo que venimos planteando desde hace tiempo. Las cuentas no cierran con la gente adentro. Este contrapunto deja algunas lineas para reflexionar.

  1. Por un lado, la casta ya sabemos eran los jubilados, y cualquier mejora en sus ingresos ‘rompe el equilibrio’.
  2. Si el gobierno no hubiera licuado los ingresos de los adultos mayores no podría golpearse el pecho con un superávit forzado.
  3. Se quemaron los libros del monetarismo ortodoxo, porque con una brusca reducción de la emisión para financiar el déficit, la inflación ha tocado un punto difícil de quebrar hacia adelante.

En términos del propio libreto liberal, los resultados que se intentan reivindicar son muy pero muy flojos. Mientras la sociedad sufre, la economía se desangra, el programa cada día se muestra más insostenible.

*Politólogo y Analista Económico del Centro de Economía Política Argentina (CEPA)

Análisis

El drama de Granja Tres Arroyos: 500 familias sin trabajo y sin cobrar

La empresa avícola cerró su planta en la localidad bonaerense, adeuda sueldos y aguinaldos y pidió un concurso preventivo de acreedores. «Somos un pueblo al que le cayó una bomba», describieron los trabajadores despedidos, que reclaman respuestas que la patronal nunca dio.

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Más de 500 trabajadores y trabajadoras de Capitán Sarmiento perdieron su empleo en las últimas semanas tras el cierre de la planta avícola de Granja Tres Arroyos en esa localidad del norte bonaerense. La empresa acumula deudas salariales que incluyen meses de sueldo sin pagar y aguinaldos pendientes, y recurrió a la Justicia para pedir la apertura de un concurso preventivo de acreedores, el mecanismo legal que antecede a la quiebra y que deja a los trabajadores en una situación de extrema incertidumbre sobre el cobro de sus acreencias.

El impacto de los despidos no se limitó a Capitán Sarmiento. Según describió Andrea Ulere, ex empleada de la empresa, la crisis se extendió a municipios vecinos: alrededor de 100 despidos adicionales se registraron en Arrecifes y otros 100 en San Antonio de Areco, lo que convierte a esta debacle laboral en un golpe colectivo sobre toda la región del norte del conurbano extendido.

«Una bomba en el medio del pueblo»

Ulere describió la situación con una imagen que sintetiza el derrumbe social que vive la localidad. «Somos un pueblo que tiene la sensación hoy de caminar por la calle, que nos ha caído una bomba en el medio y andamos juntando los pedazos de la gente», señaló. «No se puede describir con palabras el dolor que tenemos», agregó.

La ex trabajadora reveló además un detalle que ilustra la dimensión humana de la crisis: «Acá venía el cartero del pueblo con el despido en mano llorando». La imagen del telegrama de despido entregado entre lágrimas en una localidad pequeña habla de un tejido comunitario que la empresa desgarró sin dar explicaciones.

Ulere fue cuidadosa al momento de atribuir responsabilidades, pero contundente: «Más allá del nivel nacional, que todos sabemos que económicamente estamos todos mal, acá hubo una mala gestión de los hijos y sobrinos de Joaquín de Grazia, que hicieron un mal negocio. Los despidos decían que eran por la gripe aviar, el Covid-19, y nosotros en esa época es cuando se trabajó más que nunca».

Veinte años de trabajo, deudas y silencio patronal

Los testimonios de los trabajadores que aún no recibieron su telegrama pero temen recibirlo en cualquier momento son igualmente demoledores. Oscar, con 20 años de antigüedad en la planta, graficó el costo que la prolongada agonía de la empresa tuvo sobre su salud y su dignidad: «La situación me tiene mal. Nos afecta la salud mental. Ya hace un año y medio que vivimos esto. Yo vivo con mis padres. No es lo justo que yo tenga que vivir de ellos».

Nadie de la empresa viene a dar la cara y dar explicaciones, denunció Oscar. «Así nos tuvieron un año y medio. Nos quitaron parte de nuestro salario, nos deben el pago de meses, nos deben vacaciones», enumeró.

Otro trabajador con más de 18 años de antigüedad contó que el deterioro fue progresivo y que los empleados cedieron ante cada exigencia patronal con la esperanza de conservar el puesto: «El conflicto comenzó con un pedido de esfuerzo a los trabajadores y una reducción salarial del 9%. Luego, los pagos comenzaron a realizarse en cuotas. Con tal de seguir trabajando lo aceptamos. Hace tres meses nos pagaban 100 mil por semana«, relató. «Nosotros hemos aportado mucho a la empresa, pero para ellos somos un número más», cuestionó.

Un tercer operario con 16 años en la empresa resumió la angustia cotidiana de quienes todavía no fueron desvinculados pero tampoco cobran: «Todos tenemos chicos, cuentas que pagar, se me vence el alquiler, no tengo plata para alquilar en otro lado. Los servicios los pago como puedo. Si hacés una changa te peleás por los precios. Tuvimos que hacer muchos recortes en salidas y alimentos. Antes alcanzaba la plata. Ahora no alcanza para nada. Tenemos un trabajo fijo pero no cobramos».

La intendenta y el pedido de los trabajadores

Durante las protestas frente a la planta y en la plaza de Capitán Sarmiento, la intendenta local Fernanda Astorino Hurtado se hizo presente para interiorizarse sobre la situación. Habló de un «mal manejo empresarial», lo que coincide con el diagnóstico de los propios trabajadores, aunque para estos últimos la presencia política no alcanza si no se traduce en acciones concretas.

Ulere fue directa al respecto: «Todo sirve, nosotros estamos desorientados y lo que queremos es que esto no se apague, que ella luche por nosotros para que no se apague. Porque donde dejen de hablar de nosotros, todo va a terminar en la nada. A los políticos para que se muevan, porque ¿quién nos va a salvar a nosotros?».

La pregunta resuena con fuerza en un contexto nacional en el que el gobierno de Javier Milei ha reducido el gasto en programas sociales en más de un 60% y donde la desregulación del mercado laboral, impulsada por la misma gestión, dejó a miles de trabajadores sin las redes de contención que el Estado podía ofrecer. El drama de Capitán Sarmiento no es una excepción: es el retrato de lo que ocurre cuando una empresa quiebra y el Estado se hace a un lado.

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