Conectate con El Argentino

Análisis

A 41 años del 2 de abril: Malvinas es mucho más que Malvinas

El testimonio de un veterano.

Publicado hace

#

El-Argentino-Islas-Malvinas

Por Miguel Ángel Trinidad*

En ocasión del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, junto con la honra y el respeto por la entrega de las vidas de nuestros caídos en defensa de la soberanía nacional, es importante también recordar que no asistimos a unas efemérides congeladas en el tiempo y cuyas consecuencias han sido superadas. Más bien todo lo contrario.

La Cuestión Malvinas –como ámbito de responsabilidad del Estado nacional en los frentes de la política exterior, la Defensa nacional, y la educación en todos sus niveles- y la Causa Malvinas –esta que abreva y se nutre de la ciudadanía, de la memoria y la historia que la escriben los pueblos- están más vigentes que nunca, y no solo por valores que hacen a nuestra identidad argentin, sino también porque las secuelas o consecuencias de la consumación de la invasión del 14 de junio de 1982 están más a la vista hoy que hace cuatro décadas.

La discusión sobre los objetivos de la dictadura cívico militar que realizo la recuperación temporal de nuestras islas, ya ha sido superada no solo por la sabiduría de la población que siempre distinguió entre la legitimidad de nuestros derechos y la ilegitimidad de gobierno de facto, sino por el imperio de la realidad que tenemos en nuestro Atlántico Sur.

La presencia militar y aero naval descomunal –con serios visos de sospecha de presencia de componentes nucleares- de un país extra regional en nuestros espacios marítimos e insulares y que se yergue como una amenaza a nuestro territorio continental, como así también a la región sudamericana, en un área declarada por las Naciones Unidas como Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur, en la Resolución 41/11 de la Asamblea General de las NN.UU., en 1986, y ratificada con posterioridad por el principal organismo multilateral del mundo, es la prueba más irrefutable de que la paz está amenazada.

Del igual manera desde 1982 a la fecha, el principal organismo hemisférico, la Organización de Estados Americanos (OEA), aprueba en cada Asamblea General una Resolución sobre la Cuestión Malvinas donde se llama a ambos países a establecer un diálogo, negociación y solución pacifica sobre la disputa entre ambos países.

Por su parte la Argentina no representa ninguna amenaza militar a la potencia ocupante de los espacios insulares y marítimos referidos. De hecho tenemos –en relación al PBI, espacio geográfico y densidad poblacional- el presupuesto más bajo de Defensa del hemisferio. La paz no es al Estado argentino algo declarativo: es una conducta sostenida.

El permanente reclamo de llamado al dialogo a la potencia ocupante, no solo realizada por la Argentina, sino respaldada por todas las instancias que conforman el andamiaje de la comunidad internacional, mundial, hemisférica y regional, es sostenida por la vocación de paz de nuestra nación. Sin embargo, vemos que los archipiélagos y zona de influencia (el puente geopolítico de entrada a la Antártida y al paso interoceánico), muestran una descomunal presencia militar extra regional a contrapelo de los llamados al diálogo, negociación y solución ya referidos.

A los argentinos que siguen increíblemente esgrimiendo argumentaciones tales como que las islas son solo dos rocas, o que no necesitamos territorio o que podríamos haberlas canjeado por las vacunas en la pandemia, les decimos que porque son dos rocas es que la potencia ocupante tiene uno de los mayores despliegues militares fuera de su territorio; porque son dos rocas, depredan la riqueza ictícola del Atlántico Sur, conceden licencias ilegales de prospección petrolera, y sin pausa ni dudas, van fortaleciendo desde la Islas Malvinas, su presencia en la Antártida donde además se superpones zonas donde ambos países tenemos bases.

La Cuestión Malvinas en cuatro décadas fue domesticada en beneficio de la potencia ocupante, salvo algunos periodos donde la política exterior ha sido consecuente con lo estipulado en la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional donde se ratifica “su legitima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser integrante del territorio nacional”.

La reciente declaración del canciller argentino sobre el fin de vigencia de la Declaración conjunta conocida como “Acuerdo Foradori Ducan”, que no tenía categoría de tal, pero cuya implementación practica era solo beneficiosa para el país invasor, llego algo tarde, pero llego, eso es lo importante.

El lema acuñado el año pasado por el Poder Ejecutivo: “Malvinas nos une”, define con claridad y contundencia los deseos de la ciudadanía argentina. Asimismo, estaría pendiente dejar sin efecto o denunciar otros Acuerdos y memorándums de Entendimiento asumidos con el país con quien tenemos la disputa de soberanía.Pero la Causa Malvinas jamás fue domada. Abundan las pruebas de ello.

Después de más de cuatro décadas de la finalización de la Campaña de Malvinas, nuestros niños y jóvenes siguen honrando la memoria de los caídos en 1982, siguen oyéndose en los canticos futboleros –el último mundial fue testigo de ello- referencias al país que usurpan nuestros archipiélagos. En cada rincón del territorio continental argentino se hallan plazas, calles y monumentos alusivos a los caídos y a la Causa Malvinas.

Allí donde el Estado -por falta de coherencia en los objetivos nacionales a través de algunos gobiernos de turno- no dice presente, lo hace la ciudadanía sea con expresiones artísticas, deportivas, o sencillamente recordando que Malvinas es más que Malvinas, pues desde la Cuestión y Causa Malvinas se abre el espacio a consolidar de la Argentina bi continental, allí está la fuente de alimentación que otorga la riqueza pesquera, los yacimientos petrolíferos de la plataforma continental, y el continente del futuro a proteger de la depredación y la guerra: la Antártida.

Ojala que la alternancia política que produce el cambio de gobernantes mantenga uniformidad como política de Estado a la recuperación pacifica de nuestras islas, y consolide una agenda nacional acorde a los intereses de la patria, que están por encima de las diferencias político – partidarias.

Es hora de que la Cuestión Malvinas sea asumida desde las fuentes de donde abrevan: si la Patria nació en 1810, su gestación se inicio con la resistencia y expulsión de los invasores a Buenos Aires en 1806 y 1807 en la que criollos, pueblos originarios, afro descendientes, y algunos extranjeros protagonizaron esa página épica de nuestra historia previa a la independencia y conformación de Estado Nación de la actual Republica Argentina. Malvinas no es historia.

Malvinas es presente de manera multidimensional: como factor identitario, como ámbito donde convergen las voluntades superando diferencias, como espacio de honra por quienes ofrendaron su vida, como escenario de desafíos científicos, investigación, fortalecimiento de una política exterior coherente y efectiva donde se concreten alianzas regionales, también como nuevo paradigma de la vocación de nuestros futuros hombres y mujeres soldados, suboficiales y oficiales donde las fuerzas armadas llamadas por la historia y por las leyes vigentes a ser defensores de la Soberanía Nacional, sean equipadas y modernizadas conforme a los desafíos que tiene nuestra Nación en varios ámbitos.

En suma, una política de Defensa y de Política exterior por y para la paz, pero con la firmeza y coherencia que nos otorga el Derecho Internacional y el concierto de la comunidad internacional que desea la paz con justicia.

*Veterano de Guerra. Perteneció al Regimiento de Infantería Mec. 3 Gral. Belgrano. Estuvo desplegado al sur de Puerto Argentino desde el 11 de abril al 17 de junio de 1982. Co fundador del primer Centro de Ex Soldados Combatientes en Malvinas de Capital Federal en 1982. Desde hace 30 años se desempeña como Funcionario Público Internacional en organismos multilaterales. Es miembro del Espacio de Reflexión La Malvinidad.

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

Publicado hace

#

El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

Seguir leyendo
El Argentino

El Argentino
El Argentino

Las más leídas

Descubre más desde El Argentino Diario

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo