DDHH
Estela De Carlotto criticó duramente al gobierno de Milei: “Con este presidente es imposible dialogar”
La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo denunció que el gobierno no respeta a los ciudadanos y los humilla.
En la previa a su discurso en la Plaza de Mayo, Estela De Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, expresó su frustración con la falta de diálogo con el presidente Javier Milei. “Con todos los presidentes hemos hablado para combinar las necesidades, la relación. Con este es imposible. Estamos muy mal”, sostuvo, marcando una clara distancia con la administración actual en un momento de fuerte movilización popular.
Una movilización que marca la diferencia
El 24 de marzo volvió a ser un día de fuerte conmemoración en Argentina, con marchas que recorrieron no solo Buenos Aires, sino también otras ciudades del país. En la Plaza de Mayo, De Carlotto destacó la significativa presencia de personas “protestando, luchando y con el espíritu que los argentinos tenemos”. En sus palabras, “la plaza está llena de gente”, lo que reafirma la importancia del 24M como un día clave en la historia y lucha por los derechos humanos.
En relación a la situación política del país, De Carlotto insistió en que este no es un “año más” en la lucha por la memoria, sino un periodo crítico para la nación. “No sé si con esto conseguiremos desprendernos de la situación gubernamental que tenemos, no para echar a un presidente, sino para que el presidente haga y diga lo que le corresponde hacer”, dijo, refiriéndose a la crítica situación del país bajo la presidencia de Milei.
Críticas a la gestión de Milei
La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo también fue tajante en su crítica al trabajo de Milei. “Creo que (Milei) está haciendo un mal trabajo en ese sentido. La lucha la vamos a hacer en paz. Hay una basureada al país de una manera muy triste y congestionada, las organizaciones que deberían detenerlo -diputados, senadores- no lo hacen”, afirmó, en clara alusión a la falta de acción de las fuerzas políticas ante lo que considera un mal manejo del gobierno.
En cuanto a la reciente controversia sobre un video publicado por el Gobierno, De Carlotto aseguró que no lo había visto, pero expresó que “lo quisiera ver”. Además, agregó: “Los que hacen esto son mentirosos, malas personas y habría que juzgarlos. Creo que están cometiendo un delito muy severo para la sociedad que no entiende. Tenemos que seguir en lo que podamos. Somos respetuosos, pero también esperamos que nos respeten”.
Un gobierno que no respeta
Para De Carlotto, la administración de Javier Milei no solo no escucha, sino que además humilla y ofende a la ciudadanía. “El gobierno no nos respeta, nos humilla, nos ofende, pero lo votaron, pero en esa situación hace irme y ver que cuando una persona, en vez de cuidar al país, lo está entregando”, afirmó. La líder de Abuelas también mostró su preocupación por la violencia social, resaltando la grave situación que atraviesa el país con “represión, vandalismo, hay niños con revólveres matando gente”.
Posibilidad de diálogo
A pesar de sus duras críticas, De Carlotto no descartó la posibilidad de sentarse a dialogar con el presidente Milei. “Con todos los presidentes hemos hablado para combinar las necesidades, la relación. Con este es imposible. Estamos muy mal”, reiteró, demostrando que, aunque la postura del Gobierno es de cerrarse al diálogo, su organización sigue dispuesta a intentarlo si las condiciones se presentan.
CABA
Menos psicopedagogos, más policías: la escuela porteña deja de ser un lugar de cuidado
El protocolo porteño habilita el ingreso de la Policía de la Ciudad a las escuelas a pedido de los directivos, por orden judicial o por fuerza mayor. Ninguna ley lo impedía, pero la comunidad educativa lo defendió como una conquista democrática.
La Policía de la Ciudad tiene, desde este lunes, una puerta formal para entrar a las escuelas porteñas. El nuevo protocolo del gobierno de Jorge Macri convierte en norma escrita lo que durante décadas la comunidad educativa resistió: la presencia de uniformados dentro de las aulas como respuesta a los conflictos escolares. La intervención policial podrá darse a pedido del propio colegio a través del 911, por orden judicial o por razones de fuerza mayor ante un riesgo inminente.
La habilitación forma parte de la Resolución Conjunta N.º 1/MEDGC/26, publicada en el Boletín Oficial porteño con la firma de los ministerios de Educación, Justicia y Seguridad de la Ciudad y del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. La norma adapta las escuelas al nuevo Régimen Penal Juvenil (Ley 27.801), vigente desde el 5 de septiembre, e impone a los directivos el deber de denunciar ante la Justicia a estudiantes desde los 14 años por hechos que pudieran constituir delitos, incluso fuera del establecimiento. El documento trascendió el fin de semana, cuando Federico Puy, secretario general adjunto de Ademys, lo difundió en su cuenta de X.
Un límite sin ley, pero con memoria
La frontera entre la escuela y la policía nunca estuvo escrita en una ley para los niveles obligatorios. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) lo explicó en sus recomendaciones sobre policías en las escuelas: a diferencia de lo que ocurre con las universidades públicas, no existen normas en la Ciudad ni en la provincia de Buenos Aires que impidan a la policía ingresar a un establecimiento escolar, aunque sí hubo proyectos de ley que nunca fueron tratados. La única prohibición expresa es el artículo 31 de la Ley de Educación Superior, que veda el ingreso de la fuerza pública a las universidades nacionales sin orden judicial o pedido de sus autoridades.
Lo que sostuvo ese límite fue otra cosa: la Convención sobre los Derechos del Niño, la Ley 26.061 de Protección Integral y un consenso político y pedagógico construido desde 1983. La escuela democrática se pensó como un espacio de cuidado, justamente porque la dictadura la había convertido en territorio de vigilancia. El régimen militar difundió en 1977 el folleto “Subversión en el ámbito educativo (conozcamos a nuestro enemigo)”, que ordenaba a docentes y directivos detectar al “enemigo” entre sus alumnos; y en septiembre de 1976, en La Plata, un grupo de estudiantes secundarios que habían reclamado por el boleto estudiantil fue secuestrado en lo que se conoce como la Noche de los Lápices.
La escalada porteña
El protocolo actual no nació de la nada. El 28 de marzo de 2018, durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, el Ministerio de Seguridad porteño aprobó mediante la Resolución 86/2018 un “Protocolo de Ingreso a los Establecimientos Educativos de la Ciudad de Buenos Aires”, que nunca se publicó en el Boletín Oficial.
Según el texto filtrado por UTE, su primer artículo establecía que “el personal policial podrá ingresar a los edificios o inmuebles escolares cuando sea requerida su presencia por alguno de los miembros del equipo de conducción del establecimiento”.
Llegó apenas 40 días después del protocolo antitomas impulsado por la entonces ministra de Educación, Soledad Acuña, y el entonces secretario de Seguridad, Marcelo D’Alessandro, se negó a hacer público su anexo con el argumento de que solo servía a los efectos “de la comunicación interna” de la fuerza.
Ese mismo año, Ademys denunció que, el día previo al tratamiento del aborto legal en Diputados, la policía entró a una escuela secundaria tomada para desalojar a los estudiantes. En 2022, frente a nuevas intervenciones, el secretario adjunto de UTE, Eduardo López, lo resumió en una frase: “La escuela no es un lugar para la Policía”.
El paso siguiente llegó en abril de este año. Tras la ola de amenazas de tiroteos que se multiplicó en todo el país después del ataque en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, el 30 de marzo, el gobierno porteño activó un protocolo que dispuso que, ante una denuncia realizada por la escuela o por un tercero, el equipo directivo deberá permitir el ingreso de la Policía al establecimiento. La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, lo justificó así: “La respuesta tiene que ser, al mismo tiempo, seguridad y formación. Protocolo y acompañamiento. Consecuencia y reparación”. Estudiantes, familias y docentes respondieron entonces con una consigna que hoy vuelve a circular: “No a la policía en las escuelas”.
Qué cambia ahora
La diferencia con los antecedentes es de escala y de lógica. El ingreso policial ya no aparece como una excepción ante un arma o una amenaza puntual, sino como una pieza dentro de un circuito que empieza con la obligación de denunciar a adolescentes de 14 años.
El nuevo texto exige que los efectivos se identifiquen, actúen “respetando los derechos” de niñas, niños y adolescentes y procuren “cesar el riesgo”; también prohíbe a las escuelas interrogar a los alumnos.
Las salvaguardas contrastan con los estándares que organismos de derechos humanos promovieron durante años. El CELS recomendó atender a la policía en la puerta mientras se evalúa la situación, sobre todo si los efectivos están armados y hay chicos en el edificio.
Y recordó una pauta de la guía elaborada por la provincia de Buenos Aires junto a UNICEF: no deben brindarse nombres de estudiantes a ninguna autoridad policial sin un oficio judicial, y la policía no puede tomar contacto con ningún menor de edad, aun cuando se presuma que tiene un arma, hasta que llegue un familiar o adulto responsable.
“Una antesala de las cárceles”
Puy advirtió que el protocolo “obliga a las directoras a denunciar a estudiantes que ‘podrían estar cometiendo un delito’”, sostuvo que “constituye una clara persecución a los jóvenes” y alertó que busca convertir a las escuelas en una “antesala de las cárceles”. UTE, por su parte, rechazó “que las escuelas se conviertan en puertas de entrada al sistema penal” y advirtió “sobre el riesgo de estigmatización y criminalización de niñas, niños y adolescentes”; el gremio reclamó equipos especializados, formación y recursos para abordar los conflictos sin judicializarlos.
Ninguna ley impedía que un patrullero estacionara frente a una escuela y sus agentes cruzaran el portón; lo impedía una idea de la democracia sobre qué lugar ocupan los chicos en la sociedad. Con este protocolo, el gobierno porteño elige reemplazar gabinetes, psicopedagogos y equipos de orientación por el 911, y deja la resolución de los conflictos adolescentes en manos de quienes están entrenados para otra cosa.
Lo que tenés que saber del Protocolo
- La Resolución Conjunta N.º 1/MEDGC/26 habilita el ingreso policial a las escuelas porteñas a pedido del colegio, por orden judicial o por fuerza mayor.
- No existe una ley que prohíba el ingreso policial a escuelas; la única prohibición expresa rige para las universidades nacionales, por el artículo 31 de la Ley de Educación Superior.
- En 2018, la Resolución 86/2018 del Ministerio de Seguridad porteño aprobó un protocolo de ingreso a escuelas que nunca se publicó en el Boletín Oficial.
- En abril de 2026, tras las amenazas de tiroteos, la Ciudad ya había dispuesto que los directivos permitieran el ingreso policial ante una denuncia.
- Ademys y UTE rechazaron el nuevo protocolo por criminalizar a las adolescencias.
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