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Frutas y verduras: el refugio inesperado frente a la inflación
El abaratamiento no se refleja en productos industriales: la inflación sigue golpeando en góndolas.
Mientras la inflación arrastra el poder adquisitivo y convierte la compra de alimentos en un ejercicio de supervivencia diaria, el horticultor y especialista en mercados agroalimentarios Mariano Winograd sorprendió al asegurar que los precios de frutas y verduras bajaron un 40% en el último año, en medio de un contexto donde la inflación interanual roza el 40%.
“En este último año, en donde la inflación probablemente haya sido del 40%, las frutas y hortalizas bajaron en un 40%”, afirmó en declaraciones a Rivadavia AM 630, y descartó que estos productos hayan empujado la suba generalizada de precios. Según su análisis, lejos de ser parte del problema, la verdura y la fruta son hoy uno de los alimentos más accesibles para los consumidores.
Precios sensibles, ingresos en picada
El especialista explicó que la formación de precios en el sector no está atada a contratos ni estructuras fijas, sino que se define a diario según la lógica de la oferta y la demanda. “La oferta está caracterizada por la capacidad que tienen los productores, el entusiasmo, el conocimiento de ofrecer productos al mercado, a lo cual se agrega la oferta importada”, señaló. La demanda, en cambio, se modifica según variables estacionales, culturales y económicas: desde el clima hasta el humor social.
Pese a la caída en los precios, Winograd negó que el consumo haya disminuido. Lo que se contrajo es la rentabilidad del sector. “Si los precios bajaron un 40%, el sector ha reducido en un 40% su ingreso, y eso se manifiesta inmediatamente en el mercado mayorista y muy rápidamente al público”, explicó.
“Un alfajor cuesta lo mismo que 5 kilos de verdura”
Winograd graficó la distorsión con ejemplos que apelan al sentido común. “Con 20.000 pesos se lleva un montón de mercadería. Un caramelo vale prácticamente 1.000 pesos y 1 kg de mercadería vale lo mismo. Un alfajor vale 4.000 y por 4.000 uno se lleva 5 kg de mercadería. El precio es ridículo”, enfatizó.
Entre los productos más accesibles, destacó la papa, la zanahoria, el zapallo, la cebolla y los cítricos, y sostuvo que la verdulería se convirtió en el último bastión del consumo accesible: “Cualquiera que hoy quiera comer sano y barato puede hacerlo. Solo hay que mirar bien la verdulería”.
Un fenómeno que no se traslada al consumo industrial
Pese a los bajos precios, la caída no benefició a toda la cadena alimentaria. Como la mayoría de los productos frescos se comercializan en bruto y sin procesar, el abaratamiento no se traslada a los productos manufacturados que sí subieron por encima del promedio: jugos, ensaladas listas, sopas o conservas se encarecieron, arrastradas por otros costos de producción y distribución como energía, transporte y packaging.
Según datos del INDEC, en junio el rubro “Verduras, tubérculos y legumbres” acumuló una baja del -3,8% en lo que va del año, mientras que “Frutas” lo hizo en -0,5%, muy por debajo del promedio general de inflación.
Un síntoma de deterioro, no de bonanza
Aunque el fenómeno puede parecer positivo para el consumidor, la caída de precios refleja un deterioro estructural del sector hortícola. Con ingresos recortados, los productores disminuyen la inversión, reducen superficie sembrada y postergan mejoras técnicas, lo que a mediano plazo podría afectar la oferta.
“Esto obviamente no le alcanza ni al verdulero, ni al mayorista, ni al productor. Pero hoy, las frutas y verduras son lo más barato que hay. Estamos ante un escenario que pocas veces se vio”, resumió Winograd, dejando una alerta implícita: la comida barata puede ser una excepción efímera en un mercado cada vez más concentrado.
Impuestos
Las PyMEs argentinas enfrentan 62 obligaciones tributarias y administrativas por año
Un relevamiento del IARAF y la CAC contabilizó 34 gravámenes y 28 regímenes de percepción, retención e información para una empresa representativa. Aunque hubo una reducción respecto del año anterior, persisten los costos administrativos y los fondos inmovilizados.
Las pequeñas y medianas empresas argentinas deben afrontar una estructura de obligaciones que comprende impuestos nacionales, provinciales y municipales, además de distintos procedimientos administrativos. Según un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) y la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), el relevamiento de 2026 identificó 34 tributos y 28 regímenes de percepción, retención e información.
El documento, denominado Vademécum tributario argentino de PyMES 2026, citado por NA, contabiliza un total de 62 obligaciones entre gravámenes y trámites formales. Aunque las cifras muestran una reducción respecto del año anterior, el estudio advierte sobre los costos de cumplimiento y la acumulación de saldos a favor que pueden afectar los recursos de las empresas.
El informe identificó 34 tributos para las PyMEs argentinas
De acuerdo con el relevamiento del IARAF y la CAC, los tributos identificados se distribuyen entre los tres niveles de gobierno: nacional, provincial y municipal.
En el ámbito nacional se contabilizaron 16 tributos. Entre ellos figuran el Impuesto al Valor Agregado (IVA), el Impuesto a las Ganancias para sociedades, el Impuesto al Cheque, los derechos de importación y exportación, y las contribuciones patronales.
En el nivel provincial, el estudio identificó ocho tributos. Los principales ejemplos son el Impuesto sobre los Ingresos Brutos (IIBB), el Impuesto Inmobiliario provincial, el Impuesto del Automotor y el Impuesto de Sellos.
Por su parte, el ámbito municipal reúne diez tributos, entre los que se encuentran la Tasa por Inspección, Seguridad e Higiene (TISH), el Derecho de Publicidad y Propaganda y distintas tasas inmobiliarias y automotrices.
La cantidad de tributos disminuyó respecto del relevamiento anterior
El informe registró una reducción en la cantidad de tributos contemplados en comparación con el año previo: pasaron de 37 a 34.
Según el documento, la variación responde a la eliminación de los impuestos internos que gravaban los seguros y la telefonía celular, además de un cambio metodológico que excluyó la Tasa de Ocupación de Espacios Públicos por corresponder a actividades específicas.
También se redujo la cantidad de regímenes de percepción, retención e información, que pasó de 30 a 28.
Sin embargo, el estudio precisó que solo una de esas bajas representó una reducción efectiva de alcance generalizado: la eliminación del régimen vinculado al Impuesto PAIS. La otra correspondió a la supresión de un mecanismo exclusivo del sector de escribanías.
Qué empresa se tomó como referencia para calcular las obligaciones
Para elaborar el vademécum, la investigación definió un modelo de PyME constituida como sociedad de responsabilidad limitada (S.R.L.), con características operativas que permiten contemplar distintas obligaciones fiscales.
La empresa representativa cuenta con establecimiento propio, empleados en relación de dependencia, flota de vehículos y equipamiento tecnológico. Además, opera con cuentas bancarias, importa insumos y exporta parte de su producción.
El cálculo también considera los impuestos directos e indirectos incorporados en las facturas de servicios básicos, como electricidad, gas natural, agua, telefonía celular e internet.
De esta manera, el relevamiento contempla tanto los tributos vinculados directamente con la actividad empresarial como aquellos que inciden en los costos de funcionamiento.
Retenciones y percepciones: los costos administrativos que señala el estudio
El informe identifica dos obstáculos principales asociados a los 28 regímenes de percepción, retención e información.
El primero es la carga administrativa que deben afrontar las empresas para cumplir con presentaciones periódicas y otros procedimientos formales. Estas tareas requieren recursos operativos y exponen a las PyMEs al riesgo de sanciones o multas ante eventuales incumplimientos.
El segundo problema es la acumulación de saldos a favor, generada por la proliferación de retenciones y percepciones. Según el documento, la lentitud y la burocracia de los procedimientos de devolución dificultan la recuperación de esos fondos.
La situación puede provocar que parte de los recursos de las empresas quede inmovilizada mientras se tramitan las devoluciones correspondientes.
Los saldos a favor pueden representar fondos inmovilizados para las empresas
El vademécum advierte que los importes retenidos o percibidos en exceso pueden convertirse en un problema financiero cuando las empresas no consiguen recuperarlos con rapidez.
El informe sostiene que, ante las demoras administrativas, esos fondos inmovilizados se transforman en la práctica en un incremento encubierto de las alícuotas tributarias.
El relevamiento del IARAF y la CAC plantea así dos dimensiones de la carga que enfrentan las PyMEs argentinas: el cumplimiento de las obligaciones fiscales y administrativas, por un lado, y las dificultades para disponer de recursos propios que quedan acumulados como saldos a favor, por el otro.
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