Movimientos Sociales
“Los alimentos no son una mercancía, son un derecho social”
Bajo esa consigna, organizaciones políticas y sociales realizaron una conferencia de prensa y entregaron un petitorio en la sede de la Copal, ubicada en 25 de Mayo y Lavalle, contra la inflación que genera el aumento del precio de los alimentos.
En el marco de un fuerte reclamo y bajo la consigna “los alimentos no son una mercancía, son un derecho social”, organizaciones sociales y políticas entregaron un petitorio en la Copal (Coordinadora de las Industrias Productos Alimenticios) y anunciaron la continuidad de las «acciones contra la especulación de las empresas que concentran la producción e imponen el precio de los alimentos que todos los días los argentinos y argentinas llevan a sus mesas».
Entre otras medidas, los movimientos sociales anunciaron un “verdurazo” y “panazo” para la semana que viene en la Sociedad Rural, frente a los «exponenciales incrementos en el precio de los alimentos de la canasta básica, de la depredación del poder adquisitivo de los salarios y de la Inflación en nuestro país».
Asimismo, las organizaciones señalaron que los aumentos «implican privaciones, hambre y dolor para millones de compatriotas, fundamentalmente, los de los sectores más humildes y vulnerados». Al mismo tiempo, consideraron que ese «accionar no obedece exclusivamente a cuestiones de la economía, sino que, fundamentalmente, se basan en una concepción ideológica y una práctica política».
Finalmente, cabe destacar que los grupos que se dieron cita en el lugar presentaron un petitorio de cinco puntos clave, junto a una detallada caracterización de la corrosiva situación por la que atraviesa el país, en el marco de una fuerte escalada inflacionaria.
Texto completo del petitorio:
Decimos basta al aumento de precios de los alimentos. No al golpe especulativo
A los miembros de la
COordinadora de las Industrias Productos ALimenticios (COPAL):
Son Ustedes, con las prácticas y las políticas empresariales que llevan adelante desde la organización que integran, los responsables de los exponenciales incrementos en el precio de los alimentos de la canasta básica, de la depredación del poder adquisitivo de los salarios y de la Inflación en nuestro país.
Cada aumento de precios que Ustedes deciden desde sus escritorios, implica privaciones, hambre y dolor para millones de compatriotas, fundamentalmente, los de los sectores más humildes y vulnerados, quienes destinan casi el 40% de sus ingresos a la compra de alimentos.
Sabemos que su accionar no obedece exclusivamente a cuestiones de la economía, sino que, fundamentalmente, se basan en una concepción ideológica y una práctica política que, a lo largo de nuestra historia, se ha caracterizado por la búsqueda permanente de desestabilización a los gobiernos populares.
Por eso no nos sorprende este golpe especulativo que están ejecutando con los aumentos absolutamente injustificables e inaceptables del precio de los alimentos que, en el primer trimestre del año se aproximan al 20% y en el mes de marzo, rondan el 6.5% en alimentos secos, el 6% en frescos y el 4.6% en bebidas.
La avaricia que los guía para obtener ganancias va en detrimento de los intereses de la Patria y del Pueblo argentino.
En el contexto de crisis económica mundial causada por la Pandemia, y una vez que se pudieron levantar las restricciones, nuestro País logró generar en el año 2021 un crecimiento del 10.3 % del PBI. Era una gran ocasión para que los salarios comenzaran a recuperarse luego de las penurias de la pandemia de covid y la del macrismo. Pero no. Lo que sucedió fue que los aumentos de precios que Ustedes dictaron, limitaron la recomposición de los salarios y aumentaron sus márgenes de ganancia.
La corrida inflacionaria que COPAL ayuda a concretar, no sólo limita el consumo, sino que, además, atenta contra el proceso de recuperación económica.
Cualquier situación de la economía les sirve a Ustedes para justificar aumentos de precios y maximizar ganancias. Aumentos de salarios, aumento de impuestos, la suba del dólar, la baja del dólar, el conflicto bélico, los precios internacionales, bla, bla, bla. Nunca pierden. Ni siquiera empatan.
Según los balances contables publicados en la CNV, las empresas Arcor, Mastellone Hermanos y Molinos Río de la Plata obtuvieron una evolución de sus ganancias brutas (Ventas – Costos) del 112% durante el bienio 2020-2021 mientras los precios de los alimentos incrementaron en ese mismo período un 114%.




Sus ganancias operativas denunciadas (que descuentan gastos de administración y comercialización) fueron mayores a la inflación en los últimos dos años. en el consolidado de ambos años, el aumento de las ganancias alcanza el 170%, en el 2020 $20.599 millones y en el 2021, $22.026 millones.
Los productores de trigo de la zona centro norte de Córdoba, en tres meses, incrementaron sus márgenes en un 279 %. Un productor triguero de Entre Ríos, con campo propio, obtuvo un incremento del 189 %. Un productor maicero del Centro de Buenos Aires, tuvo un alza del 172%.
Cuando los dirigentes de la Mesa de Enlace hablan de situaciones de quebranto generalizadas, y se lamentan por las cargas impositivas que no los dejan vivir, mienten.
Hoy venimos a la sede de la COPAL a exigir:
- 1. Basta de remarcaciones y aumentos de precios de los alimentos.
- 2. Retrotraigan los precios a valores de diciembre del año 2021.
- 3. Los eventuales aumentos de precios de alimentos, por fuera del programa precios cuidados y similares, deberán ser menores a los valores de la inflación mensual.
- 4. Pleno respeto a los programas de precios, abastecimiento y comercialización fijados por el Gobierno Nacional.
- 5. Otorgamiento de un bono para les trabajadores, además de los aumentos acordados en paritarias.
FIRMANTES:
MOVEMOS en el Frente De Todxs
MOVIMIENTO POPULAR LA DIGNIDAD
ESPACIO PUEBLA
FRENTE POLÍTICO SINDICAL GERMÁN ABDALA
PARTIDO COMUNISTA CABA
CUMPAS
MOVIMIENTO POPULAR LIBERACIÓN
ORGANIZACIÓN MAYO
SIPREBA
MOVEMOS SUBTE
LIBERACIÓN POPULAR
Boxeo
El Roña Castro hacía lo que la política no: su última pelea fue contra el hambre
Desde un gimnasio de Temperley, el excampeón mundial llegó a sostener 14 comedores con más de 6.400 personas. Había pasado hambre de chico y no se cansó de denunciar que el Estado nacional los había dejado solos.
Cada viernes, frente a la puerta de un gimnasio de boxeo en Temperley, se formaba una fila de mil números. Arroz, fideos, polenta y harina pasaban de mano en mano mientras un excampeón mundial organizaba la entrega. Jorge «Roña» Castro, que murió tras descompensarse en un bingo de Morón, había convertido su gimnasio en una trinchera contra el hambre.
Unas tres semanas antes de su muerte, en el programa TVR, que se emite por C5N, Castro puso en números la magnitud de esa tarea. «Teníamos 2.100 personas hace dos años y medio atrás; ahora tenemos 6.400. Se triplicó la cantidad», explicó. Y advirtió que la cifra ya había quedado corta: «Hoy hay mucho más porque hay caras nuevas. Ahora estamos anotando de nuevo a todos los que van a comer, y va mucha gente grande».
«¿Sabés lo que es que te ruja el estómago?»
Su compromiso no nació de un cálculo, sino de una herida. Castro creció con cinco hermanos en Caleta Olivia y, tras la separación de sus padres, se fue a vivir con su padre a Catamarca. «Mi viejo chupaba, el alcohol lo perdía y me molía a trompadas, no sabés las necesidades que pasé. No comía, estaba como raquítico», recordó.
Ese chico que pedía comida para sobrevivir terminó haciendo lo mismo, ahora para otros. «Yo mangueaba, igual que lo hago ahora, para parar la olla, no había otra, no hay otra», contó. La empatía con quienes hacían la fila no era un discurso: era su propia biografía repetida en otros cuerpos. «Yo pasé hambre, pasé frío, a mí no me lo puede contar ningún político, yo hago lo que deberían hacer ellos», resumió.
De una olla a 14 comedores
Todo empezó en marzo de 2020, cuando abrió un gimnasio en el barrio San José de Temperley y, un mes después, la pandemia lo obligó a cerrar. «Con el gimnasio comencé en la pandemia con la olla popular. Hicimos una olla, después pusimos dos y terminamos haciendo seis. Hicimos el primer comedor y hoy tenemos 14 comedores y nueve merenderos: cuatro comedores son nuestros y a otros diez los abastecemos», relató en TVR. Se levantaba a las cinco de la mañana para ir al Mercado Central a buscar mercadería.
Conocía de memoria la rutina de cada barrio: «Los chicos salen del colegio y van a tomar su merienda, porque nosotros damos almuerzo, no damos cena. A mí no me gusta decirle ‘villa’, estamos en lugares humildes donde la gente puede andar muy bien de día, pero de noche ya es medio peligroso. Entonces nosotros damos de morfar al mediodía y a la tarde toman la merienda».
Los viernes de la fila
La entrega de mercadería tenía su propio método. Los miércoles repartía números para que el viernes cada uno retirara su bolsa, y hasta ponía orden en persona: «En la cola a veces se pelean por entrar, entonces salgo y les digo: ‘Vos viniste recién, andá al fondo y hacé la cola'».
Lo que más lo impactaba era quiénes formaban esa fila. «Cuando reparto mercadería los viernes, vas a mi gimnasio y hay 1.000 personas. Y son toda gente grande, no son pendejos; va toda gente grande a buscar morfi. Yo les doy siete productos y la gente se va contenta y te agradece. Me pone contento que la gente se pueda llevar algo para pasar el fin de semana», contó.
La ayuda no se limitaba a la comida. «El argentino siempre fue solidario con nosotros. Siempre que a mí me piden comprar una silla de ruedas, muletas o remedios, lo hacemos porque hay mucha gente que lo necesita», explicó. La demanda, de todos modos, lo superaba: «No damos abasto. No llega», lamentaba. «Perder el trabajo y la dignidad es muy duro», decía al ver a vecinos que alguna vez habían vivido bien acercarse con vergüenza a pedir un plato.
«Nación no nos ayuda en nada»
Castro nunca separó su trabajo social de la realidad política. Cuestionó de frente el relato oficial sobre la baja de la pobreza: «Milei dice que sacó a 12 millones de la pobreza y la gente va cada vez más a los comedores». Y fue contundente sobre el abandono: «El Gobierno nacional nos quitó todas las ayudas. Cada vez tenemos más gente en los comedores y Nación no nos ayuda en nada. Sí nos ayuda la provincia de Buenos Aires, las fábricas y los comercios».
En TVR fue todavía más lejos: «Sé que la estamos pasando mal en este Gobierno. Ojalá que venga otro gobierno, porque este puso esa motosierra y los está serruchando a todos: a los jubilados, a los discapacitados». Los jubilados eran, para él, la cara más cruda del ajuste. «Trabajaron tanto para jubilarse, para tener un buen pasar, y tienen un pasar de mierda. Un jubilado cobra 380.000 pesos y todos los meses y todos los días te aumentan las cosas. Vas a un supermercado y todos los días aumentó algo», describió.
Incluso fue a ver con sus propios ojos las marchas de los miércoles frente al Congreso: «A mí me da bronca porque yo fui un miércoles a ver a los jubilados, para ver cómo los reprimían. Esta gente manda a reprimir a todos los pobres; gente grande que va a defender lo suyo». Su conclusión era tan simple como política: «Los comedores y los merenderos no deberían existir».
Morón, el último proyecto
En los últimos tiempos se había radicado en Morón, donde trabajaba para abrir un nuevo espacio comunitario con capacidad para 500 personas. Hasta el final pidió donaciones y colaboraciones para sostener la red: «El que quiera donar, con poquito que nos llegue, nos ayuda». Su muerte deja un interrogante incómodo: quién va a ocupar ahora el lugar que la política dejó vacío y que un excampeón decidió llenar con ollas.
Lo que tenés que saber:
- Castro convirtió en 2020 su gimnasio de Temperley en un centro de asistencia alimentaria.
- Sostenía 14 comedores, cuatro propios y diez abastecidos, y nueve merenderos.
- Unas tres semanas antes de morir contó en TVR que la asistencia se triplicó, de 2.100 a 6.400 personas, con cada vez más gente grande.
- Denunció que el Gobierno nacional les quitó todas las ayudas y que la motosierra golpeaba a jubilados y personas con discapacidad.
- Trabajaba en un nuevo comedor para 500 personas en Morón.
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