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Los Salarios perdieron por casi un 60% contra la inflación en 2023

Los ingresos crecieron un 152,7 % el año pasado, contra una inflación del 211,4%

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El Índice de Salarios subió el año pasado 152,7%, lo que lo ubicó por debajo de la inflación minorista, que ascendió a 211,4%, informó hoy el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Los salarios de los trabajadores privados registrados subieron 165,8%, los de los empleados públicos 148,6% y los de los trabajadores no formalizados 115,3 %, informó el organismo.

Este resultado se obtuvo luego de que en diciembre el Índice de Salarios subiera solo 8,9% contra una inflación del 25,5%

En el último mes del año pasado, los sueldos de los empleados privados aumentaron 11%, los de los públicos 5,5% y los de los trabajadores “en negro” el 7,5%.

El Gobierno nacional convocó al Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) a reunirse el próximo jueves 15 para poder definir un nuevo piso salarial, actualmente fijado en $ 156.000.

En este marco, la Confederación General del Trabajo (CGT) pedirá un aumento del 85 % del SMVM.

La convocatoria al Consejo “es un ámbito de diálogo a los fines de recuperar en algo el poder adquisitivo de los sectores más empobrecidos», expresó la central obrera en una publicación en su cuenta oficial de X.

El pasado miércoles, la Secretaría de Trabajo informó el que la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (Ripte) subió durante diciembre 8,3%, por debajo de la inflación del 25,5%.

El monto promedio de diciembre ascendió a $ 484.298 frente a los $ 194.175 de igual mes de 2022, con un aumento del 149,4% contra una inflación del 211,4%.

El Ripte se define como la remuneración promedio sujeta a aportes al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) que perciben los trabajadores que se encuentran bajo relación de dependencia y que han sido declarados en forma continua durante los últimos 13 meses.

El Ripte «no refleja necesariamente la evolución de los salarios del empleo registrado privado», destaca la información de la página web de la STESS.

Boxeo

El Roña Castro hacía lo que la política no: su última pelea fue contra el hambre

Desde un gimnasio de Temperley, el excampeón mundial llegó a sostener 14 comedores con más de 6.400 personas. Había pasado hambre de chico y no se cansó de denunciar que el Estado nacional los había dejado solos.

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"Nación no nos ayuda en nada": el Roña Castro hacía lo que el gobierno de Milei dejó de hacer.

Cada viernes, frente a la puerta de un gimnasio de boxeo en Temperley, se formaba una fila de mil números. Arroz, fideos, polenta y harina pasaban de mano en mano mientras un excampeón mundial organizaba la entrega. Jorge «Roña» Castro, que murió tras descompensarse en un bingo de Morón, había convertido su gimnasio en una trinchera contra el hambre.

El propio Castro detalló en un video reciente la magnitud de esa tarea: unas mil personas asistidas cada viernes, cerca de 4.000 por mes, y una red de 14 comedores con más de 6.400 beneficiarios. «Yo tenía 2100 chicos dándoles de comer en los comedores, ahora son 6400. También le damos de comer a las familias, los padres y madres», había explicado en el canal de noticias C5N.

«¿Sabés lo que es que te ruja el estómago?»

Su compromiso no nació de un cálculo, sino de una herida. Castro creció con cinco hermanos en Caleta Olivia y, tras la separación de sus padres, se fue a vivir con su padre a Catamarca. «Mi viejo chupaba, el alcohol lo perdía y me molía a trompadas, no sabés las necesidades que pasé. No comía, estaba como raquítico», recordó.

Ese chico que pedía comida para sobrevivir terminó haciendo lo mismo, ahora para otros. «Yo mangueaba, igual que lo hago ahora, para parar la olla, no había otra, no hay otra», contó. La empatía con quienes hacían la fila no era un discurso: era su propia biografía repetida en otros cuerpos. «Yo pasé hambre, pasé frío, a mí no me lo puede contar ningún político, yo hago lo que deberían hacer ellos», resumió.

De una olla a 14 comedores

Todo empezó en marzo de 2020, cuando abrió un gimnasio en el barrio San José de Temperley y, un mes después, la pandemia lo obligó a cerrar. «Hicimos una olla, después hicimos dos, luego empezamos con los comedores y ahora tenemos 14 comedores», relató. Se levantaba a las cinco de la mañana para ir al Mercado Central y abastecía, además, a una red de merenderos.

La demanda nunca dejó de crecer. «No damos abasto. No llega», lamentaba. Lo que más lo golpeaba era ver a vecinos que alguna vez habían vivido bien acercarse con vergüenza a pedir un plato. «Perder el trabajo y la dignidad es muy duro», decía. En la fila, muchos tenían empleo y aun así no llegaban a cubrir la comida; jubilados y trabajadores informales repetían el mismo diagnóstico. «Trabajé toda mi vida y ahora tengo que estar mendigando», contó uno de los vecinos que esperaba su turno.

«Nación no nos ayuda en nada»

Castro nunca separó su trabajo social de la realidad política. Cuestionó de frente el relato oficial sobre la baja de la pobreza: «Milei dice que sacó a 12 millones de la pobreza y la gente va cada vez más a los comedores». Y fue contundente sobre el abandono: «El Gobierno nacional nos quitó todas las ayudas. Cada vez tenemos más gente en los comedores y Nación no nos ayuda en nada. Sí nos ayuda la provincia de Buenos Aires, las fábricas y los comercios».

Describía un cambio brutal en el perfil de quienes llegaban: «Si antes dábamos un plato de comida, ahora damos tres. Cada vez viene más gente grande, jubilados a los que no les alcanza ni para comprar comida». Él mismo padecía los aumentos de tarifas en las cuentas de su gimnasio, y aun así no dejaba de abrir la puerta. Su conclusión era tan simple como política: «Los comedores y los merenderos no deberían existir».

Morón, el último proyecto

En los últimos tiempos se había radicado en Morón, donde trabajaba para abrir un nuevo espacio comunitario con capacidad para 500 personas. Hasta el final pidió donaciones y colaboraciones para sostener la red, consciente de que la ayuda que debía llegar del Estado no llegaba. Su muerte deja un interrogante incómodo: quién va a ocupar ahora el lugar que la política dejó vacío y que un excampeón decidió llenar con ollas.

Lo que tenés que saber:

  • Castro convirtió en 2020 su gimnasio de Temperley en un centro de asistencia alimentaria.
  • Según sus propias cifras, asistía a unas mil personas cada viernes y sostenía 14 comedores con más de 6.400 beneficiarios.
  • Atribuía su compromiso al hambre y el frío que pasó en su infancia.
  • Denunció que el Gobierno nacional les quitó todas las ayudas y que solo los asistía la provincia de Buenos Aires, fábricas y comercios.
  • Trabajaba en un nuevo comedor para 500 personas en Morón.
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