Legislativo
El Senado debate reforma laboral y la baja en la edad de imputabilidad entre gases y protestas
El oficialismo busca aprobar dos leyes clave antes del discurso de Milei del 1° de marzo, mientras la Policía reprimió con gases lacrimógenos a trabajadores despedidos que cortaron la 9 de Julio. Los datos del SIPA registraron 13.100 empleos privados perdidos solo en noviembre de 2025.
★ El Senado de la Nación sesiona este viernes con dos proyectos centrales para el gobierno de Javier Milei en el orden del día: la reforma laboral y la Ley Penal Juvenil, que establece la baja en la edad de imputabilidad. Mientras adentro del Congreso el debate se calienta con cruces entre oficialismo y oposición, afuera la Policía de la Ciudad reprime con gases lacrimógenos a trabajadores despedidos que cortaron la avenida 9 de Julio en protesta contra la reforma. Entre los manifestantes hay docentes, médicos del Hospital Garrahan y trabajadores despedidos de Ilva, Lustramax, Georgalos y Fate.
Di Tullio apuntó contra el oficialismo: «¿No tienen a nadie que estudie las leyes?»
Hasta ahora, uno de los cruces más picantes del debate llegó de la mano de la senadora del bloque Justicialista, Juliana Di Tullio, quien disparó contra los miembros informantes del oficialismo por la forma en que presentaron la iniciativa en el recinto. «No se puede leer, porque alguien tiene que estudiar las leyes complejas que el Poder Ejecutivo envía. ¿No tienen a nadie que estudie las leyes que van a venir a defender? Es una vergüenza», afirmó desde su banca. Y remató con ironía: «Alguno debe tener la capacidad de estudiar el tema», en un mensaje directo al bloque libertario.
La crítica de Di Tullio apuntó a una práctica que la oposición considera sintomática de la ligereza con que el oficialismo tramita iniciativas de alto impacto social: presentar proyectos de más de 200 artículos sin la capacidad de defenderlos con argumentos propios en el recinto.
Bullrich descartó insistir con el artículo de las licencias médicas y desafió a la CGT
En la previa de la sesión, la jefa del bloque oficialista en el Senado, Patricia Bullrich, salió a despejar dudas y a marcar cancha al mismo tiempo. Negó que el Gobierno tenga intenciones de reponer el polémico artículo que proponía reducir los salarios durante las licencias médicas, eliminado por la presión social antes de la votación en Diputados.
Pero también rechazó de plano la estrategia judicial anunciada por la CGT. «No sé qué van a judicializar si es una ley del Congreso de la Nación», desafió. Y anticipó uno de los efectos que, según el oficialismo, tendrá la reforma sobre el movimiento sindical: «A partir de la reducción en la cuota sindical, los gremios van a tener que ser austeros». Para Bullrich, la norma es «extraordinariamente importante» y su aprobación representa un punto de inflexión en la relación entre el Estado, los empleadores y los sindicatos.
LLA defendió la baja de imputabilidad: «Mantener la ley de 1980 es regresivo»
En paralelo al debate laboral, el Senado también discutió la Ley Penal Juvenil, que establece la baja en la edad de imputabilidad. El miembro informante del oficialismo, el senador Gonzalo Guzmán Coraita (La Libertad Avanza), defendió el proyecto y lo presentó como una modernización del sistema. «Con su aprobación la Argentina se encontrará alineada con los estándares constitucionales y convencionales vigentes», afirmó.
Guzmán Coraita también cargó contra la normativa vigente: «Mantener la ley sancionada en 1980 es regresivo» y planteó que derogarla «es un acto de responsabilidad institucional». La oposición, en cambio, advirtió que la baja de la edad de imputabilidad no reduce la inseguridad sino que criminaliza la pobreza, aunque esas posiciones no forman parte del material verificable de esta nota y corresponden a versiones que circularon durante el debate.
Gases en la 9 de Julio: reprimieron a despedidos de Fate, Georgalos e Ilva
Mientras el Senado sesionaba, el centro de Buenos Aires fue escenario de una jornada de alta tensión. La Policía de la Ciudad reprimió con gases lacrimógenos a trabajadores despedidos de distintas empresas que cortaron el tránsito en la avenida 9 de Julio. Entre los manifestantes se identificaron empleados de Ilva, Lustramax, Georgalos y Fate, además de docentes y médicos del Hospital Garrahan. También se registró un corte en la Autopista Panamericana.
Tras los incidentes en el Obelisco, las fuerzas de seguridad montaron un férreo operativo en torno al Congreso para contener a quienes protestaban contra la reforma laboral.
El trasfondo: 13.100 empleos privados perdidos solo en noviembre de 2025
El contexto en que se aprueba la reforma no es neutro. Los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) registraron una caída de 13.100 empleos registrados en el sector privado en noviembre de 2025, el primer mes posterior a la elección que le dio al oficialismo un triunfo inesperado en las legislativas de octubre. En la segunda mitad de 2025, la destrucción de empleo registrado acumuló 86.000 puestos de trabajo perdidos, según la misma fuente oficial.
La aceleración de la caída del empleo formal en el período poselectoral instala una contradicción difícil de esquivar para el gobierno: aprueba una reforma que dice generar empleo en un momento en que los propios registros oficiales muestran que el empleo formal se destruye a un ritmo sostenido.
Puntos clave:
- El Senado sesionó el viernes 27 para tratar la reforma laboral y la Ley Penal Juvenil, en la previa del discurso de Milei del 1° de marzo.
- La Policía de la Ciudad reprimió con gases lacrimógenos a trabajadores despedidos de Fate, Georgalos, Ilva y Lustramax que cortaron la 9 de Julio.
- La senadora Juliana Di Tullio cruzó al oficialismo por leer sus discursos en el recinto: «¿No tienen a nadie que estudie las leyes?».
- El SIPA registró 13.100 empleos privados perdidos en noviembre de 2025 y 86.000 en la segunda mitad del año.
- Patricia Bullrich descartó reponer el artículo de las licencias médicas y desafió a la CGT: «No sé qué van a judicializar si es una ley del Congreso». ★
Análisis
Sin golpe de Estado ni tanques, así se destroza la democracia en el siglo XXI: decretos, lawfare y un Congreso socavado
Un análisis del New York Times advierte que la Corte Suprema de Estados Unidos le arrebata sistemáticamente poder al Congreso, el cuerpo directamente elegido por los ciudadanos. El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos: en Argentina, el gobierno de Javier Milei lo lleva al extremo con una fábrica de decretos que intentan legislar por las espaldas del Parlamento. El DNU 70/23, la Ley Bases, el veto a las universidades y los fallos parciales de la Corte argentina configuran un mismo patrón global: el vaciamiento del poder legislativo.
El Congreso fue diseñado para ser el corazón de la democracia representativa: el lugar donde los ciudadanos, a través de sus representantes elegidos, deciden las leyes que organizan la vida en común. Ese principio, fundacional en cualquier república, está siendo erosionado de manera simultánea en dos de las democracias más antiguas de Ámerica, con métodos distintos pero con el mismo resultado: el vaciamiento del poder legislativo en favor del ejecutivo y del poder judicial, dos poderes que nadie vota.
Un análisis publicado esta semana por el New York Times en su sección de investigación plantea que la Corte Suprema de EEUU, liderada por John Roberts, lleva años despojando sistemáticamente de poder al Congreso norteamericano: restringe la capacidad de las agencias reguladoras de implementar leyes, exige estándares imposibles para las políticas de derechos civiles, limita la delegación de poder a los organismos estatales.
El resultado, según el análisis, es una transferencia gradual y silenciosa de poder hacia un tribunal no electo que se mueve más rápido que el Congreso y tiene menos obligaciones en la estructura constitucional.
El espejo argentino: Milei y la fábrica de Decretos
En Argentina, el fenómeno adopta otra forma pero apunta al mismo destino. Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023 y en sus primeros días de gobierno firmó el DNU 70/23, un mega decreto de necesidad y urgencia con más de 300 artículos que desreguló la economía, modificó el régimen laboral y alteró decenas de normas aprobadas por el Congreso, todo ello sin pasar por el Parlamento.
La Constitución argentina establece que los DNU son una herramienta de carácter excepcional, para situaciones de urgencia que impidan el tratamiento legislativo ordinario. Milei los usó como método de gobierno: según datos de Chequeado, en 2025 el libertario dictó 11 DNU, igualando la cantidad de leyes que se promulgaron en el mismo período.
La Confederación General del Trabajo (CGT) obtuvo una medida cautelar que suspendió el capítulo laboral del DNU 70/23. La reforma laboral quedó en suspenso. Pero el resto del decreto siguió vigente, porque la Corte Suprema argentina rechazó sucesivos planteos para obligar al Congreso a tratarlo y declararlo inconstitucional en su totalidad, bajo el argumento de que no había «caso o controversia» suficiente. La Corte falló contra cuatro de los cinco DNU que analizó en los últimos años, pero el DNU de Milei sigue en un limbo jurídico que, en la práctica, lo mantiene vigente.
El veto a las universidades: cuando el ejecutivo dice no al Congreso y a la Justicia
El patrón no se agota en el DNU 70/23. El Congreso argentino aprobó en 2024 una ley de financiamiento universitario que garantizaba recursos para el funcionamiento de las universidades nacionales y disponía actualizaciones salariales para su personal. Milei la vetó. El Congreso ratificó la ley. Milei la ignoró.
En junio de 2026, la Corte Suprema dejó firme una medida cautelar que obligó al gobierno a cumplir con esa Ley, en un fallo que los rectores universitarios celebraron como el final de un proceso largo y difícil. Según representantes universitarios, las transferencias del gobierno a las universidades nacionales registraron una caída del 45,6% entre 2023 y 2026. Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, lo sintetizó en una publicación en X: «Fue un camino largo y difícil. Gracias a una sociedad que nunca renunció a la defensa de la universidad pública.»
El escenario se repite en cada conflicto entre el Ejecutivo y el Congreso: el gobierno desconoce o veta las leyes que no le gustan, impulsa reformas estructurales mediante decretos que evitan el debate parlamentario, y espera que la Corte tarde años en resolver, como ocurrió con el DNU de Macri sobre el que el máximo tribunal recién se pronunció siete años después de firmado. La lentitud judicial se convierte así en un instrumento político: el decreto funciona mientras la Corte no lo invalida.
Un fenómeno global: del Congreso de papel a la democracia de papel
El paralelo entre el análisis del NYT sobre EEUU y la Era Milei no es casual ni superficial. Responde a una tendencia global que politólogos y constitucionalistas vienen documentando desde hace años bajo el nombre de «retroceso democrático» o «erosión democrática»: la democracia no muere de un golpe, sino que se vacía lentamente, cuando las instituciones formales siguen en pie pero pierden su contenido real. El Congreso existe pero no legisla; la Corte existe pero tarda o esquiva; el presidente gobierna por decreto y el Congreso aprobado por el voto popular queda reducido a un sello.
En EEUU, la Corte Suprema de mayoría conservadora, designada en buena medida por Trump durante su primer mandato, avanzó en años recientes sobre el derecho al aborto (revertiendo Roe v. Wade), sobre la regulación ambiental (limitando la capacidad de la EPA), sobre la autonomía de las agencias independientes (restringiendo el poder de la FTC) y sobre la inmunidad presidencial (otorgándosela a Trump en un fallo sin precedentes en la historia del país). Cada uno de esos fallos recortó el poder del Congreso para regular, proteger y legislar, y lo transfirió a un tribunal no electo cuyos miembros tienen cargos vitalicios.
En Argentina, el proceso tiene su propia especificidad: aquí el vaciamiento lo lidera el Ejecutivo, que gobierna por Decreto y asfixia presupuestariamente todo aquello que el Congreso aprobó, desde las universidades hasta la Línea 144, desde los programas sociales hasta las transferencias a provincias. La Corte oscila entre frenar algunos excesos (universidades, reforma laboral) y dejar pasar otros (el DNU 70/23 en su conjunto). El resultado es una democracia que funciona en sus formas pero pierde sustancia en su contenido.
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