Legislativo
Votos adentro y gases afuera: el Senado debate la reforma laboral de Milei
El Gobierno apostó a un megaoperativo para reprimir la protesta mientras empuja una reforma estructural sin consenso social.
Mientras el Senado de la Nación Argentina discute la reforma laboral impulsada por el Gobierno de Javier Milei, la calle volvió a ser escenario de represión. Afuera del Congreso, trabajadores, jubilados y organizaciones sindicales fueron rociados con gases lacrimógenos en el marco de un operativo de seguridad montado para blindar la media sanción de un proyecto resistido socialmente.
La escena se repitió pasadas las 15.30 en Plaza Congreso: vallas, escudos y un avance coordinado de las fuerzas de seguridad sobre manifestantes que rechazaban la flexibilización laboral. Adentro, el oficialismo buscó votos tras negociar con gobernadores. Afuera, el Gobierno administró la protesta con represión.
El operativo y la represión
Según fuentes oficiales, el primer cordón estuvo a cargo de la Policía Federal Argentina, mientras que el segundo y tercer anillo fueron responsabilidad de la Policía de la Ciudad. La avanzada incluyó gases lacrimógenos y ataques para replegar a quienes se manifestaban contra la iniciativa del Ejecutivo.
Los incidentes se desataron cuando organizaciones que acompañaban el reclamo de jubilados derribaron parte del vallado. La respuesta fue inmediata y desproporcionada: represión para despejar la plaza y garantizar el debate legislativo sin interferencias visibles desde la calle.
Rechazo sindical y político
La reforma laboral es rechazada por el peronismo y por las principales centrales sindicales, entre ellas la Confederación General del Trabajo (CGT) y las dos CTA. Denuncian un retroceso en derechos, la eliminación de estatutos históricos y un nuevo golpe a la negociación colectiva, en un contexto de salarios deteriorados y conflictividad creciente.
Las claves de la movilización
La jornada dejó una postal conocida: votos adentro, gases afuera. El Gobierno apostó a un megaoperativo para reprimir la protesta mientras empuja una reforma estructural sin consenso social. En la Argentina de Milei, la discusión sobre el trabajo se tramita con vallados, represión y un Senado blindado, mientras la calle vuelve a pagar el costo del ajuste.
Legislativo
Bregman convoca a movilizar al Congreso: «El gobierno y los jueces se ríen de nosotros»
La diputada del Frente de Izquierda llamó a movilizarse frente al Congreso el 15 de octubre, denunciando que el Poder Judicial actúa en sintonía con el gobierno de Milei y no como árbitro independiente. La frase condensa un clima político que viene creciendo: la impunidad como regla y la calle como única respuesta posible.
«Basta de que el gobierno y los jueces se rían de nosotros. El 15 de octubre tenemos que estar todos y todas frente al Congreso.» Con esa frase directa y sin eufemismos, la diputada nacional Myriam Bregman lanzó una convocatoria a movilizarse que circula en redes sociales y que condensa en pocas palabras una temperatura política que viene acumulándose: la percepción extendida en la oposición y en amplios sectores sociales de que la Justicia opera en sintonía con el poder, no como contrapeso.
Bregman es diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires en el Frente de Izquierda Unidad (FIT-U), abogada con trayectoria en causas de derechos humanos y una de las voces más activas en el rechazo a las políticas del gobierno de Javier Milei. Su declaración, publicada en la red social Threads, coloca en el mismo banco al Ejecutivo y al Poder Judicial, a quienes acusa de actuar en perjuicio de la ciudadanía y sin rendir cuentas ante nadie.
Un diagnóstico compartido: la Justicia como problema político
La declaración de Bregman no surge del vacío. La relación entre el Poder Judicial federal y el gobierno de Milei es uno de los nudos más tensos de la política argentina actual. Por un lado, el oficialismo envió al Senado cientos de pliegos de jueces, fiscales y defensores públicos en un proceso de designaciones que la oposición cuestiona por su velocidad y por la falta de debate genuino sobre los perfiles propuestos. Por otro, causas que involucran a funcionarios del gobierno libertario, como las investigaciones en torno a la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), la causa $Libra y los expedientes por enriquecimiento ilícito de funcionarios del gabinete, avanzan con una lentitud que contrasta con el ritmo de otras causas.
Ese cuadro alimenta una percepción que Bregman articula con claridad: cuando la Justicia no investiga a quienes gobiernan y simultáneamente actúa contra opositores o sectores vulnerables, pierde su condición de árbitro independiente y se convierte en un instrumento de poder. No es una lectura nueva en la política argentina, pero adquiere nueva urgencia en un contexto donde el ajuste fiscal golpea a la mayoría mientras los escándalos de corrupción se acumulan sin condenas.
La calle como respuesta a la impunidad
La convocatoria al Congreso para el 15 de octubre no es solo un gesto simbólico. En la tradición política argentina, la movilización frente al Congreso es el recurso de quienes sienten que los canales institucionales están cerrados o capturados. Bregman lo sabe y lo elige conscientemente: frente a una Justicia que, según su diagnóstico, «se ríe» de la ciudadanía, la respuesta es la presencia masiva en el espacio público.
El FIT-U viene sosteniendo una posición de oposición sin concesiones al gobierno de Milei desde el inicio de su gestión. A diferencia de otros bloques opositores que negociaron apoyos puntuales al oficialismo, el Frente de Izquierda no le votó ninguna medida de relevancia al gobierno libertario. Esa consistencia le da a Bregman una autoridad moral específica cuando llama a la calle: no convoca desde la comodidad de quien eventualmente cedió, sino desde una oposición sostenida en el recinto y fuera de él.
El Congreso como escenario de disputa
Elegir el Congreso como punto de concentración tiene una carga simbólica precisa. Es el lugar donde se aprueban los pliegos judiciales, donde se vota o se bloquea la legislación que define quiénes pueden ser procesados y con qué garantías, y donde las mayorías parlamentarias deciden qué causas avanzar y cuáles frenar. La convocatoria de Bregman instala la pregunta de fondo que el oficialismo prefiere no responder: ¿a quiénes sirven los jueces que el gobierno designa?
En ese marco, la frase «que el gobierno y los jueces se ríen de nosotros» es también una lectura sobre la impunidad como sistema. Cuando los funcionarios acumulan denuncias y las investigaciones no avanzan, y cuando simultáneamente la Justicia actúa con celeridad contra quienes protestan o reclaman, la ecuación se hace insostenible para cualquier noción básica de igualdad ante la ley. Bregman lo dice en público y convoca a decirlo en la calle. La pregunta es cuántos la escuchan.
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