Legislativo
Raverta reclamó a la oposición que permita sancionar la ley de moratoria previsional
«Le pedimos a quienes no vinieron que nos den la posibilidad de debatir», señaló la titular de la Anses en alusión a la ausencia de los legisladores de Juntos por el Cambio durante la reunión.
La titular de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), Fernanda Raverta, este miércoles volvió a reclamar a Juntos por el Cambio que le permita al oficialismo convertir en ley el proyecto del Plan de Pago Previsional, ya que «es urgente que podamos discutir esta ley en el recinto».
Al exponer ante la comisión de Previsión y Seguridad Social de la Cámara de Diputados, Raverta señaló: «Le pedimos a quienes no vinieron que nos den la posibilidad de debatir», en alusión a la ausencia de los legisladores de Juntos por el Cambio durante la reunión.
Al ser consultada por la diputada Gisela Marziotta (Frente de Todos) sobre la posibilidad de establecer una prórroga de la moratoria por decreto, Raverta respondió: «Estamos estudiando todos los escenarios, porque gobernar es anticiparse a los problemas. pero no resuelve el tema de fondo extender la moratoria con un decreto ya que cada vez son menos los que puedan tener aportes hasta el 2003».
«El momento que estamos atravesando requiere de una profunda reflexión. A partir del 1 de enero en las oficinas de Anses recibimos a personas que tienen la edad de jubilarse pero debemos informarles que no contamos con una norma”, indicó Raverta.
Asimismo recordó que el plan de pago de deuda previsional «plantea que hombres y mujeres puedan acceder a lo que ya es tradición; queremos seguir manteniendo un alto nivel de cobertura» y remarcó que «el alcance de la jubilación y pensión es enorme, único en la región».
«Los recursos para los hombres que cumplieron 65 y mujeres 60 están contemplados en el Presupuesto», dijo la titular de la Anses y señaló que se calcularon esas erogaciones porque «esperábamos contar con esta ley».
La reunión de la comisión, presidida por la oficialista Marisa Uceda, se realiza en la sala 2 del segundo piso del Anexo A.
Al inicio el encuentro, Uceda señaló: «Vamos a dar comienzo a esta comisión, la cual reconozco es no muy ortodoxa, pero ante circunstancias extremas o graves uno tiene que acudir a todas las herramientas que pueda para dar solución a conflictos como el que vamos a tratar hoy».
Sobre esto punto, el presidente del bloque de diputados del FDT, Germán Martínez, dijo que «no importa si es o mas o menos ortodoxa, pero es necesaria y es reglamentaria» y está enmarcada dentro de la convocatoria a extraordinarias.
El encuentro informativo se realiza con la presencia del bloque del Frente de Todos, Provincias Unidas y Frente de Izquierda, pero con la ausencia de Juntos por el Cambio.
La comisión ya tiene dictamen para ser tratado en el recinto de sesiones y no se puedo discutir debido a que en la sesión del 21 de diciembre Juntos por el Cambio no dio quórum con lo cual no se pudo debatir, y luego JXC anticipó que buscará trabar la actividad legislativa si el oficialismo insistía con avanzar con el juicio político contra la Corte Suprema.
Durante la reunión de hoy, la especialista en derecho previsional Lucía Ortega dijo que «es importante una moratoria previsional porque entre 800 mil y 1 millón de personas no van a poder jubilarse en los próximos dos años, aun teniendo la edad; y el 80% de esas personas son mujeres. El problema radica en el mercado laboral”.
Por su parte, Silvana Capese, de la Asociación de Abogados y Abogadas de Buenos Aires también consideró «importante que este proyecto se trate, se debata y salga; porque la imposibilidad de acceder a las prestaciones previsionales incluye también la imposibilidad de acceder al seguro médico, entre otras prestaciones».
En tanto, Sandra Zapatero, de la Central de Trabajadores Argentinos, expresó «la preocupación por la dilación del tratamiento de este proyecto de ley por el plan de pago de la deuda previsional» y agregó: «Necesitamos que esta reparación justa, necesaria y urgente también sea acompañada por la riqueza”.
La iniciativa, que ya cuenta con media sanción del Senado, establece un plan de pago de deuda previsional que permitiría a unas 800.000 personas que no cuentan con aportes suficientes poder acceder a la jubilación.
El proyecto, presentado en el Senado por Anabel Fernández Sagasti, establece que las personas en edad jubilatoria pero sin los aportes exigidos podrán regularizar períodos faltantes hasta el mes de diciembre del año 2008, inclusive, con una modalidad de pago en cuotas que serán descontadas de manera directa del haber jubilatorio que se obtenga a través del programa.
Asimismo, la iniciativa contempla la posibilidad de que las personas en edad pre-jubilatoria (mujeres de 50 a 59 años y varones de 55 a 64 años de edad) que saben que no llegarán con los años de aportes necesarios, puedan anticiparse y comenzar a pagar ellos mismos los períodos faltantes.
Análisis
Sin golpe de Estado ni tanques, así se destroza la democracia en el siglo XXI: decretos, lawfare y un Congreso socavado
Un análisis del New York Times advierte que la Corte Suprema de Estados Unidos le arrebata sistemáticamente poder al Congreso, el cuerpo directamente elegido por los ciudadanos. El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos: en Argentina, el gobierno de Javier Milei lo lleva al extremo con una fábrica de decretos que intentan legislar por las espaldas del Parlamento. El DNU 70/23, la Ley Bases, el veto a las universidades y los fallos parciales de la Corte argentina configuran un mismo patrón global: el vaciamiento del poder legislativo.
El Congreso fue diseñado para ser el corazón de la democracia representativa: el lugar donde los ciudadanos, a través de sus representantes elegidos, deciden las leyes que organizan la vida en común. Ese principio, fundacional en cualquier república, está siendo erosionado de manera simultánea en dos de las democracias más antiguas de Ámerica, con métodos distintos pero con el mismo resultado: el vaciamiento del poder legislativo en favor del ejecutivo y del poder judicial, dos poderes que nadie vota.
Un análisis publicado esta semana por el New York Times en su sección de investigación plantea que la Corte Suprema de EEUU, liderada por John Roberts, lleva años despojando sistemáticamente de poder al Congreso norteamericano: restringe la capacidad de las agencias reguladoras de implementar leyes, exige estándares imposibles para las políticas de derechos civiles, limita la delegación de poder a los organismos estatales.
El resultado, según el análisis, es una transferencia gradual y silenciosa de poder hacia un tribunal no electo que se mueve más rápido que el Congreso y tiene menos obligaciones en la estructura constitucional.
El espejo argentino: Milei y la fábrica de Decretos
En Argentina, el fenómeno adopta otra forma pero apunta al mismo destino. Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023 y en sus primeros días de gobierno firmó el DNU 70/23, un mega decreto de necesidad y urgencia con más de 300 artículos que desreguló la economía, modificó el régimen laboral y alteró decenas de normas aprobadas por el Congreso, todo ello sin pasar por el Parlamento.
La Constitución argentina establece que los DNU son una herramienta de carácter excepcional, para situaciones de urgencia que impidan el tratamiento legislativo ordinario. Milei los usó como método de gobierno: según datos de Chequeado, en 2025 el libertario dictó 11 DNU, igualando la cantidad de leyes que se promulgaron en el mismo período.
La Confederación General del Trabajo (CGT) obtuvo una medida cautelar que suspendió el capítulo laboral del DNU 70/23. La reforma laboral quedó en suspenso. Pero el resto del decreto siguió vigente, porque la Corte Suprema argentina rechazó sucesivos planteos para obligar al Congreso a tratarlo y declararlo inconstitucional en su totalidad, bajo el argumento de que no había «caso o controversia» suficiente. La Corte falló contra cuatro de los cinco DNU que analizó en los últimos años, pero el DNU de Milei sigue en un limbo jurídico que, en la práctica, lo mantiene vigente.
El veto a las universidades: cuando el ejecutivo dice no al Congreso y a la Justicia
El patrón no se agota en el DNU 70/23. El Congreso argentino aprobó en 2024 una ley de financiamiento universitario que garantizaba recursos para el funcionamiento de las universidades nacionales y disponía actualizaciones salariales para su personal. Milei la vetó. El Congreso ratificó la ley. Milei la ignoró.
En junio de 2026, la Corte Suprema dejó firme una medida cautelar que obligó al gobierno a cumplir con esa Ley, en un fallo que los rectores universitarios celebraron como el final de un proceso largo y difícil. Según representantes universitarios, las transferencias del gobierno a las universidades nacionales registraron una caída del 45,6% entre 2023 y 2026. Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, lo sintetizó en una publicación en X: «Fue un camino largo y difícil. Gracias a una sociedad que nunca renunció a la defensa de la universidad pública.»
El escenario se repite en cada conflicto entre el Ejecutivo y el Congreso: el gobierno desconoce o veta las leyes que no le gustan, impulsa reformas estructurales mediante decretos que evitan el debate parlamentario, y espera que la Corte tarde años en resolver, como ocurrió con el DNU de Macri sobre el que el máximo tribunal recién se pronunció siete años después de firmado. La lentitud judicial se convierte así en un instrumento político: el decreto funciona mientras la Corte no lo invalida.
Un fenómeno global: del Congreso de papel a la democracia de papel
El paralelo entre el análisis del NYT sobre EEUU y la Era Milei no es casual ni superficial. Responde a una tendencia global que politólogos y constitucionalistas vienen documentando desde hace años bajo el nombre de «retroceso democrático» o «erosión democrática»: la democracia no muere de un golpe, sino que se vacía lentamente, cuando las instituciones formales siguen en pie pero pierden su contenido real. El Congreso existe pero no legisla; la Corte existe pero tarda o esquiva; el presidente gobierna por decreto y el Congreso aprobado por el voto popular queda reducido a un sello.
En EEUU, la Corte Suprema de mayoría conservadora, designada en buena medida por Trump durante su primer mandato, avanzó en años recientes sobre el derecho al aborto (revertiendo Roe v. Wade), sobre la regulación ambiental (limitando la capacidad de la EPA), sobre la autonomía de las agencias independientes (restringiendo el poder de la FTC) y sobre la inmunidad presidencial (otorgándosela a Trump en un fallo sin precedentes en la historia del país). Cada uno de esos fallos recortó el poder del Congreso para regular, proteger y legislar, y lo transfirió a un tribunal no electo cuyos miembros tienen cargos vitalicios.
En Argentina, el proceso tiene su propia especificidad: aquí el vaciamiento lo lidera el Ejecutivo, que gobierna por Decreto y asfixia presupuestariamente todo aquello que el Congreso aprobó, desde las universidades hasta la Línea 144, desde los programas sociales hasta las transferencias a provincias. La Corte oscila entre frenar algunos excesos (universidades, reforma laboral) y dejar pasar otros (el DNU 70/23 en su conjunto). El resultado es una democracia que funciona en sus formas pero pierde sustancia en su contenido.
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