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Sincericidio: candidato de Milei dijo que Kicillof está “altamente calificado” para ser presidente

Pablo Morillo, segundo en la lista seccional, quedó envuelto en una crisis partidaria tras la difusión de un video donde calificó al gobernador como “altamente calificado para ser presidente”.

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Un video difundido esta semana expuso una grieta profunda en La Libertad Avanza (LLA) de la provincia de Buenos Aires. En las imágenes, Pablo Morillo, actual candidato a diputado por la Segunda Sección Electoral, elogia con entusiasmo al gobernador peronista Axel Kicillof: “Está altamente calificado para ser presidente de la Nación”.

La frase cayó como una bomba en la interna del oficialismo libertario, que atraviesa su momento más tenso desde la conformación de las listas legislativas. El video, que rápidamente circuló por redes sociales y medios locales como Grupo La Provincia, generó indignación entre los sectores marginados del armado electoral, especialmente entre los militantes de «Las Fuerzas del Cielo», vinculados a Santiago Caputo, que quedaron fuera de las candidaturas.

Según confirmaron fuentes partidarias, Morillo fue funcionario del gobierno de Kicillof entre 2020 y 2023 y hoy ocupa un cargo nacional en la gestión de Javier Milei, bajo el ala de Sebastián Pareja, el jefe de LLA en Buenos Aires. La cercanía con el gobernador peronista, sumada a su inclusión como número dos en la lista seccional, dejó al descubierto la fragilidad de los criterios de selección interna del partido presidencial.

“No podía decir cualquier cosa”: un intento de defensa

Desde el entorno de Pareja buscaron desactivar la polémica asegurando que se trata de una entrevista vieja, registrada cuando Morillo se desempeñaba como empleado del gobierno provincial. “No podía decir cualquier cosa en ese momento, pero ya militaba para los libertarios”, explicaron.

Sin embargo, la defensa no convenció ni siquiera a sectores internos. El episodio se sumó a la denuncia penal que varios referentes de LLA presentaron contra Pareja, acusándolo de supuesta “venta de candidaturas” a exdirigentes kirchneristas. El armado de listas, según denunciaron, fue manejado con criterios discrecionales, sin consulta a las bases y con negociaciones cruzadas con sectores a los que Milei cuestionó públicamente durante toda su campaña.

Fractura expuesta en la Segunda Sección

La Segunda Sección Electoral —una región clave que abarca municipios como San Nicolás, Zárate y Pergamino— quedó tomada por la tensión interna. Morillo fue promovido como parte del esquema de Pareja, que controla el armado territorial bonaerense desde la Casa Rosada. El video habría sido difundido como respuesta de los desplazados del armado, en un intento por deslegitimar las candidaturas elegidas.

Desde el sector de Santiago Caputo dejaron trascender su “preocupación” por el rumbo del espacio en la provincia. “Están rifando el capital político de Milei con gente que hasta hace cinco minutos defendía al kirchnerismo”, afirmó un referente de LLA en off.

En paralelo, en redes sociales, militantes libertarios pidieron públicamente la renuncia de Morillo a la candidatura. Hasta este martes, no hubo pronunciamiento oficial por parte del presidente Javier Milei ni de la cúpula partidaria nacional.

Una crisis que erosiona la marca Milei

La exposición del pasado político de Morillo, sumada al escándalo por las listas, refleja la crisis de institucionalidad interna que atraviesa La Libertad Avanza en territorio bonaerense. Pese a las promesas de transparencia, renovación y ruptura con “la casta”, el oficialismo se enfrenta a acusaciones de prácticas propias de los viejos partidos.

En un escenario donde el propio Milei apuesta todo a sostener su núcleo duro, la filtración de este tipo de videos amenaza con erosionar la credibilidad del espacio. Y, lo que es más delicado, debilita el relato de pureza ideológica que caracterizó su llegada al poder.

Elecciones

Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25

Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.

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Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.

El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.

El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.

Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.

Lo que las encuestas no vieron venir

Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.

La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.

Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico

La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.

A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.

El mapa territorial y los puntos de quiebre

La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.

Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.

El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa

Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.

Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.

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