Elecciones
Massa reconoció la derrota y felicitó a Milei
A las 18 se puso en marcha el escrutinio de los sufragios, que definirá quién se convertirá en el nuevo jefe de Estado a partir del 10 de diciembre: Sergio Massa, de Unión por la Patria, o Javier Milei, de La Libertad Avanza. Según los datos de la Cámara Nacional Electoral, la cantidad de votantes supera a los de las generales del pasado 22 de octubre.
El candidato de Unión por la Patria (UxP), Sergio Massa, garantizó hoy que el Gobierno actuará con «responsabilidad» del Gobierno para desde mañana iniciar «mecanismos de enlace y transición» hasta el recambio del 10 de diciembre y resaltó que «la tarea de dar certezas y transmitir garantías» durante la transición será «responsabilidad del presidente electo» Javier Milei, a quien felicitó por su victoria.
Massa reconoció la derrota acompañado por su familia y flanqueado por el cosecretario general de la CGT, Héctor Daer, y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, quienes lo aplaudieron mucho cuando aseguró que «lo más importante» tras la resolución del balotaje era dar a los argentinos un «mensaje de convivencia, diálogo y respeto por la paz».
En ese momento, todavía no se habían dado a conocer los resultados del escrutinio provisorio que, luego, con el 99,12% de las mesas escrutadas, consagraron ganador del balotaje al candidato de La Libertad Avanza, Javier Milei, con el 55,70% de los votos, frente al 44,29% cosechado por Unión por la Patria.

«Traté de dejar lo mejor de mí en esta campaña, convencido», subrayó el ministro de Economía en el discurso que pronunció en el búnker de UxP en el barrio porteño de Chacarita, donde los presentes le reconocieron su entrega.
«Amo profundamente a la Argentina, casi de la misma manera con la que amo a mis hijos», aseveró.
Al lado de su esposa, Malena Galmarini, y con su cuñado Sebastián Galmarini también sobre el escenario, Massa contó que había llamado por teléfono a Milei para felicitarlo por la victoria.
Además, al dar pistas sobre su futuro personal más allá del 10 de diciembre, dijo que esta noche «terminaba una etapa» en su vida política y que, a partir de ahora, llega el tiempo de que «vengan las nuevas generaciones de recambio transicional».
Entre sus palabras, el párrafo más importante en lo inmediato fue su advertencia sobre la tarea que tendrá Milei para colaborar con la gobernabilidad en los 19 días que restan hasta la asunción del postulante ultraliberal, el próximo 10 de diciembre.
«Desde mañana, la responsabilidad y la tarea de dar certezas y transmitir garantías sobre el funcionamiento político, social y económico de Argentina es responsabilidad del presidente electo», explicitó Massa, y añadió: «Esperamos que así lo haga».
En cuanto al rol que tendrá Massa desde el Palacio de Hacienda, como también el presidente Alberto Fernández, el ministro y candidato buscó transmitir a los argentinos que «no tengan ni dudas ni incertidumbre» respecto del funcionamiento del país en estas semanas de transición hacia el 10 de diciembre, cuando -de acuerdo con la Constitución- Javier Milei asumirá su mandato.
En otro tramo del discurso, el titular de la cartera económica y candidato presidencial de Unión por la Patria planteó que, a lo largo de la campaña, había habido «violencia y descalificación», y, frente a ese camino, pidió a «los 11 millones de argentinos» que lo votaron privilegiar la «convivencia», el «diálogo» y el «respeto por la paz».
Al dirigirse a sus votantes, Massa agradeció por haber elegido el «camino de la defensa del sistema de seguridad en manos del Estado», como también la defensa «de la educación pública, la salud pública, la industria nacional, el trabajo argentino y las pymes».
«Sepan que siempre van a contar conmigo defendiendo los valores del trabajo, industria nacional, federalismo, como valores centrales de la Argentina», se comprometió luego, lo que generó una nueva tanda de aplausos.
Y agregó: «Más allá de mi persona, hay miles y miles de argentinos como los que están acá que tienen la convicción y el valor de defender el país inclusivo en el que creemos».
En ese sentido, abogó para que «vengan las nuevas generaciones de recambio transicional» y que «miles y miles de jóvenes sigan enamorándose de este gran país, inclusivo y con igualdad de oportunidades».
En cuanto al tiempo que se abre con este resultado electoral, el ministro de Economía resaltó que «la Argentina tiene un sistema democrático fuerte, sólido, transparente», y valoró que en el país «siempre se respetan los resultados».
«Lo más importante que le tenemos que dar a los argentinos y argentinas es el mensaje de que la convivencia, el diálogo y el respeto por la paz, frente a tanta violencia y descalificación» porque, dijo, ese «es el mejor camino que podemos recorrer», insistió.
Y añadió: «Había dos caminos, nosotros elegimos el camino de la defensa del sistema de seguridad en manos del Estado, promover y defender a lo largo de la campaña educación publica y salud pública como valores centrales».
Sobre el programa que expresaba su candidatura, Massa amplió: «Elegimos defender la industria nacional, al trabajo de los argentinos, a nuestras pymes, a trabajadores con derechos, porque sentimos que la mejor forma de construir prosperidad, movilidad social ascendente es la mejor forma de construir progreso para nuestra Nación».
Aunque luego, sin eufemismos, reconoció que «los argentinos eligieron otro camino».
«Sigo creyendo, al igual que le primer día, que Argentina necesita acuerdos de políticas de Estado», planteó por otro lado Massa, y enumeró que «el sistema educativo, laboral, de garantías de derechos humanos, de relaciones internacionales de la Argentina deben ser por un acuerdo que transite los próximos 10 años».
«Es una responsabilidad que tenemos todos y cada uno de nosotros», puntualizó.
Como balance de los últimos meses, Massa definió a la campaña como «difícil» y que «en algún momento tuvo tintes ríspidos» pero expresó que confía en que en el corto plazo Argentina abandone las tensiones y valorice «la convivencia democrática y el respeto por el que piensa distinto se instalen para siempre».
En el momento de los agradecimientos mencionó a su «familia» y a quienes lo apoyaron «a lo largo de estos meses».
«A mis viejos, a Malena, por tanto acompañamiento y tanto apoyo a lo largo de estos meses», dijo.
Massa compartió el estrado precisamente con Malena Galmarini junto al jefe de Gabinete y compañero de fórmula Agustín Rossi; el gobernador Kicillof; el gremialista Daer; el ministro del Interior y senador nacional electo Eduardo ‘Wado’ De Pedro; el diputado nacional Máximo Kirchner; el ministro de Desarrollo de la Comunidad bonaerense Andrés Larroque; su par de Trabajo Walter Correa, entre otros.
También estuvieron la presidenta de la Cámara de Diputados, Cecilia Moreau; el vicejefe de Gabinete y apoderado de UxP, Juan Manuel Olmos, y el jefe de asesores de Kicillof, Carlos Bianco.
La militancia que había colmado las zonas al búnker del Complejo ‘C’ del barrio porteño de Chacarita a partir de las 18 sintió el impacto al escuchar al candidato presidencial del oficialismo admitir la derrota, lo que ocurrió cerca de las 20.
Elecciones
Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25
Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.
Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.
El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.
El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.
Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.
Lo que las encuestas no vieron venir
Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.
La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.
Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico
La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.
A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.
El mapa territorial y los puntos de quiebre
La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.
Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.
El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa
Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.
Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.
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