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Elecciones

Morales dice que en el PRO «hay ruido» y se pregunta si Macri se arrepintió de no ser candidato

Morales, se preguntó si el expresidente Macri se había arrepentido de su decisión de no ser candidato en los comicios de este año.

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El gobernador de Jujuy y precandidato presidencial de la UCR Gerardo Morales opinó hoy que en el PRO “hay mucho ruido” y, en relación a la propuesta de la diputada María Eugenia Vidal para que en ese partido todos los candidatos declinen sus postulaciones, dijo que espera que “se tranquilice un poco la situación, salvo que se haya arrepentido Mauricio Macri”.

Morales fue consultado hoy por Radio Perfil sobre la propuesta lanzada ayer por Vidal para que los postulantes del PRO de todas las categorías declinen sus candidaturas y, en ese marco, se preguntó si el expresidente Macri se había arrepentido de su decisión de no ser candidato en los comicios de este año.

“Creo que el PRO tiene que bajar todas las candidaturas, a todos los cargos y volver a empezar; pensar cuál es la mejor oferta que le tiene que hacer a los argentinos en la provincia, en la ciudad y el país y, sobre todo, mostrar su programa de gobierno y las reglas con las que va a competir», había dicho ayer Vidal.

Al respecto, Morales indicó que esa «es una propuesta para el PRO y nosotros somos otro partido” aunque se mostró confiado en que “la situación se va a resolver”.

“Vamos a estar todos unidos en Juntos por el Cambio para afrontar lo que viene, que es gobernar la República Argentina, con un desmadre en la situación económica y social”, expresó el titular del Comité Nacional de la UCR.

En otro orden, afirmó que hace “varios meses” que no habla con Macri y, en relación al precandidato presidencial de La Libertad Avanza, Javier Milei, advirtió que si gana las elecciones sería “catastrófico para la Argentina”.

“Sería catastrófico para el país que una persona desquiciada como Milei se haga cargo de comandar los destinos de la República Argentina, me hace acordar a Milagro Sala, son parecidos en la forma de hablar, de expresarse”, indicó Morales.

El titular de la UCR dijo que el fenómeno político que encarna el líder libertario tiene que ver “con la bronca de la gente, mucha molestia con sectores de la sociedad, principalmente los jóvenes, que tienen obviamente mucha bronca pro la falta de rumbo y se quieren ir del país”.

Aseguró que no comparte “el acercamiento a Milei” de algunos sectores de la coalición opositora y advirtió que “no cuenten con nosotros”, en alusión al radicalismo, para establecer alianzas con La Libertad Avanza.

Asimismo, opinó que Milei tiene posturas “desquiciadas” entre las que nombró sus iniciativas respecto a la venta de órganos, eliminación del Banco Central o la portación de armas.

En otro orden, calificó como una “amenaza” las declaraciones hechas por el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, respecto de que si ganaba la oposición en el país iba a haber “sangre en las calles”.

En este sentido indicó: “Yo puse orden en Jujuy sin derramar una gota de sangre, con la ley en la mano y eso es lo que vamos hacer, a recuperar la cultura del esfuerzo y el trabajo”.

En materia económica, Morales dijo que el próximo Gobierno tendrá que salir del cepo cambiario “lo más rápido posible”, aunque matizó al afirmar que “el tema es que la realidad lo permita”.

Al respecto sostuvo que “entre 2015 y 2019 nosotros dijimos que íbamos a bajar las retenciones al campo, y se bajaron, y luego las tuvimos que subir”.

“No todo es shock ni todo gradual”, expresó sobre cuál debe ser la tónica económica de la próxima administración.

Por último, afirmó que el próximo Gobierno estará en condiciones de «unificar el tipo de cambio en no más de un año, aunque en los primeros meses ya estará achicada la brecha (entre el dólar paralelo y el oficial) y vamos a ir saliendo del cepo lo más pronto posible”.

Elecciones

Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25

Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.

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Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.

El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.

El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.

Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.

Lo que las encuestas no vieron venir

Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.

La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.

Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico

La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.

A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.

El mapa territorial y los puntos de quiebre

La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.

Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.

El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa

Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.

Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.

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