Política 📢
Larroque habló con Grabois sobre el salario básico universal y llamó a «perforar el cerco mediático»
Durante la jornada debate, el ministro de Desarrollo de la Comunidad bonaerense remarcó que «hay que tener en claro el proyecto, asumir y afrontar que estamos en deuda» y se refirió a la necesidad de fortalecer «un proyecto de poder para el pueblo».
El ministro de Desarrollo de la Comunidad de la provincia de Buenos Aires, Andrés Larroque, llamó al peronismo a «perforar el cerco mediático» y planteó que la prioridad «es la gente», durante una jornada debate sobre el proyecto de ley de Salario Básico Universal, que se realizó este miércoles en el auditorio de la Cámara de Diputados bonaerense.
«Estamos en tiempo de descuento y necesitamos perforar el cerco mediático que nos permita generar una identificación con el pueblo», subrayó en el marco de una charla que compartió en La Plata con el referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) Juan Grabois, uno de los impulsores del proyecto de salario básico universal presentado en el Congreso de la Nación a principios de mayo.
El funcionario del gobierno de Axel Kicillof remarcó que «hay que tener en claro el proyecto, asumir y afrontar que estamos en deuda» y se refirió a la necesidad de fortalecer «un proyecto de poder para el pueblo» al exponer en la conferencia en la que también lo acompañaron el titular de la Federación de Trabajadores de la Economía Social (FeTraEs) Eduardo Montes y las diputadas bonaerenses (ambas del Frente de Todos) Lucía Klug y Mariana Larroque, quien ofició de moderadora.
«El Estado perdió su capacidad de planificar. Gobernar debe ser construir el futuro. Si avanzan los sectores acomodados estamos complicados. Nuestra generación tiene un desafío y es resolver problemas».
Larroque describió los efectos que producen las «típicas políticas liberales» y aseguró que ese programa de destrucción de «un sistema» comenzó con el golpe de Estado del ’76 y se repitió «en la época de (Mauricio) Macri», para luego señalar que «solo en doce años más estos dos» (por los tres mandatos del kirchnerismo más el período actual del FdT) se intentaron revertir las medidas de desindustrialización, reducción del Estado y recorte de derechos.
Sobre los desafíos del oficialismo en este contexto, el ministro bonaerense puntualizó: «No vamos a resolver el problema de fondo, lo vamos a sacar de la emergencia. Hay que movilizar, generar conciencia. Perón hablaba de democracia social y hay que adaptarse a la realidad del pueblo. Hay que decir las cosas, buscar a dónde tenemos que ir para resolver situaciones».
Grabois, en tanto, se explayó sobre la propuesta de poner en marcha un Salario Básico Universal, que hace un mes ingresó al Parlamento, e insistió en la necesidad de crear por ley «un ingreso básico asegurado por el Estado».
«El proyecto que impulsamos no es la panacea. Estamos mal porque hay que revertir un proceso de degradación muy grande. Nos roban todo. El Estado perdió su capacidad de planificar. Gobernar debe ser construir el futuro. Si avanzan los sectores acomodados estamos complicados. Nuestra generación tiene un desafío y es resolver problemas», argumentó el abogado y titular del espacio político Patria Grande.
Cabe destacar que el proyecto de Salario Básico Universal lleva las firmas de los diputados nacionales del FdT Itai Hagman -quien además lo presentó-, Natalia Zaracho, Leonardo Grosso, Federico Fagioli, Claudia Ormachea, Mara Brawer, Carlos Selva, Mónica Macha, Hugo Yasky, Pablo Carro, Juan Carlos Alderete, Carolina Yutrovic y Graciela Landriscini, entre otros.
La iniciativa propone llegar con un ingreso mensual asegurado a las personas que se encuentren desocupadas, se desempeñen en la economía informal, estén inscriptas en la categoría A del Régimen Simplificado de Pequeños Contribuyentes o se encuentren inscriptas en el Régimen de Inclusión Social y Promoción del Trabajo, según el articulado del proyecto.
En su intervención, Grabois planteó que frente a la situación social se debe recorrer «un camino largo, con aportes intermedios» y que mientras se discuten «los problemas de fondo» se debe reconocer que en la economía argentina coexisten tres situaciones: «La primera -siguió-, es el trabajo formal asalariado; la segunda, ser cuentapropista o autónomo con ingresos altos; y tercero, el problema que debe solucionar el Estado, que es generar una economía popular organizada, hasta que pueda subir a otra categoría».
Y en ese sentido, reiteró: «Hay que convencer a mucha gente. Se necesita tener un ingreso básico asegurado por el Estado».
Por su parte, Lucía Klug consideró que «el Estado debe interpretar las necesidades del pueblo, interpretar y entender que la gente vuelva a creer en la política. Hay cosas que nos deben conmover y no ser insensibles. Debemos buscar cambiar la vida de las personas».
«Ningún joven puede desarrollar un proyecto si no podemos solucionar los problemas para que pueda estudiar y las mujeres somos las más complicadas para conseguir un trabajo formal. Es una revolución lo que hay que hacer», añadió la legisladora.
También habló el titular de FeTraEs, Eduardo Montes, quien elogió la idea del Salario Básico Universal y propuso poner el foco sobre la «canasta básica alimentaria», para luego reiterar que es necesario «llevar esta discusión a distintos sectores», en referencia al proyecto motorizado por Hagman, Zaracho, Fagioli y otros legisladores del oficialismo.
En paralelo al debate sobre el Salario Básico Universal, desde la cartera de Desarrollo de la Comunidad bonaerense iniciaron esta semana una campaña de difusión pública para advertir a quienes reciben programas sociales que tienen derecho a recibir la totalidad de la prestación.
«Si vivís en la provincia de Buenos Aires y sos destinatario de programas sociales recordá que es tu derecho recibir la totalidad de la prestación. Nadie puede retenerte o quitarte una suma de dinero de lo que te corresponde», dice uno de los spots del ministerio, que además ofrece una línea telefónica (0221-2230021) para hacer denuncias «de manera confidencial y segura».
Elecciones
¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia
A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.
El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.
No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.
Una lealtad que se conjuga en presente
Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.
El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.
Un Gobierno que no respeta la democracia
Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.
Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.
Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.
No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.


El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición
El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.
Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.
Las mujeres y disidencias van al centro del poder
Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.
La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.
Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.
Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.
2027: la lealtad es organizarse
Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.
Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.
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