Elecciones
Protesta en Plaza de Mayo contra «el ajuste y la derecha»
La protesta fue organizada por la Unidad Piquetera (UP) y el Frente de Izquierda Unidad (FIT-U).
Organizaciones nucleadas en la Unidad Piquetera (UP) y el Frente de Izquierda Unidad (FIT-U) protestaron hoy en Plaza de Mayo contra el ajuste del FMI y la derecha que representan candidatos como Javier Milei, como parte de una jornada nacional de lucha en reclamo de alimentos para comedores populares y un aumento del salario mínimo, vital y móvil.
La movilización comenzó a las 16.30, cuando las columnas de manifestantes partieron desde distintos puntos de la Avenida 9 de Julio hacia la Plaza de Mayo, lo que generó un caos vehicular y demoras en las principales arterias del centro porteño.
La movilización finalizó pasadas las 19, confirmaron a Télam voceros de la organización.
En el documento leído durante el acto, el sector denunció que «frente a las medidas de ajuste que golpean a les trabajadores, jubilados y mucho más a los precarizados y desocupados, que ya sufrimos salarios de hambre y fuimos nuevamente sacudidos por una devaluación de más del 20% en las últimas semanas, el consiguiente estallido inflacionario y ante la amenaza de candidatos que anuncian la eliminación de derechos, llamamos a luchar contra el ajuste que destruye los salarios, jubilaciones y los presupuestos de salud y educación, y que convierte en papel mojado la defensa de esas conquista para millones de trabajadores precarizados y desocupados.
«Convocamos a unir fuerzas para enfrentar a los ajustadores del Gobierno, del Fondo y la derecha que amenaza con derribar todos los derechos de los trabajadores. Tenemos la fuerza, la clase trabajadora en unidad junto al pueblo, somos la mayoría de la población y la que producimos todas las riquezas y garantizamos todos los servicios», expresó el texto.
Los dirigentes anticiparon que «esta acción de lucha convocada por organizaciones obreras y populares será el primer paso para impulsar todos nuestros reclamos, con la unidad de la clase trabajadora ocupada y desocupada, que desafíe de modo abierto la parálisis de la burocracia sindical y su complicidad con la devaluación de (Sergio) Massa y hasta con los planteos de Milei».
La candidata presidencial del FIT-U, Myriam Bregman, destacó que se trató de una «convocatoria construida en unidad de la izquierda, numerosas organizaciones sociales y dirigentes sindicales junto a algunos organismos de derechos humanos que se han sumado para decirle no al ajuste que está imponiendo el Gobierno de la mano del FMI y también como una alerta del avance de la derecha que amenaza los derechos conquistados en la calle por tanto tiempo».
En declaraciones a C5N, la dirigente consideró que «no hay salida posible para el país de la mano del FMI» y acusó al organismo internacional de ser el principal responsable de la situación con sus «devaluaciones que pegan fuertísimo en el bolsillo de las familias trabajadoras».
«El único camino que vemos para que no sea el pueblo trabajador el que pague el ajuste es la ruptura y el desconocimiento soberano de ese acuerdo totalmente ilegal que Mauricio Macri trajo a nuestro país y que este Gobierno está pagando», sostuvo la candidata presidencial.
Participaron organizaciones de derechos humanos, estudiantiles y representantes del Tercer Malón de la Paz, y dirigentes como la candidata a jefa de Gobierno porteño, Vanina Biasi; el diputado Nicolás del Caño y el candidato a legislador Néstor Pitrola; así como el referente del Polo Obrero (PO), Eduardo Belliboni; y el secretario general de Ademys, Jorge Adaro.
La medida había sido resuelta el pasado viernes en un plenario que deliberó en la zona del Congreso.
Elecciones
Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25
Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.
Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.
El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.
El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.
Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.
Lo que las encuestas no vieron venir
Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.
La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.
Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico
La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.
A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.
El mapa territorial y los puntos de quiebre
La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.
Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.
El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa
Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.
Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.
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