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Política 📢

Corrupción, ajuste y desconfianza: el combo que derrumba a Milei en las encuestas

Un sondeo de las consultoras Trespuntozero y Alaska revela que el 65,3% de los argentinos evalúa negativamente al Gobierno nacional. El crecimiento de 10 puntos en la preocupación por la corrupción y el deterioro de las expectativas económicas marcan el pulso de un electorado que ya no atribuye la crisis a gestiones anteriores.

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El Argentino Diario-Javier Milei.

Dos tercios repudian la gestión Milei: corrupción y ajuste, los motores del desplome

★ La imagen del Gobierno de Javier Milei cayó a su piso histórico. Según un relevamiento de las consultoras Trespuntozero y Alaska, realizado entre el 17 y el 21 de abril sobre un universo de 1.200 casos a nivel nacional y con un margen de error de ±2,8 puntos porcentuales, el 65,3% de la ciudadanía califica de manera negativa la gestión del presidente libertario. El dato, que casi duplica al porcentaje de quienes aprueban la administración, consolida una tendencia que vienen reflejando otros trabajos de opinión pública difundidos en las últimas semanas.

El desglose de la aprobación y la desaprobación

La evaluación negativa se compone de dos segmentos: quienes consideran que el Gobierno lo hace «muy mal» representan el 53,8% de los encuestados, mientras que quienes lo ven simplemente «mal» suman el 11,5%. En el campo de la aprobación, el cuadro es sustancialmente más magro: el 19,9% de los consultados valora la gestión como «muy bien» y el 13,1% la califica de «bien», lo que arroja un total de apenas el 33% de respaldo.

Las expectativas económicas: del optimismo inicial al escepticismo generalizado

Uno de los hallazgos más significativos del estudio es el vuelco en las expectativas económicas. En los primeros tramos de la gestión libertaria, la promesa de estabilización había generado un horizonte de expectativa positiva en amplias franjas de la población. Hoy ese panorama se revirtió de manera contundente: el 61,2% de los encuestados considera que las perspectivas económicas «empeoraron», frente a un 17,4% que cree que mejoraron y un 19,2% que no percibe cambios.

Este deterioro de las expectativas se inscribe en un contexto de ajuste sostenido. Según datos del INDEC de marzo de 2026, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) registró una variación interanual del 32,8% y la Canasta Básica Total (CBT) del 30,4%. En paralelo, los servicios públicos acumularon desde diciembre de 2023 incrementos que, según informes del IIEP (UBA-CONICET), superan el 525% en la canasta de servicios y transporte, con rubros como el transporte trepando cerca del 912% y el gas al 748%.

La responsabilidad por la crisis: giro histórico en la percepción ciudadana

La encuesta de Trespuntozero y Alaska confirma un cambio de paradigma en la atribución de responsabilidades por la situación económica. El 63,6% de los consultados señala al actual Gobierno como principal responsable de la crisis, mientras que la gestión de Alberto Fernández cayó al 14% de las menciones y la de Cristina Fernández de Kirchner al 14,9%. El resto de los factores señalados como culpables, entre ellos los empresarios, el FMI, el gobierno de Mauricio Macri y el neoliberalismo de los años 90, no supera el 1% en ningún caso.

Este desplazamiento de las culpas hacia la administración vigente marca un punto de quiebre con la narrativa oficial, que durante más de dos años intentó sostener el relato de la «herencia recibida» como explicación para el deterioro del poder adquisitivo y la calidad de vida.

La corrupción desplaza a la inflación: el ascenso más disruptivo

El dato que más llama la atención del sondeo es el crecimiento de la preocupación por la corrupción como problema principal del país. El 38,5% de los encuestados la identifica como la principal preocupación nacional, lo que representa un salto de 10 puntos porcentuales respecto de la medición de enero de 2026. Al comienzo de la gestión libertaria, la corrupción era mencionada por apenas el 20% de los consultados.

El ascenso de este indicador coincide con una acumulación de escándalos que golpearon de lleno la imagen de una administración que hizo del combate a «la casta» su principal promesa electoral. El trabajo cita, entre los casos que impactaron en la percepción ciudadana, el denominado criptogate $Libra, las irregularidades investigadas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) y la situación judicial del actual Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien enfrenta una causa por enriquecimiento ilícito en la justicia federal, con un patrimonio bajo sospecha que, según la investigación, supera los 840.000 dólares.

Detrás de la corrupción, las preocupaciones más mencionadas fueron la desocupación (18,3%), la pobreza (16,1%) y la inflación (12,2%). El desplazamiento de la inflación al cuarto lugar, después de haber encabezado el ranking de problemas durante años, no implica su resolución sino la irrupción de una crisis de credibilidad institucional que ahora copa el centro de la escena.

Puntos clave:

  • El 65,3% de los argentinos evalúa negativamente la gestión de Milei, según Trespuntozero y Alaska (universo: 1.200 casos, margen de error ±2,8%, relevamiento del 17 al 21 de abril de 2026).
  • El 61,2% afirma que sus expectativas económicas «empeoraron» respecto del inicio del Gobierno.
  • El 63,6% responsabiliza al actual Gobierno por la situación económica, mientras solo el 14% señala a la gestión de Alberto Fernández.
  • La preocupación por la corrupción trepó 10 puntos desde enero de 2026 y alcanzó el 38,5%, desplazando a la inflación al cuarto lugar.
  • Los servicios públicos acumularon subas de más del 525% desde diciembre de 2023, según el IIEP (UBA-CONICET).

Elecciones

Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25

Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.

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Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.

El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.

El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.

Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.

Lo que las encuestas no vieron venir

Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.

La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.

Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico

La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.

A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.

El mapa territorial y los puntos de quiebre

La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.

Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.

El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa

Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.

Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.

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