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Franja de Gaza

El Reconocimiento del Estado Palestino: ¿Gestión diplomática u oportunismo político?

Por Lois Pérez Leira.

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El Argentino Diario-Manifestación en defensa de Palestina.

Por Lois Pérez Leira

Las recientes declaraciones del presidente francés, Emmanuel Macron, sobre la posibilidad de reconocer al Estado de Palestina han generado un intenso debate internacional. En un contexto marcado por la guerra en Gaza, el aumento de la presión internacional sobre Israel y el creciente apoyo a la causa palestina, Macron parece sumarse a un movimiento que ya han impulsado otros países, como España, Irlanda y Noruega. Sin embargo, ¿se trata de una postura genuina en favor de la paz o de un cálculo político oportunista?

Un Cambio de Discurso en un Momento Crítico

Macron ha mantenido históricamente una posición ambivalente respecto al conflicto israelí-palestino. Francia, como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, ha abogado por una solución de dos Estados, pero sin dar el paso definitivo de reconocer a Palestina como Estado soberano. Ahora, en medio de una creciente condena global a la ofensiva israelí en Gaza —que ha dejado miles de muertos y una crisis humanitaria sin precedentes—, el mandatario francés afirma que el reconocimiento de Palestina «no es un tabú».

Este giro en su discurso no es casual. La opinión pública europea, especialmente la izquierda y los movimientos progresistas, ha incrementado su presión para que la UE adopte una postura más firme contra Israel. Macron, cuyo partido enfrenta una fuerte competencia de la derecha nacionalista y la izquierda radical en las próximas elecciones europeas, podría estar buscando reposicionarse ante un electorado cada vez más crítico con la política exterior tradicional.

¿Un Reconocimiento con Condiciones o una Postura Vacía?

Aunque Macron ha abierto la puerta al reconocimiento, lo ha hecho con condiciones: señala que debe ser en el «momento oportuno» y como parte de una «paz negociada». Esto plantea dudas sobre la sinceridad de su propuesta, ya que Israel, bajo el gobierno de Netanyahu, ha rechazado sistemáticamente cualquier avance hacia un Estado palestino. Si Francia y Europa esperan a que Israel dé su aprobación, el reconocimiento podría quedar en un gesto simbólico sin consecuencias reales.

Además, el hecho de que Macron no haya tomado una decisión firme —a diferencia de España, Irlanda y Noruega, que ya anunciaron su reconocimiento— sugiere que su declaración busca más apaciguar las críticas internas que impulsar un cambio real en la política internacional.

El Riesgo de la Doble Moral Occidental

La comunidad internacional lleva décadas hablando de la solución de dos Estados, pero sin acciones concretas. Mientras países como Suecia o los recientemente sumados reconocen a Palestina, las grandes potencias —incluyendo a Francia— se escudan en negociaciones eternas que nunca llegan. Esto alimenta la percepción de que Occidente aplica un doble rasero: condena la invasión rusa de Ucrania en defensa del derecho internacional, pero tolera la ocupación israelí de territorios palestinos.

Si Macron realmente quiere contribuir a la paz, debería ir más allá de las declaraciones y unirse a los países que ya reconocen a Palestina, presionando para que la UE adopte una postura unificada. De lo contrario, sus palabras quedarán como un gesto vacío, más enfocado en la imagen que en la justicia.

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

DDHH

Defendió a Mandela, acusó a Israel de genocidio y hoy es Nobel de la Paz: quién es Navi Pillay

La sudafricana que defendió a los presos políticos del apartheid, entre ellos Nelson Mandela, y que presidió la comisión de la ONU que concluyó que Israel comete genocidio en Gaza, fue distinguida con el Nobel de la Paz 2026. Donald Trump, que lo reclamaba a viva voz, se quedó afuera.

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El premio más simbólico del planeta fue a parar a manos de la mujer que se atrevió a ponerle nombre a lo que ocurre en la Franja de Gaza. El Comité Noruego del Nobel eligió como Premio Nobel de la Paz 2026 a la jurista que encabezó la comisión de investigación independiente de la ONU que acusó a Israel de cometer genocidio contra el pueblo palestino. La decisión, conocida este viernes, llegó apenas horas después de que Donald Trump reclamara el galardón para sí mismo ante la prensa acreditada en la Casa Blanca.

La distinguida es la sudafricana Navanethem «Navi» Pillay, de 85 años, ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2008 y 2014. Según anunció el propio Comité a través de su cuenta oficial, el premio le fue otorgado «por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional», así como por su aporte a la construcción de un orden jurídico global y a la persecución de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio.

Un premio para el derecho internacional en tiempos de guerra

El Comité sostuvo que Pillay trabajó para exigir responsabilidades a los Estados y a sus líderes, y que su trayectoria brindó esperanza a las víctimas de la violencia y de los conflictos armados. A lo largo de su carrera, la jurista puso el foco en la obligación de individuos y Estados de respetar el Estado de derecho, sin excepciones para los poderosos.

El presidente del Comité Nobel, Jørgen Watne Frydnes, explicó el sentido de la elección: «Cada vez más conflictos se están abordando a través de la diplomacia, tratados y mecanismos legales, en lugar de amenazas, violencia y guerra. El derecho internacional es un fundamento para un mundo más pacífico».

Frydnes fue todavía más allá al describir el escenario global: «En un momento de desafíos existenciales (incluyendo más guerras y conflictos de los que el mundo ha visto en mucho tiempo), el derecho internacional ya no es solo un complemento para la paz y la seguridad. Es una necesidad absoluta«. La frase funciona como una respuesta directa a quienes pretenden reemplazar las normas internacionales por la ley del más fuerte.

Gaza: el informe que incomodó a las potencias

El dato que convierte este Nobel en un mensaje político de alto voltaje es su rol al frente de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado. En septiembre de 2025, ese organismo concluyó en un informe de 72 páginas que Israel cometió cuatro de los actos tipificados como genocidas por el derecho internacional desde el inicio de la ofensiva sobre Gaza. Entre las pruebas, el panel citó la destrucción de una clínica de fertilidad como evidencia de medidas destinadas a impedir nacimientos dentro del grupo palestino.

En aquel momento, Pillay fue tajante: «La responsabilidad por estos crímenes atroces recae en las autoridades israelíes de los más altos niveles, que orquestaron una campaña genocida durante casi dos años con la intención específica de destruir al grupo palestino en Gaza». Israel rechazó de inmediato la conclusión, como hizo cada vez que un organismo o una figura pública utilizó ese término para describir su campaña militar.

Además, la jurista se desempeña en la causa que investiga a Myanmar por el genocidio contra la minoría rohingya ante la Corte Internacional de Justicia. Premiarla a ella es premiar exactamente aquello que Washington y Tel Aviv intentaron desacreditar durante años. Un mensaje que también interpela a los gobiernos que, como el de Javier Milei, se alinearon sin matices con la Casa Blanca y con el gobierno de Benjamín Netanyahu.

Los premios que intentaron quitarle

El reconocimiento de Oslo contrasta con los obstáculos que Pillay enfrentó en los últimos años. En septiembre de 2022, la Asociación de Naciones Unidas de Alemania iba a entregarle la Medalla de la Paz Otto Hahn en una ceremonia en el Ayuntamiento Rojo de Berlín, pero la entonces alcaldesa Franziska Giffey suspendió el acto tras la presión del embajador israelí en Alemania, Ron Prosor. El diplomático llegó a declarar que «que Navi Pillay investigue a Israel es como pedirle a Putin que presida una comisión de investigación sobre Ucrania».

En octubre de 2023, la rama estadounidense de la Asociación de Derecho Internacional desvinculó de su conferencia anual el premio que iba a entregarle, después de que una treintena de organizaciones pidieran a los grandes estudios jurídicos retirar su patrocinio. La campaña de desprestigio no logró lo que buscaba: en 2025 recibió el Premio de la Paz de Sídney y hoy suma el Nobel.

De la trinchera contra el apartheid a los tribunales internacionales

Pillay se graduó en derecho en 1965 en la Universidad de Natal y empezó a trabajar junto al abogado N.T. Naicker, integrante del Congreso Nacional Africano (CNA), quien estaba bajo arresto domiciliario. En 1967, con apenas 26 años, abrió su propio estudio y se convirtió en la primera mujer no blanca en hacerlo en la provincia de Natal. Según recordó ella misma, ningún bufete quería contratarla porque «no aceptaban que empleados blancos recibieran instrucciones de una persona de color».

Durante 28 años defendió a militantes antiapartheid del CNA, del Movimiento de Conciencia Negra y de otras organizaciones, y denunció la tortura contra presos políticos. En 1971 obtuvo una medida judicial para impedir que la policía aplicara métodos ilegales de interrogatorio a su propio esposo, detenido bajo la Ley Antiterrorista. Dos años después logró que los presos políticos de la isla Robben, entre ellos Nelson Mandela, tuvieran derecho a asistencia letrada.

En 1988 se doctoró en ciencias jurídicas en Harvard, la primera sudafricana en lograrlo en esa facultad. Más tarde integró y presidió el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, donde formó parte del tribunal que en la causa Akayesu reconoció por primera vez la violación como un acto de genocidio, un hito para los derechos de las mujeres en el derecho penal internacional. Luego fue jueza de la Corte Penal Internacional, antes de asumir como Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.

Trump, el gran perdedor de la jornada

La víspera del anuncio, el presidente de Estados Unidos insistió en que merecía el premio. «Nunca ha habido nadie en la historia del Premio Nobel que lo merezca más. Resolví ocho guerras. Detuve la destrucción total del mundo», aseguró Trump ante los periodistas en la Casa Blanca.

El mandatario evocó además a la venezolana María Corina Machado, galardonada en 2025: «La última vez se lo dieron a una joven, que era una persona fabulosa. Y ella dijo que no lo merecía, que yo lo merecía. Y me lo dio». Aun así, admitió que el Comité difícilmente lo elegiría. La distancia entre el presidente que exige medallas y la jueza que exige rendición de cuentas a los poderosos resume el mensaje de Oslo.

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