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Elecciones en Ecuador: el correísmo busca revancha

La candidata presidencial avalada por el ex presidente exiliado en Europa, Luisa Gónzalez, tiene posibilidades de ganar la Presidencia. Su contrincante es hijo del mayor multimillonario del país y un ejecutor de las políticas de seguridad antinarcóticas que promueve Trump.

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Por Emiliano Guido

En bicicleta y atuendo deportivo la candidata presidencial opositora Luisa González, que cuenta con el apoyo explícito del ex Jefe de Estado Rafael Correa, continúa recorriendo el país los últimos días de enero en modo fitness para demostrar, precisamente, que el correísmo ahora cuenta con un rostro femenino, jovial y descontracturado.

González, de rostro telegénico y cabellera azabache prolija, sonríe de forma manifiesta en los mítines que encabeza. En los mencionados actos reitera en sus discursos las líneas narrativas centrales de su fuerza política Revolución Ciudadana: la necesidad de recuperar el Estado para que sea un actor central en la economía nacional, invierta en ciencia y tecnología, además de auditar la cuantiosa deuda externa ecuatoriana, una tríada de ideas rectoras que caracterizaron en términos políticos a la década gobernada por el ex mandatario exiliado de forma forzosa en Bruselas porque la guerra judicial contra su persona le ha imposibilitado el regreso a su país.

Luisa González, ex funcionaria en distintos estamentos de la administración pública durante los gobiernos de Correa, no solo muestra con insistencia su sonrisa en la recta final de la campaña por su capacidad fotogénica, sino porque los números de los últimos sondeos brillan para su persona. Las más recientes encuestas publicadas coinciden en advertir que la candidata de Revolución Ciudadana tiene una intención de voto superior al 35%; sin embargo, como la ley electoral fija un piso de sufragios similar a la legislación argentina para que una fuerza política pueda vencer en primera vuelta, lo más probable es que los comicios presidenciales se definan en instancia de  ballotage.

Balas, cortes y narcos

En contraposición, el candidato oficialista posee un perfil político y de linaje familiar muy distinto al de Luisa González. Daniel Noboa tiene un apellido que resuena en el ecosistema de la élite local; su padre Álvaro, un importante empresario bananero en un país icónico en la exportación de dicho cultivo, posee una de las fortunas más importantes del país.

Noboa junior es un recién llegado a la política que pudo vencer en los últimos comicios tras la presidencia fallida de su antecesor, el neoliberal Guillermo Lasso, gracias a la descomposición del sistema de representación local; su carta electoral resultó ganadora en un paisaje donde los partidos de derecha tradicionales no logran adhesión popular y porque el anticorreísmo, una operación psicológica de divisoria de aguas que se instauró a fuego gracias a la concentración mediática tras el fin de ciclo de Correa, le resultó provechoso en la segunda ronda electoral.

Pero, la citada maquinaria de índole de guerra psicológica, partir el país en dos de forma maniquea, de un lado el bien, y del otro, la horrorosa herencia populista, que en Ecuador se entorna en torno de la identidad correísta, comienza a languidecer porque la nación andina hoy está cruzada por una serie de crisis de factoría recientes.

Por caso, el analista del centro latinoamericano de análisis CELAG Sergio Pascual resalta que Noboa es afectado por la concurrencia de una triple crisis: “Seguridad: la tasa de homicidios es de 47 por cada 100.000 habitantes en 2023, según el Observatorio Ecuatoriano del Crimen Organizado. Es la tasa más alta de Latinoamérica. Economía: el país atraviesa una crisis económica que está golpeando fuertemente el mercado laboral. Energética: durante 2024 se han producido en el país cortes recurrentes y sistemáticos de electricidad de hasta 14 horas diarias, incluyendo a las principales ciudades y los centros industriales. Aunque los problemas de fondo no se han solventado aún desde el 20 de diciembre, se han suspendido los cortes programados”.

Por último, el analista internacional cubano Hedelberto López Blanch aporta información sustancial para comprender el ascendente rol del país andino en la ruta del narcotráfico: “A toda esa debacle se suma el narcotráfico que controla casi todas las actividades dentro del país. Un análisis del portal especializado Insight Crime, define a Ecuador como una «autopista de la cocaína hacia Estados Unidos y Europa», y señala que ya no es un país de tránsito de la droga, sino uno en el que se la almacena, se la exporta e incluso se la procesa.

Agrega el estudio de Insight Crime que el poder de negociación de la cocaína se encuentra sobre todo en la comercialización y el lavado de activos y que las mafias extranjeras que operan en el país han hecho alianzas o han sometido a las empresas agroexportadoras más grandes y con mayor experiencia. Seguidamente insinúa que la Corporación Noboa controla el 75 % de las exportaciones de banano y es la única empresa que deja sus productos en los puertos más grandes del mundo, con su propia flota naviera”.

Geopolítica 🌎

Treinta y dos años después: Rafecas procesó a ocho acusados por el atentado a la AMIA

El juez federal Daniel Rafecas dictó una resolución de más de 600 páginas que avanza sobre las máximas autoridades iraníes y un agente de Hezbollah, con embargos de US$ 500 millones para cada imputado. Es el paso previo al primer juicio oral en ausencia por la masacre que mató a 85 personas el 18 de julio de 1994.

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Rafecas procesó a ocho iraníes y libaneses por el atentado a la AMIA y dispuso embargos de US$ 500 millones para cada uno.

Ochenta y cinco muertos, 151 heridos y 32 años de impunidad. Ese es el peso que cargó la causa AMIA hasta este lunes, cuando el juez federal Daniel Rafecas procesó a ocho ciudadanos iraníes y libaneses como responsables del atentado más letal de la historia argentina y dispuso embargos por US$ 500 millones para cada uno de los imputados.

La resolución, que supera las 600 páginas, fue dictada en el marco del régimen de juicio en ausencia establecido por la ley 27.784, instrumento que habilitó avanzar en el proceso pese a que los acusados permanecen prófugos en el extranjero y sus países de origen jamás los extraditaron ni los juzgaron. El fallo marca un punto de inflexión histórico: por primera vez, la justicia argentina pone nombre, cargo y responsabilidad penal sobre quienes ordenaron y ejecutaron la bomba que destruyó la sede de la AMIA el 18 de julio de 1994.

La cadena de mando iraní en el banquillo

Según la reconstrucción incluida en el fallo, la decisión de perpetrar el atentado fue adoptada en agosto de 1993 por las máximas instancias del régimen iraní, que encomendaron su ejecución a Hezbollah. La organización montó una red de apoyo regional y local con base en la Triple Frontera.

Rafecas procesó como autores mediatos a cuatro funcionarios de la cúpula del gobierno iraní: Ali Fallahijan, quien entonces era ministro de Inteligencia; Ali Velayati, ministro de Relaciones Exteriores en ese período; Mohsen Rezai, comandante de la Guardia Revolucionaria; y Ahmad Vahidi, comandante de la fuerza Al Quds, el brazo de operaciones externas de esa fuerza de élite.

En la figura de cómplices necesarios fueron procesados Hadi Soleimanpour, ex embajador de Irán en la Argentina; Mohsen Rabbani, quien se desempeñaba como consejero cultural de la Embajada iraní y que históricamente fue señalado como el articulador local del atentado; y Ahmad Asghari, identificado como agente de inteligencia de la Guardia Revolucionaria.

El octavo procesado es Salman Raouf Salman, también conocido como Samuel El Reda, agente libanés de Hezbollah a quien el magistrado atribuyó la coordinación de la etapa final de la operación. Su rol resulta clave en la cadena operativa: fue quien, según el fallo, articuló el eslabón entre la planificación estratégica iraní y la ejecución en suelo argentino.

La mecánica del crimen: 300 kilos de explosivo y una Renault Trafic

La resolución reconstruye con precisión los pasos operativos del atentado. El 10 de julio de 1994, los responsables adquirieron una camioneta Renault Trafic que fue acondicionada y cargada con 300 kilos de amonal y TNT. Ocho días después, el vehículo fue conducido hasta la sede de la AMIA y detonado, provocando el derrumbe del edificio y la muerte de 85 personas.

Los hechos fueron tipificados como homicidios y lesiones reiteradas, agravados por odio racial o religioso y por el uso de un medio capaz de causar peligro común, además de daño agravado por motivos discriminatorios. Rafecas fue más lejos aún en la calificación: encuadró el atentado como crimen de lesa humanidad y lo tipificó también en la figura de genocidio en los términos del Derecho internacional, una decisión de enorme peso político y jurídico que proyecta la causa más allá de los límites del derecho penal doméstico.

Quiénes quedaron afuera y por qué

El juez dispuso la falta de mérito respecto de Abdallah Salman y Hussein Mouzannar, cuyas responsabilidades no alcanzaron el umbral probatorio requerido para el procesamiento. Tampoco se trató la situación del líder supremo iraní Alí Khamenei, del histórico jefe de operaciones de Hezbollah Imad Mughniyeh ni de Ali Hussein Abdallah, dado que los tres fallecieron, según la resolución, en 2026, 2008 y 2020, respectivamente.

El camino hacia el juicio oral

La resolución de Rafecas no es firme. La Defensa Oficial está habilitada para apelarla y, en ese caso, deberá recorrer las instancias superiores antes de quedar confirmada. Si el procesamiento queda en pie, el juzgado correrá vista a las partes para avanzar hacia el primer juicio oral y público bajo el régimen de ausencia en la causa AMIA, una instancia que la Argentina lleva tres décadas intentando alcanzar.

La ley 27.784 fue precisamente el instrumento que desbloqueó esa posibilidad: permite juzgar a personas que no se encuentran en el país y que sus estados de origen se niegan a entregar. La aplicación de ese régimen a la causa AMIA convirtió lo que parecía un obstáculo procesal permanente en un mecanismo viable para la búsqueda de verdad y justicia.

Lo que tenés que saber

  • El juez Rafecas procesó a ocho iraníes y libaneses por el atentado a la AMIA y dispuso embargos de US$ 500 millones para cada uno.
  • Los cuatro autores mediatos son ex altos funcionarios del gobierno iraní: el ministro de Inteligencia, el canciller, el comandante de la Guardia Revolucionaria y el jefe de la fuerza Al Quds.
  • El atentado del 18 de julio de 1994 mató a 85 personas, hirió a 151 y fue calificado en el fallo como crimen de lesa humanidad y genocidio.
  • La resolución se dictó bajo el régimen de juicio en ausencia (ley 27.784), que permite avanzar con acusados prófugos en el exterior.
  • Si el procesamiento queda confirmado en las instancias superiores, la causa se encamina al primer juicio oral y público por la masacre.
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