Lawfare
La Justicia de Ecuador dejó a Correa fuera de las próximas elecciones
Este lunes la máxima Corte de la Justicia ordinaria de Ecuador ratificó la condena a Correa y sus funcionarios y funcionarias como así también sus inconsistentes argumentos.
El Tribunal de Casación de la Corte Nacional de Ecuador, la máxima instancia de la justicia ordinaria del país, rechazó este lunes el recurso presentado por el ex- presidente Rafael Correa y dejó firme su sentencia por corrupción a ocho años de prisión y 25 de inhabilitación para ocupar cargos públicos, lo que hace legalmente imposible que se presente como candidato en las elecciones generales de febrero próximo.
«Denle toda la solidaridad a perseguidos allá. Recuerden: a lo único que nos condenan es a vencer», aseguró correa en twitter.
A fines de agosto, el Gobierno de Ecuador había aclarado que la palabra final sobre la candidatura de Correa la tenía la Justicia. Poco después, la situación electoral del exmandatario quedó abiertamente en un limbo legal cuando las autoridades electorales no permitieron que aceptara de manera virtual, desde Bélgica, donde vive desde 2017, su postulación a la Vicepresidencia.
Este lunes, sin embargo, la vía legal para las elecciones del próximo 7 de febrero, en las que la fuerza del ex- mandatario se perfilaba como la primera minoría, quedó cerrada para Correa.
«Finalmente lo lograron. En tiempo récord sacan sentencia ‘definitiva’ para inhabilitarme como candidato. No entienden que lo único que hacen es aumentar el apoyo popular. Yo estaré bien. Denle toda la solidaridad a perseguidos allá. Recuerden: a lo único que nos condenan es a vencer», aseguró el ex- mandatario en su Twitter.
Mientras en la calle cientos de simpatizantes del ex- mandatario pedían su absolución con banderas nacionales y otras con su cara, dentro de la sede de la Corte Nacional, dos de los tres jueces del tribunal, Lauro de la Cadena y José Layedra, rechazaron todos los recursos presentados por Correa y otros 15 condenados, entre ellos el ex- vicepresidente Jorge Glas, según el diario El Comercio.
Dejaron firme la condena, que ahora solo puede ser recusada ante la Corte Constitucional de Ecuador o ante tribunales internacionales, como la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Sin embargo, ambas estrategias judiciales tomarán varios meses, como mínimo, y mientras tanto la condena ratificada este lunes en tercera instancia se mantiene vigente. Por eso, Correa no puede continuar legalmente con las candidaturas a vicepresidente o a legislador por el exterior, ambas votadas e impulsadas por el Frente Unión por la Esperanza (UNES) el mes pasado.
El período legal para aceptar y, de esa manera, oficializar las candidaturas ante la Justicia electoral ecuatoriana venció la semana pasada. Mientras la decisión judicial sepultó las esperanzas de Correa y sus ex- funcionarios, una sola de los condenados en el juicio, conocido como Sobornos, se vio beneficiada hoy por el Tribunal de Casación, Pamela Martínez, la mujer que la Fiscalía presentó como exasesora de extrema confianza de Correa y que el expresidente dijo apenas conocer, y la principal testigo de la Fiscalía, recibió una reducción de su pena de 32 meses a nueve meses y 22 días.
el juicio «sobornos» y el lawfare
El año pasado, Martínez contó a la prensa que en 2018 decidió escribir detalladamente en un cuaderno el esquema de corrupción que, sostuvo, funcionó entre 2012 y 2016. Menos de una semana después, la Fiscalía ya había abierto una investigación oficial y presentado la acusación contra 11 exfuncionarios y 10 empresarios por los delitos de cohecho, tráfico de influencias, delincuencia organizada y lavado de activos.
Según la denuncia que presentó la Fiscalía, entre 2012 y 2016, un grupo de funcionarios de la Presidencia, por entonces dirigida por Correa, tenían un sistema de financiación paralela para recolectar aportes clandestinos de empresarios que tenían contratos con el Estado y que terminaban en las arcas del partido oficialista, por ejemplo para garantizar la última reelección del mandatario en 2013.
La Fiscalía no pudo demostrar un vínculo directo entre Correa y las abultadas cifras de dinero -solo lo acusó por un depósito de 6.000 dólares-, pero estableció que había gobernado como «un autócrata» con una influencia directa sobre el resto de los ex- funcionarios involucrados, a los que «instigó» a cometer el delito de cohecho.
Este lunes la máxima Corte de la Justicia ordinaria de Ecuador ratificó esa condena y sus argumentos.
Análisis
Sin golpe de Estado ni tanques, así se destroza la democracia en el siglo XXI: decretos, lawfare y un Congreso socavado
Un análisis del New York Times advierte que la Corte Suprema de Estados Unidos le arrebata sistemáticamente poder al Congreso, el cuerpo directamente elegido por los ciudadanos. El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos: en Argentina, el gobierno de Javier Milei lo lleva al extremo con una fábrica de decretos que intentan legislar por las espaldas del Parlamento. El DNU 70/23, la Ley Bases, el veto a las universidades y los fallos parciales de la Corte argentina configuran un mismo patrón global: el vaciamiento del poder legislativo.
El Congreso fue diseñado para ser el corazón de la democracia representativa: el lugar donde los ciudadanos, a través de sus representantes elegidos, deciden las leyes que organizan la vida en común. Ese principio, fundacional en cualquier república, está siendo erosionado de manera simultánea en dos de las democracias más antiguas de Ámerica, con métodos distintos pero con el mismo resultado: el vaciamiento del poder legislativo en favor del ejecutivo y del poder judicial, dos poderes que nadie vota.
Un análisis publicado esta semana por el New York Times en su sección de investigación plantea que la Corte Suprema de EEUU, liderada por John Roberts, lleva años despojando sistemáticamente de poder al Congreso norteamericano: restringe la capacidad de las agencias reguladoras de implementar leyes, exige estándares imposibles para las políticas de derechos civiles, limita la delegación de poder a los organismos estatales.
El resultado, según el análisis, es una transferencia gradual y silenciosa de poder hacia un tribunal no electo que se mueve más rápido que el Congreso y tiene menos obligaciones en la estructura constitucional.
El espejo argentino: Milei y la fábrica de Decretos
En Argentina, el fenómeno adopta otra forma pero apunta al mismo destino. Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023 y en sus primeros días de gobierno firmó el DNU 70/23, un mega decreto de necesidad y urgencia con más de 300 artículos que desreguló la economía, modificó el régimen laboral y alteró decenas de normas aprobadas por el Congreso, todo ello sin pasar por el Parlamento.
La Constitución argentina establece que los DNU son una herramienta de carácter excepcional, para situaciones de urgencia que impidan el tratamiento legislativo ordinario. Milei los usó como método de gobierno: según datos de Chequeado, en 2025 el libertario dictó 11 DNU, igualando la cantidad de leyes que se promulgaron en el mismo período.
La Confederación General del Trabajo (CGT) obtuvo una medida cautelar que suspendió el capítulo laboral del DNU 70/23. La reforma laboral quedó en suspenso. Pero el resto del decreto siguió vigente, porque la Corte Suprema argentina rechazó sucesivos planteos para obligar al Congreso a tratarlo y declararlo inconstitucional en su totalidad, bajo el argumento de que no había «caso o controversia» suficiente. La Corte falló contra cuatro de los cinco DNU que analizó en los últimos años, pero el DNU de Milei sigue en un limbo jurídico que, en la práctica, lo mantiene vigente.
El veto a las universidades: cuando el ejecutivo dice no al Congreso y a la Justicia
El patrón no se agota en el DNU 70/23. El Congreso argentino aprobó en 2024 una ley de financiamiento universitario que garantizaba recursos para el funcionamiento de las universidades nacionales y disponía actualizaciones salariales para su personal. Milei la vetó. El Congreso ratificó la ley. Milei la ignoró.
En junio de 2026, la Corte Suprema dejó firme una medida cautelar que obligó al gobierno a cumplir con esa Ley, en un fallo que los rectores universitarios celebraron como el final de un proceso largo y difícil. Según representantes universitarios, las transferencias del gobierno a las universidades nacionales registraron una caída del 45,6% entre 2023 y 2026. Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, lo sintetizó en una publicación en X: «Fue un camino largo y difícil. Gracias a una sociedad que nunca renunció a la defensa de la universidad pública.»
El escenario se repite en cada conflicto entre el Ejecutivo y el Congreso: el gobierno desconoce o veta las leyes que no le gustan, impulsa reformas estructurales mediante decretos que evitan el debate parlamentario, y espera que la Corte tarde años en resolver, como ocurrió con el DNU de Macri sobre el que el máximo tribunal recién se pronunció siete años después de firmado. La lentitud judicial se convierte así en un instrumento político: el decreto funciona mientras la Corte no lo invalida.
Un fenómeno global: del Congreso de papel a la democracia de papel
El paralelo entre el análisis del NYT sobre EEUU y la Era Milei no es casual ni superficial. Responde a una tendencia global que politólogos y constitucionalistas vienen documentando desde hace años bajo el nombre de «retroceso democrático» o «erosión democrática»: la democracia no muere de un golpe, sino que se vacía lentamente, cuando las instituciones formales siguen en pie pero pierden su contenido real. El Congreso existe pero no legisla; la Corte existe pero tarda o esquiva; el presidente gobierna por decreto y el Congreso aprobado por el voto popular queda reducido a un sello.
En EEUU, la Corte Suprema de mayoría conservadora, designada en buena medida por Trump durante su primer mandato, avanzó en años recientes sobre el derecho al aborto (revertiendo Roe v. Wade), sobre la regulación ambiental (limitando la capacidad de la EPA), sobre la autonomía de las agencias independientes (restringiendo el poder de la FTC) y sobre la inmunidad presidencial (otorgándosela a Trump en un fallo sin precedentes en la historia del país). Cada uno de esos fallos recortó el poder del Congreso para regular, proteger y legislar, y lo transfirió a un tribunal no electo cuyos miembros tienen cargos vitalicios.
En Argentina, el proceso tiene su propia especificidad: aquí el vaciamiento lo lidera el Ejecutivo, que gobierna por Decreto y asfixia presupuestariamente todo aquello que el Congreso aprobó, desde las universidades hasta la Línea 144, desde los programas sociales hasta las transferencias a provincias. La Corte oscila entre frenar algunos excesos (universidades, reforma laboral) y dejar pasar otros (el DNU 70/23 en su conjunto). El resultado es una democracia que funciona en sus formas pero pierde sustancia en su contenido.
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