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Cumple 125 años y podría ser el hombre más longevo del mundo

Se trata de Marcelino Abad Tolentino, de Perú. Si se confirma su edad, podría romper el récord mundial de longevidad que posee Jeanne Calment.

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Lo que tenés que saber:

  • Marcelino Abad Tolentino cumplió 125 años, según los registros oficiales de Perú.
  • De confirmarse su edad, superaría el récord de longevidad de la francesa Jeanne Calment.
  • Abad vive en un albergue en Huánuco, Perú, y nunca tuvo un empleo formal ni familia.
  • Su longevidad se atribuye a una dieta de frutas y verduras que cultivaba desde joven.
  • A pesar de la documentación, el récord aún no ha sido confirmado por el Libro Guinness de los Récords.

Marcelino Abad Tolentino, el peruano que podría convertirse en el hombre más longevo de la historia

Marcelino Abad Tolentino, conocido como ‘Mashico’, celebró su cumpleaños número 125 en Huánuco, Perú, un evento que podría convertirlo en el ser humano más longevo registrado en la historia, superando a la francesa Jeanne Calment, quien vivió 122 años y 164 días. La noticia fue confirmada por el Programa Nacional de Asistencia Solidaria Pensión 65, que celebró su aniversario este domingo.

A pesar de los registros oficiales que certifican su fecha de nacimiento en 1900, el Libro Guinness de los Récords aún no ha validado su edad. Si su longevidad se confirma, Marcelino Abad Tolentino no solo sería el hombre más longevo de la historia, sino que ostentaría el título global que actualmente pertenece a Jeanne Calment.

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Un hombre de 125 años con una vida alejada de la modernidad

Marcelino vive actualmente en el albergue Casa Hogar “Mis Abuelitos”, en el poblado de Cochachinche, ubicado en el centro de Perú. Según los documentos oficiales de Pensión 65, Abad nació el 5 de abril de 1900. A lo largo de su vida, ‘Mashico’ nunca tuvo una partida de nacimiento, ni empleo formal, hasta que en 2019 fue encontrado por las autoridades, quienes regularizaron su situación y le entregaron su documento nacional de identidad.

Aunque no sabe leer ni escribir y tiene dificultades para comunicarse, ya que solo habla quechua, su longevidad es un símbolo de resistencia. “Nunca tuvo esposa ni hijos”, mencionó el comunicado de Pensión 65, resaltando que ha vivido una vida sencilla, alejada de las comodidades de la modernidad.

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La receta de longevidad: una dieta natural

Abad Tolentino atribuye su larga vida a su alimentación, basada en frutas y verduras que cultivaba desde joven. El promotor de Pensión 65 en la Unidad Territorial de Huánuco, Misael Ayra, explicó que, en 2019, ‘Mashico’ vivía en una casa aislada en la zona rural de Cochachinche, rodeada por un gran bosque. Esta vida tranquila y alejada de las tensiones modernas parece haber sido un factor clave en su salud estable a pesar de su avanzada edad.

La historia de Abad comenzó a ser conocida por el público en 2021, cuando fue vacunado contra el COVID-19 en su casa, una pequeña localidad de los Andes. La brigada de vacunadores tuvo que caminar tres horas por terrenos montañosos para llegar a su hogar. En ese momento, el Ministerio de Salud de Perú ya había comenzado a registrar su caso como una anomalía que podría ser importante para los récords de longevidad.

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El récord de longevidad: un caso por validar

El Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social de Perú está trabajando desde 2024 en la presentación del caso de Abad ante el Libro Guinness de los Récords. Sin embargo, hasta la fecha no se ha recibido confirmación oficial. El récord vigente pertenece a Jeanne Calment, quien vivió 122 años y 164 días, y es seguida por otros casos notables como el de la japonesa Kane Tanaka, que vivió 119 años y 107 días.

Si se valida la edad de Marcelino Abad Tolentino, se rompería una de las marcas de longevidad más celebradas y podría abrir un debate sobre los secretos de la longevidad humana en contextos tan particulares como el de Abad.

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Murió Maricarmen: la anciana que desafió al fondo inmobiliario y movió a España

Maricarmen Abascal tenía 87 años, discapacidad y más de 70 años viviendo en el mismo piso del barrio madrileño de Retiro. La ejecutaron en la calle el 23 de septiembre. El acuerdo que debía salvarla llegó demasiado tarde. Su muerte sacudió a España, adelantó elecciones y dejó una frase que ya es bandera: «No he logrado defender mi casa, pero sí he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya».

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Maricarmen ganó la lucha política y perdió la vida: el costo humano de la crisis de vivienda en España.

La sacaron en camilla de la casa donde había vivido 71 años. El fondo inmobiliario que firmó su expulsión tenía nombre corporativo y ningún rostro visible; ella, en cambio, tenía 87 años, movilidad reducida, discapacidad y el contrato de renta antigua que su padre había firmado en 1956. El desahucio de Maricarmen Abascal se ejecutó el 23 de septiembre, mientras centenares de personas se concentraban frente al edificio del barrio de Retiro en Madrid sin poder impedirlo. Este martes 7 de octubre se conoció su fallecimiento.

Maricarmen permaneció internada en el Hospital Gregorio Marañón desde el día del desahucio hasta su muerte, sin poder volver jamás a la habitación donde habían muerto su padre y su madre, y donde ella misma había vivido más de siete décadas. El Sindicato de Inquilinas de Madrid confirmó el deceso y denunció que lo ocurrido fue «absolutamente evitable».

Un proceso «torturante» y una solución que llegó tarde

El Sindicato de Inquilinas describió el proceso legal que padeció Maricarmen como «torturante»: fue el cuarto intento de desahucio al que se enfrentó, y el único que no pudo revertir. La presión social consiguió, sin embargo, lo que la justicia no había otorgado. El 28 de septiembre, apenas cinco días después del desahucio, los representantes de la anciana y la empresa propietaria del inmueble, Urbagestión Desarrollo e Inversión SL, alcanzaron un acuerdo mediado por el Ayuntamiento de Madrid para que Maricarmen pudiera regresar a su vivienda.

La solución llegó cuando ya no servía de nada. «Si bien se consiguió un acuerdo histórico que le habría permitido volver a su vivienda, esta solución ha llegado demasiado tarde», señaló el Sindicato de Inquilinas. Maricarmen había aceptado la propuesta mientras permanecía internada y manifestó su deseo de recibir el alta para regresar. No llegó a hacerlo.

Setenta y un años en cuatro paredes que la burocracia no supo leer

El litigio que terminó con el desahucio tenía su origen en un contrato de renta antigua suscripto por el padre de Maricarmen en 1956, un año antes de que ella naciera. Ese régimen contractual, pensado para proteger a inquilinos históricos, fue la base sobre la que ella habitó el piso durante más de siete décadas, hasta que el fondo inmobiliario que adquirió el inmueble decidió ejecutar su expulsión.

Antes de que la comisión judicial completara el procedimiento, Maricarmen ya sabía lo que ese piso significaba para ella. «Aquí tengo todos mis recuerdos. Mi papá murió muy joven, en el año 60, con 51 años. Y mi mamá murió en 2005, en esta casa. Yo he vivido aquí desde el año 56 hasta el día de hoy», dijo entonces. Siempre repitió que su sueño era morir en la habitación donde habían fallecido su padre y su madre. La realidad fue otra.

De un piso de Retiro a las plazas de toda España

Lo que comenzó como un caso individual de desahucio se convirtió, en pocas semanas, en el detonante de una crisis política de alcance nacional. Las movilizaciones se multiplicaron por toda España bajo el lema «Todos somos Maricarmen». Un acampe en la Puerta del Sol concentró a miles de personas durante días y obligó al Gobierno a tomar posición.

El Ejecutivo de Pedro Sánchez aprobó dos reales decretos con medidas en materia de vivienda, conocidos como los Decretos Maricarmen. Ambos fueron rechazados por el Congreso de los Diputados, donde la alianza entre el Partido Popular, Vox y Junts bloqueó las iniciativas. Ante la imposibilidad de gobernar, Sánchez convocó elecciones generales anticipadas para el 29 de noviembre. Las centrales obreras CCOO y UGT anunciaron además una huelga general de 24 horas por la crisis de la vivienda.

Una frase que ya es historia

Al salir de su casa por última vez, Maricarmen quiso agradecer públicamente el apoyo recibido y lanzó un mensaje a quienes habían acompañado su lucha. «No he logrado defender mi casa, pero sí he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya», dijo entonces. El Sindicato de Inquilinas rescató también otra de sus frases como legado: «Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro».

«Los acontecimientos desencadenados ante la injusticia de su desahucio sin duda suponen un antes y un después en la historia de este país», sostuvo el Sindicato de Inquilinas en el comunicado en el que confirmó su fallecimiento.

Lo que tenés que saber:

  • Maricarmen Abascal, de 87 años, murió internada en el Hospital Gregorio Marañón, adonde había sido trasladada el día de su desahucio, el 23 de septiembre.
  • El fondo inmobiliario que ejecutó su expulsión llegó a un acuerdo para que pudiera volver a su vivienda el 28 de septiembre, pero la solución llegó cuando su salud ya no se lo permitía.
  • El caso desencadenó movilizaciones masivas en toda España, el rechazo parlamentario de los Decretos Maricarmen y el adelantamiento de las elecciones generales al 29 de noviembre.
  • El Sindicato de Inquilinas de Madrid calificó su proceso como «torturante» y su muerte como «absolutamente evitable».
  • Maricarmen había vivido en el mismo piso del barrio de Retiro desde 1956, bajo un contrato de renta antigua firmado por su padre ese mismo año.
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