Lawfare
Desde la Bicameral afirman que Conte Grand “tiene la responsabilidad de presentarse a declarar”
Diputada integrante de la subcomisión Bicameral de Inteligencia sostuvo que el procurador general bonaerense fue citado a declarar «porque está explícitamente mencionado» en el video de la reunión celebrada en 2017, donde se detallaba sobre el armado de causas judiciales contra los gremios.
La diputada por el Frente de Todos (FdT) e integrante de la subcomisión Bicameral de Inteligencia, Blanca Osuna, afirmó que el procurador general bonaerense, Julio Conte Grand, fue citado a declarar «porque está explícitamente mencionado» en el video de la reunión celebrada en 2017 en la sede porteña del Banco Provincia donde supuestamente se analizaba el armado de causas judiciales contra los gremios.
«La semana pasada, la comisión entrevistó a varias personas en relación a ese video. Conte Grand tiene la responsabilidad de presentarse por la función que ocupa y por la ley de inteligencia”, resaltó la diputada en declaraciones a El Destape Radio.
De esta forma, Osuna se refirió a la negativa de Conte Grand de presentarse hoy ante la subcomisión Bicameral y formular en cambio un descargo por escrito, siendo finalmente citado nuevamente para el 27 de enero.
El procurador había sido convocado tras la difusión de las imágenes que fueron halladas en las instalaciones de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) que motivaron la presentación de una denuncia por parte de la interventora de ese organismo, Cristina Caamaño, ante la justicia federal de La Plata.
Ese encuentro, del que participaron funcionarios del gobierno de María Eugenia Vidal, agentes de la AFI y empresarios, fue encabezado por el entonces ministro de Trabajo bonaerense, Marcelo Villegas, quien manifestó sus deseos de contar con una «Gestapo» -la policía política del régimen nazi- para accionar contra los gremios, y aludió que la Procuración tenía conocimiento sobra la metodología que debía emplearse para iniciar causas contra los sindicatos.
«Esperamos que efectivamente se presente el 27 de enero. Lo primero que hicimos en la subcomisión tras ver esas imágenes fue presentarnos ante el Consejo de la Magistratura requiriendo el juicio político para los jueces (Pablo Bertuzzi y Mariano Llorens)» ya que «buscaron excusar la responsabilidad de quienes están involucrados en una práctica ilegal y antidemocrática como es el uso del espionaje como una política de estado», indicó Osuna.
Ante la posibilidad de que sean citados el expresidente Mauricio Macri y la exgobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, Osuna indicó que «la subcomisión debe analizar todos los elementos en función de lo que la ley establece».
«Van a haber nuevas citaciones para dar cuenta de la gravedad de esta práctica. Lo importante es despejar la red de responsabilidades ante un hecho inédito y gravísimo. Citar a Vidal y a quienes han tenido responsabilidad institucional forma parte de una labor que la Comisión va a llevar a cabo, sea quien sea quien tenga que dar cuenta», concluyó.
Análisis
Sin golpe de Estado ni tanques, así se destroza la democracia en el siglo XXI: decretos, lawfare y un Congreso socavado
Un análisis del New York Times advierte que la Corte Suprema de Estados Unidos le arrebata sistemáticamente poder al Congreso, el cuerpo directamente elegido por los ciudadanos. El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos: en Argentina, el gobierno de Javier Milei lo lleva al extremo con una fábrica de decretos que intentan legislar por las espaldas del Parlamento. El DNU 70/23, la Ley Bases, el veto a las universidades y los fallos parciales de la Corte argentina configuran un mismo patrón global: el vaciamiento del poder legislativo.
El Congreso fue diseñado para ser el corazón de la democracia representativa: el lugar donde los ciudadanos, a través de sus representantes elegidos, deciden las leyes que organizan la vida en común. Ese principio, fundacional en cualquier república, está siendo erosionado de manera simultánea en dos de las democracias más antiguas de Ámerica, con métodos distintos pero con el mismo resultado: el vaciamiento del poder legislativo en favor del ejecutivo y del poder judicial, dos poderes que nadie vota.
Un análisis publicado esta semana por el New York Times en su sección de investigación plantea que la Corte Suprema de EEUU, liderada por John Roberts, lleva años despojando sistemáticamente de poder al Congreso norteamericano: restringe la capacidad de las agencias reguladoras de implementar leyes, exige estándares imposibles para las políticas de derechos civiles, limita la delegación de poder a los organismos estatales.
El resultado, según el análisis, es una transferencia gradual y silenciosa de poder hacia un tribunal no electo que se mueve más rápido que el Congreso y tiene menos obligaciones en la estructura constitucional.
El espejo argentino: Milei y la fábrica de Decretos
En Argentina, el fenómeno adopta otra forma pero apunta al mismo destino. Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023 y en sus primeros días de gobierno firmó el DNU 70/23, un mega decreto de necesidad y urgencia con más de 300 artículos que desreguló la economía, modificó el régimen laboral y alteró decenas de normas aprobadas por el Congreso, todo ello sin pasar por el Parlamento.
La Constitución argentina establece que los DNU son una herramienta de carácter excepcional, para situaciones de urgencia que impidan el tratamiento legislativo ordinario. Milei los usó como método de gobierno: según datos de Chequeado, en 2025 el libertario dictó 11 DNU, igualando la cantidad de leyes que se promulgaron en el mismo período.
La Confederación General del Trabajo (CGT) obtuvo una medida cautelar que suspendió el capítulo laboral del DNU 70/23. La reforma laboral quedó en suspenso. Pero el resto del decreto siguió vigente, porque la Corte Suprema argentina rechazó sucesivos planteos para obligar al Congreso a tratarlo y declararlo inconstitucional en su totalidad, bajo el argumento de que no había «caso o controversia» suficiente. La Corte falló contra cuatro de los cinco DNU que analizó en los últimos años, pero el DNU de Milei sigue en un limbo jurídico que, en la práctica, lo mantiene vigente.
El veto a las universidades: cuando el ejecutivo dice no al Congreso y a la Justicia
El patrón no se agota en el DNU 70/23. El Congreso argentino aprobó en 2024 una ley de financiamiento universitario que garantizaba recursos para el funcionamiento de las universidades nacionales y disponía actualizaciones salariales para su personal. Milei la vetó. El Congreso ratificó la ley. Milei la ignoró.
En junio de 2026, la Corte Suprema dejó firme una medida cautelar que obligó al gobierno a cumplir con esa Ley, en un fallo que los rectores universitarios celebraron como el final de un proceso largo y difícil. Según representantes universitarios, las transferencias del gobierno a las universidades nacionales registraron una caída del 45,6% entre 2023 y 2026. Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, lo sintetizó en una publicación en X: «Fue un camino largo y difícil. Gracias a una sociedad que nunca renunció a la defensa de la universidad pública.»
El escenario se repite en cada conflicto entre el Ejecutivo y el Congreso: el gobierno desconoce o veta las leyes que no le gustan, impulsa reformas estructurales mediante decretos que evitan el debate parlamentario, y espera que la Corte tarde años en resolver, como ocurrió con el DNU de Macri sobre el que el máximo tribunal recién se pronunció siete años después de firmado. La lentitud judicial se convierte así en un instrumento político: el decreto funciona mientras la Corte no lo invalida.
Un fenómeno global: del Congreso de papel a la democracia de papel
El paralelo entre el análisis del NYT sobre EEUU y la Era Milei no es casual ni superficial. Responde a una tendencia global que politólogos y constitucionalistas vienen documentando desde hace años bajo el nombre de «retroceso democrático» o «erosión democrática»: la democracia no muere de un golpe, sino que se vacía lentamente, cuando las instituciones formales siguen en pie pero pierden su contenido real. El Congreso existe pero no legisla; la Corte existe pero tarda o esquiva; el presidente gobierna por decreto y el Congreso aprobado por el voto popular queda reducido a un sello.
En EEUU, la Corte Suprema de mayoría conservadora, designada en buena medida por Trump durante su primer mandato, avanzó en años recientes sobre el derecho al aborto (revertiendo Roe v. Wade), sobre la regulación ambiental (limitando la capacidad de la EPA), sobre la autonomía de las agencias independientes (restringiendo el poder de la FTC) y sobre la inmunidad presidencial (otorgándosela a Trump en un fallo sin precedentes en la historia del país). Cada uno de esos fallos recortó el poder del Congreso para regular, proteger y legislar, y lo transfirió a un tribunal no electo cuyos miembros tienen cargos vitalicios.
En Argentina, el proceso tiene su propia especificidad: aquí el vaciamiento lo lidera el Ejecutivo, que gobierna por Decreto y asfixia presupuestariamente todo aquello que el Congreso aprobó, desde las universidades hasta la Línea 144, desde los programas sociales hasta las transferencias a provincias. La Corte oscila entre frenar algunos excesos (universidades, reforma laboral) y dejar pasar otros (el DNU 70/23 en su conjunto). El resultado es una democracia que funciona en sus formas pero pierde sustancia en su contenido.
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