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Lawfare

Empresarios repudiaron el ataque a Cristina y pidieron defender la paz y la democracia

La UIA decidió «suspender la celebración» pero que los integrantes de la entidad se reunirán allí «a sólo efecto de dar testimonio de la condena a todo acto de violencia, en particular éste».

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Diferentes entidades empresarias expresaron este viernes su repudio al atentado contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, reclamaron un rápido esclarecimiento del hecho e instaron a toda la sociedad a defender la paz y la democracia.

En ese sentido se expresaron la Unión Industrial Argentina (UIA), la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), la Confederación General Empresaria de la República Argentina (Cgera) e Industriales Pymes Argentinos (IPA).

En su declaración, la UIA manifestó «su más enérgico repudio al atentado», y ratificó el compromiso de sus integrantes «con la paz, el diálogo y los consensos básicos que permitirán al país salir adelante».

«Es por eso que hacemos un llamado a todos los sectores de la sociedad a terminar con las antinomias y a mantener los debates dentro del marco de la Democracia«, agregó la entidad, que resolvió a su vez mantener el acto central por el Día de la Industria, que se desarrollará hoy en Neuquén, aunque sin la presencia del presidente Alberto Fernández, que iba a pronunciar un discurso en el cierre del evento.

La CAC también expresó «su más enérgica condena al intento de asesinato de la vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner», y abogó para que «la Justicia obre con independencia y celeridad a fin de esclarecer el desgraciado hecho y castigar a los culpables».

La entidad instó a la ciudadanía a «hacer sus mayores esfuerzos en pos de mantener la paz social, particularmente en una coyuntura tan delicada como la actual».

«Las naturales diferencias inherentes a cualquier comunidad deben dirimirse sin caer en la violencia de ningún tipo, apostando permanentemente al diálogo y a la búsqueda de acuerdos», añadió, además de advertir que «cuando no fuera posible llegar a consensos, debe apelarse a las instituciones de la República para zanjar los diferendos, desterrando para siempre hechos repudiables como el ocurrido ayer, que nos recuerdan épocas oscuras que a los argentinos tanto nos costó superar».

Por su parte, la Cámara Argentina de la Construcción repudió el «violento atentado», manifestó su «solidaridad con la vicepresidenta» e instó a la sociedad «a preservar la paz, cuestión imprescindible para la vida y la democracia».

En tanto, la Cgera se sumó al repudio y puntualizó que «en la democracia que supimos construir no pueden permitirse este tipo de hechos» y que «sembrar odio tiene estos resultados».

«Las discusiones del modelo de país que queremos deben darse en el ámbito de la política», remarcó, a la vez que recordó que «en la historia argentina, el poder económico concentrado no ha dudado en utilizar cualquier medio para imponer sus ideas»

Asimismo, aseguró que «lo que subyace a las agresiones que viene sufriendo la expresidenta es la discusión del proyecto de desarrollo colectivo que queremos para nuestra patria, que se refleja en los 12 años de crecimiento industrial y de distribución de la riqueza».

La entidad puntualizó que «también depende del compromiso del empresariado Pyme argentino que estos hechos no vuelvan a suceder».

Por su parte, Industriales Pymes Argentinos (IPA) repudió el «intento de magnicidio» y convocó «a todos los integrantes de la sociedad, especialmente a aquellos que tienen cargos de representación dirigencial, a reflexionar sobre la importancia de esquivar los discursos de confrontación y sumarse a los llamados al diálogo sincero y sin medias tintas».

Luego de considerar «inadmisible» el atentado de ayer, la entidad expresó su «acompañamiento total» a la vicepresidenta ante un hecho que «no es uno más, sino que atenta contra la democracia en su conjunto», sostuvo su presidente, Daniel Rosato.

Los dichos de Funes de Rioja

El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Daniel Funes de Rioja, expresó este viernes su «repudio total” al atentado sufrido anoche por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner al ingresar a su domicilio, cuando un hombre gatilló un arma a escasa distancia.

«Clarísimo repudio total. Verdaderamente estamos muy shockeados«, aseveró Funes de Rioja esta mañana en declaraciones radiales.

Asimismo, indicó que en el marco del Día de la industria, la UIA decidió «suspender la celebración» pero que los integrantes de la entidad se reunirán allí «a sólo efecto de dar testimonio de la condena a todo acto de violencia, en particular éste».

«Este hecho de estas características nos rememora a tiempos muy negros de nuestra historia y no puede ser aceptado. Creo que el repudio es unánime y el sentimiento es compartido», agregó el titular de la cámara industrial.

En ese marco, Funes de Rioja apeló a la búsqueda de “consensos básicos” para que “desde ya, nunca más puedan pasar este tipo de cosas”.

«No se construye un país sin consensos y el primer consenso es respetar los derechos humanos más fundamentales. Punto. En eso no admito brecha posible», subrayó el empresario y agregó: «La definición categórica es no a la violencia de ninguna forma ni a la violencia institucional ni a un intento de magnicidio de esta naturaleza».

Análisis

Sin golpe de Estado ni tanques, así se destroza la democracia en el siglo XXI: decretos, lawfare y un Congreso socavado

Un análisis del New York Times advierte que la Corte Suprema de Estados Unidos le arrebata sistemáticamente poder al Congreso, el cuerpo directamente elegido por los ciudadanos. El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos: en Argentina, el gobierno de Javier Milei lo lleva al extremo con una fábrica de decretos que intentan legislar por las espaldas del Parlamento. El DNU 70/23, la Ley Bases, el veto a las universidades y los fallos parciales de la Corte argentina configuran un mismo patrón global: el vaciamiento del poder legislativo.

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El Argentino Diario-Donald Trump-Javier Milei.

El Congreso fue diseñado para ser el corazón de la democracia representativa: el lugar donde los ciudadanos, a través de sus representantes elegidos, deciden las leyes que organizan la vida en común. Ese principio, fundacional en cualquier república, está siendo erosionado de manera simultánea en dos de las democracias más antiguas de Ámerica, con métodos distintos pero con el mismo resultado: el vaciamiento del poder legislativo en favor del ejecutivo y del poder judicial, dos poderes que nadie vota.

Un análisis publicado esta semana por el New York Times en su sección de investigación plantea que la Corte Suprema de EEUU, liderada por John Roberts, lleva años despojando sistemáticamente de poder al Congreso norteamericano: restringe la capacidad de las agencias reguladoras de implementar leyes, exige estándares imposibles para las políticas de derechos civiles, limita la delegación de poder a los organismos estatales.

El resultado, según el análisis, es una transferencia gradual y silenciosa de poder hacia un tribunal no electo que se mueve más rápido que el Congreso y tiene menos obligaciones en la estructura constitucional.

El espejo argentino: Milei y la fábrica de Decretos

En Argentina, el fenómeno adopta otra forma pero apunta al mismo destino. Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023 y en sus primeros días de gobierno firmó el DNU 70/23, un mega decreto de necesidad y urgencia con más de 300 artículos que desreguló la economía, modificó el régimen laboral y alteró decenas de normas aprobadas por el Congreso, todo ello sin pasar por el Parlamento.

La Constitución argentina establece que los DNU son una herramienta de carácter excepcional, para situaciones de urgencia que impidan el tratamiento legislativo ordinario. Milei los usó como método de gobierno: según datos de Chequeado, en 2025 el libertario dictó 11 DNU, igualando la cantidad de leyes que se promulgaron en el mismo período.

La Confederación General del Trabajo (CGT) obtuvo una medida cautelar que suspendió el capítulo laboral del DNU 70/23. La reforma laboral quedó en suspenso. Pero el resto del decreto siguió vigente, porque la Corte Suprema argentina rechazó sucesivos planteos para obligar al Congreso a tratarlo y declararlo inconstitucional en su totalidad, bajo el argumento de que no había «caso o controversia» suficiente. La Corte falló contra cuatro de los cinco DNU que analizó en los últimos años, pero el DNU de Milei sigue en un limbo jurídico que, en la práctica, lo mantiene vigente.

El veto a las universidades: cuando el ejecutivo dice no al Congreso y a la Justicia

El patrón no se agota en el DNU 70/23. El Congreso argentino aprobó en 2024 una ley de financiamiento universitario que garantizaba recursos para el funcionamiento de las universidades nacionales y disponía actualizaciones salariales para su personal. Milei la vetó. El Congreso ratificó la ley. Milei la ignoró.

En junio de 2026, la Corte Suprema dejó firme una medida cautelar que obligó al gobierno a cumplir con esa Ley, en un fallo que los rectores universitarios celebraron como el final de un proceso largo y difícil. Según representantes universitarios, las transferencias del gobierno a las universidades nacionales registraron una caída del 45,6% entre 2023 y 2026. Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, lo sintetizó en una publicación en X: «Fue un camino largo y difícil. Gracias a una sociedad que nunca renunció a la defensa de la universidad pública.»

El escenario se repite en cada conflicto entre el Ejecutivo y el Congreso: el gobierno desconoce o veta las leyes que no le gustan, impulsa reformas estructurales mediante decretos que evitan el debate parlamentario, y espera que la Corte tarde años en resolver, como ocurrió con el DNU de Macri sobre el que el máximo tribunal recién se pronunció siete años después de firmado. La lentitud judicial se convierte así en un instrumento político: el decreto funciona mientras la Corte no lo invalida.

Un fenómeno global: del Congreso de papel a la democracia de papel

El paralelo entre el análisis del NYT sobre EEUU y la Era Milei no es casual ni superficial. Responde a una tendencia global que politólogos y constitucionalistas vienen documentando desde hace años bajo el nombre de «retroceso democrático» o «erosión democrática»: la democracia no muere de un golpe, sino que se vacía lentamente, cuando las instituciones formales siguen en pie pero pierden su contenido real. El Congreso existe pero no legisla; la Corte existe pero tarda o esquiva; el presidente gobierna por decreto y el Congreso aprobado por el voto popular queda reducido a un sello.

En EEUU, la Corte Suprema de mayoría conservadora, designada en buena medida por Trump durante su primer mandato, avanzó en años recientes sobre el derecho al aborto (revertiendo Roe v. Wade), sobre la regulación ambiental (limitando la capacidad de la EPA), sobre la autonomía de las agencias independientes (restringiendo el poder de la FTC) y sobre la inmunidad presidencial (otorgándosela a Trump en un fallo sin precedentes en la historia del país). Cada uno de esos fallos recortó el poder del Congreso para regular, proteger y legislar, y lo transfirió a un tribunal no electo cuyos miembros tienen cargos vitalicios.

En Argentina, el proceso tiene su propia especificidad: aquí el vaciamiento lo lidera el Ejecutivo, que gobierna por Decreto y asfixia presupuestariamente todo aquello que el Congreso aprobó, desde las universidades hasta la Línea 144, desde los programas sociales hasta las transferencias a provincias. La Corte oscila entre frenar algunos excesos (universidades, reforma laboral) y dejar pasar otros (el DNU 70/23 en su conjunto). El resultado es una democracia que funciona en sus formas pero pierde sustancia en su contenido.

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