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Cultura

Recuerdos de Eugene O’Neill en Buenos Aires y el clima del Centenario en «Elsa Tiro»

La obra, que se puede ver de jueves a domingos en el Teatro Regio, se divide en dos tiempos: el presente en la sala de un hospital con un O’Neill aquejado de apendicitis y el pasado que evoca su estadía en Buenos Aires.

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Luciano Cáceres es el director y uno de los protagonista de «Elsa Tiro», obra teatral escrita por Gonzalo Demaría que imagina un Eugene O’Neill mayor internado en una clínica que, entre los vapores de los fármacos y la anestesia, recuerda su estancia en Buenos Aires entre agosto de 1910 y mayo de 1911, adonde llegó como marinero de un buque mercante antes de transformarse en dramaturgo y escritor.

La obra, que se puede ver de jueves a domingos en el Teatro Regio, se divide en dos tiempos: el presente en la sala de un hospital con un O’Neill aquejado de apendicitis y el pasado que evoca su estadía en Buenos Aires.

Además de la ficción que transcurre en la sala hospitalaria, «Elsa Tiro» e vale, bajo la pluma de Demaría, de aquel imaginado Centenario jubiloso, decante y festivo, donde la embajada de Estados Unidos, el Jockey Club y los burdeles podían tener vasos comunicantes estableciendo cercanías espirituales y sociales.

No más empezar, suenan en audio estrofas de unas no tan conocidas canciones picarescas, algunas rozando lo pornográfico, de Ángel Villoldo, creador de «El choclo» y uno de los pioneros del tango, que por entonces trajinaba los piringundines de La Boca con un cancionero procaz y divertido a tono con los locales donde se presentaba.

La estupenda Alejandra Radano (en un doble papel de madama-presentadora y esposa de O’Neill) y Josefina Scaglione (como «la Renguita» porteña y la enfermera que lo asiste), acompañan a Cáceres en el protagonismo de la puesta con logradas personificaciones que tocan distintas cuerdas.

«Elsa Tiro» propone una interesante escenografía para retratar una sala de hospital, donde unos tules de gasa casi trasparentes sirven para dividir el espacio escénico en dos, a la vez que proyectan imágenes que suceden detrás de ellos y, posteriormente, un cortometraje, el primero pornográfico rodado en Argentina, supuestamente entre 1907 y 1912 y «supuestamente» escrito por O’Neill, que juega con el título de la obra.

Algunas coreografías (Federica Wankiewicz y Rosina Heldner como enfermeras bailarinas) y canciones (Gabriela Bernasconi enfermera y pianista en escena) terminan de darle al mundo de «Elsa Tiro» la vitalidad de la escena de un Buenos Aires que nunca abandona el carácter artificioso de una construcción acaso soñada de aquel Centenario porteño a través de esporádicas intervenciones del music-hall, terreno que Demaría indaga en algunas de sus creaciones («Deshonrada», «Happyland», ambas con puesta de Alfredo Arias).

El texto se basa en sucesos reales y poco documentados sobre la estancia del padre del drama realista del teatro norteamericano en Buenos Aires por algo menos de un año, época en que padeció enfermedades, vivió bajo los efectos del alcohol y frecuentó los burdeles cercanos al puerto, de cuyas experiencias podría haber obtenido material que luego volcaría en uno de sus primeros drama, «Anna Christie», con el ganó uno de sus cuatro premios Pulitzer, en forma casi explícita.

«Entré en Buenos Aires como un caballero, y terminé desolado como una piltrafa humana en las dársenas del puerto», dijo de sí mismo el ganador del Premio Nobel de Literatura sobre su estancia porteña.

Sobre estos pilares, el supuesto amor de O’Neill por una prostituta («la Renguita»), su vida licenciosa y una decidida búsqueda existencial que luego coronaría con una carrera literaria brillante, se asienta «Elsa Tiro», dominada por unos juegos escénicos que no prescinden del movimiento y donde presente y pasado se suceden en forma permanente para ir delineando un trama que teje toda la estructura y que se revela a cuenta gotas.

«Elsa Tiro», escrita por Gonzalo Demaría y dirigida por Luciano Cáceres cuenta con diseño sonoro de Rubén de la Torre, diseño y puesta audiovisual de Ivan Grigoriev, diseño sonoro de Gustavo Rodríguez, diseño de movimiento y coreografías de Damián Malvacio; música original y musicalización de Diego Vila; vestuario de Sofía Di Nunzio; escenografía e iluminación de Gonzalo Córdova: Se puede ver de jueves a domingo a las 20 en el Teatro Regio (avenida Córdoba 6056).

Cultura

Murió Rubén Rada, el creador del candombe beat que enamoró al rock argentino

El músico uruguayo, uno de los referentes más queridos de la música rioplatense, falleció este miércoles a los 83 años tras batallar durante un mes contra una neumonía bilateral. Su influencia fue decisiva para figuras como Charly García, Fito Páez y Luis Alberto Spinetta, con quienes compartió escenarios y grabaciones a lo largo de más de seis décadas de carrera.

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El Negro Rada y el candombe beat: cómo un músico uruguayo cambió para siempre la música argentina.

Murió el músico uruguayo Rubén Rada a los 83 años, uno de los referentes más queridos de la música rioplatense, falleció este miércoles tras batallar durante un mes contra una neumonía bilateral. Su influencia fue decisiva para figuras como Charly García, Fito Páez y Luis Alberto Spinetta, con quienes compartió escenarios y grabaciones a lo largo de más de seis décadas de carrera.

La familia de Rubén Rada confirmó su muerte este miércoles 26 de agosto a través de las redes sociales con un mensaje que conmovió a Uruguay, Argentina y toda América Latina: «Con muchísimo dolor les comunicamos que hoy miércoles 26 de agosto a las 15.30 se fue y ahora descansa en paz nuestro querido esposo, padre y abuelo, después de pelear un mes contra la neumonía y sus complicaciones. Gracias a todos por los mensajes de preocupación y el amor de hoy y siempre. Infinitas gracias al equipo profesional que hizo todo lo posible y más», decía el comunicado. Con esa noticia, la música popular rioplatense perdió a una de sus figuras más originales, irrepetibles y queridas.

El Negro Rada: de las comparsas de Montevideo al mundo

Nacido en Montevideo el 16 de julio de 1943, Rubén Rada comenzó su camino musical desde niño, en las comparsas de negros y lubolos. A los diez años ya integraba la comparsa Morenada y en la adolescencia pasó por la murga La Nueva Milonga y por la orquesta Cubanacán de Pedro Ferreira, a quien señaló toda su vida como una de sus influencias centrales. En la década del 60, con el grupo El Kinto, protagonizó uno de los momentos fundacionales de la música uruguaya: la fusión del candombe tradicional con el rock y los instrumentos eléctricos, cantada en español, un movimiento que él mismo bautizó candombe beat.

El camino continuó con Tótem y luego con Opa, donde junto a Hugo y Osvaldo Fattoruso llevó la combinación de candombe y jazz-rock hasta los Estados Unidos, trabajando junto a músicos internacionales de primer nivel. Esa capacidad para moverse entre géneros sin perder identidad definió toda su carrera: Rada nunca fue solo un músico de nicho, sino un artista que expandió constantemente los límites de lo que el candombe podía hacer.

Su vínculo profundo con Argentina

La relación de Rada con Argentina fue mucho más que la de un artista extranjero con su público vecino. Vivió en Buenos Aires durante doce años, desde 1979, período en el que construyó vínculos artísticos y personales que marcaron su obra y su vida. En esa etapa participó como parte del elenco original de Hair en Argentina, uno de los musicales más emblemáticos de la historia del espectáculo local. «Argentina me gustó siempre, tanto es así que me traje una mujer y tres hijos argentinos», decía el propio músico en entrevistas. Sus hijos Lucila y Matías, ambos músicos, nacieron en Buenos Aires.

Su influencia sobre el rock nacional fue ampliamente reconocida por sus propios protagonistas. Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta y Pedro Aznar compartieron escenarios y grabaciones con él, y lo reconocieron como una referencia ineludible. La admiración de Páez por Rada era, en palabras del propio rosarino, superlativa: en 2024 participó del disco de Julieta Rada, hija del músico, versionando un clásico de su padre. En los últimos meses antes de su hospitalización, tanto Páez como Jorge Drexler y Daniela Mercury lo habían convocado a sus propios shows para compartir el escenario.

Un legado que abarca seis décadas y múltiples formatos

La obra de Rada trascendió la música. Participó en telenovelas argentinas como Gasoleros, en ficciones uruguayas, condujo programas de televisión y radio, integró el jurado de La Voz Uruguay y La Voz Kids, y protagonizó espectáculos unipersonales que recorrieron América Latina. También desarrolló un trabajo para el público infantil, con el personaje Rubenrá, que acercó el candombe y la música popular a nuevas generaciones.

Entre sus canciones más emblemáticas se encuentran «Cha cha, muchacha», «Muriendo de plena», «Ayer te vi» y «Adiós a la rama». Su discografía supera los treinta álbumes de estudio, incluyendo trabajos instrumentales, discos de jazz, de candombe puro y de fusión con samba y bossa nova. En 2011 recibió el Grammy Latino a la Excelencia Musical, el mayor reconocimiento de la industria a una trayectoria que la Academia consideró excepcional. En 2014 el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay le otorgó la Medalla Delmira Agustini, y en 2024 la Junta Departamental de Montevideo instaló una baldosa con su nombre en la peatonal Sarandí, en Ciudad Vieja.

Activo hasta el final, con proyectos abiertos

Rada estaba en plena actividad cuando la neumonía bilateral lo obligó a internarse. El 16 de julio, en su cumpleaños 83, había lanzado ¿Quién va a cantar?, un ciclo de encuentros musicales que reúne a artistas de distintos géneros y se transmite por YouTube. Su última aparición pública registrada fue el 25 de julio, cuando asistió a un festival para ver a la cantante argentina Abril Olivera y acompañar la presentación de su hijo Matías. Además estaba preparando un ciclo de homenajes a Tótem junto a Daniel Lagarde y Santiago Ameijenda, con fechas previstas para octubre. Ninguno de esos planes pudo concretarse.

La despedida del mundo de la cultura

Las reacciones ante la muerte de Rada llegaron de todos los ámbitos. Dante Spinetta, hijo de Luis Alberto, publicó en las redes sociales de la familia Rada: «Gracias por tanto Negro querido». Nito Mestre, histórico compañero de Charly García en Sui Generis, expresó «Un enorme abrazo para toda la familia». Leandro Lopatín, guitarrista de Turf, lo despidió con un simple y contundente «VIVA RADA». Los mensajes de colegas, fans y figuras de la política, el deporte y la cultura convirtieron el posteo de la familia en un mural colectivo de afecto que desbordó las redes sociales de Uruguay y Argentina.

Puntos clave del adiós a Rada

  • Rubén Rada murió el 26 de agosto de 2026 a los 83 años, en Montevideo, tras una neumonía bilateral de un mes de evolución.
  • Fue el creador del candombe beat, fusión del ritmo afro-uruguayo con el rock, el jazz y el funk, que marcó la música rioplatense desde los años 60.
  • Vivió doce años en Buenos Aires y fue una influencia decisiva para Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta y Pedro Aznar, entre otros.
  • En 2011 recibió el Grammy Latino a la Excelencia Musical y fue nombrado Ciudadano Ilustre de Montevideo.
  • Estaba activo hasta el momento de su internación: había lanzado un nuevo ciclo musical en julio y preparaba un homenaje a Tótem para octubre.
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