Cultura
Una tesis doctoral sobre Sabina
‘Una rosa en los callejones: la dimensión literaria del cancionero de Joaquín Sabina’ es el título de la segunda tesis del mundo dedicada exclusivamente a la obra del cantautor.
Una tesis doctoral defendida en la Universidad de Almería (UAL) abordó por primera vez íntegramente el cancionero de Joaquín Sabina y demostró que sus letras pueden considerarse literatura.
Una rosa en los callejones: la dimensión literaria del cancionero de Joaquín Sabina es el título de la segunda tesis en el mundo dedicada exclusivamente a la obra del cantautor, y la primera que se defiende en una universidad española.
El investigador Javier Soto Zaragoza, bajo la dirección de José R. Valles Calatrava, completó este estudio que otorga dimensión académica y rigor de análisis científico a algo que ya se conocía cada vez más así fuera del ámbito universitario, informó este martes la UAL.
«Sus letras son literatura y el ubetense es un autor literario sobresaliente en el género de la canción», explicó Soto, quien repasa en su tesis todo el repertorio de Sabina desde distintas perspectivas y que aplicó a su estudio numerosas teorías literarias como los análisis métrico, temático o narrativo.
En concreto, el investigador tomó como partida otra tesis de la Universidad de Viena, defendida en 2017, titulada Estética literaria en la obra de Joaquín Sabina: simbología de la desesperación en el cancionero.
«La mía va más allá de un estudio temático, al ocuparse también de otros aspectos como métrica, narratividad, posmodernidad, intertextualidad o recursos literarios. Lo que pretende es un análisis integral del cancionero de Sabina, si bien obviamente es un trabajo que he tenido muy en cuenta y que me ha servido de punto de partida en varias ocasiones», explicó.
En el primero de los dos bloques de la tesis hay una parte contextual que sirve para explicar la relación de la canción de autor con la literatura y para presentar a Joaquín Sabina. El segundo contiene la parte analítica con un capítulo para la métrica, otro para los temas, otro para la narratividad.
Una vez finalizada, se reivindica que las letras de Sabina sí son literatura para dar más argumentos y contribuir a que cada vez sea algo tenido como una evidencia tanto fuera de la universidad como dentro de ella, ha indicado la UAL.
«Aunque ya sí puede decirse que hay un volumen suficiente de bibliografía académica sobre su obra, la mayoría de los estudios son muy recientes, y hasta no hace mucho, casi todo lo que había escrito sobre Sabina era no académico», detalló.
La investigación defendida en la UAL supone «un hito» muy destacado del estudio de la obra de Sabina, que está comenzando en estos últimos años a recibir mayor atención por parte de la crítica literaria.
El estudio académico del cantautor cuenta de esta forma con una «nueva y significativa aportación», que no solo contribuye ampliamente a justificar la idea de que sus letras son literatura, sino que avanza varios pasos en la comprensión de los rasgos que las caracterizan.
Se hace además tratando asuntos que apenas se habían analizado antes o que directamente no se habían estudiado, como los métricos o su relación con la posmodernidad.
En su extensa carrera, Sabina, de 75 años, grabó 17 discos de estudio y siete en vivo, pero además publicó una docena de cancioneros y poemarios. Entre sus canciones más famosas sobresalen 19 días y 500 noches, Y sin embargo te quiero, Contigo, Y nos dieron las diez, La Puerta de Alcalá y El bulevar de los sueños rotos.
Cultura
Murió Carlos Alonso, el pintor que hizo de la memoria una herida abierta
Tenía 97 años y falleció en Unquillo, Córdoba, donde vivió durante décadas. Con una obra que atravesó el expresionismo, la denuncia política y el dolor de la dictadura que desapareció a su hija, Alonso construyó uno de los legados más poderosos del arte argentino del siglo XX.
Una hija desaparecida, el exilio, los cuerpos como metáfora de la violencia de Estado y más de setenta años de producción ininterrumpida: Carlos Alonso no fue solo un pintor, sino uno de los registros más lúcidos y dolorosos que el arte argentino dejó sobre sus propios traumas.
El artista plástico Carlos Alonso, nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, murió este lunes 21 de septiembre de 2026 en su casa de Unquillo, Córdoba, a los 97 años. Su obra, que abarcó la pintura, el dibujo y el grabado, atravesó más de siete décadas marcadas por el expresionismo y por una mirada profundamente crítica sobre la Argentina y sus heridas.
De Cuyo a Europa: una formación entre maestros
Su trayectoria comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se trasladó a Tucumán para sumarse al grupo encabezado por Lino Enea Spilimbergo, experiencia que resultó decisiva en su desarrollo artístico. Tres años después viajó a Europa y tomó contacto directo con la obra de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, influencias que reaparecerían de manera recurrente en sus trabajos.
En 1957 obtuvo el primer premio en un concurso para ilustrar la segunda parte del Quijote de la Mancha y en 1968 se instaló en Florencia para trabajar sobre La Divina Comedia de Dante Alighieri. Esas incursiones en la gran literatura occidental no fueron ejercicios académicos; fueron el laboratorio donde Alonso afiló una mirada sobre el poder, el castigo y el cuerpo que luego trasladaría a la realidad argentina.
El cuerpo como territorio político
A fines de los años 60 comenzó su serie Lección de anatomía, inspirada en Rembrandt, en la que la disección del cuerpo se convirtió en metáfora de la violencia que el poder ejerce sobre los sujetos. Esa misma línea lo llevó a su trabajo sobre El matadero de Esteban Echeverría, donde la carne animal y el cuerpo humano se fusionan bajo el mismo signo del sacrificio y la dominación. En esas obras, Alonso demostró que la tradición pictórica europea y la historia argentina podían dialogar sobre el mismo territorio: el de los cuerpos que el poder destruye.
La dictadura, el exilio y Paloma
La última dictadura militar marcó su vida de manera irreversible. Alonso debió exiliarse y vivió primero en Italia y luego en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada por el terrorismo de Estado y permanece desaparecida. Esa ausencia que no cierra se convirtió en el eje alrededor del cual giró su producción posterior.
Su regreso a la Argentina en 1980 y su instalación definitiva en Unquillo no significaron un cierre, sino una profundización. La serie Manos anónimas, en la que abordó el terrorismo de Estado y la violencia política, es quizás la síntesis más descarnada de esa experiencia: manos que no tienen cara, cuerpos sin nombre, la brutalidad como sistema. La desaparición de Paloma no fue solo una tragedia personal; fue la herida que le dio a su obra una dimensión que ninguna técnica podría haber construido artificialmente.
Reconocimientos y una última exposición
Su trayectoria recibió los premios Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición retrospectiva que revisó su producción y su diálogo con la tradición pictórica occidental. Sus obras integran las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
En 2025, Alonso realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, institución que contribuyó a fundar, su última exposición pública. Fue una muestra dedicada a una faceta menos difundida de su obra: su relación con el paisaje de las sierras cordobesas, el territorio que eligió para vivir y donde finalmente murió. Hasta el final, el paisaje y la memoria coexistieron en su pintura como dos formas de habitar el tiempo.
Lo que tenés que saber
- Carlos Alonso murió el 21 de septiembre de 2026 en Unquillo, Córdoba, a los 97 años.
- Fue uno de los artistas plásticos más importantes del siglo XX argentino, con una obra que abarcó pintura, dibujo y grabado durante más de siete décadas.
- Su hija Paloma fue secuestrada y desaparecida por la última dictadura militar en 1977, hecho que transformó de manera definitiva su producción artística.
- En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva; en 2025 realizó su última exposición en Unquillo.
- Su obra integra las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
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