Espectáculos 🎭
El último round: Santa Fe despidió a la “Locomotora” Oliveras con honores
Fue velada en la Legislatura de Santa Fe y el gobierno decretó 72 horas de duelo.
Alejandra “Locomotora” Oliveras nació el 20 de marzo de 1978 en El Carmen, Jujuy, y se crió con sus seis hermanos en la localidad cordobesa de Alejandro Roca. La describió como una infancia de extrema pobreza, marcada por el abandono y la violencia. “Me crié sola, con hambre. Por eso nunca me callé, por eso aprendí a pelear”, dijo en una entrevista con Infobae en 2021.
Convirtió esa furia temprana en combustible para una carrera deportiva sin precedentes. En el boxeo encontró una forma de resistencia, una identidad y un espacio que, a fuerza de talento y voluntad, terminó conquistando. Ganó seis títulos mundiales en distintas categorías —supergallo, pluma y ligero— y se convirtió en la única mujer del mundo en haber sido campeona en cuatro divisiones distintas, lo que le valió un récord Guinness.
Con 33 victorias (16 por nocaut), tres derrotas y dos empates, ingresó al Salón de la Fama del Boxeo Latinoamericano. Pero su pelea más fuerte, según decía, no fue contra rivales en el ring, sino contra las barreras estructurales: “Fui mujer, pobre y del norte. El triple prejuicio”, resumió alguna vez.
Una militante del barrio y del cuerpo
Durante la pandemia del Covid-19, se instaló en Santo Tomé, Santa Fe. Desde allí impulsó actividades sociales y solidarias. Creó un grupo comunitario que organizaba colectas de alimentos, colaboraba con merenderos y acompañaba a personas con enfermedades graves. “Los llevaba a hacerse los tratamientos”, recordó una vecina este martes, al pie de la Legislatura provincial, donde se realizó el velorio público.
También entrenó a jóvenes con pocos recursos, formándolos en su gran pasión: el boxeo. “No quería formar campeones, quería formar personas que no se resignaran”, explicó en una charla con adolescentes en 2023, organizada por una ONG local.
Su llegada a la política no fue una sorpresa. En 2021 se postuló como diputada nacional por el partido Unite Santa Fe. En abril de 2024 fue electa como convencional constituyente en esa provincia, con más de 78 mil votos. El 14 de julio debía asumir el cargo. Ese mismo día sufrió un ACV isquémico y fue internada de urgencia. No volvió a despertar.
El ACV que le cortó la última pelea
Oliveras falleció este lunes en el Hospital José María Cullen, donde permanecía internada con pronóstico reservado. El parte médico describió que padeció “un síndrome confusional con pérdida de movilidad en el lado izquierdo del cuerpo”, cuadro típico de un accidente cerebrovascular isquémico.
Este tipo de ACV es el más común, según detalla Mayo Clinic, y ocurre cuando una obstrucción impide que la sangre llegue a una parte del cerebro. En la mayoría de los casos, la intervención médica rápida puede evitar secuelas graves. En su caso, las horas críticas pasaron sin mejora.
Santa Fe decretó tres días de duelo provincial. El martes por la mañana se realizó un velorio íntimo en la funeraria Rodríguez. Por la tarde, la Legislatura abrió sus puertas para el homenaje popular. “Es una pérdida inmensa. Era una mujer muy positiva, con una energía única”, lamentó una mujer en la fila.
Un legado que excede al deporte
La muerte de Oliveras reabre el debate sobre el rol social del deporte en contextos de exclusión. Su trayectoria no solo desafió los límites físicos, sino también los simbólicos. Enfrentó el machismo del boxeo profesional, habló de violencia doméstica cuando no era tema de agenda y transformó su fama en una herramienta de apoyo a otros.
En 2024, fue convocada por la ministra Patricia Bullrich para sumarse a la Dirección Nacional de Seguridad en Eventos Deportivos, un reconocimiento institucional a su autoridad dentro del deporte.
Su historia no encajó nunca en moldes preestablecidos. Fue combatiente, solidaria, indómita. Y fiel a su estilo, murió en plena pelea: no alcanzó a asumir el cargo que había ganado con votos, pero ya se había ganado algo más difícil de conseguir en la política argentina: respeto transversal.
Cultura
Murió Carlos Alonso, el pintor que hizo de la memoria una herida abierta
Tenía 97 años y falleció en Unquillo, Córdoba, donde vivió durante décadas. Con una obra que atravesó el expresionismo, la denuncia política y el dolor de la dictadura que desapareció a su hija, Alonso construyó uno de los legados más poderosos del arte argentino del siglo XX.
Una hija desaparecida, el exilio, los cuerpos como metáfora de la violencia de Estado y más de setenta años de producción ininterrumpida: Carlos Alonso no fue solo un pintor, sino uno de los registros más lúcidos y dolorosos que el arte argentino dejó sobre sus propios traumas.
El artista plástico Carlos Alonso, nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, murió este lunes 21 de septiembre de 2026 en su casa de Unquillo, Córdoba, a los 97 años. Su obra, que abarcó la pintura, el dibujo y el grabado, atravesó más de siete décadas marcadas por el expresionismo y por una mirada profundamente crítica sobre la Argentina y sus heridas.
De Cuyo a Europa: una formación entre maestros
Su trayectoria comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se trasladó a Tucumán para sumarse al grupo encabezado por Lino Enea Spilimbergo, experiencia que resultó decisiva en su desarrollo artístico. Tres años después viajó a Europa y tomó contacto directo con la obra de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, influencias que reaparecerían de manera recurrente en sus trabajos.
En 1957 obtuvo el primer premio en un concurso para ilustrar la segunda parte del Quijote de la Mancha y en 1968 se instaló en Florencia para trabajar sobre La Divina Comedia de Dante Alighieri. Esas incursiones en la gran literatura occidental no fueron ejercicios académicos; fueron el laboratorio donde Alonso afiló una mirada sobre el poder, el castigo y el cuerpo que luego trasladaría a la realidad argentina.
El cuerpo como territorio político
A fines de los años 60 comenzó su serie Lección de anatomía, inspirada en Rembrandt, en la que la disección del cuerpo se convirtió en metáfora de la violencia que el poder ejerce sobre los sujetos. Esa misma línea lo llevó a su trabajo sobre El matadero de Esteban Echeverría, donde la carne animal y el cuerpo humano se fusionan bajo el mismo signo del sacrificio y la dominación. En esas obras, Alonso demostró que la tradición pictórica europea y la historia argentina podían dialogar sobre el mismo territorio: el de los cuerpos que el poder destruye.
La dictadura, el exilio y Paloma
La última dictadura militar marcó su vida de manera irreversible. Alonso debió exiliarse y vivió primero en Italia y luego en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada por el terrorismo de Estado y permanece desaparecida. Esa ausencia que no cierra se convirtió en el eje alrededor del cual giró su producción posterior.
Su regreso a la Argentina en 1980 y su instalación definitiva en Unquillo no significaron un cierre, sino una profundización. La serie Manos anónimas, en la que abordó el terrorismo de Estado y la violencia política, es quizás la síntesis más descarnada de esa experiencia: manos que no tienen cara, cuerpos sin nombre, la brutalidad como sistema. La desaparición de Paloma no fue solo una tragedia personal; fue la herida que le dio a su obra una dimensión que ninguna técnica podría haber construido artificialmente.
Reconocimientos y una última exposición
Su trayectoria recibió los premios Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición retrospectiva que revisó su producción y su diálogo con la tradición pictórica occidental. Sus obras integran las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
En 2025, Alonso realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, institución que contribuyó a fundar, su última exposición pública. Fue una muestra dedicada a una faceta menos difundida de su obra: su relación con el paisaje de las sierras cordobesas, el territorio que eligió para vivir y donde finalmente murió. Hasta el final, el paisaje y la memoria coexistieron en su pintura como dos formas de habitar el tiempo.
Lo que tenés que saber
- Carlos Alonso murió el 21 de septiembre de 2026 en Unquillo, Córdoba, a los 97 años.
- Fue uno de los artistas plásticos más importantes del siglo XX argentino, con una obra que abarcó pintura, dibujo y grabado durante más de siete décadas.
- Su hija Paloma fue secuestrada y desaparecida por la última dictadura militar en 1977, hecho que transformó de manera definitiva su producción artística.
- En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva; en 2025 realizó su última exposición en Unquillo.
- Su obra integra las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
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